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UN DISFRUTE EL CAMINAR POR TIERRA DE FRONTERA CON LOS AMIGOS DE LA CARRASCA – Andrés Martínez Rodríguez

Con unas gotas de lluvia y con el cielo entoldado salíamos esta mañana un numeroso grupo de senderistas de La Carrasca hacia la tierra de la frontera oriental entre los reinos de Castilla y Granada durante la Edad Media

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UN DISFRUTE EL CAMINAR POR TIERRA DE FRONTERA CON LOS AMIGOS DE LA CARRASCA

Tras pasar La Parroquia y el Churtal, pronto se dejan ver los dos castillos fronterizos, el de Xiquena en medio del valle sobre un alto y estratégico roquedo, mientras que el de Tirieza mimetizado en un cabezo de la ladera.

 

Tras dejar los vehículos cerca del camino y en batería, nos dirigimos por una empinada senda hacia el castillo de Xiquena, accedemos por la rampa en zig-zag hacia la puerta acodada y dentro del recinto fortificado damos unas pinceladas sobre la función, construcción y vida en esta fortaleza nazarí, para después hacer un recorrido por la extensa superficie del castillo, sus aljibes, sus erosionadas murallas, sus torreones y sus dos puertas, visualizando desde la altura fortificada, el valle y los dos lados de la frontera, a un lado los Vélez y al otro Lorca precedida del castillo de Puentes.

Dejamos el castillo descendiendo en fila por la ladera, para tomar una pista que nos lleva cerca del cementerio del castillo y tras pasar por algunos bancales poblados de almendros, llegamos de nuevo a la carretera comarcal que tomamos en dirección hacia Lorca. Tras un breve trayecto nos desviarnos por un camino que nos lleva cerca del manantial de Tirieza, con cuyas aguas se irrigaban estás tierras. Tras dejar atrás un cortijo comenzamos el ascenso al castillo por la ladera occidental del cabezo que subimos para concentramos dentro del hisn de Tiriatza, que era como llamaban esta fortificación en las fuentes árabes. Desde allí se controla todo el valle y mucho más allá, hacia los Vélez y Lorca. Es una gozada mirar y disfrutar de un amplio territorio fronterizo que ha quedado fosilizado durante más de seis siglos. Allí agrupados relatamos como fue la forma de vida de unos campesinos encastillados que se mantuvieron en una zona inestable a partir de la cría y el pastoreo de ganado de cabras, de la recolección de la miel y de la explotación de pequeños espacios cultivados irrigados con el agua del manantial de Tirieza. Destaca la torre poligonal con su original decoración semejante a gotas del rocío, el pequeño aljibe cubierto, el gran aljibe descubierto y la muralla de tapial y mampostería.

Descendemos por la misma ladera por donde hemos ascendido, pasamos entre matorrales, por bancales de almendros, cerca de alguna calera, cruzamos la rambla y seguimos el camino que nos lleva a una cortijada y tras dejarla atrás llegamos de nuevo a la carretera y de allí al pie del castillo de Xiquena, un estupendo lugar donde los organizadores habían preparado un apetitoso ágape a base de tortilla, empanada, torta y cascaruja con unas frescas cervezas, en torno al cual departimos sobre la acaecido en la visita a los castillos.

Con la nubes recorriendo el limpio cielo de Fontanares volvemos hacia Lorca, con el buen sabor de lo visto, andado y comido. Ha sido una hermosa jornada donde hemos compartido la andanza en buena camaradería y el disfrute del rico patrimonio castral lorquino.

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