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EL ACUEDUCTO DE LA ZARZADILLA – José Andreo Moreno

(Este texto es parte de otro más extenso, de una publicación del año 2.005 en la que se incluían historial, usos, costumbres y tradiciones de Zarzadilla)...

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EL ACUEDUCTO DE LA ZARZADILLA
…Una población cada vez más numerosa en la ciudad, hacía escasear progresivamente el preciado líquido. El agua del Caño de toda la vida, no daba para el abastecimiento de toda la ciudad, tenían que madrugar, y a veces hacer interminables colas hasta de noche para conseguir llenar el cántaro. Las discusiones y los problemas de aquellas esperas (a veces llegando hasta las manos) están bien documentados. Ante la sospecha de que podría haber alguna avería en los viejos caños, se hicieron por entonces todo tipo de aforos, para comprobar que no había mermas entre el agua que manaba en su origen en la sierra del castillo, y la que realmente llegaba a las distintas fuentes de la ciudad. El resultado fue que en el camino, no había pérdidas significativas de agua, por lo tanto tenían que buscar una solución.
Casi siempre se adoptan las medidas más fáciles para obtener soluciones inmediatas, aunque éstas medidas no sean siempre las más justas. Se estudiaron las diferentes opciones que había para atajar el problema, y era evidente que la mejor opción, la más fácil y viable era el agua de la Zarzadilla.
En lo que llevo leído sobre historia de nuestro municipio, no hay prácticamente ni un párrafo sobre el tema, y realmente creo que merece la pena, ya que éste acueducto, es posiblemente después del pantano, la mayor obra pública realizada en nuestro municipio en los últimos tres siglos. Este acueducto que ha estado en servicio hasta la década de 1.980, por falta de interés está desapareciendo en grandes tramos, encontrándose algunos de sus puentes en absoluta ruina, aun siendo éstos verdaderas obras de arte. Aparte de lo materialmente visible, hay que considerar también la importancia socioeconómica que supuso en su día para la ciudad y parte de la huerta.
Este viejo tema de las aguas, por un motivo o por otro nunca ha dejado de estar presente. Al principio pensé que eran aguas para no tocarlas, pero una vez documentado y estudiado el tema, lo he considerado primordial y digno de exponer, aunque desde luego con el mayor realismo y naturalidad, ya que el tema es más simple de lo que siempre se ha creído.
Para abastecer de agua la ciudad, las únicas opciones que se consideraron, y posiblemente no habrían otras, fueron las de río Luchena y las de Zarzadilla. Basándome en documentos de la época, y en algunos detalles que no se aclaran en dichos documentos, trataré de explicar las diferentes consideraciones que se hicieron y el porqué se optó por la Zarzadilla.
Al estudiar la opción del Luchena, se comprobó que la distancia desde el punto de la recogida, era similar a la de Zarzadilla, pero la orografía del terreno era muy quebrada, y por lo tanto dispararía los costos de la conducción, así como su mantenimiento. Además en una rambla tan imponente como ésta, las avenidas también dificultarían el aseguramiento de las infraestructuras en el punto de recogida, lo cual también encarecería la obra. Estas avenidas también enturbiarían el agua, y en aquella época no existían medios de depuración como en la actualidad. Como puede resultar lógico la calidad del agua también contaba, éste agua no era tan pura como la de Zarzadilla. Y por último, consideraron que el uso para abasto de la ciudad disminuiría el regadío. Pero lo que debe aclararse, es que realmente lo que importaba era la disminución de ingresos por las ventas del agua para regadío. El agua del río ha sido de carácter privado hasta hace poco, y los propietarios, principalmente eran los oligarcas y los cabildos, por lo tanto mientras hubiese otra mínima posibilidad, éstos poderes fácticos jamás renunciaría a un solo real de sus beneficios.
Las aguas de la Zarzadilla, eran indudablemente las que realmente interesaban, y las razones eran obvias: Las aguas eran y son de una excelente calidad. Los parajes del paso de la conducción, aparte de los inicios, son poco accidentados, ayudando la propia pendiente el paso del agua y con los sobrantes se incrementaría el regadío. La cuestión social podría haber sido el único obstáculo, pero dada la baja densidad de población en aquel tiempo (finales del XVIII), y ser los mayores propietarios del agua de la Zarzadilla, algunos hacendados que no residían en el pueblo, el problema fue de índole menor. No me consta que se indemnizara a ninguno de los cuatro o cinco pequeños propietarios de agua del pueblo, pero cuesta creer que los mayores propietarios del agua y el olivar perdieran por las buenas el valor real de aquellas tierras. De hecho el abad Correa, reclamó que la pérdida de casi toda el agua de su finca de Celda (éste agua la habían unido con la que venía de la Zarzadilla), le había obligado a bajar las rentas a los labradores, ocasionándole un gran perjuicio. Una vez peritado por un agrimensor, dicho daño fue indemnizado con veintisiete mil reales de vellón, una auténtica fortuna para la época.
Como ya hemos referido anteriormente en otros apartados, el manantial era conocido de tiempos atrás, aunque como quedó dicho, no se hizo necesaria su utilización, hasta que el incremento de la población en la ciudad la hizo imprescindible. Mientras el consumo humano estuvo cubierto, a los poderes que podrían haber influido en la construcción del acueducto no les interesaba, ya que de haberse utilizado la nueva solo para riego, ésta simplemente supondría competencia para el gran negocio que representaba la subasta del agua del río. Estas subastas supusieron una de las explotaciones más aberrantes del huertano. El posterior proyecto y construcción del pantano, supuso una amenaza para los intereses de aquellos señores del agua, los cuales se opusieron a la construcción, y complicaron la vida de manera radical al Consejero Real Sr. Robles Vives, que como apuntamos al principio, logró en con la construcción del pantano, además de asegurar riegos con la acumulación de torrentes (de los que de hecho se venían perdiendo en las crecidas), también hacer menos penosa la adquisición del agua por parte del huertano. Era el Sr. Robles Vives cuñado del Conde de Floridablanca, por entonces ministro del Rey Carlos III. Recientemente, y por fin, aunque nunca es tarde para reconocer un bien, se ha homenajeado a éste benefactor de Lorca, que con unas ideas poco usuales en su tiempo, al menos lo intentó. A veces es difícil explicar un hecho que parece aislado, sin hacer referencia a cuestiones y personajes que están directamente relacionados con la parte que nos ocupa. Desde luego sobre obras hidráulicas, y de la Zarzadilla en concreto, podríamos hacer una auténtica enciclopedia, pero puede que si desmenuzamos el tema demasiado, pierda parte de su interés. Una vez aclarado como se opta por el manantial de la Zarzadilla, pasamos directamente a explicar de la forma más escueta, y documentar los prolegómenos, reconocimientos, consideraciones, visitas y otros pequeños detalles sobre la conducción del agua a la ciudad.
RECONOCIMIENTO DE FUENTES Y TERRENOS
Por los informes que hay en los archivos, el conocimiento del manantial venía de años atrás, aunque fue en 1.769 cuando se inician las primeras consideraciones serias para su ejecución. A principios de 1.770 no solo se reconocieron los terrenos y fuentes, sino que también se aforaron los manantiales, evidentemente para proyectar un tipo de cañería u otro, aunque la cantidad de agua que se obtuvo posteriormente fue algo superior a la estimada, ya que las aguas filtradas en la rambla y que se recogieron en la presa fueron muy abundantes.
Es a partir de ésta fecha cuando se confeccionan los primeros planos, estudios adicionales y presupuestos. Los mencionados estudios y presupuestos fueron enviados a Madrid el día 20 Julio de 1.770 y fueron aprobados por el Real y Supremo Consejo de Castilla. No obstante, el reconocimiento definitivo que dio paso a la orden de construcción del acueducto, se inicia con una serie de autos y diligencias, el día 28 de Septiembre de 1.772(vísperas de San Miguel).
El mencionado día 28 de Septiembre de 1.772, un auto de D. Joseph Antonio de la Zerda (del Real Consejo de Castilla, oidor de la Chancillería de Granada y Juez Comisionado para la mensura de nuevas tierras roturadas, e igualmente comisionado para la construcción del acueducto de aguas de la Zarzadilla) cita a las diferentes personas encargadas de reconocer tanto las fuentes como el terreno para su definitiva ejecución. Su misión consistiría, en comprobar directamente la posibilidad de añadir a lo ya proyectado algún manantial más, así como comprobar si tanto en los orígenes como en el trayecto, había algún cambio significativo con respecto a los informes de que ya disponían.
Se citó aquel día, al Tte. Coronel de Ingenieros D. Juan Escofet (verdadero artífice de la obra), al procurador general D. Martín Pérez de Tudela, D. Joaquín Pareja haciendo las veces de síndico personero, y a Don Joseph de Arcos Moreno asociado del anterior y hermano del abad de San Patricio. El mismo día se da aviso a D. Ramón Chico de Abellaneda (mayordomo de propios) para que habilitara los fondos necesarios, para llevar a cabo la diligencia.
Este grupo salió de Lorca el día primero de Octubre, asistidos por Damián Ródenas, alguacil ordinario, y acompañados por Jerónimo Martínez, maestro carpintero, y de Juan Solera, alarife (maestro de albañil). El reconocimiento del manantial principal y fuentes circundantes, confirmó que no había disminución considerable en ellas a pesar de la escasez de lluvias. En cuanto a la situación de los terrenos con arreglo a los planos y proyecto, tampoco hubo cambios significativos, excepto pequeños cambios producidos por las avenidas en el arroyo. También en éste último reconocimiento, se rectificó la nivelación desde la presa principal de la Caseta hasta la balsa de la “Cuesta Blanca”, es decir hasta la Balsa de los Moros. Al ser una balsa de tierra y no conocer otro indicio de conducción de agua, yo siempre había mantenido que ésta balsa era simplemente un estanque ocasional, de los que se podrían haber hecho con la finalidad de acumular agua para la confección de ladrillos en la construcción del acueducto. Este dato que nos ofrece Juan Escofet, junto con una minuciosa comprobación sobre el terreno, nos confirma que efectivamente ya había un importante tramo de otro acueducto anterior al del Siglo XVIII. Paralelo con el actual caño, hay tramos en los que puede verse la antigua acequia, en el trayecto que va desde La Caseta hasta pasado la Balsa de los Moros. En los diferentes informes, hablan de las dificultades para el desmonte del poblado bosque que hay en la falda del Cerro del Apedreado.
La Fuente del Tío Rafael y la Jara:
Afirma Juan Escofet en su informe que: “haviendo reconocido con mayor especulación la expresada sierra (Pedro Ponce), encontró a la espalda de ella el manantial de la fuente que llaman de Los Tornajos (ahora del Tío Rafael) cuya agua es de la misma calidad y bondad que la que tiene proyectada conducir”. Sobre ésta fuente, en su informe continúa Juan Escofet explicando que “su corriente igualmente perpetua, y fluir perennemente la magnitud de cuatro pulgadas cuadradas…”. Según sigue en su informe, el proyecto sobre ésta fuente era unirla con la de la Jara. Aunque afirma no haberla medido con mucha exactitud, calcula desde dicha fuente a la de la Jara una distancia de 4.388 varas ( 3 Km. y medio aproximadamente). Calculó que el precio de la cañería hasta la citada de la Jara, sería de 65.720 Reales de Vellón, “cuya cantidad le parece que es digna de emplearse para conseguir el expresado aumento….”. Evidentemente éste proyecto no llegó a ejecutarse, y por la falta de indicios de viejas cañerías ni otras infraestructuras tampoco la de la Jara llegó a unirse.
La Fuente del Roble:
Tuvo Juan Escofet conocimiento de la Fuente del Roble, y en su informe anota: “Y que habiendo reconocido la fuente que nombran del Roble, así por estar ésta en extraño término, como a otra vertiente es muy dificultosa y costosa su unión”. Los argumentos para no considerar la posibilidad de aprovechamiento de dichas aguas están perfectamente justificados. Los problemas entre concejos vecinos sobre delimitaciones territoriales, llevaron desde muy antiguo a quejas y pleitos, y en éste caso lo más seguro es que Mula hubiese puesto todo tipo de trabas para su ejecución. Aparte tenemos el problema de la orografía del terreno, aunque ésta fuente del Roble o Calvillo dista escasamente quinientos o seiscientos metros de nuestro término, está precisamente en la garganta del barranco y en la parte opuesta a nuestra vertiente, por lo tanto el coste del rodeo que habría que dar sería muy importante. No obstante de no haber estado en “extraño término”, creo que la cantidad, calidad y casi perennidad del manantial hubiesen sido dignos de tener en cuenta, sobre unas aguas que siguen perdiéndose.
La Majada de Morales:
En un apartado anterior se hacía referencia a la Majada de Morales, por la extrañeza de no figurar con tal nombre en los padrones de propietarios; en éste apartado se daba a entender que no existía la fuente, y si acaso, habría alguna poza como abrevadero de dicha majada. Pensar en que no existía la fuente y huerta, no es una deducción gratuita.
Si se consideró la posibilidad de llevarse el agua de la Sierra del Tío Rafael y la de la Jara, a pesar de su escaso caudal, no creo que dejasen de lado una fuente como la de la Majada de Morales. Si por alguna circunstancia no se hubiese considerado su aprovechamiento, al menos creo que en alguno de aquellos minuciosos informes se habría mencionado. Tampoco podemos considerar que fuese desconocida por las autoridades, ya que al inspeccionar las del Roble, tendrían que pasar forzosamente por la propia Majada de Morales, ya que el único camino real que ha existido hasta hace relativamente poco, pasaba por las propias casas, y los propios cultivos y frondosidad del lugar hubiesen delatado el agua.
Regresó éste grupo de reconocimiento a la ciudad, el día tres de octubre por la noche. El alguacil cobró a razón de seis reales de vellón por día. Tanto el maestro carpintero como el alarife (albañil) cobraron a nueve reales (buenos sueldo para la época).
LA CONSTRUCCIÓN DEL ACUEDUCTO
Sobre cuestiones técnicas en la construcción, no he creído necesario ni conveniente extenderme, ya que la abundancia de datos es tan numerosa y a veces tan rutinaria, que podríamos caer en el aburrimiento. Quizá sea conveniente hacer mención, a las obras de la presa de La Caseta donde se recogían las aguas. Estas obras se llevaron una parte importante del presupuesto de la conducción, ya que la referida presa está empotrada con unos sólidos cimientos, que además de hacerla segura y por lo tanto duradera, al ser profunda recoge las aguas que van filtradas por la rambla. Esta obra según consta en los documentos, está conectada con pozos y galerías. Si éstos pozos y galerías estuviesen totalmente operativos, posiblemente el caudal que actualmente se recoge sería el triple. La cantidad que se recogía en buena parte del año, prácticamente no podía asimilarla la cañería, por lo que junto a la caseta aún sobrevive un aliviadero para los excesos del torrente.
En cuanto al resto de obras, siguieron ejecutándose casi siempre con los propios materiales que se extraían por el camino, y con todo tipo de ladrillos y cubiertas que se fabricaban in situ, y por supuesto con la propia agua conducida por la cañería que se iba construyendo.
Además del ingeniero Juan Escofet, fue su colaborador y posteriormente el sustituto, Jerónimo Martínez de Lara, muy conocido en la comarca por sus participaciones en obras de todo tipo, como el pantano, el pueblo de Aguilas y hasta parte del diseño del Castillo de San Juan de las Aguilas.
Comienzan las obras el mes de febrero del año 1.773. Se contrató un numerosísimo grupo de trabajadores. Se empezó lógicamente en el nacimiento, y al principio formaron parte de la mano de obra, algunos de los propios habitantes del pueblo. Estos primeros empleados se dedicaron unos al desmonte y otros a la albañilería. Se puso en marcha todo el sistema operativo tanto a nivel de suministros de herramientas, como los diferentes medios de transporte para el acarreo de materiales, concertando precios por los diferentes servicios; obviamente no era lo mismo un porte con un asno que con una mula, y desde luego algo distinto era el precio del porte de una carreta . Al mismo tiempo una obra de tal envergadura, requería de un complejo sistema administrativo y de control de almacenes, a base albaranes de recepción y retirada de tan distintas mercancías como podrían ser azadones, pozales o incluso pólvora. Funcionó a nivel organizativo, un típico sistema piramidal de mando, que aparte de la aplicación de nuevas tecnologías, poco o casi nada ha cambiado hasta nuestros días. La supervisión de la obra correspondía al Concejo y al Juez Comisionado, los cuales tenían como director al ya mencionado D. Juan Escofet, el cual además de la parte técnica propia de su especialidad, como caballero y hombre de confianza tenía el mando absoluto sobre toda la organización. Los tajos estaban divididos por cuadrillas de diez o quince empleados, al mando de un encargado o capataz. Estos empleados de base empezaron cobrando cinco reales, y más tarde dejaron éste salario a los encargados y bajaron a cuatro a los peones, que era lo establecido en aquella época. A su vez había encargados de almacén, coordinadores para los transportes, canteros, etc. Además de hornos para fabricación de todo tipo de ladrillos y de cal.
No cabe duda que ésta cantidad de personal, así como la lejanía de la ciudad y lo solitario de los parajes, hicieron necesario un control de dicho contingente tanto por su propia seguridad, como para mantener la disciplina en los tajos y en los campamentos de barracones de campaña en los que residían. De ésta labor se encargaban sobrestantes o alguaciles, aunque la guardia directa en los tajos estaba a cargo del ejército. El suministro de víveres para el personal, fue contratado a un proveedor oficial, el cual se comprometía a respetar la exactitud en los pesos y medidas, así como a ofrecer una buena calidad de los productos, igualmente se comprometía por escrito a no variar los precios pactados, sin el visto bueno del Juez Comisionado.
El día 15 de mayo de 1.773, las obras iban bastante avanzadas, y el Sr. Comisionado se desplazó a Zarzadilla, para comprobar sobre el terreno la evolución de las mismas, así como para inspeccionar desde el suministro de víveres, hasta el comportamiento del personal en los tajos y en el entorno. Alguna queja sobre el comportamiento habría, ya que mediante un auto que trababa sobre algunos temas de su visita, convocó a todo el personal para el día dieciséis de mayo en la puerta de la ermita, disponiendo que: “Y para que por modo alguno se excedan en adelante causando algún daño a los habitadores y campos de ésta Diputación, y solo traten de su trabajo: Mando que cuando concurran todos juntos a el Sto. Sacrificio de la Misa el día de mañana diez y seis del corriente a la ermita, después de la plática que se les ha de predicar por Don Joseph Sancho, cura propio de esta feligresía, se les haga saber por el presente Receptor, que por modo alguno causarán daño a los sementeros y ganados de éstos moradores, Pena de que verificado que sea, se les destinará a los Delincuentes a el Servicio de S.M. en los Arsenales de Cartagena por cuatro años. Y que para evitar la ocasión de noche que puedan ejecutar dichos excesos, siendo en éste tiempo como la ora de las nueve y en el de invierno a las ocho, se toque a retreta y que ésta sea la señal para que ninguno salga de sus respectivas barracas, pasada dicha ora pues verificándose se les ponga en el cepo por espacio de ocho días, cuyo celo quede al cuidado de Don Lino Campero y Don Juan de Guevara sobrestantes de dicha obra, con el Diputado (Pascual López) de éste paraje a quien se haga saber……”.
Quizá en los archivos del obispado podríamos sacar algún dato más sobre la parroquia, pero desde luego con ésta convocatoria nos aclara que ya había ermita y cura propio. Don Joseph Sancho Lasarte, el cura que menciona como propio, fue hasta 1.772 cura en la Colegiata de San Patricio; siendo además un gran devoto de Santa Eulalia, ya que incluso donó a éste santuario la pila del Agua Bendita que hay en el centro de éste templo.
A las doce y media de la mañana del día veintiséis de julio de 1.774, salieron de la ciudad Don José Antonio de la Zerda, el teniente de corregidor D. Pedro Alcántara, el alguacil mayor, varios regidores perpetuos (concejales) un abogado de la Real Chancillería de Granada, Jerónimo Martínez de Lara y Alvaro de Davadillo sargento de los Dragones de Lusitania y sobrestante mayor, reuniéndose con Don Juan Escofet en la Zarzadilla (D. Juan Escofet residió en el pueblo más de un año) para comprobar sobre el terreno las evoluciones de la obra. Hicieron una inspección pormenorizada de la evolución de la obra, desde la falda de la sierra hasta la Hoz de Cerda, en definitiva todo lo que se había construido. Quedaron muy satisfechos de la perfección de la obra, afirmando en el informe de que era “muy sólida y de fábrica ingeniosa para su perpetuidad…”; continúa el informe diciendo: “y todo reconocido así por las personas citadas, conformes manifestaron la complacencia y gusto de haber visto la expresada obra, y que conocen sus efectos no tan solo en su bondad, si también en lo abundante de las aguas que se reúnen en dicha conducción, de especial calidad, que verificada en Lorca, será parte principal de su felicidad, deseada por tantos años, y que no se les ofrece objeción que ponerle……..” .
Los trabajos continuaron, aunque a medida que se iban separando de Zarzadilla, las obras que dejaban atrás quedaban sin ninguna custodia, y aunque no tengamos constancia de que hubiese algún tipo de incidente o sabotaje en el caño, se tomaron una serie de medidas amenazantes para evitar daños en la cañería. El documento original de éste auto se incluye al final del apartado del agua. Seguidamente se transcribe literalmente incluidas faltas de ortografía con arreglo a las reglas actuales, el auto sobre éste tema:
Zarzadilla
Lorca Año de 1.774
Expediente formado para que se guarde y eviten los daños en la obra de conducción de Agua Potable.
Juez
Il. Sr. D. Joseph Antonio de la Zerda, del Consejo de S.M., oidor de la Real Chancillería de Granada. Por ante S.reg. de S.n.
D. Manuel Estratón Garcia
Auto: En la Ciudad de Lorca, en el día veinte y dos de Septiembre del año de mil setecientos setenta y cuatro, el Ex. E Il. Joseph Antonio de la Cerda, del Consejo de S.M., oidor de la Real Chancillería de Granada, con Jurisdicción Ordinaria para el reconocimiento y mensura de tierras roturadas en el término de ésta ciudad y todas sus incidencias, superintendente de la obra de Conducción de agua potable para el abasto de ésta, de los manantiales de la Zarzadilla y demás obras del río. Habiéndosele dado cuenta por el Teniente Coronel de Ingenieros en 2º D. Juan Escofet, Director de las obras, que la expresada Conducción, está ya en la Hoz de Zerda, y toda la gente ocupada en ella, distante de las casas de la zarzadilla y Sitio de sus nacimientos, mas de legua y media. Y que por ésta razón ha quedado en aquellos parajes la dicha obra acabada y cerrada, pero sin custodia alguna de persona que cele los daños que pueden causarse en ella, así por los moradores en las dichas casas de la Zarzadilla, como por sus ganados y otros que pasen por cima de dicha obra, no obstante el terraplén que por algunas partes se le ha podido hazer para su maior estabilidad y seguro. Y para remediar dichos perjuicios, su Señoría mandó se le haga saber al Diputado de la Zarzadilla y a todos sus moradores, en el próximo día feriado para que pueda verificarse su concurrencia en el sitio de la Ermita. Que por ningún motibo se puede romper el curso de las aguas, que se ha arreglado con caballones, Atochadas y zanjas, e las que caen en las vertientes de la sierra, y se han dirigido por la parte de arriba de la conducción, para que los pequeños torrentes no lo atraviesen desde el nacimiento de la fuente hasta la presa, antes bien todos los dueños de los terrenos que dicha conducción atraviesa deben procurar a que las aguas llobedizas corran por las sobredichas direcciones que se les ha hecho, y que en modo alguno arrimen sus ganados a dicha obra Veinte Varas en circunferencia a la Bóveda principal, formada en el nacimiento de las aguas, ni arrimen sus arados a dicha obra en toda la que pasa por tierras de labor de dicha Diputación. Pena que por la primera vez se le exigirá al que cometa el daño Veinte ducados de multa, aplicados a disposición de Su Señoría, y que se inviertan en el gasto de dicha obra, además de que se ejecutará el remedio del daño a consta de los culpados. Por la segunda vez se les destinará por cuatro años a los Arsenales de Cartagena. Y por la tercera, a seis años de presidio, y se procederá contra los dañadores o dueños del ganado que lo ejecuten, por todo rigor de derecho a imponerles las demás penas que como tales dañadores del bien público deben sufrir; de guias ocurrencias dará cuenta a éste tribunal puntualmente el Diputado que es o fuere de la Zarzadilla, siendo de su cuenta y riesgo si dejare de celar dicha obra y que se cometan los citados daños o tuviere la menor omisión en ello, para lo que se le deje testimonio de ésta providencia por el escribano de diligencias que pase a hacerla notoria, poniéndola formal de su entrega, para que le sirva de cargo contraviniendo a ella , y así lo proveió y firmó dicho Sr. De que doy fe.
El anterior auto, se lleva a Zarzadilla, para comunicarlo oficialmente a sus habitantes, y se hace mediante la siguiente diligencia:
“Estando en este Partido de la Zarzadilla de Totana Jurisdicción de la Ciudad de Lorca, en veinte y cinco días del mes de septiembre de mil setecientos setenta y cuatro. Yo el Escribano de Diligencias después de celebrado el Santo Sacrificio de la misa, estando todos los vecinos de éste Partido juntos les hice notoria la Providencia que antecede, con asistencia de Pasqual López Diputado de dicho Partido, Blas Sánchez, Miguel de Cánovas, Joseph de Canovas, Ramón Sánchez, Santos Sánchez, Juan de Tudela, Gregorio Sánchez, Juan López, Ginés de Canovas, Antonio García, Beatriz González viuda de Juan Pasqual, Pedro Guerrero, Andrés de Miras y Alonso Lario, leyéndoles a la letra dicha Providencia, en sus Personas.
Doy fe” (Joseph Simón Cortés Escribano)
Diligencia de haber sacado el testimonio: Doy fe que en cumplimiento de lo que se previene y manda, en la Providencia que está por cabeza de éste expediente, saqué el testimonio y entregué al Diputado Pascual Lòpez a presencia de todos los contenidos en la Diligencia que antecede. Y para que conste lo anoto yo el escribano, Diligencia que firmé en éste Partido de la Zarzadilla de Totana, a veinte y cinco de septiembre de mil setecientos setenta y cuatro.
(firmado Joseph Simón)”
Podríamos extendernos en numerosos detalles sobre las obras, pero en lo fundamental queda más que resumido. La finalización de las obras no se produjo tan rápidamente como se pensó en principio, de hecho la inauguración de una de las fuentes más emblemáticas de Lorca, como es la ubicada en la Plaza de la Estrella del Barrio de San Cristóbal, se inauguró el día 24 de Junio del año 1.780. Esta fuente se ha estado surtiendo de agua del pueblo durante doscientos años. Otra fuente menos conocida por su ubicación y afortunadamente restaurada recientemente, que también se surtía del caño, era la de Santa Quiteria, la que podemos ver en la entrada del Recinto Ferial, frente al Huerto de la Rueda.
Hasta la venida del agua del Taibilla, el acueducto fue durante dos siglos fundamental para el desarrollo de la ciudad. Aunque como ya quedó expuesto, aún estuvo operativo hasta la década de los ochenta. Incluso estando abandonado, aún se perdía en el barranco del Chorrillo al llegar a los imponentes pero derruidos arcos, una cantidad considerable de agua; éste agua era recogida de forma sistemática en la antigua presa de La Caseta, y fluía sin control por el viejo caño. El hecho de que sin ningún tipo de mantenimiento permitiese llegar las aguas, nos indica la calidad de la obra. Desde luego durante su vida activa (hasta mediados del S.XX) fue realmente mimada, tuvo guardias o “cañeros” que era como se les conocía, y además periódicamente había cuadrillas tanto de la ciudad como de la propia Zarzadilla, que actuaban como canteros o albañiles cuando se les requerían sus servicios.
José Andreo (año 2.005)
FuenteFuente FB Jose Andreo Moreno
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