MUCHO TESORO PARA TAN POCO INTERÉS por Antonio de Cayetano.
En este año que termina, se han cumplido 25 años de la puesta en marcha del Museo Arqueológico de Lorca. Un museo que desde marzo de 1992 evidencia parte de nuestra historia, mostrando las huellas dejadas por nuestros antepasados. Vestigios entre los que destaca un fragmento de una gran túnica de lino, siendo esta la vestimenta más vieja que se conoce en Europa con más de 4.000 años de antigüedad.
También en el mes de octubre pasado, se inauguró el restaurado Alporchón, el sitio donde se subastaba el agua de riego hasta 1960, pero no convertido un museo dedicado al agua como en un principio se pretendía, sino solo un lugar que permite visitarse. Otro espacio museístico más, que hay que sumar al de los restos del palacio califal del subsuelo del convento de la Virgen de las Huertas, la sinagoga del recinto del castillo, la villa romana de La Quintilla, el palacio de Guevara o el Huerto Ruano. El palacete de finales del XIX al que se debería de dotar de más contenido y protagonismo, no dedicándolo solo a exposiciones temporales o algún otro acto ocasional, pues son muchos los “tesoros” que tenemos en Lorca y que se podrían mostrar de una forma permanente en este y otros inmuebles, ya que afortunadamente hay material suficiente para no conformarnos con los seis museos que tenemos en la actualidad. Debiendo de ser los diferentes museos uno de los mayores estímulos para visitar la ciudad, convirtiendo así a Lorca en un destino atrayente para el turismo cultural.
En aquella década de los noventa en que se abrió el arqueológico y se inicio la restauración del Huerto Ruano, ya se comenzó hablar de Lorca como ciudad de museos, anunciándose uno dedicado al arte sacro y otro a la militaría. Pero ninguno de los dos llegó a ponerse en marcha, a pesar de que son muchas las joyas y objetos religiosos que son dignas de exponerse al público en el primero. Como también el gran número de elementos militares que hay en manos de coleccionistas particulares, los cuales se habían ofrecido para la creación del otro museo. Hubo iniciativa, pero faltó el interés para que la cosa se realizase, cuando los museos de todo tipo tienen un gran tirón para el turismo de las ciudades, siendo uno de los segmentos turísticos que más beneficios aporta. Pero para ello hacen falta unos técnicos que sepan desarrollar bien los proyectos y unos políticos decididos a que esto se lleve a cabo, beneficiando con ello a la ciudad y muy especialmente a su comercio y hostelería. Es lamentable que tras la desaparición del Regimiento de Infantería Mallorca 13, se fueran parte del material y utensilios al Museo Histórico Militar de Valencia, cuando si hubiésemos tenido el pretendido museo lorquino, quizá diversos de estos objetos se hubieran quedado en Lorca.
Ahora parece que la vocación museística ha calado de nuevo en nuestros dirigentes, prometiendo en poco tiempo hasta una decena de nuevos museos. Pero no solo basta con anunciarlos, hay que tener la firme voluntad de hacerlos, dotándolos desde un principio con la financiación necesaria para su puesta en marcha. En febrero de 2010 se hizo público el ofrecimiento de un vecino de Almendricos para hacer un museo en aquella pedanía. Un museo dedicado a la minería, donando para este fin una gran colección privada de minerales, colección compuesta por medio centenar de piezas de más de tres kilos y unas 600 de un kilo, así como diversos utensilios, herramientas y maquinaria, en la que destacaba una antigua vagoneta.
Una colección que siete años después sigue sin tener un lugar donde ser expuesta al público, tal como era el deseo de su propietario Bartolomé García Ruiz. Un ex empresario minero que ya nos ha dejado sin ver cumplido su sueño, un almendriqueño que fue para su pueblo el mejor alcalde pedáneo que han tenido los vecinos, preocupándose durante los años que estuvo en el cargo (1.957-1.962) de que llegase el agua, la luz y el teléfono a la pedanía.
También del siglo XVIII es el molino del Escaranbrujo ubicado en la pedanía de Parrilla, aunque su actual nombre es mucho más reciente, pues se lo puso su último propietario Paco Martínez Guijarro, tras su compra en 1969. El conocido hasta entonces como molino Buenavista, es un antiguo molino que aprovechaba el agua de la acequia de Alcalá como fuerza motriz, estando enclavado en un hermoso paraje de la carretera de la Parroquia a muy poca distancia de Lorca, lugar donde siglos antes hubo ya otros molinos. Cortijo y edificación que fue declarada BIC por el gobierno regional el pasado mes de marzo, y para el que IU pidió dos meses después que sea convertido en un museo etnográfico y del agua. Una finca que se nos está cayendo a pedazos sin que nadie lo remedie, cuando ya el pasado año, tras visitarla algunos técnicos y nuestro concejal de cultura, se afirmó que eran urgentes las obras de consolidación con el fin de evitar su progresivo deterioro. Creo que ese hermoso lugar merece ser restaurado y acondicionado, poniéndolo en valor para albergar un museo relacionado con el agua y la naturaleza, tal como ha propuesto IU. Debiendo de ser ahora el equipo de gobierno de nuestro AyuntaMIENTO quien recoja el testigo y quien lleve a buen término las negociaciones con los herederos de la finca para su adquisición.
Todo un tesoro de tarros de cerámica (albarelos), morteros, remedios y formulas magistrales, así como el mobiliario y estantes de madera de pino y roble que un tallista lorquino hiciese en 1896. Se nos dijo en febrero pasado que antes de que finalizase el año todo estaría de nuevo en su sitio, pero una vez más, ha faltado interés para que esto sea así, cuando lo que más atraía a los que visitaban el palacio, era precisamente la sala dedicada a esta farmacia. Esperemos que pronto quede expuesta y en su totalidad, ya que no toda la donación estaba antes mostrada. Como también confiamos en que la portada de este palacio no se quede en el estado en que se encuentra, pues es vergonzoso que cuando no han pasado ni tres años de su restauración, muestre ya las deficiencias que se observan. Es lamentable que el gasto que se hace con dinero público en Lorca no se controle de una manera más eficiente, teniendo como consecuencia el mediocre resultado de los trabajos. Pero si ello es deplorable, desolador es lo que sucede con los elementos que en su día formaron parte de la decoración y el mobiliario de la confitería La Caña de Azúcar, la de los cuatro cantones.
Una artística confitería que cerró en 1986 y cuya ornamentación fue donada también al pueblo de Lorca, estando desde entonces a buen recaudo en algún almacén municipal, o al menos eso se supone. Otra falta de interés de nuestros dirigentes, porque cuesta trabajo entender, que durante más de treinta años no se haya encontrando un lugar idóneo donde mostrarla. Si que el lienzo de grandes dimensiones que había en su techo, realizado en 1910 por Francisco Cayuela está en las dependencias del Archivo Histórico, pero no debe ser ese su lugar, sino exponer todo el conjunto en cualquier otro inmueble visitable de la ciudad, como pudiera ser la antigua Cámara Agraria o un bajo del Casino, lugar este último, donde también existen pinturas de Cayuela. Igualmente el futuro espacio museístico del antiguo Pósito, la Casa del Artesano, sería un lugar idóneo para ubicar La Caña de Azúcar, al ser el oficio de pastelero totalmente artesano, siendo esta antigua confitería un buen reclamo para ser visitado.
También el PSOE propuso en 2015 crear una pinacoteca dedicada al pintor lorquino Manuel Muñoz Barberán, mostrando la gran obra que de este autor dispone el Consistorio, proponiendo el antiguo edificio de la Cámara Agraria como sede de la misma. Como vemos, mucho tesoro pero poco interés por parte de quienes tienen la responsabilidad de tutelarlo, de propinar su puesta en valor. Cuando otros municipios estarían encantados de tener lo que aquí menospreciamos, porque si que se han hecho cosas, pero es mucho lo queda aún por hacer. Esperemos que la cosa cambie y que el nuevo regidor sea más sensible con nuestro rico patrimonio, destacando su importancia, propiciando el avance de su recuperación y frenando su deterioro. Lorca lo merece, no debiendo de pasar más tiempo para convertirnos en una ciudad de museos, aunque nuestro gran objetivo debería de ser siempre, lo de transformar nuestro casco histórico en un gran museo al aire libre. Tenemos el escenario, el decorado y los actores, solo nos falta el guión para su puesta en escena.
