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ELIODORO PUCHE UN ILUSTRE ESCRITOR LORQUINO QUE FUE PRESO POR SUS IDEAS

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ELIODORO PUCHE UN ILUSTRE ESCRITOR LORQUINO QUE FUE PRESO POR SUS IDEAS.

¿Que sabemos de este lorquino ilustre?

Eliodoro Puche Felices nació el 5 de abril de 1885 en la ciudad de Lorca y falleció el 13 de junio de 1964 en la misma ciudad que lo vio nacer.

Eliodoro Puche, sin h como él firmaba siempre, hijo del matrimonio formado por Eloy Puche Plá, abogado y terrateniente, y Soledad Felices López, vive una infancia feliz en compañía de sus tres hermanos y disfrutando de las comodidades que le ofrecía la holgada economía de su familia.

Su primer contacto con las letras en el colegio (1892–1897)
Eliodoro Puche dada su posición social, como hijo de un importante terrateniente y escribiente del Registro de la Propiedad, recibe una educación básica que completará con estudios superiores en varias universidades del país. Asiste al Colegio de Primera Enseñanza de niños de Lorca, dirigido por D. Bautista López Carvajal. En tal institución es donde Eliodoro aprende a leer y a escribir a través de clásicos literarios.
Al finalizar sus estudios de primaria, decide realizar el bachillerato como alumno libre, expidiéndose su título en Valencia. Al finalizar sus estudios secundarios e inducido por su padre, estudia la carrera de Derecho, profesión que apenas llegó a ejercer a lo largo de su vida.

Entre tanto, el joven Eliodoro pasa largas horas leyendo poesías románticas y comienza a inmiscuirse en el ámbito literario local publicando versos en revistas y escribiendo un ensayo sobre la evolución de la literatura para la revista Darwin…

SUS PRIMEROS TRABAJOS COMO ESCRITOR (1908–1912)
Primeras publicaciones en prensa y revistas (1908)
Una vez expuestas las lecturas del joven Eliodoro nos vamos a
centrar en sus primeros escritos publicados. Así pues, en agosto de 1908 nos encontramos en el diario lorquino La Tarde dos de sus primeros poemas que vieron la luz pública.
No quiere decir que sean los primeros, pero sí son que los
se han conservado : uno, en el núme ro ochocientos noventa y
ocho 10 , dedicado a Francisco Martí Lloret, y otro en el número novecientos dos 11 , en honor de Alberto García Ibáñez.
PRIMEROS POEMAS 1908Etapa madrileña

Hacia 1916 Eliodoro Puche se traslada a Madrid, donde se sumerge en el universo bohemio de la capital, viviendo una vida atropellada de taberna en taberna y absorbiendo los influjos modernistas y vanguardistas que imperaban en el Madrid intelectual de la época.

En su etapa madrileña conoce a personalidades de la Generación del 98, como Valle-Inclán, Machado, Juan Ramón Jiménez y Gómez de la Serna, al tiempo que comienza a traducir a los simbolistas franceses y a publicar en revistas como Cervantes y Cosmópolis.

En 1918 escribe el libro de versos Corazón de la noche, que es muy bien recibido por sus contemporáneos, y en los años sucesivos publicará libros con dinero de un patrimonio familiar que agotó pronto obligándose a vivir en la miseria.

Vuelta a Lorca

ETAPA EN MADRID 1908Con la muerte de su padre en 1928, Eliodoro Puche regresa a Lorca dejando en Madrid el recuerdo de la bohemia y de unos amigos que poco a poco lo irán olvidando. De este modo, Eliodoro comienza a convivir con la intelectualidad lorquina y publica en revistas locales como Tontolín.

En la República, Puche se convierte en director del periódico radical socialista Pueblo y más tarde de República.

Con la llegada de la Guerra Civil Puche es nombrado juez de paz en Mula y se le encarga que custodie el Palacio de Guevara de Lorca que contiene el tesoro artístico de la ciudad.

Postguerra

Al finalizar el conflicto bélico Puche es condenado a 16 años de cárcel por sus vinculaciones con la izquierda, pero la pena se reduce a 4 años. Durante este encierro redactó su obra poética más sincera y genuina. Son libros como El marinero de amor y Las alas en el aire. Será en este período de su vida cuando Puche escriba la mayor parte de su producción poética. Estos versos han permanecido inéditos hasta hace poco.

A su salida de la cárcel Eliodoro Puche se aísla del mundo y vive refugiado en la bebida y en su poesía que va abandonando la retórica modernista y trasformándose en trasparente y sencilla. En 1959, Puche sale de su ostracismo al recibir la visita de un grupo de escritores capitaneados por César González Ruano, a partir de la cual, José Ballester le dedica un reportaje en La Verdad y Radio Popular de Lorca le ofrece un homenaje.

En 1961, con el patrocinio del Círculo Cultural Narciso Yepes, se publica Poemas inéditos, un libro de los últimos versos de Eliodoro junto con otros de diferentes libros, como Carceleras, Marinero de amor y algunos más.

ELIODORO PUCHE CON MANUEL ALCANTARA EN 1963También en México, su amigo Alfonso Camín se empeña en sacarle del olvido publicándole poemas y artículos en la revista Norte, que él mismo dirige, y queda en su casa la mayor y mejor obra poética sin publicar en vida. La censura cultural franquista no hubiese dejado poner en circulación sus libros de prisión, que eran un canto de libertad.

Amigo personal de Valle Inclán, Machado, Juan Ramón Jiménez o Gómez de la Serna, y una de nuestras mejores voces líricas del siglo, Puche murió prácticamente olvidado, el 6 de junio de 1964, a los 79 años de edad y tras pasar una larga enfermedad, muere Eliodoro Puche con la única compañía de su hermana Estrella, en el número uno de la calle de Las Barandillas.

ANECDOTA CONTADA POR UN AMIGO QUE LE CONOCIÓ

ELIODO SIN H ANECDOTA CONTADA POR SU AMIGOEra yo muy joven y él bastante viejo -ambas cosas pueden comprobarse en la fotografía- cuando le conocí, en su Lorca natal. Sus libros de poemas los había firmado siempre Eliodoro Puche, sin la hache de su nombre de pila, como homenaje a su madre, que era una campesina semianalfabeta, que lo escribía de ese modo en las cartas que le enviaba a Madrid.

ELIODORO PUCHE ESCUCHANDO FLAMENCO 1960
Eliodoro Puche oyendo cantar a su amigo el aficionado Alejandro Martínez. Hacia 1.960.

Supe de él por César González Ruano, que lo incluyó en su libro de memorias, en el catálogo de bohemios. Una bohemia atroz, al parecer, de esas que ya no se llevan. Eliodoro pasó hambre, no apetito, y vivió a salto de mata, escondiéndose a veces en los más altos matorrales de un malditismo literario que aún coleaba cuando él era un muchacho. Cuenta César que había un mecenas de café que invitaba a la famélica trupe del Parnaso practicando lo que Ortega hubiera llamado “el instante volitivo”. Echaba una ojeada a la reunión y le decía al camarero, señalando con el índice a cada uno de ellos: coñac, café con leche, vermut, anís, vino blanco… Si alguien le llevaba la contraria nunca más volvía a invitarle. Una vez a Eliodoro, que llevaba una buena temporada sin probar bocado, le tocó vermut. Como sabía que si rectificaba el pedido se jugaba futuros convites, le dijo al camarero:

 

– Sí, vermut, pero con un suizo.

Por aquellas fechas Eliodoro frecuentaba tabernas canallas, ínfimas casas de prostitución y cafés románticos. Llevaba un monóculo que no le hacía ninguna falta y estaba siempre muy sucio y muy borracho. Cuando yo le conocí había dejado de estar sucio. Fue en su Lorca. Me invitaron a dar una lectura de versos en el “Círculo Narciso Yepes” y lo primero que hice fue preguntar por el viejo poeta modernista. Yo sabía, también por César, que había heredado una gran fortuna de un pariente, que había dejado de escribir versos y que vivía en una casa magnífica. Me dijeron que podía encontrarle en su tertulia de todos los días, en una taberna frente al mercado. Allí estaba Eliodoro, sin hache, con su aire de Unamuno temulento, rodeado de sus amigos.

Uno de ellos era el enterrador del pueblo, que tenía un raro sentido del humor:

– Cuando usted se muera, don Eliodoro, y yo me lo eche al hombro…

Al viejo poeta parecía hacerle mucha gracia el prometido transporte y lanzaba grandes risotadas.
Fue a mi lectura de versos y me alabó algunos sonetos, “aunque a mí no me gustan las cárceles”. Había estado en dos. Una vez en Madrid, antes de la guerra, por pegarle un tiro a un sereno, y otra después de la guerra, en Murcia, sólo porque los republicanos le hicieron alcalde de Yecla. Me contó que el juez del tribunal que le condenó le había preguntado si era cierto que se emborrachaba siendo alcalde y él le contestó que se había emborrachado siempre, en Yecla y en todas partes. Después de mi lectura, me llevó a su casa. Habíamos hecho grandes migas etílicas. Entramos a oscuras, me cogió de la mano y me llevó hasta una butaca. Cuando dio la luz me llevé un susto gordo. Sobre mi cabeza había un águila disecada de enorme tamaño, con las alas extendidas. Creo que debió ser una broma.

Estuvimos juntos todo el tiempo que duró mi estancia en Lorca y volví a la tertulia del enterrador. Eliodoro era un millonario que no daba golpe, exactamente igual que cuando no tenía un duro. Lo respetaba todo el mundo por su buen carácter y por su generosidad. Era el tipo más popular del pueblo y quizá también el más querido. Se contaban muchas cosas de él, por ejemplo, que la víspera de una Nochebuena fue a sacar dinero al banco y en el cheque puso la fecha de 23 de agosto.

– Pero, hombre, don Eliodoro, ha puesto usted agosto y mañana es Nochebuena.
– Yo qué cono sé. He visto que hace un día espléndido…

HOMENAJE EN 1950 SIN PERMISO GUBERNATIVO EN PLAZA CAÑICO

HOMENAJE EN LA PLAZA DEL CAÑICO 50 AÑOS DESPUES

PEDRO GUERRERO RUIZ Fue un 13 de junio, hace cincuenta años. Tan sólo doce personas en el entierro de aquel enorme poeta, Eliodoro Puche. Un año después, Juan Guirao, mi hermano Pepe y yo, organizamos el primer homenaje en la plaza del Cañico, cerca de su casa y de la que fue su cárcel («si no existieran muros, / te vería hermana»).

Fueron varias aquellas reuniones de homenaje en la calle. Con pocas personas, pero las suficientes. A una de ellas vinieron los poetas Arturo Pasos, el nicaragüense que estudiaba Derecho en Murcia y que después murió en la guerrilla de su país, y Emilio Masiá, que ahora vive en Lo Pagán haciéndole versos al mar.

Casi todo eran reivindicaciones, y casi todo lo que deseábamos aquellos jóvenes que sentíamos la poesía de Eliodoro está ya hecho. A ello se han sumado nuevos amigos. Bienvenidos sean. Lo mejor, los recuerdos anuales de Los Amigos de la Cultura al poeta lorquino.

FUENTES: JOSE LUIS MOLINA y ORIGENES LITERARIOS DEL POETA ELIODORO PUCHE FELICES de Juan Antonio Fernández Rubio

ELIODORO PUCHE – FLAMENCOLOGO LORQUINO

FuenteEN FACEBOOK
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