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MURALLA DE LA CIUDAD DE LORCA

Las murallas medievales de Lorca fortificaron el espacio habitado caracterizando la fisonomía de la población durante la Edad Media.

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Una vez desaparecido el peligro fronterizo con la toma de Granada en 1492, las murallas de la ciudad fueron perdiendo su función fundamental que era la defensa de la ciudad, pasando a ser censadas por el concejo y reutilizadas como viviendas.

A partir de principios del siglo XVI la ciudad comienza a salir fuera de las murallas, quedando la cerca medieval inmersa en la trama urbana. Este hecho fue determinante para la conservación del perímetro amurallado; la mayor parte de las torres y lienzos de muro quedaron conformando dos niveles que condicionaron y condicionan el urbanismo de una gran parte de la ciudad.

Aprovechando estas dos alturas surgen en el entorno de la muralla las calles de los Pozos y Rambla en la zona próxima al cauce del Guadalentín y las calles Zapatería y Cava entre las puertas de San Ginés y Gil de Ricla. En este último sector se fueron adosando y cimentando sobre la cerca importantes edi-
ficios: el Convento de las Mercedarias de Madre de Dios con su bella iglesia rococó (siglos XVII-XVIII), el Colegio de la Purísima (siglo XVIII), la Colegiata de San Patricio (siglos XVI-XVII) sobre la iglesia medieval de San Jorge (siglo XIV), la Casa del Corregidor (siglo XVIII), el Pósito de los Panaderos (siglo XVI) y el Pósito de labradores (Cárcel) (siglo XVIII).

La calle Zapatería va a desembocar en el porche de San Antonio, también conocido como de San Ginés. Este complejo cercado por dos sólidos cubos dispuestos para su defensa, presenta una puerta de codo, de tradición musulmana, con arco apuntado de sillería que enmarca el acceso con tres molduras de decoración geométrica.

PORCHE SAN ANTONIO Y MURALALos importantes restos conservados demuestran que toda la muralla se reedificó a partir del siglo XIII, siendo visibles sus cubos y lienzos desde la calle Rambla, paralela al río, hasta el porche de San Antonio, embutiéndose a continuación en las construcciones de la calle Cava -que recibe su nombre por estar sobre el foso o «cava» de la muralla-, lo que ha permitido un excelente estado de conservación.

Testigos de este recinto vuelven a aparecer en el patio del convento de las Mercedarias, de la Purísima y torreón exento de la calle Rojano.
En este trazado se encontraban las dos principales, nombradas de Gil Ricla y de los Santos, abarcando el espacio de lo que hoy es la Catedral de San Patricio.

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