DESPACITO Y MALA LETRA por Antonio de Cayetano.
Ya en agosto, llevamos más de seis meses de obras en Juan Carlos I, hemos cruzado el ecuador del tiempo previsto para su terminación (un año), pero sin embargo a la ejecución de las mismas le falta muchísimo para llegar a ese 50%. Las obras van muy despacito, al son de la canción de moda del puertorriqueño Luis Fonsi, que casualmente vio la luz en el mismo mes en que comenzaron los trabajos. Pero mientras la canción ha ido a velocidad de vértigo, colocándose en poco tiempo en lo más alto de todas las listas de éxitos y siendo un hito sin precedentes en la historia musical hispana. La ejecución de las obras es todo lo contrario, siendo el trabajo más deficiente y chapucero de cuantos se han hecho últimamente en nuestra ciudad. Y eso a pesar de que esta obra iba a ser un proyecto emblemático e ilusionante, gestionado por el propio AyuntaMIENTO con el fin de que la cosa saliese bien. ¡Virgencita que me quede como estaba!
Esta tarde hemos paseado por las nuevas aceras de la nueva avenida Juan Carlos I, y cuál ha sido nuestra sorpresa al darnos cuenta de los desperfectos que está haciendo la empresa constructora al colocar losas de tercera esportilladas y mal niveladas, pero eso sí seguro que bien cobradas.
Este trabajo tan mal hecho sería rechazado en cualquier casa por cualquiera de nosotros y por eso requerimos a los responsables municipales de la obra, para que pidan responsabilidades a los causantes y que exijan a la empresa que corrija con urgencia todos los desperfectos, además de contratar a personal lorquino cualificado, para que los beneficios de la contratación redunden en la economía de nuestra ciudad. CCD Lorca – Jesús Pelegrin
Un poema de Antonio Machado dice: “Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien, importa más que el hacerlas”. Aquí lo de despacito si, ni hay prisa para comenzar las obras ni luego para su terminación, que después toca pagar aunque el dinero “esté” ahí. Pero respecto a la buena letra, lo de hacer la cosa bien, eso ya no va con nosotros. Lo de verificar que las obras se terminen en las debidas condiciones, con cuidado y con esmero, no se sabe hacer aquí. Me parece indignante que no se controle lo que se hace con el dinero de todos los murcianos, que somos los que al final pagamos el préstamo europeo que financia estas obras, porque es vergonzoso las imperfecciones y las terminaciones que se van viendo en las mismas, dudando mucho de que en los trabajos intervengan profesionales cualificados. Y no me refiero solo por parte de las empresas que los realizan, sino de la propia administración, que debe de ser quien controle las obras que se hacen a cuenta del erario público.
No se entiende que en la principal arteria de Lorca, la que se pretende sea la niña bonita de la ciudad, se permitan las chapuzas que ya se van viendo, en lo que va quedando a la vista claro, porque lo que queda enterrado ya saldrá luego, ya que ni tan siquiera se está colocando un emparrillado o mallazo entre el hormigón de la acera, cuando el terreno que la sustenta ha sido removido para colocar los diferentes conductos que van bajo el pavimento. Conductos a cuyos registros, se le están colocando las mismas tapas que había, encontrándonos en el flamante suelo de granito, las viejas y deterioradas tapas de cemento de los registros de telefonía, en vez de colocar unas nuevas metálicas o incluso panelables con la misma losa del pavimento. Pero si las viejas tapas son inadecuadas para la nueva acera, lo indignante es observar el mal acabado que se le está dando a todos estos registros, un trabajo que no solo llama la atención por las grandes e imperfectas juntas de cemento, sino por el remate marrano que se va quedando, un trabajo mediocre e impropio de una empresa clasificada para licitar obra pública.
Cuando el PP estaba en la oposición, pedía que fuese de igual manera el pavimento de todos los espacios públicos, siendo así más homogéneo y teniendo la ventaja de que siempre se podría tener guardado algún material para cuando hiciese falta su reposición. Una postura que parece razonable, pero lejos de hacerlo ahora que tienen la oportunidad de gobernar, cada remodelación de las que se han hecho recientemente lleva un tipo distinto de pavimento. Y esto es quizá debido a lo que antes mencionaba, que quien hace el proyecto no es la concejalía o conserjería correspondiente, sino que va en el mismo paquete el proyecto y la ejecución de la obra, siendo elegido el pavimento por la empresa adjudicataria, encontrándonos así con tantos tipos y calidades como empresas adjudicatarias de las distintas obras, siendo en mi opinión el granito elegido para la aceras de Juan Carlos I, el más feo y poroso de cuantos se han colocado en nuestra ciudad, pues ya se observa en el corto tramo donde se ha puesto, la gran cantidad de suciedad que este ha absorbido, cuando el colocado en el eje de Lope Gisbert o en las calles Corredera, Álamo y Musso Valiente es más bonito y limpio, aparte de ser un trabajo mucho mejor terminado.
Pienso que las empresas de obra pública nos tienen tomada la medida y aquí no se hacen las cosas bien porque saben que no nos preocupamos de que el trabajo se termine en condiciones, porque no se está a pie del tajo exigiendo que la tarea se realice como es debido. Creo que si ha bajado el volumen de negocio del sector de la construcción, también habrá bajado la carga de trabajo de los técnicos municipales de Urbanismo, por lo que algunos de ellos deberían de controlar las obras públicas que se realizan en la ciudad, incluso las de reparación y mantenimiento de los servicios que van canalizados por la vía pública, pues son numerosos los parcheos de cemento que quedan luego sobre el pavimento original, como es el caso del existente en la plaza de España, un desatino que no me cansaré de denunciar por aquí, por el lugar donde se encuentra frente a la casa Consistorial, por hacerse recién remodelada la plaza y por haber sido una empresa mixta municipal la causante del pegote, la que no le importó dejar un montón de hormigón donde antes había granito.
Pero aunque este está a la vista de quienes nos dirigen, en el corazón del casco histórico, tampoco se han preocupado de exigirle su restauración al estado original. Como tampoco de enmendarlo cuando han tenido la oportunidad de hacerlo, como ha sido la remodelación de la calle de la Cava, a la que se le ha puesto el mismo pavimento que a la plaza de España, ocasión que se podía haber aprovechado para que la empresa contratada hubiese arreglado el desaguisado. Pero claro, eso lo hace uno en casa cuando tiene los albañiles, con aquello de que ya que están, reparando también lo imprevisto, y por el mismo precio si se es un poco astuto. Pero en la administración no, ahí lo que cuenta no es el dinero que se puede ahorrar y el agujero que se pueda tapar, sino el dinero que se gasta en grandes proyectos, llenándose la boca de nuestros políticos con anuncios y más anuncios de inversiones millonarias. Aunque linces y astutos también los hay, pero no para una buena gestión y ahorrar unos euros, sino para llevarse algún pellizco de los mismos.
No tengo porque dudar de la gestión económica de nuestros dirigentes, pero sí de su incapacidad para la supervisión de las obras, de cuidar de la obra desde el principio al fin y no detectar los errores cuando la obra ya se ha ejecutado y cuando vienen las protestas vecinales o de otros partidos, como ha pasado recientemente con el área de recreo canino del parque de la Casa Mata o con el acceso al camino del Quijero de Campillo y a la antigua carretera de Águilas desde la nueva rotonda de San Fernando, un trabajo que tuvo que ser enmendado, quedando en la obra nueva las feas señales de haber sido modificada después. Lo que sí que fue una decisión acertada en el proyecto del 4º tramo de la Ronda Central, fue el soterramiento de las líneas eléctricas aéreas que cruzaban la rambla de Tiata y las que iban en paralelo a ella. Pero sin embargo esto no se ha tenido en cuenta en la calle José Espinosa Pomares, quedándose ahí las dos enormes torres del tendido eléctrico soportadas por una solida base de hormigón, cuando ese corto recorrido se tenía que haber soterrado aprovechando estas obras de remodelación, o si no, haber renovado esas torres por otros postes más finos, más actuales, dándole así un aspecto más moderno a la zona.
Tampoco en la acera por donde va este tendido se ha colocado alumbrado alguno, quizá también como consecuencia de la obsoleta conducción aérea que va por el lugar, por lo que de haberse soterrado se habrían matado dos pájaros de un tiro. En la otra acera sí que lógicamente se están colocando nuevas farolas, que sustituyen a las viejas que permanecían aún sobre palos de madera, lo que cabe esperar es que los viejos palos se arranquen y no se corten como se suele hacer, porque conforme se aprecia en los trabajos que se han realizado hasta ahora, parece que la intención es la segunda, pues se están recortando las piezas que van alrededor del palo, cuando ese espacio habría que dejarlo sin terminar a la espera de que se eliminase totalmente la madera, una vez entren en funcionamiento las nuevas farolas.
Creo que debe de hacerse un riguroso trabajo de control sobre todas estas obras que están en marcha, pues las del entorno de la estación son también muy chapuceras y deficientes en cuanto a sus acabados. Pero no solo pasa en estas del centro de la ciudad, también en las del barrio de san Cristóbal y las de Santa Quiteria, donde la pavimentación del espacio exterior del Auditorio ha quedado de pena, no solo por el enlechado de las juntas que ha quedado sobre las piezas, sino por la muy mala colocación de las mismas. Creo que la meta no debe de ser hacer muchas obras, sino que estas se hagan bien y que perduren, porque mucho me temo que dentro de cuatro días, todas estas calles estén en peores condiciones que antes de su arreglo. Y más si hay prisas en su terminación, porque no solo queda por concluir la avenida y los alrededores de la estación del lote de Juan Carlos I, sino que todavía faltan por ejecutar las calles Serrallo, Poeta Carlos Mellado y Floridablanca, la plaza de Colón, las alamedas de La Constitución, Doctor Jiménez Díaz, Ramón y Cajal y su travesía.
Toda obra conlleva sus molestias, tanto para los vecinos, como para comerciantes y usuarios de la vía, pero con una mejor planificación las molestias serian menores. No se puede entender que habiendo solo dos calles que dirijan el tráfico desde la avenida hasta Lope Gisbert y casco histórico, las dos se corten al mismo tiempo, cuando el cierre de Musso Valiente es solo debido a las obras de la avenida y esos escasos metros que le afectan se podrían haber dejado en condiciones de paso en muy poco tiempo, abriendo de nuevo la calle. Tampoco se entiende que no se hayan acondicionado los aparcamientos que se prometieron, pues solo el solar de las antiguas lonjas en la avenida de Santa Clara se ha habilitado para ello, quedando sin abrir el céntrico solar de Musso Valiente o el del antiguo Centro de Salud de Ramón y Cajal, dos solares que le vendrían muy bien a los clientes del resentido comercio de la zona.
Un camión-grúa de los que intervienen en estas obras, lleva en su visera la frase “Señor ten piedad de nosotros”, una aclamación que la podemos hacer nuestra en estos momentos, ya que estamos faltos de consideración, de que se apiaden de nosotros, de los ciudadanos en general y de los comerciantes en particular, porque siempre son ellos los más perjudicados por el transcurrir de las obras.
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