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LA MURALLA MEDIEVAL SOBRE LA RIBERA DE SAN MIGUEL, LORCA

El joven pastor se encontraba sentado sobre el rojizo y erosionado cabezo de la ermita de Madre de Dios de la Peña, observando como en la otra margen del río se estaban llevando a cabo movimientos de tierra...

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LA MURALLA MEDIEVAL SOBRE LA RIBERA DE SAN MIGUEL, LORCA.

El joven pastor se encontraba sentado sobre el rojizo y erosionado cabezo de la ermita de Madre de Dios de la Peña, observando como en la otra margen del río se estaban llevando a cabo movimientos de tierra, cuando queda sobresaltado al sentir un recio crujido, mientras los perros ladran y el rebaño inquieto mira hacía el lugar de donde ha partido el estruendo. La polvareda que se levanta indica que ha sido al pie de la Velica, donde numerosos obreros, con carros y maquinaria están trabajando para terminar el gran tajo que están haciendo al pie de la ladera norte de la Iglesia de San Juan, para construir el inicio de la carretera comarcal que comunicará Lorca con los Baños de la Fuensanta.

La curiosidad que se le viene encima a Diego, le lleva a acercarse a las obras y mientras se aproxima va sintiendo más nítidos los acompasados martillazos que dan los picapedreros sobre sus punteros para retirar la roca caliza que configura el terreno y así poder aplanarlo. Mientras camina paralelo a la acequia de Alcalá, ve como a unos metros delante de él, aparece una muchacha toda blanquecina que se dirige de prisa a la acequia, sentándose sobre el quijero se quita las alpargatas y mete las piernas en el agua. Luego se moja a “jarpás” la cara y después levantándose la rizada melena pelirroja se humedece la nuca. Cuando el pastor se acerca para preguntarle porque iba de esa guisa albina, advierte que se trata de María, la guapa hija del molinero. Como aún está embadurnada de polvo blanco, Diego le pregunta: “¿María, cómo te has puesto tan colmada de harina?”. A lo que la joven con vehemencia le contesta, “mira zagalico, cuando tan de repente ha sonado el “crujio”, se me ha “escapao” el ceazo de las manos cayendo al suelo y poniéndome de esta guisa que pica”. Diego aguantando la risa se despide y se dirige a escrutar en el tajo, donde aprecia entre el ambiente polvoriento, como los obreros trabajan junto a un recio muro de tierra que ha aparecido detrás de las paredes del molino y como algunos peones subidos sobre el muro, están desmontando las piedras que pavimentan la calle por donde tantas veces ha caminado para volver a su casa. Antes de que pueda aproximarse más a la obra, el encargado le da un grito para que se aleje y así lo hace, siguiendo las huellas de las rodadas de un cargado carro lleno de piedras y tierra.

Tuvieron que pasar más de cien años, para que aquel recio muro tan deteriorado y que casi nadie sabía que era parte de la muralla medieval, se volcara sobre la calzada impidiendo el paso. Tras los oportunos trabajos arqueológicos realizados durante estos últimos meses y la necesaria consolidación y restauración de las estructuras que estaban a la luz más de un siglo y que formaban parte la cimentación de la muralla y del muro de cierro de un molino de cubo, levantado donde la muralla se había perdido, podemos contemplar los restos de la fortificación sobre la ribera de San Miguel y transitar por la carretera comarcal MU 701, que pasa por delante de la inmediata ermita de San Miguel, del molino de Buenavista en el Escarambrujo, del caserío de El Consejero y adentrase por las tierras rojas que tras Los Cautivos te llevan hasta cruzar el río antes de La Parroquia en dirección a la vecina comarca de los Vélez, no sin antes contemplar el histórico paisaje del valle que preside el perfil del fronterizo castillo de Xiquena.