DESGRACIA INESPERADA
Un terremoto que supuso la destrucción de la ciudad de Almería y graves daños en otras ochenta poblaciones cercanas, no solo de esta provincia, sino también de la de Granada, estimándose en varios millares las víctimas mortales que este movimiento sísmico dejó en esa zona.
Una zona que junto a la región de Murcia, es una de las de mayor riesgo sísmico de España, habiéndose producido casi cuatro años antes, otro destructivo terremoto en la cercana localidad de Vera (9-11-1518), el cual también afectó a muchos otros pueblos de la comarca, siendo centenares los fallecidos y alcanzando la cifra de 150 solo en la población de Vera. Unos habitantes que tras la Reconquista, habían llegado del Reino de Murcia como repobladores cristianos, ubicándose en la ladera del cerro que hoy se llama del Espíritu Santo. El lugar que tuvieron que abandonar sus moradores por quedar asoladas sus 200 viviendas, teniéndose que construir un nuevo pueblo en un lugar llano y próximo a ese viejo enclave que quedó destruido a las once de la noche de aquel fatídico día.
Y si en Vera ocurrió a finales de 1518, sesenta años después le toco a nuestra ciudad (30-1-1579), pues dentro de una serie sísmica, muchos lorquinos tuvieron que abandonar sus viviendas tras haber quedado arruinadas éstas, no teniéndose noticias si en aquel terremoto hubo alguna víctima. En el que sí que hubo víctimas mortales, fue en el que aconteció en nuestra ciudad casi un siglo después (28-8-1674). Otra serie sísmica de casi dos meses de duración que se inició el 10 de agosto, siendo el movimiento más importante el sucedido el 28 de agosto. Un terremoto que destruyó gran número de edificaciones en la ciudad, entre ellas, la ermita de San Indalecio, una ermita situada muy cerca de la iglesia de San Juan, en el lugar donde según el padre Morote predicó el santo en nuestra ciudad y lugar que desde entonces es conocido como Peñas de San Indalecio.
Pero lo grave no fue la destrucción de esta edificación religiosa, sino los 40 fallecidos que causó el terremoto, asolando 220 viviendas de las más de 1500 que había entonces en Lorca, viviendas que se vieron seriamente afectadas, pues solo 23 de este millar y medio se vieron libres de daños, siendo dificultoso transitar por las calles, por el gran número de piedras y escombros que en ellas había, teniéndose que marchar la población fuera de la ciudad y residir en barracas provisionales. A este importante terremoto le siguió otro al día siguiente y algunos más hasta el 5 de octubre que fue el último día de aquella serie sísmica. Luego el 20 de diciembre de 1818 hubo otro con numerosos daños materiales y 12 heridos graves, así como otros menos destructivos que afectaron a nuestro municipio en 1860, 1886, 1887, 1889, 1890 en dos ocasiones (enero y agosto), 1922, 1977, 2002 y 2005, estos últimos en las pedanías altas.
Y es que la peligrosidad sísmica de Lorca es alta, estando la ciudad sobre la falla de Alhama, una de las más activas de nuestro país. Una falla que fue la causante de los dos terremotos que sufrimos los lorquinos hace hoy once años. Unos terremotos que recordaremos siempre los que los vivimos, pues sorprende como recordamos segundo a segundo, donde estábamos en aquellos momentos, lo que estábamos haciendo y lo que hicimos y pensamos tras aquella terrible e inesperada explosión. Un terremoto de escasa magnitud, pero de un poder de destrucción muy alto, debido principalmente a la poca profundidad de su hipocentro y al situarse muy cerca de la ciudad, una población que además, está asentada sobre terrenos relativamente blandos. Un terremoto que nos trajo miedo, incertidumbre y sobretodo mucha tristeza, ya que aparte de causar cuantiosos daños materiales, también provocó la pérdida de nueves vidas humanas, entre ellas las de un niño de 14 años y las de dos mujeres embarazadas.
Una perdida que difícilmente olvidaran sus familiares y amigos, pues la pérdida de un ser querido es lo más cruel que nos puede pasar en la vida, siendo el peor de los males, cuando mueren en estas impredecibles circunstancias. Pero unas víctimas que el pueblo olvida fácilmente, ya que como suele ocurrir en cualquier tragedia, su recuerdo sigue presente mientras la noticia continua en los medios, olvidándonos de ellas conforme va trascurriendo el tiempo. Unas víctimas que podíamos haber sido cualquiera de nosotros, cualquiera de los que nos encontrábamos en la ciudad aquella fatídica tarde del 11 de mayo. Si que la mayor parte de las familias fuimos víctimas de aquellos dos terremotos, pero solo de un modo material, resarciéndonos más tarde de los daños causados por medio de las indemnizaciones recibidas del Consorcio de Seguros o de las ayudas de las distintas administraciones, habiendo reparado o reconstruido ya nuestras viviendas o negocios casi la totalidad los afectados.
También el patrimonio cultural de Lorca, las iglesias y sus monumentos que se vieron igualmente dañados por los seísmos, se han ido restaurando y saliendo a la luz “tesoros” que hasta ahora desconocíamos, por lo que los fatídicos terremotos han servido para su mejora y puesta en valor. Lo mismo ha sucedido con otras dependencias y espacios públicos de Lorca, que al final sin desearlo, la sacudida brusca de la tierra se ha convertido de alguna manera en un fenómeno positivo para la ciudad, al reedificarse varios de sus inmuebles y recibir un buen pellizco de dinero de otras administraciones. Aunque también es verdad que once años después, sigue habiendo gente fuera de sus hogares, en casas prefabricadas, pero lo que jamás podremos restituir es la vida de los fallecidos, devolver la alegría a los familiares de aquellas víctimas.
Victimas como Raúl Guerrero, el niño de 14 años que estudiaba en el Instituto San Juan Bosco y que salió segundos después del terremoto, al exterior del bar que regentaban sus padres en La Viña, muriendo bajo los cascotes de la cornisa que se derrumbó del edificio en ese instante, cornisa que también sepultó al perro que llevaba en brazos.
O Emilia Moreno, de 22 años, vecina del barrio de San Pedro, que se dedicaba a recoger chatarra, la cual murió al caerle encima otra cornisa, dejando una niña de solo dos años y estando embarazada de ocho meses.
También de la misma forma murió el comerciante Rafael Mateos, el ciclista de 53 años que perdió la vida en la calle Puente Jimeno del Barrio de San Diego, dejando gemelos de 12 años y una niña de trece.
Igualmente en la misma zona, murieron sepultados por los cascotes Juan Salinas y Pedro José Rubio, dos jubilados de San Diego que paseaban juntos por el barrio.
Más adelante en la calle Galicia, moría Juani Canales López, de 52 años, cuando salió de su vinoteca en el momento en que se desplomaban elementos del vecino edificio, teniendo la mala suerte de que estos cayeron sobre ella, dejando dos hijos huérfanos, uno de ellos sordomudo y con problemas visuales.
En el otro extremo de la ciudad, en la barriada de Alfonso X, murió Domingo García de 34 años, al ser golpeado en la cabeza por un cable que se desprendió tras la sacudida del segundo terremoto, precisamente en el momento en que revisaba los daños que le había producido el primero.
También en aquella zona, en la calle Infante Juan Manuel de la barriada de La Viña, murió Antonia Sánchez Gallego al desplomarse un edificio cuando pasaba frente a él, iba acompañada por sus dos hijos de corta edad, pero estos se salvaron al cubrirlos la madre con su cuerpo.
Igualmente la última víctima salvo también dos vidas, aunque de un modo bien distinto. Ella fue María Dolores Montiel, una mujer de 41 años de la pedanía de Tercia, la cual se encontraba esa tarde en el centro de la ciudad, cayéndole los cascotes de un edificio de Juan Carlos I sobre su cabeza. Fue trasladada en estado muy grave al hospital Virgen de la Arrixaca, pero los médicos no pudieron hacer nada por salvarle la vida, falleciendo a la mañana siguiente en el citado centro sanitario.
Una muerte que dejó abatida a su familia, pero en medio de tanto dolor, primó la generosidad de ésta, haciendo que diversos órganos de María Dolores que desgraciadamente ya no necesitaba, sirvieran para alagar la vida de otras personas. Queriendo la casualidad, que su páncreas y un riñón fuesen compatibles con otra lorquina, la cual ya estaba desahuciada por los médicos y habiendo perdido la esperanza de encontrar un donante compatible. También el otro riñón y el hígado, fueron implantados a otro lorquino que llevaba igualmente años esperando, por lo que nos tiene que congratular la bondad y generosidad de esta familia en esos momentos tan tristes.
Creo que no he conocido personalmente a ninguno de los fallecidos en aquella fatal tarde, aunque si a algún familiar, pero sí que me acuerdo con frecuencia de ellos cuando transito por los lugares donde perdieron la vida, preguntándome cómo lo estarán pasando sus familiares, esos niño/as que se quedaron sin alguno de sus padres, o esos padres sin el hijo/a, o ese esposo o esposa al que el terremoto le arrebató lo que más quería. Para ellos, para los que desde entonces están sufriendo la perdida de aquellas vidas, para los que nada ni nadie les puede resarcir de su perdida, va dedicado hoy mi humilde artículo. Un fuerte abrazo a todos y ánimo para sobrellevar este inmerecido tormento que desde entonces tienen.












Pero no es este el único fallo que les veo, también está lo del drenaje, pues colocándolas tal como se han puesto, con los nombre hacia la calzada, y al estar la acera en pendiente, el orificio queda en la parte superior del suelo de las mismas, acumulándose el agua de riego en la parte baja, donde no hay drenaje, lo que por un lado puede producir la podredumbre de las plantas y por el otro la del mismo recipiente, haciendo que el oxido mache entonces el nuevo pavimento. Por lo que habrá que darles la vuelta, haciendo que el nombre mire para las fachadas, tal como sucede con los nombres de las pedanías que figuran en cada una de las nuevas farolas, o tapar los orificios y hacerlos de nuevo en la otra parte.
Palmeras que desde el principio estaban contempladas en el proyecto o así se dejaban ver en la imagen del mismo, pero para las que no se habían dejado sus huecos, teniéndose que levantar de nuevo el pavimento para su plantación y para el suministro del riego. Por cierto que, tampoco ha quedado en condiciones el paso de peatones que allí se ubica, quedando también anegado por el agua de lluvia. Las cosas de Lorca.
Pero en el caso del pequeño Gabriel, también han habido otras personas malignas, como son los sujetos que se ofrecen como “adivinos” tras estas desapariciones, actuando de una forma canallesca e insensible. Me refiero a los supuestos videntes, médiums, tarotistas, interpretadores de sueños y demás “escogidos”, que salen de debajo de las piedras cuando nos encontramos ante cualquier mediático caso de desaparición, como ha sido este del niño almeriense, y donde los bulos y las llamadas de estos “iluminados” hace que se incremente más todavía el sufrimiento de la familia. Un calvario para el que nunca estamos preparados, una angustia que nos causa enojo con todo lo que nos rodea, con ganas de que suene el teléfono por un lado, pero también con el temor a descolgarlo por el otro, por si las noticias no son favorables. Y esto es lo que le ha pasado a estos padres almerienses, que desde el primer día de la desaparición de Gabriel, han recibido las llamadas de estos desaprensivos que creen adivinar el futuro y esclarecer el pasado, intentando sacar siempre tajada del dolor ajeno. Llamadas en las que se ofrecieron para decir dónde está el niño y en las que incluso le anunciaron que “sabían” en que balsa estaba Gabriel ahogado, teniendo que pedir los padres que por favor cesaran las comunicaciones de estos profetas.
Unos videntes que si que han sacado provecho en otras desapariciones, pues aunque sabemos de antemano que son unos farsantes, la familia ante estas circunstancias se agarra a un clavo ardiendo para dar con el paradero de la persona a quienes buscan. Incluso la propia Policía Nacional, se dejó guiar por una vidente vasca en el caso de Marta del Castillo, la joven sevillana desaparecida el 24 de enero de 2009. Un caso donde hubo juicio y condena, pero en el que sigue sin encontrarse el cuerpo a pesar de ser varios los lugares donde se ha buscado, como también han sido varias las videntes que se han ofrecido a colaborar en ello e incluso han escavado por su cuenta. Pero lo que me llamó la atención, es lo que se publicó sobre una vidente de Guipúzcoa y de unos sesenta años de edad, la cual se puso en contacto con la ertzaintza (policía vasca), asegurando saber donde se encontraba enterrado el cuerpo de Malta. Situando el lugar en una finca de olivos a 10 km. de Sevilla y bajo el olivo número 26 contando desde la entrada. Tal era la reputación de esta vidente y los años que llevaba ejerciendo como tal, que la policía autonómica confió plenamente en lo que decía, trasladando la información a la policía sevillana que llevaba el caso de Malta del Castillo y acordando el viaje de esta a tierras andaluzas.

Un plazo que se ha visto ya superado con creces, quedando todavía pendientes varias de las obras contempladas en este proyecto. Pero nuestros dirigentes, en vez de obligar a la empresa a que cumpla los plazos establecidos, nos mienten una y otra vez al anunciar que las obras van a muy buen ritmo y que se acabaran antes de lo previsto, antes del próximo verano. Cuando, como he recordado en alguna ocasión, estas afirmaciones no son ciertas, no solo porque cuando comenzaron las obras, se nos anunció por parte de las autoridades regionales y locales presentes en el acto, que la ejecución de las mismas seria de un año, sino porque en el “Pliego de Condiciones” para la adjudicación de las mismas, en el apartado 11 (página 34), se fijan 12 meses como plazo máximo para su ejecución. Tiempo que también es el estipulado en el convenio suscrito entre la Comunidad Autónoma y el AyuntaMIENTO para la terminación de estas obras (BORM 30-4-2016), siendo su plazo de vigencia hasta el 31 de diciembre de 2017.
Pero no solo eso, también habría que colocarlas junto a la fachada de los edificios, impidiendo de esta forma que tengan que ser desmontadas cada vez que se montan las tribunas y suprimiéndose con ello su utilidad, cuando precisamente, su utilización es más necesaria en estos días en que Lorca y su principal avenida recibe miles de visitantes. Pero eso sí, seleccionando muy bien el lugar donde se coloquen las nuevas papeleras, que debe de ser entre la medianería de los edificios, con el fin de que no afecten lo más mínimo a la estética de los comercios de la zona. Comercios que por otra parte, han quedado muy tocados por las obras, no solo en lo referente a la venta, sino en el ornamento de sus fachadas, ya que algunos de sus zócalos están con los materiales destrozados, encontrándose los mismos amontonados o esparcidos junto a los locales, dando una imagen de descuido y de desidia. Una dejadez que pone en evidencia la falta de control que sobre las obras ejerce nuestro AyuntaMIENTO, unas obras en las que se observan muchísimos bordillos sin juntear, placas sin calibrar, otras deterioradas de antemano y la mayor parte mal colocadas. A parte de quedar al descubierto uno de los solares de esta avenida (Bodegón del Buen Pedro), solar del que se eliminó su vallado durante las obras, sin que este se haya repuesto al día de hoy.
Cosa que se solucionaría poniendo algún foco provisional para estos días, pero no, los focos se han instalado en la de la Constitución, una alameda que si que está suficientemente iluminada, pero, alameda donde se encuentra la Tribuna Municipal (Presidencia). Pero no solo Ramón y Cajal es peligrosa para los que nos visitan, también dos vomitorios (pasos) de las tribunas ofrecen cierto peligro para los viandantes, pues precisamente en los dos únicos contenedores soterrados que coinciden con las tribunas, se encuentran parte de sus elementos sobresaliendo en estos pasos. Cosa que no se ha tenido en cuenta a la hora de repartir los vomitorios de las tribunas o el soterramiento de los contenedores. Contenedores estos, que parecen insuficientes para la avenida de Lorca donde más viviendas se ubican, ya que solo se han colocado tres isletas, aunque puede que albergue alguna más, y todas en un solo lado de las aceras. Cuando en el eje paralelo de Lope Gisbert, se colocaron en su día siete isletas, comprendiendo su trazado de mucha menos población que la avenida. Contenedores estos soterrados, que deberían de tener “buzones” de más capacidad, ya que las comunidades, el comercio y la hostelería usa bolsas de basura de mayor tamaño a las domesticas y que no caben por estos huecos, encontrándonos muy a menudo con las bolsas de basura fuera de dichos contenedores.

Y todo porque los políticos, los que representan al pueblo, están en otro escalón diferente, siendo juez y parte a la vez y posicionándose como un linaje blindado y privilegiado. Pero no solo su superioridad ha ido subiendo escalones, sino que también se ha ido elevando la preocupación del pueblo por sus acciones, por sus corrupciones y despilfarros. Pues para ellos todo está bien, no hay responsabilidades políticas, quedando lejos de toda ética su ilícito enriquecimiento, cuando precisamente la salud democrática de un país, obedece siempre a la calidad ética de sus dirigentes. Políticos que no se sonrojan ante nada ni se avergüenzan ante situaciones incomodas, por muy delicadas que estas sean, tal como estamos viendo estos días durante el juicio de uno de los casos de corrupción más sonados, ya que aunque las evidencias demuestren lo contrario, lo suyo es siempre negarlo todo y culpar al contrincante de falsas acusaciones. Según ellos, nada tienen que ver con el pago en B, con las facturas ficticias, con los contratos amañados o con las modificaciones falsas de proyectos, obteniendo mordidas de hasta un 30% que salen siempre del erario público.
Un insulto para los ciudadanos que cada día vemos más amenazada la subsistencia, el estado del bienestar o la calidad de vida, como somos los que integramos las listas del paro, esperamos largo tiempo para ser operados o no recibimos las prestaciones a las que tenemos derecho por la Ley de dependencia. Así mientras los políticos cobran sueldos de escándalo, al pueblo corriente se le aprieta el cinturón o se le quitan ayudas. Siendo este el caso de una valenciana de 94 años, ciega, que cobraba una pensión no contributiva de apenas 150 € mensuales, la cual ha perdido al convivir con su hermana, que al quedarse viuda cobra una pensión de viudedad. O la de otras dos hermanas que vivían en una residencia de Soria y que han tenido que separarse por no perder una de ellas la pensión no contributiva de 380 € al mes, teniéndose que marchar a vivir sola la otra. Así de cruel es nuestra sociedad, mientras nuestros mayores se mueren solos en sus casas sin que nadie se acuerde de ellos, gran parte de nuestros políticos viven a todo tren con el dinero de todos los españoles. Pero lo más indignante, es que buena parte de su sueldo no tributa a la Hacienda Pública como si que lo hace el del resto de ciudadanos.
A quien vive casi 30 años de la cosa pública, con coche oficial, secretaria, sueldo de lujo y demás privilegios, claro que no le importaría seguir “trabajando” de esta manera hasta los ochenta años, y más con el premio de un plan de pensiones por el que no se ha tenido que resentir su bolsillo. Ya está bien de despreciar a los trabajadores de este país, a la gente corriente y a quienes les han otorgado su confianza. Porque se le conoce muy bien por estos hechos y por sus frecuentes salidas de tono, por sus insultos y vejaciones a sus subordinados, escoltas y choferes, por llamarle “tontitos” al personal discapacitado del Congreso, o por jugar con su ipad al tiempo que se preside una importante sesión del Parlamento. Un comportamiento impropio de un cargo público, al que se le paga para que nos represente y gestione, no para que se eche la siesta y nos insulte después. Y lo malo de estos políticos (afortunadamente no son todos iguales), es que están muy bien situados en el partido donde militan, no solo ellos sino también su cónyuges, por lo que no hay forma de sacarlos del poder, pasando de un cargo a otro sin dejar hueco para otros que pueden estar mejor preparados o capacitados. Pero eso pasa por no limitar el tiempo que se está en un cargo e incluso en política, dejando que se viva vitaliciamente de la cosa pública y con unos sueldos y dietas desproporcionados.
Pero mientras se encuentra la mejor solución, lo cierto y verdad, es que mientras el pueblo sufre las decisiones de sus políticos, estos siguen cobrando del pueblo. Carles Puigdemont era el presidente autonómico que más cobraba en nuestro país, con un sueldo de casi 10.000 euros mensuales (14 pagas) 139.585 € al año. Pero es que una vez que ha dejado la presidencia, tiene derecho a seguir cobrando durante un mínimo de cuatro años el 80% de su sueldo, lo que le supone más de 111.000 euros al año, lo mismo que sigue cobrando su predecesor Artur Mas, ya que así lo establece el Estatuto de expresidentes. Otro chollo más de los políticos, ellos se lo guisan y ellos se lo comen, es como si una junta de trabajadores decidiese el sueldo, sus indemnizaciones y sus condiciones de empleo en la empresa. Pero lo triste de todo esto, es su absentismo laboral, todos tenemos la imagen del hemiciclo casi vacío, donde solo acuden a la hora de votar, importándoles bien poco los debates y más si los que intervienen son los contrarios. Si que están adscritos a diferentes comisiones, pero estas no suelen coincidir con las sesiones del Parlamento, por lo que asistan o no, lo hagan bien o lo hagan mal, gestionen mejor o gestionen peor, ellos siempre ganan.
Pero para indignante, lo que cobra Belén Esteban la “princesa del pueblo”, por sus apariciones como colaboradora de los programas rosa de Tele 5, nada menos que 500.000 € al año, más de 41.000 euros al mes, un verdadero disparate. Pero bueno, eso ya no es dinero público, y si se lo pagan es porque la cadena lo rentabiliza con creces, igual que pasa con el fútbol. Nuestros hijos toda la vida estudiando, sacándose la carrera, haciendo máster u opositando, y otras con solo tocarle la cosa a un torero tienen la vida resuelta, menudo ejemplo estamos dando a la juventud. Pero lo vergonzoso es, que toda esta gente famosa que tanto dinero gana, tenga siempre una larga deuda con Hacienda.


Y es que en Lorca lo de confeccionar buenas prendas parece que se nos da bien, dando buena cuenta de ello, el riquísimo patrimonio que atesoran los museos de las cofradías de Semana Santa. Siendo quizá estos museos, los únicos del mundo donde está presente el arte del bordado. Pero no solo estos cuatro museos vinculados con nuestra singular Semana Santa, muestran la destreza, la habilidad y el arte de los lorquinos, también está el del Belén, el museo más reciente de cuantos tenemos en Lorca, abierto en diciembre de 2.014 en la ermita de San Roque, lugar donde se exhiben las obras más importantes de los maestros belenistas de nuestra ciudad.

Sin embargo su último deseo para su pueblo, el de contar con un museo que hable de su pasado, de cuando era el centro de la minería de la comarca, del tiempo en que el empalme de Almendricos era el punto ferroviario por donde pasaban los minerales que se extraían en la zona, aún no se ha cumplido. Es lamentable que nuestro AyuntaMIENTO no se preocupe de poner en valor este y otros tesoros que los ciudadanos han donado desinteresadamente al pueblo de Lorca, cuando existe junto a la estación de Almendricos un viejo cocherón del ferrocarril que podría albergar este museo de la minería. Consiguiendo al mismo tiempo dos efectos diferentes, la restauración de ese inmueble de finales del XIX por un lado y musealizar la gran colección de minerales que hoy se encuentra guardada, dando así más protagonismo cultural a las pedanías, tal como se hizo en 2007 en Coy, cuando se abrió el Centro de Interpretación Etnológico y Arqueológico de Casa Grande. Un museo que está situado en la planta baja de una antigua casa solariega del siglo XVIII, la cual acoge en sus dos plantas superiores un albergue juvenil.
Pero no pausadamente como nos tiene acostumbrados, sino con la mayor celeridad posible, ya que de lo contrario sería irrecuperable ese histórico patrimonio. Y es que en Lorca nos lo tomamos todo con calma, vamos muy despacito con estos temas. En 2013 se terminó la restauración interior de la casa de las Columnas o Palacio de Guevara, asegurando que durante ese año el inmueble permanecería vacio para que los visitantes vieran como había quedado y que en 2014 ya estaría todo vestido. Siendo la realidad bien distinta, pues tres años después de la fecha prevista todo sigue igual, incluidos los anuncios de lo que se está haciendo y lo que se pretende hacer en él. Cuando este singular y emblemático edificio lorquino, el más destacado del barroco civil levantino, debería de estar ya con todo su mobiliario, su decoración, sus utensilios y todo el rico patrimonio que forma parte de él. Un palacio que según se nos anunció en el año 2010, acogería con todo merecimiento el Museo Regional del Barroco, y si que un año después tuvimos los fatídicos terremotos, pero una vez restaurado, no se ha vuelto a decir nada de aquel anuncio, para el que incluso había ya una partida presupuestada. Como tampoco ha vuelto a su planta baja la botica y rebotica que la familia de José Sala Just donó al pueblo de Lorca.
En cuanto a la antigua sede de la Cámara Agraria en la calle Corredera, creo que sería la mejor ubicación para el Museo Etnográfico, tal como apuntaba por aquí hace dos años. Un inmueble que en su día pagaron los agricultores y ganaderos, siendo estas actividades las que más utensilios y herramientas aportan para la creación de estos museos que muestran los viejos oficios y costumbres del lugar. Lo de ubicarlo en la antigua Cárcel, tal como se ha anunciado recientemente no lo veo tan adecuado, pues considero mejor ese inmueble para lo que en un principio se dijo, ya que en 2015 se anunció que se iba a crear allí un Museo del Terremoto. Un museo donde se mostrase la ciudad y sus monumentos antes y después de los seísmos, un museo que iba a estar abierto para finales del pasado año, cosa que lógicamente no ha sido así, como tampoco para el presente de 2017. Aunque yo a este pretendido museo si aún se tiene en proyecto, le añadiría también lo de la “ciencia” creando un Museo de la Ciencia y los Terremotos, explicando en sus diferentes salas el porqué se producen, como afrontarlos y las consecuencias de los mismos.
También este espacio de la vieja cárcel del partido, podría acoger otro museo anunciado el pasado mes, el de La Frontera, un museo que muestre la historia de los más de 200 años en que Lorca fue frontera con el Reino nazarí de Granada. Un museo que hace más de 10 años pidió el actual presidente de la Federación Festivo Cultural San Clemente y que parece ser ha encontrado ahora buena predisposición en el nuevo alcalde. Un nuevo museo que de llevarse a cabo, debería de ubicarse dentro del perimetro de la muralla medieval que en aquella época envolvía la población, siendo por ello una buena opción la antigua cárcel, llevando el etnográfico a la antigua Cámara Agraria como antes comentaba. Aunque otro emplazamiento para La Frontera podría ser la vieja iglesia de Santa María que en la actualidad se está restaurando. Pero no solo se ha anunciado este único museo en el último mes, también hace unas semanas al desvelarse la compra de la plaza de toros por parte del municipio (cosa con la que estoy muy de acuerdo aunque sea anti taurino), se anunció la posibilidad de crear en el coso de Sutullena un museo taurino y otro de carruajes.
Por lo que se nos va a amontonar el trabajo museístico, ya que también en el mes de junio se aprobó en Pleno la propuesta de Ciudadanos de crear un museo dedicado a Narciso Yepes, nuestro paisano universal, el creador de la guitarra de 10 cuerdas. Un museo donde se muestre su historia, sus programas, carteles, premios, partituras e instrumentos. Un museo que muy bien podría ubicarse en el Casino o Huerto Ruano, lugares donde también podría tener cabida una importante donación que ha hecho recientemente la Cuadrilla de Aguaderas. Una colección de instrumentos musicales de los siglos XVIII y XIX, un conjunto de 14 piezas entre guitarras, bandurrias y laudes, destacando una guitarra mayor de tipología barroca de mediados del siglo XVIII. Una guitarra singular construida con fondo abombado, de las que quedan solo seis en España, mostrándose uno de estos ejemplares en el Museo Metropolitano de Nueva York.


En Lorca lo había hecho en junio de 1.900, siendo la víspera de San Juan cuando se encendió por primera vez el nuevo alumbrado público, celebrándose el acontecimiento con un banquete en el Teatro Guerra. Alumbrado que abarcaba varias calles y plazas del centro, manteniéndose encendido hasta media hora antes de la salía del sol, siendo 525 las farolas alimentadas con electricidad que en un principio se colocaron, llegando hasta las 906 en 1.903, lo que hacía de Lorca una de las ciudades mejor iluminadas en aquellos años, al tiempo que garantizaba la seguridad por las noches. Aunque también es verdad que los barrios de San Cristóbal y Santa Quiteria tuvieron que esperar hasta 1.909 para que sus calles se vieran favorecidas por el nuevo alumbrado.
Pero también traspasó después la concesión de Lorca, haciéndolo a favor de la Sociedad Electra de Lorca, una sociedad constituida entonces para seguir con esa actividad. Una empresa que pronto cambió de patrón, al ser comprada en 1.915 por Joaquín Arteaga, duque del Infantado, que también era dueño del pantano de Puentes. Siendo la intención del nuevo propietario, aprovechar el salto de agua del embalse para producir energía eléctrica, abasteciendo con ella a la central lorquina que acababa de adquirir, pero a pesar de colocar a pie de presa una turbina que accionaba un alternador de 100 K.V.A, la escasez de lluvias hizo que su idea no tuviese el éxito esperado. También lo intento en el rio Luchena, solicitando en 1.925 la concesión de un salto de agua, pero tampoco fue factible, estando ya Lorca industrializándose y habiendo más demanda de energía que producción de la misma.
Ya en el año 1.930, la sociedad Electra de Lorca cambió de nuevo de dueño, siendo adquirida por Juan Antonio Martínez Méndez, que la arrendó a Antonio Martínez López, quien instaló nuevos motores. También la pequeña empresa eléctrica del centro de la ciudad, la de Eloy Puche, fue adquirida 20 años después por Eléctrica del Segura, empresa que comenzó a extender sus redes por los mismos emplazamientos que la Electra de Lorca, creándose conflictos entre empresas y abonados. Incidentes que terminaron en 1.954 una vez que ambas empresas fueron adquiridas por la sociedad malagueña el Chorro, volviendo la normalidad al tiempo que se mejoraban los servicios y se ampliaba la red, pero siendo todavía esta inferior a la demanda que había. El chorro se integró en los años sesenta en la Compañía Sevillana de Electricidad, pero antes se había desprendido de la central de Lorca, pasando esta a Hidroeléctrica Española que era entonces la líder en el sector de la electricidad en España, instalando una subestación en las afueras de la población dirección a Granada. En el lado opuesto, en dirección a Murcia, también tenía adquirido un gran solar Sevillana de Electricidad para la instalación de otra subestación, pero este gran espacio conocido como eras de Churra acabó siendo urbanizado como zona residencial, utilizándose entre tanto para ubicar los grandes circos que nos visitaron en la segunda mitad del pasado siglo.
Por todo ello deben de administrar bien su tesorería y patrimonio, pues de su buena gestión dependen los recursos disponibles para las personas mayores. Ya lo dejó bien atado el fundador, siendo cargos en vez de personas con nombre y apellido los regidores, además de contar con un representante de la judicatura entre los directivos del patronato. Pero pese a ello, también esta fundación debe de mirar por la propia ciudad a la que su promotor quiso beneficiar, pues del beneficio de la ciudad viene el de sus ciudadanos incluidos las personas mayores. Atrás ha quedado aquel viejo proyecto de edificación del solar, en el que iba un gran aparcamiento subterráneo de cinco plantas con capacidad para 1.300 vehículos y 150 viviendas, un proyecto que esperará tiempos mejores. Entre tanto, disfrutamos desde diciembre de 2013 de un magnifico aparcamiento de 250 plazas al aire libre.
Así de sencillo, como si de un mueble viejo se tratara, como si fuese una cosa así de simple que hoy se quita de aquí y mañana se pone allí. Cuando esto es un asunto que no tiene vuelta de hoja, que no debe de estar sujeto a discusión alguna, ni tener más alternativas que dejarlo como está. Y más al ser un “Bien Protegido” de Lorca, al que solo se le permiten obras de consolidación, conservación y restauración, según la ficha nº 28 del Catálogo de Bienes Protegidos de la Ciudad elaborado y aprobado por el propio AyuntaMIENTO. Ya no solo desatendemos la conservación de nuestro histórico patrimonio, sino que la administración que debe de velar por su mantenimiento, no le importaría desmantelar el puente de La Torta si así lo quieren los lorquinos. Pues esa es la intención de nuestro alcalde, que el pueblo participe en las decisiones importantes, no encontrando mejor ocasión para ello que comenzar con este dictamen, con la decisión de qué hacer con este centenario puente, algo similar a lo que hizo Pilatos con Jesús de Nazaret.
Dicen que de lo acontecido se aprende, pero parece que no va con Lorca, por lo que habría que recordarle a los políticos de hoy, el disparate que cometió el ayuntamiento de entonces, cuando en 1.966 se destruyó el viejo lavadero público de la avenida de Santa Clara para situar allí la nueva lonja municipal. Y es que muchas son las veces que destruimos el pasado con la escusa de hacer el presente, cuando han existido o existen otras muchas alternativas, incluso manteniendo el puente donde está y sin que lo tenga que cruzar el nuevo vial como después veremos. El puente de la Torta no está catalogado como BIC (Bien de Interés Cultural) como se ha publicado en algún medio, tampoco es el segundo puente construido en España con hormigón armado como también se dice, ni tan siquiera uno de los primeros de este tipo en ser levantados en nuestro país. Pero pese a ello, no le faltan razones para ser querido y conservado, manteniéndolo como ejemplo de la obra civil de la época. Una construcción vanguardista que fue un hito para los barrios de Santa Quiteria, Virgen de las Huertas y parte de la huerta, marcando un momento importante de su desarrollo, pues era una zona que quedaba incomunicada con la ciudad cuando el cauce de Tiata bajaba crecido por las avenidas del rio. Crecidas que destruían una y otra vez la torta de tierra que entonces había y que comunicaba los dos márgenes de la rambla, siendo de esta “torta” de donde le viene el nombre al puente.
Puente que fue construido por los regantes y dueños de las tierras del regadío de Lorca, que invirtieron 14.512 pesetas con 17 céntimos en la ejecución material de la obra. Una infraestructura de hormigón armado con doble arco, de 45 metros de luz, 6 de flecha y con tablero de 4 metros de anchura, de los que dos metros corresponden a su parte central, capaz de aguantar carros de hasta 3 toneladas de peso, siendo los dos restantes para ambas aceras de un metro cada una, las cuales van voladas sobre los montantes. Un puente al que se le dan diferentes fechas de construcción así como dos ingenieros distintos, siendo José Eugenio Ribera Dutaste uno de los que se citan en alguna publicación, ya que Rivera fue uno de los primeros investigadores del hormigón armado en España, un ingeniero que también ejerció como profesor de la escuela de caminos de Madrid, donde daba precisamente la asignatura de “Puentes de Fábrica y Hormigón Armado. Siendo este ingeniero el que construyó otro de los primeros puentes que se ejecutaron con hormigón armado en nuestro país, el de Golbardo en Santander, un puente muy similar al nuestro y que fue construido entre los años 1.902 y 1.903, habiendo sido declarado BIC en el año 2.002 por su tipología, material utilizado y sistema constructivo.
Por otro lado también hemos visto, que entre el puente de Golbardo, terminado el 16 de julio de 1.903 y el de la Torta, nos separan más de siete años, atribuyéndole ya entonces a aquel, ser uno de los primeros puentes construidos en España con el nuevo material. Y en cuanto a la fecha en que fue construido nuestro puente, también hay datos erróneos, pues mientras que en un libro publicado por La Verdad en 2.003, con motivo de su centenario y donde se recogen las noticias más destacadas en sus 100 años de historia, aparece un titular del 15 de agosto de 1.909 en el que se da cuenta de la terminación del puente de “Santa Quiteria”. En Memoria Grafica de Murcia y en alguna postal se le data en 1.912, yéndose a los años veinte en la Historia de la Región de Murcia. La información de La Verdad debe de ser cierta en cuanto al día y el mes, pues agosto, semanas antes de la festividad de la Virgen de las Huertas podría ser una buena fecha para su terminación y apertura, pero el fallo está en el año, pues como el libro es una recopilación de titulares de noticias, se debió haber cometido algún error con el traslado de la fecha, debiendo ser la correcta el 15 de agosto de 1.910. En cuanto a la postal, puede que la fecha impresa venga de cuando se tomó la foto y se publicó, y lo del libro de historia, tal vez esté confundido con el desaparecido puente de Vallecas, que si que se construyó por aquellos años en la misma rambla.
Siendo nuestro puente de la Torta portada y primera noticia de la publicación del jueves 20 de octubre de 1.910. Una publicación marcada con el nº 1.830 y en la que también se trataba del alquitranado de calles y carreteras en sustitución de los clásicos adoquines, comentándose el éxito que el nuevo concepto ya estaba teniendo en París. También había otros artículos, uno sobre el canal de Panamá, otro sobre un faro con señal acústica en el puerto de una isla francesa y otro más dedicado al rompeolas de Vornpor en Islandia. Pero como digo, la foto de portada correspondía a nuestro puente, siendo la primera de las dos imágenes que acompaño a esta publicación, una foto de muy mala calidad pero al mismo tiempo de gran valor, al ser posiblemente la más vieja que de él se tenga. El artículo que acompañaba esta imagen, iba firmado por el ingeniero Francisco Manrique y en él se recogía la necesidad de este puente, los detalles técnicos de la obra, el gasto que había supuesto y quien lo había promovido, no mencionando al autor del proyecto o quien lo había dirigido. Tras este articulo sobre el puente de Lorca, publicó seis más en la citada revista, todos ellos relacionados con nuestro regadío, siendo en 1.918 cuando escribió el último dedicado a Lorca, ya que lo que publicó en 1.930 era ya referido al archipiélago balear, pues en aquel año ya estaba fuera de nuestra ciudad, ocupando el cargo de Ingeniero Jefe de Obras Públicas de las Islas Baleares.
Y esto es lo poco que puedo contar de nuestro histórico puente, aparte de que a través del mismo pasó en los años sesenta la primera conducción que llevó el agua del Taibilla a los barrios de Santa Quiteria y Virgen de las Huertas y que soportó sin problemas las dos grandes riadas del pasado siglo, la de 1.948 y la de 1.973. Siendo sometido a obras de restauración y mejora en 1.983, en 1.995 y en 2.013 debido a los terremotos, estando ahora su futuro pendiente de un “veredicto”. Pero una sentencia que no puede ser condenatoria en ningún caso, pues hay otras alternativas al paso de la ronda por allí, siendo estas otras opciones una bifurcación de la ronda, que se dividiría en dos ramales al llegar al puente, pasando cada dirección por un extremo o una gran rotonda que gire en torno al mismo. Si, una rotonda que tenga el puente como eje. No hay sitio para los cuatro carriles por donde va la circulación ahora (kiosco Sevilla), por eso lo de trasladar al cauce de la rambla el nuevo vial, pero sí que hay espacio para dos carriles, pues son tres los existentes en la actualidad más una acera que se podría suprimir en este caso. También el otro extremo del puente tiene suficiente espacio para albergar otros dos carriles, pues el puente se compone de dos partes, uno de arco que atraviesa la rambla de Tiata, el que hoy nos ocupa y que se construyó en 1.910, más otro que sirve de prolongación y que con una estructura totalmente diferente (imagen 2), servía para cruzar el viejo canal de riego del partidor de los Tres Puentes, viniendo precisamente de ahí el nombre de este paraje, los dos puentes mencionados más el de la rambla de los Patos que a continuación iba hacia Santa Quiteria, rambla y puente desaparecidos hace unos años con el entubado de ese cauce.
Yo ya me la estoy imaginando, el puente tal como está, con toda su estructura iluminada y bajo el, un manto verde de vegetación con un pequeño riachuelo artificial en su parte central. Luego los dos carriles de circulación girando en torno al mismo, con un declive en rocalla y totalmente ajardinado, e incluso con una o dos cascadas que surtan de agua al mencionado riachuelo. Creo que sería una rotonda especial, diferente y original, una rotonda llena de encanto que sería orgullo de los lorquinos y motivo de admiración para quienes nos visiten. Solucionando el problema surgido con el puente por un lado y contribuyendo a mejorar el tráfico de la zona por el otro, aparte de conservar en su interior el coqueto puente que lleva más de 107 años entre nosotros. Un puente que seguiría cumpliendo su cometido, ya que serviría igualmente para el cruce peatonal, pues aunque sea una rotonda, su gran tamaño permitiría colocar ambos pasos de peatones en sus extremos, igual que los tiene la plaza Circular de Murcia, una rotonda más complicada que la que se propone, al disponer de cuatro carriles más el tranvía.
Tampoco se pudo contar con la presencia de animales en 1.975, cuando el certamen ya había pasado las fronteras provinciales y llevaba cuatro años como Semana Porcina del Sureste. Hecho que motivó que en cada edición, estuviesen presentes los pabellones representativos de las provincias de Albacete, Alicante y Almería, además del de Murcia, dándole así un atractivo más a la feria, a la que también se le incorporaron degustaciones y actuaciones folclóricas. En 1.976 el certamen alcanzó carácter nacional, cambiando su nombre a Semana Nacional de Ganado Porcino, aunque desde 1.999 no solo está dedicado al sector porcino, sino que también abarca otras actividades pecuarias como la avícola, bobino, caprino, vacuno y ovino. Desapareciendo ya en 2.011 lo de Semana Nacional de Ganado Porcino y llamándose desde entonces Feria Ganadera, Industrial y Agroalimentaria, pero manteniendo el sobrenombre de SEPOR que es como se le conoce nacional e internacionalmente, aunque aquí hay quien la conoce desde sus orígenes como la “feria del chino” y por mucho que se quiera cambiar el nombre, con este seguirán.
Porque si que la actividad pecuaria es fundamental para la economía y subsistencia de nuestras pedanías, pero de una forma controlada, siendo respetuosa y compatible con la vida del resto de ciudadanos, vida que como digo se ve alterada por la contaminación ambiental que produce esta actividad. Pues no se entiende que mientras las explotaciones han ido creciendo y modernizándose en busca de una mayor rentabilidad, no se haya ido buscando también su sostenibilidad ambiental, encontrando una perfecta armonía entre el uso ganadero y el residencial. Y más en una huerta tan singular como la nuestra, donde se entremezclan las viviendas de todo tipo con la actividad agropecuaria, una actividad que tiene sus derechos, pero no a costa de los de los demás, colocándonos grandes granjas porcinas y balsas de purines a escasos metros de nuestras viviendas. Cosa que incomprensiblemente se les permite en nuestro municipio, cuando en otras localidades limítrofes con mucha menor población en su huerta, la distancia que deben de dejar estas explotaciones ganaderas es 100 veces más de lo que se exige en Lorca.
A mediados del siglo pasado era muy habitual que cada familia de la huerta tuviese su marranera, habitáculo donde se criaba alguna madre para vender luego sus lechones o para cebar el cochino que se guardaba para la matanza. También estaban los cebaderos, pero de un tamaño moderado, siendo el estiércol que se generaba utilizado para abonar la tierra de la misma finca donde se encontraba la explotación porcina, ya que la agricultura y la ganadería iban muy ligadas, formando parte de la tarea diaria de la gente de la huerta y del mismo circulo productivo. Pues los cerdos se criaban con los desperdicios de la casa y lo que producía la tierra, siendo la alfalfa, la cebada, los higos o las calabazas marraneras (conocidas por este nombre porque se cultivaban expresamente para los marranos), el alimento básico de los cerdos, volviendo de nuevo todo a la tierra en forma de abono y comenzando así un nuevo ciclo.
También es conocido el cerdo por cochino, chino, gorrino o puerco, siendo esta última denominación con la que se nombraba al cerdo en la Lorca del final del Medievo y a lo largo de la Edad Moderna. Haciendo mención al puerco varias de las ordenanzas que durante esa época se dictaron en nuestra ciudad, normas que regulaban el comportamiento ciudadano y que se recogieron luego en una publicación editada en Granada en 1.713. Deduciéndose de la lectura de estas Ordenanzas de Lorca, que ya el puerco era motivo de conflictos vecinales en aquel tiempo, estableciéndose la prohibición de que los puercos entrasen en huertas lindantes, bajo pena de 10 maravedíes y el pago de los daños causados por parte del dueño del animal. También se prohibía en otras ordenanzas, la estancia de puercos y gallinas en las calles céntricas de la ciudad, que bebiesen en las pilas de los aljibes, que entrasen en las eras, o que pisaran los barbechos cuatro días después de haber llovido. En otras se decía que los molineros no podían tener puercos en el molino, como tampoco podían estar en mesones o ventas. Igualmente se les prohibía permanecer en los quijeros de las acequias mayores por el deterioro que producían en estos taludes de tierra.
Atrás quedaron aquellas plantas de tratamiento y cogeneración energética, unas plantas que quemaban gas natural para secar térmicamente el purín y que con el calor residual de la combustión generaban energía eléctrica. Unas plantas que cerraron en 2.014 por la decisión del gobierno del PP de recortar las ayudas que recibían, viéndose afectadas las 29 plantas de este tipo que había en nuestro país, tres en la región de Murcia y dos de ellas en nuestro municipio, en las pedanías de Tercia e Hinojar, las cuales cesaron su actividad en el mes de febrero de aquel año, dejando sin tratamiento casi 200.000 toneladas de residuos orgánicos al año. Luego tras una sentencia del Tribunal Supremo que anulaba la orden ministerial, han reiniciado algunas su actividad, entre ellas la de Hinojar que lleva ya unos meses funcionando, pero parece que por poco tiempo, ya que otra decisión del gobierno de Rajoy, reduce su tiempo de vida de 25 a 15 años, por lo que si no hay ninguna moratoria, pronto volverá a cerrar sus puertas dejando de tratar de nuevo miles de toneladas de purines. Plantas que también causaban molestias, pues un informe del SEPRONA de la Guardia Civil fechado en enero de 2.008, atribuyó los episodios de mal olor que cada cierto tiempo había en Lorca, al deficiente funcionamiento de estas plantas de cogeneración.
Hoy comunidades y ayuntamientos se están dando cuenta de la problemática y para compatibilizar el uso ganadero y el residencial están regulando las actividades pecuarias, doblando las distancias mínimas que hasta ahora se exigían. Cosa a la que se ha sumado también nuestro AyuntaMIENTO, pero no por voluntad propia, sino obligado por las protestas vecinales, creando una comisión municipal para la conciliación de la huerta, comisión que anuncio en noviembre del pasado año unas propuestas “pioneras” según nuestros dirigentes, siendo una de las decisiones adoptadas, TRIPLICAR LA DISTANCIA exigida entre explotaciones porcinas y viviendas. Sin duda un buen titular de prensa, pero una burla o tomadura de pelo para los vecinos afectados por la contaminación de estas granjas. Pues el triple de 5 es 15, a 15 metros de una vivienda es la gran novedad que proponen para atajar el problema, lo que tiene de ANCHURA la avenida Juan Carlos I es lo que pretenden que haya de separación entre una explotación porcina de 2.000 cerdos y una vivienda de uso residencial, un verdadero disparate en pleno siglo XXI, una insensatez que no se le hubiese ocurrido si al que asó la manteca.
Cuando la huerta de Lorca está mucho más poblada que la de estas localidades, pues de los 92.000 habitantes que tiene Lorca, 38.000 residen en las pedanías, lo que supone más del 40% de la población censada en nuestro municipio, mientras que los residentes en las pedanías de las poblaciones citadas, no llegan al 20% de su población. Esperemos que se imponga la cordura y que nuestro AyuntaMIENTO recapacite, pues vivir a 15 metros de distancia de una granja o una balsa de purines es incompatible con la mínima calidad de vida, además de que mantener esta distancia que ahora se propone, implicaría que nuestro municipio se convirtiese en un foco de atracción para las macro explotaciones porcinas que nadie quiere. Creo que 1.000 metros de separación entre una granja porcina y una vivienda residencial sería lo más aconsejable para la peculiar huerta lorquina, ya que el purín como se sabe, de puro tiene bien poco.