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LOS ROLLICOS DE SAN BLAS Y UNA HISTORIA DE AQUEL LUGAR por Andrés Martínez Rodríguez

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LOS ROLLICOS DE SAN BLAS Y UNA HISTORIA DE AQUEL LUGAR.

Esta mañana he subido por la cuesta de la calle Rojo y al torcer la esquina para tomar la calle Zapatería, me he encontrado con una larga cola de personas que esperan para acceder al convento de las Madres Mercedarias y comprar los tradicionales rollicos de San Blas y las vistosas y coloridas reliquias del santo. Me pongo en la cola para esperar el turno y distingo como otros años a varias personas conocidas, me acerco a saludarlos y cuando me vuelvo a mi sitio en la cola, veo que allí está mi amiga Carmen. Entablamos conversación sobre las antiguas tradiciones y la importancia de mantenerlas, cuando un niño pequeño, se acerca corriendo y se pone a buscar algo alrededor de donde estamos. Siento curiosidad y le pregunto, “oye que estas buscando” y me contesta, ”a mi hermana se le ha perdido un pendiente y mi madre me ha mandado a buscarlo mientras ella compra los rollicos”. Nos ponemos a mirar en el suelo y entonces llega la madre que lo coge de la mano y le dice, “David no te preocupes más que el pendiente de la nena lo hemos encontrado un poco más arriba”, se despiden y se alejan cuesta abajo.

En ese momento, se me viene a la mente el recuerdo de hace ya años, cuando excavamos en el solar donde había estado la iglesia del convento y encontramos en una de las sepulturas argáricas el cráneo de un hombre con unos pendientes de plata. Se lo comento a Carmen y esta rápidamente me pregunta, ¿solo estaba el cráneo?, yo le contesto, “dentro de la vasija de cerámica solo estaba la calavera con algunas vértebras, otros de los huesos aparecieron movidos en el entorno”. La cola avanza, ya estamos cerca del acceso y me toca entrar. Después de comprar los rollicos y saludar a varias de las antiguas alumnas de las Mercedarias que están vendiéndolos, me paso por la capilla para contemplar el hermoso grupo escultórico de San Blas y la salida me encuentro a mi amiga esperándome.

Cuando empezamos a descender por la calle Zapatería dice, “me he quedado con una duda de lo que antes has contado”, “en aquella época los hombres llevaban pendientes”. Le contesto afirmativamente y comienzo a relatar la historia que habíamos reconstruido de este hombre con pendientes que fue enterrado en un lugar tan cercano. Cuando murió hace unos 3.600 años, sus familiares hicieron un gran agujero en el suelo de su casa, donde colocaron su cuerpo flexionado dentro de una vasija grande, le dejaron en sus orejas los dilatadores de madera de los que colgaban unas espirales de plata y posiblemente dispusieron junto al cuerpo otros objetos personales y cerámicas con comida para el viaje a la otra vida. Esos objetos y recipientes no los hallamos, ya que la tumba fue parcialmente destruida cuando se construyo la muralla unos 2.700 años después. Los alarifes encargados de levantar este tramo de la muralla, al realizar la zanja para ejecutar la cimentación se encontraron con una gran tinaja acostada, rompieron su parte superior encontrándose huesos y cuando se dieron cuenta de que eran restos humanos, dejaron la calavera sobre la tinaja que aún no habían roto y modificaron la dirección de la zanja para no destruir los restos encontrados. Mi amiga que sigue atenta mi explicación, de pronto me interrumpe para preguntar, ¿por qué no desmantelaron los restos humanos?, “no lo se con exactitud, pero pudo ser por respeto o por superstición”.

En ese momento, suena el móvil de Carmen y después de mantener una corta conversación, me comenta que la están esperando y que se tiene que marchar. Antes de hacerlo me dice que teníamos que quedar para seguir hablando sobre este interesante hallazgo y sonriendo añade, “como voy a comer con mi sobrino Manuel, le voy a decir que lleva las orejas perforadas como los argáricos y que llevar dilatadores es una moda que se remonta hasta hace 4.000 años”.

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