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PARQUE IGNACIO ECHEVERRÍA por Antonio de Cayetano

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PARQUE IGNACIO ECHEVERRÍA por Antonio de Cayetano.

Muchas son las personas merecedoras de un homenaje, pues numerosas son las que han dejado huella de su acontecer entre nosotros, destacando por su talento, por su tesón o por su entrega a los demás. Pero casi siempre se les recompensa una vez fallecidos, cuando la sociedad despierta y se da cuenta de lo útiles que fueron en vida, siendo entonces cuando se les honra poniendo su nombre a un lugar público, nombre que permanece en el recuerdo colectivo durante muchas décadas o siglos. Tenemos ejemplos recientes en nuestra ciudad, donde un ex presidente del gobierno y dos ex alcaldes, han tenido que fallecer para que diferentes vías y espacios públicos lleven su nombre.

Aunque también se da el caso contrario, como sucede con el ilustre cirujano lorquino Ramón Arcas Meca, que aparte de haber sido galardonado con la medalla de Oro de la Región en 1992 y nombrado Hijo Predilecto de Lorca en 1993, desde 1986 se le tiene dedicada una calle en el centro de la ciudad y da nombre a un instituto de educación secundaria. Incluso puede, que el edificio Doctor Arcas de la calle Rubén Darío en el barrio de La Viña, se llame también así en homenaje a él. La verdad es que la trayectoria profesional de nuestro paisano se lo merece, al ser uno de los cardiólogos y cirujanos más importantes del país, teniendo en su haber la salvación de cientos de pacientes que han puesto en sus manos la prolongación de su vida.

Igualmente otro médico lorquino como Rafael Méndez o el mismísimo rey Juan Carlos han tenido y tienen sendos viales que llevan su nombre antes de su fallecimiento, cosa que en algunos países no está permitido, teniendo que esperar los finados hasta 10 años para que su nombre sea puesto en la placa de una calle o plaza. También en nuestro país, hasta hace bien poco en la ciudad de Córdoba, eran cuatro los años que tenían que pasar para que cualquier personaje fallecido le diese su nombre a un espacio público. Los defensores de esta medida, afirman que una persona puede haber ganado meritos suficientes para ser honrados por sus convecinos, pero hasta que no haya fallecido, no conoceremos toda su trayectoria, por lo que puede que se le distinga con una calle y que después cometa algún acto que desluzca su prestigio o el motivo de su veneración.

Y lo cierto es que no van mal encaminados, todos vemos la corruptela en que están envueltos muchos de nuestros personajes públicos, personajes que tras arrancarles el disfraz que les cubría, han dejado a la vista su podredumbre y sinvergonzonería. Cabe recordar como ejemplo, lo que pasó con la calle dedicada a los Duques de Palma en la capital balear, calle que ha sido rotulada nuevamente con su nombre original de La Rambla, al no ser merecedores la infanta Cristina y especialmente su marido, del reconocimiento que se le había hecho por parte del citado municipio. Quien sí que merece sin ningún género de dudas, el reconocimiento de todo el pueblo español, ya que su gesto ha sido orgullo de nuestro país, es Ignacio Echeverría, el héroe del monopatín que fue asesinado en las inmediaciones del puente de Londres en la noche del sábado 3 de junio.

Fue el pasado miércoles cuando tras varios días de incertidumbre, conocimos el fatal desenlace, el español que se encontraba desaparecido desde que se cometió el atentado era al final uno de las ocho víctimas mortales de la masacre. Víctima inocente a la que toda España hemos llorado, tal como sucedió hace 20 años con Miguel Ángel Blanco, otra víctima de la barbarie terrorista y que Lorca tiene en su memoria, al dedicarle la calle situada en un lateral del instituto Ramón Arcas. También Ignacio Echeverría debe de ser recordado en nuestra ciudad, su impulso generoso, su valor, heroicidad y sacrificio merecen el homenaje del pueblo de Lorca. Perdió su vida por auxiliar a una desconocida y a un agente de policía, cuando podía haber pasado de largo, pero al ver la atrocidad que se estaba cometiendo, no pensó en las consecuencias e intento salvarlos con la sola ayuda de su monopatín, comportamiento que le costó la vida al ser alcanzado por una certera puñalada que le dio en la espalda uno de los terroristas.

A poca distancia de la calle dedicada a Miguel Ángel Blanco, en el triangulo formado entre el río, el puente y la avenida de Santa Clara, se encuentra un espacio verde destinado a parque infantil y a pista de patinaje (skate Park), y que mejor sitio que este, para rendirle homenaje a un ciudadano ejemplar que lo ha dado todo por ayudar a sus semejantes. El pueblo de Las Rozas donde reside su familia ya ha tomado la decisión de poner su nombre a un parque público, también la comunidad madrileña se lo va a poner al instituto donde estudió y el gobierno de España le ha impuesto la Gran Cruz de la Orden del Merito Civil a título póstumo, homenajes a los que seguro seguirán otros por distintos puntos de la geografía española y a los que Lorca se debe sumar.

Creo que poner su nombre al parque que frecuentan los amantes del monopatín, sería un orgullo para ellos y un recuerdo que nos honraría a todos los ciudadanos que hemos visto en su comportamiento un gesto a imitar, aunque también es verdad, que a veces la prudencia, nos hace ser un poco cobardes. Descanse en paz nuestro valiente Ignacio.