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LA MOLINERA ARGARICA por Andrés Martinez Rodriguez

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Mujer moliendo cereal en molino barquiforme. Periodo Argárico. Ilustración: Miguel Salvatierra

LA MOLINERA ARGARICA

Toda su vida había estado cerca de una mano de piedra para moler. Desde siempre había visto a las mujeres de su casa dedicar mucho tiempo a triturar el trigo y la cebada para conseguir la necesaria harina para comer, y siendo muy niña tuvo que colocarse frente al molino como lo hacían su madre y su abuela, lo hizo de forma instintiva arrodillándose y poniendo sus manos sobre la muela, presionó para frotar las dos piedras reiteradamente para triturar el grano, y con mucho esfuerzo extrajo su primer polvo de cebada.

Habían pasado más de cuarenta y cinco primaveras, se había convertido en una anciana encorvada y con el pelo plateado, y se encontraba en la puerta de la casa, mirando como entraban los capazos de grano y los depositaban junto a los molinos donde había estado tantas horas moliendo. Entró con dificultad y se dirigió a su nieta que estaba de píe tejiendo junto a la puerta, ella ya no podía hacerlo, sus manos deformes y doloridas no se lo permitían. Cogió con dificultad su moledera de piedra más preciada y se dirigió a la joven y de dijo: “me gustaría que tuvieras esta piedra, era de mi abuela y ahora es tuya, guárdala como un valioso legado”.

Molino de mano para moler trigo

A los pocos días la vieja falleció y tuvieron que preparar su enterramiento. Hicieron un gran hoyo en el suelo de la casa y allí depositaron su cuerpo flexionado dentro de una gran tinaja sujeta por piedras. Cuando estaban a punto de cerrar la tumba con otra tinaja más pequeña que serviría de tapadera, se acercó la jovencita tejedora muy emocionada y depositó junto a las rodillas de su abuela la mano de molino que le había entregado, quería que este preciado bien la acompañara hasta la otra vida.

Tuvieron que pasar más de 3.500 años para que durante las excavaciones arqueológicas que se realizaron en la calle Zapatería de Lorca en 1995, con motivo de la construcción de un nuevo colegio de las Madres Mercedarias, halláramos la tumba de la vieja molinera, una mujer que vivió y murió en Lorca, uno de los poblados más importantes, extensos y de envergadura de La Cultura de El Argar (2.200-1.500 a.C.), que se extendió por el cerro del Castillo y las laderas que bajan al valle y a la ribera del río Guadalentín, ocupando más de 20 ha, como han permitido constatar las diferentes intervenciones arqueológicas que han idos realizando en el casco urbano de Lorca desde 1986.

Cuando visitéis la ciudad de Lorca o caminéis por sus calles, pensad que bajo vuestros pies se encuentran los restos de las diferentes culturas que poblaron este estratégico lugar desde hace más de 5.500 años. Y si quieres ver el legado que nos dejaron la vieja molinera y otras mujeres y hombres argáricos que murieron en Lorca, visitad el Museo Arqueológico Municipal, aprenderéis y disfrutaréis del pasado.