Torre del Espolón, una década del desastre a la plenitud.
La torre del Espolón, en primer término, en la que se aprecia el estado de abandono que presentaba desde finales del siglo XIX hasta su restauración en los años 70.
El abandono la deterioró, y los seísmos han vuelto a dañar la atalaya medieval. Su aspecto es ahora similar al que ofrecía a finales del XIX. Uno de los extremos del Castillo, posiblemente el más accesible, cuenta con la torre del Espolón o Esperón, denominación con la que se la conoce ya en la documentación medieval. Este símbolo defensivo de un época pasada ha sido uno de los edificios históricos más dañados por los recientes seísmos, hasta el punto de que sus aspecto exterior es casi similar al que presentaba a finales del siglo XIX.
La torre del Espolón no dispuso de patio de armas y el único cerco que tuvo fue la propia muralla del castillo que, en las inmediaciones, fue reforzada con torres, entre las que destaca una de forma semicircular construida en el siglo XV.
La única parte de esta torre cuyo diseño parece influenciado por la arquitectura islámica es el aljibe, que guarda semejanza con los de los castillos de Alcalá de Guadaira en Sevilla, y Bujalance en Córdoba.
En las cuatro esquinas de la torre, señalando la separación de las dos plantas al exterior, hay colocados sillares que llevan incorporados elementos ornamentales, en buena parte muy deteriorados. Un rostro que ha perdido la parte superior de la cabeza, y tres bustos masculinos parcialmente destruidos es lo poco que queda.
En los años 1970-1971, bajo la dirección del arquitecto Pedro San Martín Moro, se llevó a cabo una restauración, que concluyó con la reposición de las almenas en base a las encontradas en los escombros del relleno. Un dibujo de Ordovás de 1799 muestra la torre sin almenas.
El coronamiento original pudo ser en forma de cadalso, un saledizo de madera para la defensa de la torre.
El recorrido interior empieza por el aljibe, un espacio de planta cuadrangular con un pilar central cruciforme del que arrancan cuatro arcos apuntados de sillería. Las bóvedas están construidas a base de ladrillo. El agua de lluvia llegaría al aljibe a través de dos entradas elaboradas en piedra, una labrada con forma de cabeza de león.
La planta baja no conserva ningún elemento de su pavimento original que, posiblemente, fuera de piedra fina con mortero de cal. La actual solería se colocó durante la restauración de los años 70. La cubierta de la estancia presenta una bóveda de crucería, con cuatro cadenas de dovelas de piedra que se apoyan en columnas adosadas al muro en las esquinas, un ejemplo típico de las iglesias cistercienses. Las columnas están rematadas con capiteles decorados con motivos vegetales. La bóveda es de ladrillo colocados de canto y dispuestos en forma de espiga.
A la derecha de la entrada a la torre, hay una puerta que permite el acceso a la escalera por la que se accede al piso superior. La caja de esa escalera está construida en el interior del muro y tiene ochenta y cinco peldaños de los que sólo son originales doce del segundo tramo. La iluminación se recibe a través de las saeteras que perforan el muro en los ángulos del torreón.
A la primera planta se accede por una puerta rematada por un arco apuntado, realizada en sillares de piedra, puerta que se cerraría con dos hojas de madera o metal que hoy no existen.
La iluminación de esta sala se realiza a partir de la puerta y de tres saeteras abiertas en los muros orientados al este, oeste y norte. La cubierta, al igual que en la planta baja, está formada por una bóveda de crucería simple, con apoyos en cuatro columnas adosadas a los muros. Estas columnas son más esbeltas que las de la planta baja y sus capiteles están decorados, tres de ellos con hojas de palma y el cuarto con hojas de acanto espinoso.

