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LOS CARNEROS DE LA LEYENDA CONVERTIDOS EN FURTIVOS ARRUÍES DENTRO DEL CASTILLO DE LORCA EN EL DÍA DE SAN CLEMENTE, PATRÓN DE LA CIUDAD

Como todos los años esta mañana del día de San Clemente, he subido al castillo con el fresco reinante para seguir la tradición que me inculcaron mis padres siendo niño de celebrar el día del patrón de la ciudad.

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LOS CARNEROS DE LA LEYENDA CONVERTIDOS EN FURTIVOS ARRUÍES DENTRO DEL CASTILLO DE LORCA EN EL DÍA DE SAN CLEMENTE, PATRÓN DE LA CIUDAD.

Como todos los años esta mañana del día de San Clemente, he subido al castillo con el fresco reinante para seguir la tradición que me inculcaron mis padres siendo niño de celebrar el día del patrón de la ciudad.
El recinto de la fortaleza a media mañana estaba muy tranquilo y vacío, algo normal teniendo en cuenta el mal estado que estamos viviendo. Una vez pasada la entrada y el entorno de la torre del Espolón cuyo perfil pétreo se recortaba en el intenso cielo azul, me he dirigido hacia las baterías del siglo XIX para desembocar en la gran explanada coronada por la torre Alfonsina. Mientras miraba su grandiosa presencia he notado movimiento junto a la muralla, cuando me he fijado he distinguido una manada de arruíes que cuando han notado mi presencia han saltado con enorme facilidad la muralla. Cuando me he acercado para verlos descender con gran rapidez la ladera, he recordado la leyenda que cuenta el ardid del infante Alfonso y sus capitanes de ponerle antorchas en los cuernos a los carneros y cencerros colgando del cuello, para que al subir por la ladera simularan un numeroso ejercito y así propiciar la rendición de la alcazaba y la medina.
Para terminar el recorrido por el castillo me he acercado a la ermita de San Clemente, emplazada dentro del barrio de Alcalá del castillo lorquino y que fue la primera iglesia lorquina edificada poco después de la capitulación de la ciudad en junio de 1244. El Concejo de Lorca, desde el momento en que estuvo construida, tuvo por voto la celebración de la fiesta de San Clemente con procesión general a la iglesia del castillo, misa y predicador. No estaría mal recuperar esta tradición para lo cual se tendría que restaurar la ermita del patrón que podría formar parte de la visita al Parque Arqueológico del Castillo junto con la judería.
Cuando he abandonado el castillo me he encontrado con unos buenos amigos que como amantes de las tradiciones de Lorca subían al castillo y con los cuales suelo coincidir todos los años por este día visitando la fortaleza. Hemos comentado lo raro que estaba el día y hemos bromeado de lo inaudito de subir al castillo cubiertos con las mascarillas.
Al bajar a la ciudad me he encontrado con que también se hallaba vacía, las calles estaban desiertas y solo en algunos bancos de las plazas del centro había personas mayores sentadas tomando el sol. El típico aire fresco de este día me ha acompañado hasta la puerta de mi casa en este atípico y triste día de San Clemente.

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