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Vecinos de la huerta denuncian el mal olor provocado por los purines

El cierre de las plantas de tratamiento genera vertidos incontrolados en las tierras de cultivo y problemas medioambientales

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Los vecinos de las pedanías de la huerta denuncian vertidos indiscriminados de purines desde que hace catorce meses fueron clausuradas las plantas de tratamiento por cogeneración que operaban en el municipio. En esas plantas ubicadas en las pedanías de Tercia e Hinojar, se trataban 600 toneladas de residuos orgánicos al día, 196.000 durante su último año de funcionamiento. Ahora, la mayor parte de este residuo termina sobre tierras de cultivo, con los problemas de malos olores que genera si el terreno no es labrado posteriormente, algo que es habitual.

Una de las afectadas, Carmen Pérez, vecina de Aguaderas, afirmó que «el hedor es insoportable, no es el propio de una granja, es más intenso. Soy asmática y me asfixio, no lo puedo aguantar». Los vecinos tienen que permanecer con las ventanas y las puertas cerradas, incluso en verano porque el olor queda impregnado por todas las estancias de la casa. «No podemos ni tender la ropa en el patio porque luego hay que volver a lavarla». Su vivienda está rodeada de tierras de cultivo. «Muchas veces no la labran y la peste permanece más tiempo».

Otra vecina, en este caso de la pedanía de Marchena, María del Carmen Piernas, aseguró que ha visto en más de una ocasión arrojar cubas de purines junto a una rambla en las proximidades del colegio Narciso Yepes, al parecer un lugar habitual de vaciado y donde el mal olor es permanente. «Lo he denunciado ante el Seprona porque sé que no se está haciendo de forma controlada», añadió.

Desde que cerraron definitivamente las plantas de tratamiento no se han aplicado soluciones alternativas que no sea el vertido de los purines de las explotaciones ganaderas en terrenos agrícolas para utilizarlos como abono. Es de destacar la importante cabaña ganadera del municipio, que acumula el 35% de las explotaciones de porcinocultura de la Región.

No hay soluciones utópicas

Los vertidos han de hacerse con un código de buenas prácticas que no siempre se tiene en cuenta, como reconoció a ‘La Verdad’ el profesor de la Universidad Politécnica de Cartagena, Ángel Faz, experto en gestión, aprovechamiento y recuperación de suelos y aguas. Consideró que actualmente no hay soluciones perfectas, utópicas, «debemos pensar en algo sencillo, pero hacerlo bien».

Hay que verter los purines en terrenos donde no haya plantaciones en ese momento, «en el día y hora adecuados para que el abono sea más útil para el suelo y labrar posteriormente esa tierra con el fin de que evapore menos el gas». El experto reconoció que no hay control sobre los vertidos, «solo cuando se produce alguna denuncia al Seprona y me consta que ha habido varias». Para Faz, «se trata de una rutina que es y seguirá siendo un problema».

El objetivo para Faz, que trabaja también para el Ministerio y la Consejería de Agricultura, es que se valorice el purín de modo sostenible y están trabajando en ese sentido.

Una de las posibles soluciones es la aplicación agronómica en bruto, cuando haya superficie agraria útil, lo que se está haciendo ahora, «pero trabajando agricultores y ganaderos de forma asociada para optimizar su uso como abono, buscando zonas adecuadas y teniendo en cuenta qué cantidad puede absorber la tierra».

Tratamiento en las granjas

Según Faz, cuando no hay superficie suficiente para dar salida a todo el residuo orgánico, el ganadero debe hacer en su explotación un tratamiento sencillo para separar la parte sólida de la líquida y utilizar la primera como estiércol. El líquido habría que tratarlo de nuevo para utilizarlo como agua de riego. Es una actividad «que no es muy costosa, pero su financiación correspondería a los ganaderos», que son los que deben buscar una salida sostenible.

Se han barajado otras soluciones pero el resultado no ha sido el deseado. El experto explicó que en 2008 el Ministerio de Agricultura comenzó a trabajar en una propuesta alternativa que finalmente no fructificó. Se trataba de plantas de biodigestión de purines que producían gas y metano, pero también un residuo digerido que había que volver a gestionar. Incluso se instaló una pequeña planta piloto en Lorca, pero la alternativa a la depuración fue un fracaso.

El mejor abono

Para el concejal de Agricultura y Medio Ambiente, Melchor Morales, no se ha generado hasta el momento ningún problema medioambiental tras el cierre de la planta, porque el municipio cuenta con un extenso territorio donde pueden ser vertidos los purines. «Es un abono fabuloso, mucho mejor que el sintético si no se superan los valores de nitratos permitidos por hectárea y año». Añadió que es preciso hacer análisis periódicos del suelo.

Para Morales no existe riesgo porque la presencia de cultivos intensivos en los que aplicar el abono minimiza los efectos que el exceso de residuo puede producir. Hizo hincapié en la necesidad de aplicar buenas prácticas para evitar molestias.