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¿POR QUÉ SE ESTROPEAN LOS CUADROS ANTIGUOS? ¿CÓMO PODEMOS EVITARLO EN NUESTRAS CASAS?

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Pintura Susana en el baño de Pedro Camacho Felizes - Lorca

¿POR QUÉ SE ESTROPEAN LOS CUADROS ANTIGUOS? ¿CÓMO PODEMOS EVITARLO EN NUESTRAS CASAS?

Ante un  cuadro de Tiziano o Velázquez, nos gustaría pensar que la superficie que vemos es exactamente igual a la que vio el artista cuando le dio su última pincelada. Lamentablemente, aun en el mejor de los casos, es imposible que un cuadro se mantenga sin alteraciones durante trescientos años. Por muy bien se haya conservado, hay toda una serie de fenómenos que inevitablemente causan el envejecimiento de los cuadros. ¿Qué los provoca? ¿Por qué se estropean los cuadros antiguos?¿Qué podemos hacer para mantener bien nuestros cuadros?

Pues hay multitud de causas de deterioro,  pero descartando las más accidentales como el fuego, la lluvia, golpes, etc, una pintura antigua se puede acabar degradando por:

El simple contacto con el aire: ¡Así como suena! Todo lo que hay sobre nuestro planeta, en contacto con la atmósfera, sufre una  reacción química conocida como oxidación. Nosotros nos oxidamos, los metales se oxidan y los componentes de las pinturas, por supuesto también se oxidan. A esto lo llamamos envejecer. En los cuadros, esta oxidación produce el amarilleamiento y oscurecimiento de los barnices de protección y del aceite que aglutina la pintura al óleo. También ocasiona la pérdida de la consistencia y elasticidad original del tejido del  lienzo, que se vuelve frágil y quebradizo.  Es algo inevitable, por lo que hay que asumir que en un cuadro de 300 años, ver el colorido original, tal como se pintó, es imposible.

Sin embargo, los barnices de protección oxidados sí que pueden renovar y con mucho éxito, tal como vemos en estas imágenes

El oxígeno también causa la corrosión de los clavos de hierro que unen el lienzo con el bastidor de madera. Esta se trasmite a la tela alrededor de las cabezas de los clavos, deshaciéndola y provocando que los lienzos se descuelguen de su bastidor.

La acción de la luz:

Tenemos que evitar colocar los cuadros y pinturas en lugares donde reciban la luz solar de forma directa o con focos muy intensos ya que la radiación ultravioleta acelera los procesos de oxidación y amarilleamiento de los barnices. Además, decolora los pigmentos y veladuras, haciéndoles cambiar de color, que a veces llega desaparecer del todo. Por eso, técnicas como  la acuarela y el pastel que son muy sensibles a la decoloración, estan siempre en los museos en con una iluminación muy atenuada.

Evitar los excesos y cambios de temperatura y humedad bruscos :

Mucha humedad ambiental provoca una dilatación de los lienzos y favorece la aparición de hongos. La sequedad y el calor, por el contrario, causan la contracción del lienzo y si llegan a ser excesivos, lo vuelven quebradizo. Durante siglos muchos cuadros han sufrido este “estiramiento” y “contracción” constante por el paso de las estaciones. Cada dilatación de la tela produce una grieta o fisura en la superficie, que al cabo de los años acaba surcada por toda una red de fisuras, llamadas craqueladuras. Si el proceso es muy acentuado, las escamas de pintura empiezan a levantarse y finalmente se caen.

CONSEJOS GENERALES PARA MANTENER BIEN NUESTROS CUADROS:

Ya que mantener en nuestra casa las mismas condiciones que en un museo es difícil, es aconsejable al menos:

. No colocar pinturas cerca de fuentes de calor intenso (radiadores, chimeneas, etc…).

. No colocar la pintura bajo el flujo directo de un aparato de aire acondicionado, ya sea de frío o calor.

– La humedad excesiva provoca la aparición de hongos y mohos. Si en casa hay este problema, no colgar el cuadro cerca de esta zonas

– Otra forma de prevenir los mohos es creando una corriente de ventilación en la trasera del cuadro. La forma de hacer esto es colocando dos pequeñas alcayatas en los extremos inferiores del marco, de forma que el borde inferior de este no toque la pared y permita su ventilación constante.

– No colgar una pintura original en un cuarto de baño. Los frecuentes excesos de humedad no tardarán en dañarlo.

– No colgar el cuadro sobre una chimenea que se use.  Es el mejor método de ver como en pocos años se oscurece y toma un hermoso color negro.

– No colgar un cuadro en la cocina. Los humos y grasas de la cocción se depositaran en la superficie del cuadro, que adquirirá una agradable textura pegajosa .

– Evitar tener los cuadros en el suelo. Es la forma más fácil de que reciban un golpe.

Por último, no hay que olvidar que la más importante causa de degradación de las pinturas somos nosotros mismos, el ser humano. Las mutilaciones, repintes y tratamientos de restauración mal efectuados a lo largo de los siglos, son una constante, así como nuestra propia acción vandálica.

Tenemos que asumir es que nunca podemos pretender es ver un cuadro antiguo con el aspecto que tendría si se hubiera pintado ayer. Toda el proceso de envejecimiento, realizado a lo largo de los siglos, le confieren al cuadro una pátina y una prestancia de bien antiguo, que le dignifica y es consustancial a él. Pretender “dejarlo como nuevo”, es imposible y además en el intento pondríamos en peligro elementos como las veladuras, que son parte insustituible de una pintura antigua. Como decía Goya: “también el tiempo pinta”.

Fuente: José Payá Zafortea – Director de Gaia, Centro de Estudios de Arte y Restauración