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LORCA, POBLADO MÁS EXTENSO Y PRIMIGENIO DE LA CULTURA DEL ARGAR.

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LORCA, POBLADO MÁS EXTENSO Y PRIMIGENIO DE LA CULTURA DEL ARGAR.

La cultura de El Argar está considerada como la más brillante manifestación de la llamada Edad del Bronce en la Península Ibérica. Se desarrolló en el ámbito del sureste peninsular durante la segunda mitad del III milenio y la primera del II A.C. “El Argar será uno de los focos capitales del Bronce pleno del Mediterráneo y, desde luego, el más importante de Europa occidental, junto con Wessex, en el sur de Gran Bretaña”, Jorge J. Eiroa (1990, 136).

En Lorca existe un grupo, pionero en la región, de amantes de la arqueología y, en especial, de la cultura de El Argar, denominado Murviedro, que durante años (desde la década de los 60) había explorado amplios territorios y conseguido un catálogo de yacimientos argáricos inéditos que fueron objeto de estudio y de publicaciones (Cerro de las Viñas, Los Cipreses, Cerro Negro de Ugéjar, etc.).

La cultura argárica y los poblados íberos

Monumento funerario de época íbera Museo Arqueológico de Lorca

   La cultura de El Argar se desarrolló a lo largo del II milenio a.C. en el sureste peninsular. Es considerado el primer pueblo europeo portador de toda una revolución política, urbana y económica, en la que se implanta la especialización en el trabajo y se rompe con los ritos sepulcrales anteriores, iniciando el tipo de enterramiento individual. La cultura argárica se desarrolló en el municipio, extendiéndose desde Coy hasta el actual enclave de la ciudad de Lorca. Los restos argáricos hallados en el municipio lorquino son muy abundantes y nos desvelan el modus vivendi de estos antepasados, para los que el trabajo de alfarería era uno de los más comunes.

   El poblado de Los Cipreses de Lorca es considerado uno de los yacimientos argáricos más importantes de la Región de Murcia, ya que ha permitido conocer mejor las creencias de ultratumba de esta cultura, a través de los objetos personales, vasijas, cerámicas y comida hallados dentro de las tumbas. Algunos de los objetos descubiertos en Los Cipreses, como las empuñaduras de marfil de dos puñales, apuntan a la llegada a estos poblados de objetos procedentes del comercio a larga distancia. Las urnas empleadas como ataúd son tinajas de cerámica de diferentes tamaños en relación a la edad y el tamaño del difunto. http://www.regmurcia.com/servlet/integra.servlets.Imagenes?METHOD=VERIMAGEN_131897&nombre=conjuntodeviviendas[1]_res_720.jpg

La continuidad del poblamiento en Lorca en los períodos del Bronce Tardío, Bronce Final y del Hierro Antiguo está constatada en las laderas del Cerro del Castillo de Lorca. Al igual que los pueblos anteriores, los íberos también buscaron la estratégica situación que les ofrecía el Cerro del Castillo y la ladera sureste de la sierra del Caño, lugar donde establecieron su poblado, quedando delimitado por el río Guadalentín.

 El Castillo de Lorca  El emplazamiento del Cerro del Castillo de Lorca permitió a los íberos controlar las vías de comunicación entre Levante y Andalucía y entre la costa y el interior. Además les llevaba a gozar de un inexpugnable recinto defensivo, con la acrópolis que coronaba la población distribuida por la ladera sureste de la sierra. Las montañas costeras de la Región de Murcia atrajeron pronto a los pueblos del Mediterráneo Oriental, debido a la existencia de metales, especialmente de plata. Las relaciones comerciales con estos pueblos colonizadores parecen sentar las bases de que actuaron como embrión de la cultura íbera.

Escultura ibera encontrada en Coy.

   La manifestación artística más representativa de los íberos hay que buscarla en la escultura. El mejor ejemplo hallado en Lorca procede de la necrópolis de la Fuentecica del Tío Garrulo en Coy, donde se encontró la escultura de un león labrada en una piedra blanca (caliza), que estaría colocada sobre un capitel de un pilar-estela funerario. El león aparece sentado con la cabeza al frente y las patas delanteras extendidas hacia delante. El cuerpo voluminoso está animado mediante grandes incisiones que marcan las costillas y la caja torácica.

Ritual funerario: quizá sea el elemento que más llamó la atención de los primeros investigadores y que, en la actualidad, se continúa estudiando con mucho interés por ser una de las principales fuentes de información.

El sistema de enterramiento era la inhumación. Las gentes argáricas sepultaban a sus difuntos siempre dentro del área del poblado (esto no quiere decir a intramuros), las tumbas se encuentran bajo los pisos de las viviendas, adosadas o empotradas en los muros, junto a ellos en el exterior, etc. Las inhumaciones son mayoritariamente de un individuo; aunque hay constatadas numerosas sepulturas dobles y algunas triples.
El contenedor funerario puede agruparse en cuatro tipos: covachas, fosas, cistas y urnas cerámicas.

Los poblados argáricos eran, al mismo tiempo, necrópolis, los vivos convivían con sus muertos; aún hoy, no se sabe con certeza porqué. Sobre religión, prácticamente no hay nada publicado; pero a tenor del ritual funerario es evidente la existencia de algún tipo de culto religioso en el que uno de sus pilares básicos debió ser la creencia en otra vida después de la muerte.