Home Mi Rinconcico Antonio de Cayetano LA GOTA FRIA NOS ACECHA por Antonio de Cayetano

LA GOTA FRIA NOS ACECHA por Antonio de Cayetano

0
Compartir

LA GOTA FRIA NOS ACECHA por Antonio de Cayetano 

El pasado fin de semana se cumplieron 34 años de las peores inundaciones del País Vasco, unas inundaciones que afectaron a más de un centenar de localidades tras un episodio de lluvias torrenciales de más de 600 litros por metro cuadrado. Inundaciones donde hubo unos cuarenta fallecidos, entre ellos cuatro guardias civiles que resultaron ahogados tras ser arrastrado su vehículo después de salvar a una joven en Llodio, joven que finalmente también resulto muerta en el suceso. Pero ese fin de semana de agosto de 1983, no solo llovió en la parte oriental de la cornisa cantábrica, también Lorca fue el escenario de una fuerte tormenta que se desató en la tarde del viernes 26, lluvia que no ocasionó víctimas como allí, pero sí importantes daños a un edificio de la calle Corredera, teniéndose que desalojar urgentemente este inmueble que hacia esquina con la plaza de San Vicente y donde se ubicaba un concurrido bar y cafetería.

Y es que es a partir de esta época del año cuando se producen las fuertes lluvias, cuando el agua del mar a alcanzado su mayor temperatura, siendo esta energía térmica uno de los principales ingredientes para que se desarrolle una DANA (depresión aislada en niveles altos), el episodio conocido como “gota fría” y que con tanta frecuencia se da en esta zona, habiéndose registrado ya fuertes lluvias desde hace unos días en algunos puntos de la península. De las 86 riadas más significativas que se conocen del Guadalentín, 26 tuvieron lugar durante el mes de septiembre y 24 durante el mes de octubre, siguiéndole noviembre con solo siete y menos de esta cantidad el resto de los meses del año, no habiendo constancia de que se registrase ninguna de importancia en el mes de julio y solo dos en junio, una en 1933 y la otra en 1900. Siendo significativo este año, porque durante el mismo hubo tres importantes riadas, la primera el 27 de junio, otra el 28 de septiembre y la última el 23 de octubre. Algo similar sucedió también en 1777, con riadas los días 10 de enero, 15 de septiembre y 17 de noviembre.

Como vemos, las lluvias intensas en esta zona seca no son algo excepcional, sino que siempre han formado parte de nuestro clima mediterráneo, pudiendo pasar treinta años entre una y otra gran riada o tener tres en el mismo año. Comenzaba recordando las inundaciones del País Vasco, donde cayeron más de 600 l/m2 en apenas dos días, siendo el deficiente encauzamiento de los ríos el principal causante del desastre. Cosa que también sucedió aquí hace cinco años con la rambla de Biznaga, un cauce que recoge las aguas de las ramblas de Torrecilla, Béjar y parte de la de Nogalte y cuyo lecho no está muy definido debido a los cultivos que se realizan en la zona, una actividad agrícola que junto a la barrera que hizo la autovía Lorca-Águilas, provocó que quedasen inundadas tres centenares de viviendas y casi la misma cantidad de granjas, dando como resultado 200 toneladas de animales muertos y 11.600 hectáreas anegadas por el agua durante varias semanas.

Pero lo que nos diferencia del País Vaco, es que esa cantidad de agua que cayó allí durante un fin de semana, nos puede venir aquí en solo una hora, que es lo que pasó en la riada del 14 de octubre de 1879, cuando en la zona de los Vélez que es la cabecera del Guadalentín, se acumularon hasta 600 litros en este intervalo de tiempo. Igual sucedió en el episodio de gota fría que afectó a parte de las provincias de Granada, Almería y Murcia el 19 de octubre de 1973, donde esos mismos litros de agua se recogieron en solo dos horas en Albuñol (Granada) o en tres en Zurgena (Almería), recogiéndose la cantidad de 420 litros en solo una hora. Pero para precipitación importante, la caída en Jávea (Alicante) el día 2 de octubre de 1957 donde cayeron 871 litros, siendo hasta la fecha el máximo histórico de 24 horas en la península, registrándose más de 1000 litros en los dos días que duraron las precipitaciones ocasionadas por una impresionante gota fría que produjo incluso nevadas en el centro del país. También en Oliva, un municipio situado a 32 km. de Jávea, se recogió el 3 de noviembre de 1987 con motivo de otro episodio de lluvias torrenciales, la cantidad de 720 l/m2 en 24 horas.

Así que de relajarse nada, la peligrosidad es real y nos puede llegar en cualquier momento y a cualquier punto, sin frecuencia fija o matemática, por lo que debemos de estar siempre preparados con unas infraestructuras suficientes y en las mejores condiciones para desarrollar su cometido, que no es otro que la evacuación rápida y segura de esa torrencial agua. El 28 de septiembre de 2012 fue la última vez que nuestro río bajó bravo, aunque sin llegar a desbordarse, tal como lo había hecho en las anteriores riadas del 19 de octubre de 1973 y del 21de octubre de 1948. Las autoridades entonces, aparte de lamentar las pérdidas humanas y prometer unas ayudas que jamás llegaron, echaron la culpa del desastre a la climatología, afirmando que estas precipitaciones del 28 de septiembre habían sido unas lluvias torrenciales excepcionales, superiores incluso a las de la riada de Santa Teresa y a la de octubre del 73, cuando los datos de unas y otras desmienten que eso fuese así.

Ya hemos visto que en la riada de Santa Teresa, se recogieron más de 600 litros en solo una hora en el cortijo de Calderón, un paraje situado a 8 km. de Vélez Rubio, cuando en esta del 2012, la precipitación caída en la cabecera de la rambla de Nogalte fue solo de 160 l/m2, 81 de ellos en una hora. En Puerto Lumbreras fue más el agua caída, 212 litros, de los cuales 119 cayeron en tan solo 60 minutos, mientras que en la zona de Lorca la precipitación de ese día fueron de 140 litros, reduciéndose a 115 l/m2 en la parte de Totana. Cantidades importantes y no habituales en nuestra región, sobrepasando con creces el umbral rojo que marca AEMET, que está en 60 litros en una hora y 120 para doce, pero precipitaciones no excepcionales en un episodio de gota fría de los que se dan por aquí. También estas lluvias de hace cinco años fueron inferiores a la del 19-10-1973 en las que se estimó una precipitación de entre 250 y 300 l/m2 en nuestra comarca.

Y esa es la suerte que tuvimos en Lorca ciudad, que la lluvia caída en la cabecera de nuestro río y ramblas fue intensa pero no tan fuerte como en episodios anteriores, pues de lo contrario, el Guadalentín se hubiese desbordado a su paso por la población. Según la Confederación Hidrográfica del Segura el máximo caudal fue a las 15,15 h. con 616 metros cúbicos por segundo, lo que supone una cuarta parte del agua que pasó en 1973. Si que ahora está el nuevo pantano de Puentes con capacidad para contener más agua, pero además de que todavía sigue estando en pruebas y no está garantizada al 100% su resistencia, carece también de las correspondientes compuertas del aliviadero, por lo que no puede aprovecharse al máximo su aforo. Además, de que si tenemos en cuenta que el agua que pasó por Lorca ese día del 28 de septiembre, fue solo de la recogida aguas abajo del embalse (15 km.), de llover con más intensidad en la zona, nuestro río nos hubiese dado un buen susto, pues poco faltó para que el agua llegase hasta el borde de los muros de contención.

Camino de La Camocha, Almendricos.

Y el susto no hubiese sido para los vecinos de Santa Quiteria, barrio al que se le alertó del peligro que corrían, sino a los del centro de la ciudad y zona de San Diego, ya que es difícil el desbordamiento del río aguas abajo del puente de hierro, pues ahí el rio se ensancha considerablemente, viniendo siempre el peligro para las barriadas de Santa Quiteria y Virgen de las Huertas, así como para la zona próxima del Campillo, de la ya desaparecida rambla de Tiata, que funcionaba como un ramal del propio río con el fin de aprovechar sus agua para el riego, peligro que ya ha dejado de existir para estos vecinos. El peligro hoy está en el estrechamiento que tiene el Guadalentín entre la pasarela y el parque Ignacio Echeverría, donde pierde hasta un 25% de su anchura, coincidiendo este estrechamiento con unas escalinatas situadas a ambos márgenes, bajando por ello casi en un metro la altura de la muralla en esos portillos y por donde ya se escapó algo de agua en la última riada.

Pasos que de no recrecerse, serian en un principio la entrada de la crecida al casco urbano, siendo la parte comprendida entre Ovalo-Juan Carlos I y la nueva ronda Central las zonas inundables, al situarse este espacio en una cuota más baja debido a la barrera que siempre han hecho los quijeros de la rambla de Tiata, barrera que hoy continúa con la transformación de este cauce en el nuevo vial de circulación. Construcción a la que se le tendría que haber metido unos conductos de evacuación mayores a los que se le han colocado, pues el diámetro que tienen resulta a todas luces pequeño y más si tenemos en cuenta que con el paso de los años van quedando posos que los van cegando. En lo que ya hay hecho no hay vuelta atrás, pero sí que se puede corregir en lo referente al tramo III que está todavía sin ejecutar, poniendo dos o tres tomas para aguas pluviales o posibles inundaciones, desaguando ya estos conductos en dirección contraria para no sobrecargar lo que hay, arrancando desde la zona de las alamedas y llevándoselos bajo el nuevo vial hasta el mismo río, aprovechándose también para evacuar el paso inferior del puente de la Torta en caso de que esta infraestructura se mantenga tal como está ahora.

Por cierto, también los tubos para pluviales que se están colocando en la alameda de Cervantes parecen de poca sección, cuando hasta esa vaguada de la zona del Gato llegan los arrastres procedentes de los barrios altos. Igualmente esta zona, parte de Sutullena y el barrio de San Fernando se pueden ver afectados por el posible desbordamiento de la rambla de las Chatas, un pequeño cauce que recoge las aguas de la ladera sur de la sierra del caño y que se encuentra en pésimas condiciones, haciendo además una especie de embudo en el entronque con la rambla de Tiata a través de la Avenida José López Fuentes. Tampoco el río se encentra en buen estado de mantenimiento, pues a su salida de la ciudad tras pasar el ferrocarril, se encuentra su lecho poblado de cañas, un cañaveral que nunca ha existido ahí y que de no acometer pronto su limpieza lo invadirá todo. Lo mismo pasa con el taray, una especie protegida que no debe de tocarse, pero que tampoco debe de obstaculizar el paso del agua, pues siempre se deberá de anteponer la seguridad de las personas y de los bienes a del propio arbusto.

Aunque parece que nuestros políticos no están por esta labor, pues cuando se van a cumplir cinco años de las últimas inundaciones en nuestra comarca, poco o nada se ha hecho por corregir las carencias detectadas, solo algo más de una decena de diques para contener las correntias. Seguramente no fue suficiente la lección que nos dio el último episodio de gota fría y habrá que esperar a que se vuelva a repetir la tragedia para poner solución a los problemas que entonces se manifestaron. Es imperdonable que las obras que se iban a cometer en el cruce de la rambla de Biznaga con la autovía Lorca-Águilas sigan sin iniciarse, así como la limitación y el drenaje de la propia rambla. También que el anunciado embalse de la rambla de Nogalte se haya quedado solo en un proyecto, cuando este pantano es necesario, no solo para frenar una riada sino para almacenar agua para el riego. Pero no solo es imprescindible la construcción de este pantano, también hay que hacer otras presas que regulen las aportaciones de las ramblas de Béjar y Torrecilla e incluso otras en las ramblas que aportan agua al Guadalentín aguas abajo del pantano de Puentes.

Pantano que inexplicablemente, sigue 17 años después de su inauguración sin las correspondientes compuertas en sus aliviaderos, compuertas que en caso de un periodo de intensas lluvias, permitirían al embalse poder llenarse hasta su coronación, pudiendo almacenar hasta los 90 hectómetros cúbicos, no los 25 que solo puede ahora. Embalse que en la última riada llegó a recibir hasta 1870 m3/s, pasando en pocas horas a almacenar casi 8 hectómetros cúbicos más de agua, el doble de lo que tenía. Agua que hay que contener con atención, ya que por no disponer de la misma, todavía no ha pasado las preceptivas pruebas de resistencia, pruebas en las que en sus primeros cuatro hectómetros de aalmacenamiento, se observaron filtraciones y fisuras, teniendo que ser solucionado con la inyección de cemento líquido. También es incomprensible el abandono en que se encuentra el pantano de Valdeinfierno, un pantano que en la riada de septiembre de 2012 recibió 4,5 hectómetros y que se encuentra inutilizado por los sedimentos y tarquines que contiene, llegando estos casi a su coronación.

Creo que nuestros políticos deberían de exigir de una vez por todas, que el viejo proyecto de recrecimiento de esta presa se lleve a cabo, así como el resto de obras hidráulicas y de defensa de inundaciones que faltan por hacer en nuestro municipio, entre ellas la prolongación de los muros del río aguas arriba de La Peñica. Hoy lo que suceda aquí ya no importa tanto en Murcia, la última adecuación del paretón de Totana hizo que la pasada riada no afectara lo más mínimo al municipio murciano, pues esta infraestructura desvió 925 m3/s por la rambla de las Moreras hasta Mazarrón, dejando pasar solo 158 para Murcia de los 1083 m/3/s que por aquel punto llevaba el Guadalentín, ya que a los que pasan por nuestra ciudad hay que añadirles las aportaciones de otras importantes ramblas aguas abajo de la población, entre ellas la de Biznaga que tantos problemas causó.

Las inundaciones han repercutido en la vida de nuestro municipio desde los inicios de la historia, es un hecho que se ha dado constantemente dejando siempre un panorama desolador. Es por ello por lo que no debemos de quedarnos con los brazos cruzados hasta un próximo evento, hay que exigir que se tomen las medidas adecuadas con el fin de afrontar en las mejores condiciones este riesgo natural, ya que las riadas e inundaciones es el episodio más frecuente, el de mayores daños y el que más victimas nos ocasiona. La gota fría es un fenómeno que nos acecha siempre cuando llega esta fecha, un evento que los expertos prevén puede incrementarse con el cambio climático, un cambio que ya no es futuro, sino que lo tenemos como presente, como los demuestra los grandes episodios meteorológicos que se están desarrollando.

Quizá que por eso, el mismo evento de gota fría que aquí solo dejó agua el 28 de septiembre de 2012, en la ciudad de Gandía donde cayeron 207 l/m2, fue acompañado de un tornado que arrancó árboles de cuajo y destrozó la mayor parte de las atracciones feriales que había instaladas, entre ellas una noria de 27 toneladas, situación de la que resultaron medio centenar de heridos, 15 de ellos graves. Así que ante estos fenómenos meteorológicos “excepcionales” hay que poner también medidas excepcionales, siendo muy importante el papel de la prevención. El clima nos está avisando, la temperatura del agua del mar está batiendo récor, por lo que más humedad se aportará a la atmósfera, lo que junto al aire frio de las capas altas hará que se formen nubes de gran densidad, siendo estas nubes las que provocan las lluvias torrenciales que acumulan mucha agua en muy poco tiempo.

Tras las inundaciones, vendrán las promesas y las peticiones de zona catastrófica, quizá que algún minuto de silencio, si por desgracia ha habido víctimas mortales como sucedió en esta última de 2012, donde hubo tres fallecidos en Esparragal, dos en Lorca y uno en Sangonera la Verde. Y cuando el barro se seque, ya los políticos se olvidaran del tema, quizá que con motivo del aniversario se anuncien algunas inversiones y se hagan alguna foto, pero de nuevo los proyectos se guardaran en un cajón hasta la siguiente ocasión. Si alguien pregunta, siempre la respuesta será la misma, falta de financiación o que se está mejorando el proyecto, una buena escusa para una mala gestión. Esperemos que el episodio de gota fría que nos puede afectar entre hoy y mañana, nos pille solo de refilón, aportando así agua de la buena, siendo mínimos los daños y máximo el beneficio.