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ANDAR POR LOS MONTES DE LORCA EN SEPTIEMBRE por Andrés Martínez Rodriguez

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ANDAR POR LOS MONTES DE LORCA EN SEPTIEMBRE.

Esta mañana he vuelto a transitar por donde suelo hacerlo habitualmente, por los caminos, sendas y veredas del entorno del Castillo, Los Pilones, la sierra de la Peñarrubia y el cerro de Murviedro. Vuelvo a mirar este monte de colores entre anaranjados, violáceos y rojizos, horadado por grandes cárcavas excavadas por los canteros que aprovisionaron de piedra la ciudad, para la construcción de caserones y edificios públicos a partir del siglo XVII.
También aprecio el color rojizo de estas sierras, más intenso en los numerosos caminos que se abrieron cuando se pretendían urbanizar estos bellos espacios cercanos a Lorca, proyecto que por suerte no fructificó.
Cuando comienzo a subir por la empinada cuesta del cerro del Colmenarico, me percato que la luz ha cambiado, y esta variación se acentúa más, al estar el cielo salpicado por nubes que tamizan la luminosidad del sol de levante. Una tonalidad especial se aprecia en los peñascos, en el verde de las tapeneras que salpican los ribazos y en los baladres y cañizos que crecen en las márgenes de los ramblizos que surcan las laderas. También se aprecia en el gris de algunos de los pinos de siempre, que lamentablemente se han secado por alguna plaga.
Para finalizar la ruta me acerco al Castillo, me apetece ver de cerca la torre Alfonsina y mirar al valle con las múltiples casas que pueblan la huerta. Cuando observo, como otras muchas veces, el cauce del Guadalentín dirigirse hacia Tercia, me percato de la gran noria que se levanta en la margen derecha del río y recuerdo que estamos en feria.
De pronto el cielo se ha cubierto de nubarrones negros y he vuelto a la ciudad, bajando por la cuesta de Santa María y mirando la envuelta torre de esta iglesia y los arboles que ya amarillean en la pequeña placeta delante del Conservatorio Narciso Yepes.

Mientras me dirijo hacia la plaza de España, más animada que de costumbre, y paso por debajo del arco del Ayuntamiento, me llega el cálido aire que circula por las estrechas calles del entorno. Saboreo este momento y pienso que cada vez me gusta más caminar en septiembre.