Home Mi Rinconcico Antonio de Cayetano POR AMOR SE NACE, POR AMOR SE MUERE por Antonio de Cayetano

POR AMOR SE NACE, POR AMOR SE MUERE por Antonio de Cayetano

0
Compartir

POR AMOR SE NACE, POR AMOR SE MUERE por Antonio de Cayetano.

Estamos de lleno en la estación del año en que más brota el amor, el aumento de la temperatura y la intensidad de la luz hacen que se potencien las hormonas del espíritu romántico, además de disponer también de más tiempo libre, de más interacción social. El amor es uno de los sentimientos más fuertes que existen, un sentimiento de intensa atracción emocional hacia la otra persona, un sentimiento que nos puede llegar en cualquier momento y en cualquier lugar y del que no podemos escapar, atrapándonos varias veces a lo largo de nuestra vida. Unas veces con acierto y otras con fracaso, pues no siempre se tiene la dicha de amar y ser correspondido o amar y ser amado con la misma pasión.

Luego está ese amor prohibido o clandestino que hace que los deseos sean más intensos e irresistibles entre esas parejas, aunque también es verdad, que para algunas personas son solo un reto de alcanzar lo imposible, un capricho más, que se disfraza de amor.

Igualmente está el amor platónico, ese amor inalcanzable y no correspondido, ese amor ciego que tanto daño nos puede producir y que nos puede llevar a un delirio que nos haga hacer cosas que jamás hubiésemos pensado. El amor es un sentimiento que expresa lo mejor de nosotros mismos, sintiendo amor no solo por las personas, sino por todo lo que nos rodea, incluidos otros seres vivos como las plantas y los animales. Siendo este cariño lo que motivó que una mujer y un hombre treintañeros, perdieran la vida el pasado sábado en el municipio de Nijar, cuando intentaban salvar a un perro que había caído a una balsa de riego. También el pasado sábado 22 de julio, se cumplieron 89 años de otro desgraciado suceso acaecido igualmente en aquella zona almeriense, el conocido como Crimen de Nijar, un hecho en el que se inspiró Carmen de Burgos para escribir la novela “Puñal de Claveles” y Federico García Lorca para su conocida obra “Bodas de Sangre”, en la que también se basa la película “La Novia” estrenada en diciembre de 2015. Aunque como muchos conocerán, la ficción es bien distinta a la realidad, siendo otro el escenario y lo que sucedió realmente.

Pero lo que quizá pocos conozcan, es que Francisca Cañadas, Paquita la coja, la joven novia que huyó con su primo Paco del que estaba locamente enamorada, era coja debido a un azote que le pegó su padre cuando esta era todavía un bebé. Probablemente que este fuese el motivo, de que su padre tuviese hecho el testamento y que en él dejase todo cuanto tenia a esta hija, compensándole de alguna manera el daño que le había causado. La familia estaba compuesta por tres hermanas, dos hermanos y el padre, ya que la madre había fallecido 12 años antes, acatando todos la decisión del padre. Paquita aparte de la minusvalía que sufría, deficiencia que le impedía desarrollar las labores propias del campo, parece ser que tampoco era muy agraciada físicamente, por lo que Francisco (su padre), le asignó también una dote de 3500 pesetas para atraer así a un futuro marido. Dote que sumada al cortijo que el padre poseía y a unas tierras de labor, hacían que fuese considerable la futura fortuna de esta novia.

Así el sentimiento de amor fraternal que su hermana mayor, Carmen, tenia hacia Paquita, se fue transformando en envidia y avaricia, desarrollando junto a su marido José Pérez, un plan para que la herencia se quedase en casa, consistiendo la acción en casar a Paquita con el hermano de su marido, un tal Casimiro que vivía con ellos, un hombre bueno pero algo inocente y por el que Paquita no sentía nada, ya que ella desde pequeña estaba calada por su primo Francisco Montes, hijo de una hermana de su padre. Una relación que por el parentesco no era bien vista, pero un matrimonio que era habitual en aquel tiempo, ya que los noviazgos salían de entre el reducido grupo de jóvenes del lugar, contando a veces más los intereses económicos de las familias que la opinión de los propios novios. Y eso es lo que pasó al final con Paquita, que importaba más compartir su herencia que lo que ella sentía por su primo Paco, lo que motivó que se fuese hundiendo en una depresión conforme se iba acercando la fecha de la boda, ceremonia prevista para el domingo 22 de julio de 1928, en la iglesia cercana de la pedanía de Fernán Pérez a las tres de la madrugada, una hora extraña en estos tiempos, pero que era la habitual en aquella época en los campos de Nijar, donde la celebración de las bodas duraban dos o tres días.

La tarde antes de la fecha anunciada para el enlace, comenzaron a llegar los primeros invitados al cortijo del Fraile, una gran finca donde residía la novia y donde su padre era el encargado y medianero. Todos fueron agasajados con comida y bebida y se fueron acomodando en sus dependencias a la espera de la hora de la boda, encontrándose ya allí el novio y también Paco, el primo de la novia que iba como invitado. Como todavía faltaba para emprender el viaje hasta la iglesia, el novio se retiró a descansar, ocasión que aprovecharon la novia y su “amante” para huir del lugar montados en una mula. Bien entrada la noche llegó Carmen con su marido y sus dos hijos, preguntando a Consuelo, su hermana menor, el paradero de Paquita ya que no la había visto, contestando esta que igual estaba en su habitación, pero tras acudir a su cuarto este estaba vacío, no encontrando rastro de ella por todo el cortijo, registrando incluso el pozo, ya que Consuelo apuntó la posibilidad de que se hubiese tirado a él dado el désanimo con que se encontraba en los últimos días. Pero no, Carmen ya supuso hacia donde y con quien se había marchado, pues le habían llegado rumores de que su tía, la madre de Paco, estaba preparando en casa una comida especial por si se celebraba allí otra boda, partiendo del cortijo Carmen y su marido en busca de los fugados.

Paquita y Paco fueron alcanzados a unos ocho kilómetros del cortijo, escondidos tras unos matorrales del paraje de Cañada Hermosa, recibiendo Paco tres certeros disparos de José, los cuales le causaron la muerte en el acto, mientras que Carmen se dirigió para su hermana, cogiéndola por el cuello con la intención de ahogarla, aunque no llegó a estrangularla al quedar Paquita inconsciente y creer que ya estaba muerta. Tras incorporarse Paquita y comprobar que su amado primo había fallecido, volvió tras sus propios pasos en busca de ayuda al cortijo, encontrándose antes de llegar a él con otros familiares que la andaban buscando, a los cuales contó rota de dolor lo que les había sucedido, aunque afirmando que había sido un enmascarado quien les había atacado. Tras ser informada del crimen la Guardia Civil, los agentes de la autoridad detuvieron a Paquita y al padre de ella, que parece estaba enterado de las pretensiones de huida de la pareja, pero a pesar de que Paquita reconoció en la oscuridad de la noche a su cuñado y hermana como sus agresores, no quiso denunciarlos en ningún momento y mantuvo lo del asaltante.

Fue tras permanecer tres días Paquita y su padre en los calabozos del cuartel teniendo agua como único alimento, cuando se presentaron Carmen y su marido contando lo que realmente sucedió y declarándose culpables. A José Pérez lo condenaron a la pena de siete años de prisión y a su mujer Carmen Cañadas a 15 meses, pero cuando José apenas había cumplido 3 años de condena, llegó la amnistía de la Segunda República y este quedó en libertad, regresando a su pueblo desde el penal de Cartagena donde había sido recluido, aunque poco le duro la alegría, ya que pronto murió a consecuencia de la enfermedad del tifus. La que jamás recuperó la alegría fue Francisca Cañadas, la joven de 25 años a la que le destrozaron la vida, por la simple razón de amar a otro en vez de al “novio” que le habían buscado, encerrándose en el cortijo que su padre le había dejado y aislándose del mundo exterior, saliendo solo en contadas ocasiones para asistir a algún funeral, acompañada siempre por una sobrina que residía en una dependencia del mismo cortijo, falleciendo en la madrugada del día 9 de julio de 1987 a la edad de 84 años.

Esta es la historia donde un sentimiento tan hermoso como el amor, fue solapado por otro bien distinto como es la envidia, viéndose traicionada por su propia hermana, cuando no es nada ilícito rendirse al amor y querer vivir lo que el corazón nos dicta. Hoy afortunadamente no hay esta cabezonería en casar a dos personas que no se quieren, pero sí que todavía se intenta por parte de algunos padres que el contrario sea de determinada manera o de tal o cual familia, cuando la felicidad de la pareja no viene marcada por la posición social o económica en que se viva, sino por su atracción, su afinidad o la conexión entre ambos, pues no basta con mirarse el uno al otro, con cruzarse las miradas, sino mirar juntos en la misma dirección.