La rotura del pantano de Puentes en 1.802
Las obras de la primera presa de Puentes se iniciaron el 16 de diciembre de 1647, en el cauce del río Guadalentín.
Dicha presa se proyectó para retener agua para utilizarla para el regadío del municipio de Lorca. El 5 de agosto de 1648 se produjo una avenida que destruyó la presa que se encontraba en construcción.
Las obras de la segunda presa de Puentes se iniciaron el 1 de marzo de 1785, en el mismo lugar que la anterior. El 30 de abril de 1802 se produjo una avenida que provocó la rotura de la segunda presa de puentes la muerte de 608 personas, fue a las tres de la tarde, las débiles compuertas de madera del pantano de Puentes cedieron por el ímpetu de las aguas represadas. En ese momento se iniciaba la que, aún hoy, es la mayor tragedia hídrica de la historia de España.
Un desastre anunciado
La rotura del pantano de Puentes fue la crónica de un desastre anunciado. Durante su construcción se habían observado varias deficiencias, pero Jerónimo de Lara y Antonio Robles-Vives, principales responsables de la obra, no hicieron caso a los informes negativos de algunos arquitectos e ingenieros que advertieron del peligro que conllevaba construir un pantano en una zona arenosa.
La necesidad del agua
Desde que se produjo la conquista de Lorca en el siglo XIII, se advirtió que el Río Guadalentín no tenía el caudal suficiente para regar los extensos territorios del campo lorquino. A lo largo de los años se realizaron diversos proyectos para aumentar el canal de aguas que llegaba a Lorca, pero todos los intentos fracasaron por ser inviables o bien por no contar con la infraestructura necesaria.
Un proyecto muy ambicioso
En la segunda mitad del siglo XVIII, se alumbró un ambicioso proyecto que consistía en la construcción de un canal de navegación desde Lorca hasta Cartagena utilizando las aguas de los ríos Guadalentín, Castril y Guardal, las fuentes de Caravaca y las aguas de los pantanos que se construyeran. Esta propuesta fue realizada en 1770 por Don Pedro Prades y Don Nicolás de la Corviere al Rey Carlos III. A este efecto se constituyó una compañía que se llamó del «Canal de Murcia» a la que el monarca concedió la facultad de incorporar las aguas del río de Lorca pagando su valor a los que se consideraban dueños.
La obra era de una magnitud elevada y tenía como presupuesto 60 millones de reales. Sin embargo, las dificultades de los promotores de la idea para obtener un préstamo llevó al Rey a declarar nula la contrata y adjudicarla a otra compañía que inició las obras en Huéscar. Poco después de comenzadas fue designado Ministro de Estado y Correos el Conde de Floridablanca quien encargó a Pedro López de Lerena un informe sobre el desarrollo del proyecto. López de Lerena llegó a la conclusión de que las obras tenían dificultades insuperables ya que ni el Guardal ni el Castril llevaban el agua que a priori se había calculado. De nuevo hubo que renunciar al proyecto, aunque en esta ocasión no se abandonaron las obras realizadas.
Construcción de dos pantanos
En 1783 los arquitectos Juan de Villanueva y Jerónimo Martínez de Lara visitan Lorca para estudiar la viabilidad de las obras que se habían paralizado unos años antes. El 14 de enero de 1785, ambos arquitectos remiten al Conde de Floridablanca un proyecto en el que se detallaban los beneficios que tendría para la población la construcción de uno o varios pantanos. Villanueva y Martínez de Lara afirmaban que Lorca no tenía más de 10.000 fanegas de regadío y que si se aprovechaban las aguas de los pantanos podían llegar a ser 40.000 obteniendo como resultado un beneficio de 28 millones de reales, además del precio al que se vendieran las aguas.
La construcción del pantano de Puentes
Informes negativos
Un año más tarde, el Conde de Floridablanca fue destituido por Carlos IV y desterrado a Murcia. Robles-Vives que mantenía una seria polémica con los propietarios de las aguas del Guadalentín (la mayoría oligarcas locales que se oponían a la construcción del pantano porque se acabaría su privilegio de «dueños del agua») corrió una suerte parecida a la de su cuñado y fue desterrado a Albacete.
Tras el cambio en la situación política, el Corregidor de Lorca pidió un estudio de las obras de los pantanos a Pedro de Ibargüen, Ingeniero-Jefe del Departamento de Cartagena quien ofreció unos informes muy positivos sobre el pantano de Valdeinfierno Sin embargo, su opinión sobre Puentes es bien distinta «No con igual seguridad se pueda abordar la duración y servicio del pantano de abajo, por haberse fundado su cuerpo central sobre arena y pilotaje y el resto de sus extremos sobre la peña viva de los montes laterales, cuya invencible firmeza a todo peso puede proporcionar alguna fracción o rotura del edificio, si la parte que funda sobre la arena hiciese algún asiento antes de su petrificación o después a causa de una imperceptible filtración en el macizo o por el movimiento de algún terremoto».
Finalizan las obras
Como los argumentos eran contradictorios, y la presión que ejercían Martínez de Lara y Robles-Vives (este último desde su destierro) era muy insistente, el Alto Organismo decidió levantar la suspensión de las obras en Puentes y mantenerla en Valdeinfierno. El Fiscal de la Real Empresa, Ginés Hernández, fue designado coordinador de las obras hasta su finalización. Entre abril y junio de 1794, los pantanos represaron los aluviones de cuatro riadas subiendo las aguas 37 varas en el de Puentes y 23 en el de Valdeinfierno. La utilidad de los pantanos no tardó en demostrarse, ya que gracias a las aguas represadas de la tormenta que se produjo el 4 de mayo de 1794 se evitó una riada que podía haber acabado en catástrofe. Sin embargo, las filtraciones continuaban y en 1797 llegaron a preocupar a Martínez de Lara, quien hasta ese momento había defendido con gran firmeza la solidez de la obra que había proyectado.
En 1795 Robles-Vives se benefició de un indulto de Godoy, y tras vivir unos años en Madrid, regresó a su tierra. Se instaló durante un breve periodo de tiempo en Águilas y después marchó a Lorca en donde acabaría sepultado por las aguas del pantano que tanto había defendido.
La tragedia
Desde que se inició la represa de aguas en 1788, el pantano de Puentes nunca había estado al límite de su capacidad, pues la construcción coincidió con unos años muy secos. Sin embargo, el mes de abril de 1802 fue muy abundante en lluvias y riadas. El embalse había estado recibiendo los aportes de los ríos Vélez y Luchena y los de la confluencia de varias ramblas, por lo que estaba apunto de desbordarse.
Pese a ello, nada hacía presagiar la tragedia que comenzó a fraguarse a las 14:30 horas del día 30 abril. Ese día y a esa hora, Francisco Oliver, quien en aquel momento estaba sustituyendo al alcalde del pantano que se encontraba en Lorca, recibió un aviso de un peón que le comunicó que salía más agua de la habitual y que ésta estaba muy turbia. Oliver comprobó que el agua envolvía estacas, vigas de pilotaje y pavimento de la obra. Estuvo brotando hasta las tres de la tarde, hora en la que se produjo un gran estallido que rompió las compuertas de madera del pantano. Oliver trató de que la noticia llegara a Lorca mediante un mensajero, pero era demasiado tarde.
Las aguas arrasan Lorca
Las aguas llegaron a Lorca poco después de las cuatro de la tarde, empujando y arrastrando una gran cantidad de rocas y vigas que destrozaban todo lo que encontraban a su paso. La parte más afectada fue el barrio de San Cristóbal que estaba formado por edificios de una sola planta y algunas casonas de nobles. En San Cristobal se situaba la zona industrial de la ciudad: molinos, alfarerías, fábricas de paños, fabricas de jabón…etc. También en este barrio se encontraban el convento de frailes Mercedarios y el de San Diego. Todo ello fue rápidamente destruido.
El episodio más trágico fue el que se vivió en la Casa de Serón. Esta vivienda era un edificio de sólida construcción, todo de sillería, lo que inspiraba una gran confianza a su dueño de que resistiría la fuerza de las aguas. Su propietario, tras ver que muchos vecinos se asustaban por el nivel que estaban alcanzando las aguas, les llamó para que fueran a refugiarse allí. De esta manera, llegaron a encerrarse en aquel lugar unas 300 personas de todas las edades. Los vecinos que se refugiaron en la casa se vieron obligados a buscar los pisos más altos ante la llegada de más personas y la crecida de las aguas, hasta que, por fin, tuvieron que subirse al tejado, aunque con la confianza de que la casa resistiría el embate de las aguas.
Quienes se habían salvado en edificios y alturas superiores a la casa de Serón contemplaron el episodio. De pronto, un enorme peñón, arrastrado por las aguas, golpeó violentamente en aquel edificio y le arrancó de sus cimientos, la casa se balanceó unos instantes y acabó hundiéndose y produciendo una columna de agua roja que cubrió los restos de la vivienda. Cuando pasó la avalancha fueron encontrados dos peñones, de unas 250 toneladas de peso cada uno, a varios kilómetros de la ciudad.
La causa de la tragedia
El motivo por el que se produjo la rotura del pantano de Puentes fue el sifonamiento producido por el defectuoso sistema de cimentación. En ningún caso era apropiado el pilotaje, teniendo en cuenta su altura y el material, completamente permeable, atravesado por los pilotes. La tragedia de Puentes ocasionó que se creara un centro de formación especializada en ingeniería para dotar de conocimientos suficientes a los profesionales que tuvieran que proyectar infraestructuras importantes.
El 1 de noviembre de 1802 se puso en funcionamiento la Escuela de Caminos y Canales dirigida por Agustín de Betancourt, un prestigioso ingeniero que había adquirido una sólida formación en escuelas francesas.
El propio Betancourt fue el encargado de realizar el informe sobre los motivos de la tragedia de Lorca, y después de alabar la calidad de los materiales utilizados, concluyó que «nada hubiera causado la ruina del pantano si no se hubiera fundado sobre un terreno arenoso».
Hubo de transcurrir 80 años desde la tragedia de Puentes, para que los lorquinos la olvidaran y aceptaran la construcción, en 1884, de una nueva versión –la tercera, pero no la última– del pantano, hasta la definitiva modificación en 1.993.
ANTECEDENTES EN LA HISTORIA
El Guadalentín, afluente del Segura, se caracteriza por ser un río con un régimen muy irregular, que puede pasar de periodos de estío muy acentuados a episodios de avenidas de gran magnitud.
Dentro del período de los últimos 130 años, es preciso recordar, entre otras, las siguientes riadas:
- Octubre de 1879 (Riada de Santa Teresa): Produjo en Lorca una punta de 1.510 m³/s, ocasionando 13 muertos y cuantiosos daños.
- Septiembre de 1891 (Riada de San Jacinto): Superior a la anterior, y gracias a la existencia de la presa de Puentes, situada en cabecera de la cuenca, la comarca se salvó de una catástrofe sin precedentes.
- Junio de 1900 (Riada de San Aniceto): Superior a la de Santa Teresa, inundó el barrio de San Cristóbal en Lorca.
- Octubre de 1948: El caudal estimado en el puente de la carretera de Murcia a Granada fue superior a 800 m³/s.
- Octubre de 1973: Según un informe del Centro de Estudios Hidrográficos, el caudal máximo aguas abajo del embalse de Puentes alcanzó los 2.000 m³/s, mientras que al canal de El Paretón (situado en la zona media de la cuenca) llegaron unos 1.500 m³/s.
EVOLUCIÓN DEL EMBALSE
Con fecha 29 de Julio de 1991 se aprobó el Proyecto Base de RECRECIMIENTO DE LA PRESA DE PUENTES, NUEVA PRESA.
definitivamente el «Proyecto 4/93 de Construcción Recrecimiento de la Presa de Puentes. Nueva Presa». El 29 de Julio de 1993 se firma el ACTA DE REPLANTEO PREVIO del citado Proyecto.
El 15 de Diciembre de 1993 se realiza el ACTA DE COMPROBACIÖN DEL REPLANTEO, iniciándose las obras el día 16 del mismo mes.

