Historia de la Calle Selgas, la calle de las tiendas.

El abandono comercial también llevó aparejado el del vecindario y hoy esa calle, a la que se conoció pomposamente como ‘Calle de las Tiendas’, parece estar vacía.
El declive comercial de esta arteria urbana que lleva el nombre del poeta Selgas, que vivió en uno de sus edificios, culminó, más o menos en torno a los años 50 con el traslado de los establecimientos supervivientes a otras calles más céntricas en ese momento y que tenían más atractivo comercial como la Corredera y la hoy avenida de Juan Carlos I.



Pero esta vía urbana, que nace bajo el arco del Ayuntamiento y finaliza en el cruce con las calles Granero y Fernando el Santo, contó con dos sombrererías y, por cierto bastante cerca una de otra, como fueron la de Morenilla y la de las hermanas Isabel y Asunción Florenciano. La paulatina desaparición del uso del sombrero significó el declive de este tipo de establecimientos.
También Luis Montiel Chichoné abrió una tienda de quincalla y papelería para sus hijos Pepe y Lola y se anunciaban con pasquines por las casas con un texto que ofrecía «camisas, cuellos, puños, corbatas, tirantes y ligas, agua de colonia, esencias, polvos y jabón de flores del campo, insecticidas, libros rayados, tinta y surtido completo de novelas de las firmas más acreditadas», y en la esquina de la calle Fernando V existía la mercería y bisutería de Martín Navarro Mondéjar, que se cerró en 1950.
El zapatero Antonio Manzanera ocupó en el año 1943 un pequeño local y en la esquina de la calle Santa Victoria se encontraba la mercería de Mateo que fue «engullida» al crearse la empresa Bertrand S. A. Por los años 30 la calle contó con una farmacia, la de Juan Casto Sastre.
Si el recorrido se hace por la otra acera desde el arco del Ayuntamiento, los establecimientos que abrían sus puertas en distintas épocas fueron una carpintería del fundador de Mueble San José, el comercio de tejidos fundado en 1903 por Ricardo Montoya Maestre y la sombrerería Benavente.

Al lado, los hermanos Valentín, de Barcelona, abrieron en 1880 una tienda conocida como ‘La China’ porque su especialidad eran los mantones de Manila. El tamaño de este comercio, grande para aquella época y la variedad y cantidad de sus productos la convirtieron en un foco de atracción para la sociedad lorquina. En 1899 cedieron el comercio a Juan Monserrat Canós que estaba al frente del mismo, y en 1929 se traspasó el establecimiento a Bertrand S. A. Siguió abierto con la misma empresa hasta el año 1948 en que se construyó el edificio de Bertrand en la calle de Pío XII.

El estanco de Encarna Asensio, el zapatero Gayón, que hacía zapatos y botas a medida, el taller de pulir metales de Leal, el sastre José Carrasco, el taller de pulimentos del maestro Canalejas y la tienda de Muebles Ballester fueron otros negocios enclavados en esta calle de Selgas en distintas épocas.
Otro de los clásicos establecimientos era la Zapatería Alcolea, fundada en 1922, y muy cerca los fotógrafos Rodrigo y Menchón. Al final de la calle estaba la Platería Laserna, fundada por Antonio Laserna Arcas a principios del siglo XX.
Año 1982


Fuente: Antonio Soriano / La Verdad










