Home Mi Rinconcico Antonio de Cayetano MÁRTIRES DE LORCA – por Antonio de Cayetano

MÁRTIRES DE LORCA – por Antonio de Cayetano

0
Compartir

MÁRTIRES DE LORCA – por Antonio de Cayetano.

Esta madrugada se han cumplido 80 años de una atrocidad que conmocionó a nuestra ciudad, del asesinato de cinco hermanos de La Salle, del párroco de la iglesia de Santiago y de otro varón más que creyeron también clérigo. Todos ellos fusilados como consecuencia de la persecución religiosa que se inició con la Segunda República y que se incrementó al comenzar la guerra civil. Una contienda durante la cual y en la posterior represión, perdieron la vida más de 400 lorquinos, unos en combate y otros asesinados por su fe o creencias políticas, en definitiva todos mártires, ya que si unos murieron por defender su religión, otros lo hicieron por defender sus ideales o la legalidad vigente. Todas víctimas inocentes del odio, el rencor y la venganza que nos trajo aquel conflicto, pero así es la guerra, unos las inician y otros la padecen, siendo siempre el pueblo quien la sufre.

MILICIANOS COMUNISTASSi en el mes de agosto recordábamos la quema de iglesias y de su rico patrimonio, hechos protagonizados por un grupo de anarquistas llegados de Molins de Rey y a cuya cabeza iba un lorquino emigrado allí. Hoy tenemos que referirnos de nuevo a él, ya que Avelino Navarro fue el responsable de esta matanza, el que ordenó sacarlos de la cárcel y el que le pegó el tiro de gracia antes de arrojarlos a uno de los pozos del coto minero de Serrata.

Todo comenzó el 30 de julio de 1936, cuando un grupo de 20 milicianos de la CNT detuvieron a los salesianos en la escuela cristiana del carril de Caldereros. Anteriormente, había querido apoderarse del colegio un grupo de trabajadores de la enseñanza que dijeron ir en nombre del Frente Popular, pero tras la intervención del abogado lorquino José María Campoy a requerimiento del director de la escuela, la cosa no pasó de ahí, pero la visita posterior de los milicianos ya no la pudieron evitar, siendo apresados e ingresados en la cárcel dos días después de su detención. Todos eran de fuera, dos de la provincia de Burgos, uno de la de Álava, uno de la de Palencia y el otro de la de Vitoria, por lo que no tenían ningún allegado cerca de aquí, escribiendo durante su estancia en la cárcel varias cartas, pero sin que ninguna llegase a su destino, ya que sus carceleros las destruyeron en vez de enviarlas. Solo una familia se apiadó de ellos, llevándoles comida a diario el tiempo que estuvieron encarcelados.

FUSILAMIENTO GUERRA CIVILEl 30 de septiembre de 1936, dos meses después de su detención, se constituyó un Tribunal Popular que los juzgó y el juez Lino Martín Carnicero decretó su libertad el 2 de octubre, una sentencia que el Comité del Frente Popular lorquino mandó ignorar por considerarlos peligrosos, continuando con ellos en la cárcel. Hasta que a las cinco de la madrugada de un día como hoy, justo cuatro meses después de la sublevación militar, Avelino Navarro ordenó sacarlos con la escusa de que iban a tomarles declaración, no solo a los cinco salesianos, sino también al párroco de Santiago que había sido encarcelado el 3 de agosto y a otro que creían también religioso. Los siete fueron atados unos a otros y montados en un camión, vehículo con el que se dirigieron al coto minero y donde fueron fusilados sin compasión alguna, pisoteándolos e incluso bailando sobre sus cuerpos para celebrar su muerte, siendo arrojados a uno de los pozos de azufre allí existentes, el mismo pozo donde el día 4 de ese mes de noviembre, había sido arrojado el religioso Lorenzo Moreno Nicolás. Se dijo entonces y todavía hoy se cuenta, que durante varios días se oyeron sus gritos de dolor, pues se habían tirado vivos al fondo del agujero, pozo que tampoco se sabe con certeza cual fue, ya que la zona está plagada de ellos, pero lo cierto y verdad es que no fue así, pues según relató en su día Juan Mera, uno de los milicianos que participaron en aquella barbarie, fueron rematados por el cabecilla una vez fusilados en aquel lugar.

ASESINADO EN LA GUERRA CIVIL BEATO JOSE CANOVAS MARTINEZLos ejecutados ese fatídico 18 de noviembre fueron José Cánovas Martínez, párroco de Santiago, natural de Totana y de 42 años de edad, los hermanos salesianos Esteban Anuncibay Letona (Ovidio Bertrán) de 44 años y natural de Mijancas (Vitoria); Germán García García (Luciano Pablo) de 33 y natural de Quintanilla de la Mata(Burgos); Modesto Sáez Manzanares ( Hermenegildo Lorenzo) también de 33 y de Revilla del Campo (Burgos); Augusto Cordero Fernández (Estanislao Víctor) de 28 y natural de Bustillo de la Vega (Palencia) y Emiliano Martínez de Laspera (Lorenzo Santiago) natural de Huerto de Arriba (Álava), este último de tan solo 23 años de edad, habiendo llegado a nuestra ciudad en septiembre de 1933 y siendo los hermanos de La Salle de Lorca su primera comunidad. El otro fusilado en aquella madrugada y que fue echado al mismo pozo, era Emilio Bilbao González, desconociendo su ocupación, procedencia y edad.

Pero no fueron estos los únicos religiosos asesinados en nuestra ciudad en aquellos primeros meses de la guerra civil, pues entre el 15 de agosto y el 27 de noviembre fueron ejecutados 10 clérigos más, siendo el 23 de octubre de 1936 el día más negro para el sacerdocio lorquino, ya que en esa fecha fueron asesinados Antonio Ferra Martínez, Sebastián Coronel Bermejo, Miguel Coronel Bermejo, Diego Marín Navarro y Manuel Guzmán Nicoli, siendo lorquinos los cuatro primeros y de la pedanía murciana de Era Alta el quinto, todos ellos sacerdotes o párrocos de diferentes iglesias de nuestro municipio.

También hubo mártires lorquinos fuera de Lorca, como fue el caso de Ginés Garre Egea, nacido en nuestra ciudad el día 19 de octubre de 1909. Joven que tras pasar por los oficios de dependiente, sastre y modisto en Barcelona, ciudad donde había sido trasladado su padre que era oficial de la guardia civil en nuestra población, ingresó en un convento de Carmelitas en Barcelona a los 24 años de edad, cambiándose el nombre por el de Juan de la Cruz y más tarde por el de Elías María. Nuestro paisano pasó por los conventos de Barcelona, Olot y Tárrega, ejerciendo en todos ellos el oficio de sastre y confeccionando los hábitos de los religiosos, visitándolo su hermano en esta última población para que volviese a casa ante la revolución anticlerical que había, pero nuestro fraile prefirió seguir sirviendo a Dios y continuar en el convento, cosa que hizo hasta tres días después de comenzar la guerra, día en que tuvieron que abandonarlo toda la comunidad y esconderse en casas particulares.

Pero en la noche del 28 de julio, fueron detenidos los 12 carmelitas por milicianos armados de Tárrega con el pretexto de que tenían que declarar, siendo montados en un camión y sacados de la población, fusilándolos en una cuneta de la carretera en el municipio de Cervera y echando sus cuerpos a un estercolero, lugar que rociaron posteriormente con gasolina y pegaron fuego, estando semanas ardiendo. A los cadáveres nadie les dio sepultura, por lo que hubo quejas de los vecinos que temían una infección. El ayuntamiento de aquella población envió un carro y dos operarios del servicio de basura para recoger todo aquello, pero una vez allí se negaron a ello, comentando que quien había hecho aquella fechoría que se llevase los desechos, ya que los restos estaban en lamentables condiciones, pues habían sido removidos y descuartizados por los perros del lugar. Al final, fue el dueño de la finca quien retiró todo el estiércol y lo que este contenía para abonar una viña. Hoy en el lugar hay una placa que recuerda a las víctimas y su beatificación en Roma el día 28 de octubre de 2007, acto presidido por el papa Benedicto XVI y donde se reconocieron como mártires un total de 498 clérigos ejecutados por su fe, beatificados entre los que se encontraban los seis que aquí fueron martirizados junto a los pozos de azufre.

https://i0.wp.com/www.laverdad.es/murcia/prensa/noticias/200711/04/fotos/006D7LORP1_1.jpg?resize=300%2C197
Antiguas minas de azufre en Serrata – Lorca, donde arrojaron a los mártires asesinados

También en Lorca hubo una placa en el lugar donde fueron asesinados nuestros mártires, pero esta placa de mármol blanco se retiró del coto minero y hoy se encuentra en el cementerio de San Clemente. Una vez acabada la guerra civil, a la principal arteria de Lorca se le puso avenida de los Mártires, así como a la calle donde estaba situada su escuela (Carril de Caldereros), se le denominó Mártires de la Salle, homenajeando así a estos salesianos que murieron por sus creencias religiosas, pero tras la llegada del primer ayuntamiento democrático y la desaparición de todos los nombres franquistas de las calles, también desaparecieron estas dos denominaciones, cosa que en mi opinión pudo ser discutible. Tras la beatificación por Benedicto XVI de los mártires de Lorca, el domingo 18 de noviembre de 2007 se celebró una misa en su memoria en el coto minero de Serrata y otra dos semanas después en la iglesia de Santiago, esta con la presencia del obispo y a la que le siguió una procesión con el Cristo de Medinaceli hasta la iglesia de San Mateo. Al comienzo del presente año, también se les ha recordado por parte de un grupo de antiguos alumnos del colegio de la Salle (colegio cuya actividad cesó en 1969), celebrándose una eucaristía el viernes ocho de enero en la parroquia de Santiago y colocando al día siguiente una cruz de madera en el lugar donde fueron ejecutados.

https://i0.wp.com/www.filatexolivart.com/11921-thickbox_default/billetes-locales-guerra-civil-1937-1-peseta-lorca-sc.jpg?resize=330%2C330Y hasta aquí la pequeña historia de los Mártires de Lorca, así como unas breves pinceladas sobre otros clérigos lorquinos asesinados por su fe, pero cuya vida no es más importante que la de cualquier otro que murió en aquella contienda o en los meses posteriores. Pues como decía al principio, todos fueron mártires de aquella crueldad, solo que los pobres desgraciados que murieron en nuestra plaza de toros tras terminar la guerra o los que fueron fusilados en las tapias del cementerio, eran en su mayoría personas anónimas, solo conocidas en su entorno familiar o vecinal, no “mereciendo” por ello que su historia fuese escrita, aparte de que por ser del otro bando, poco importaba su vida. Siendo muchos los lorquinos que murieron durante la represión franquista, solo por el hecho de haberles pillado la guerra en el sitio equivocado o ser denunciados por envidias o venganzas, ya que lo que llegó después, durante el “tiempo de paz”, fue una brutal revancha de los vencedores.

Lorca homenaje a los caidos 1939Esperemos que jamás se repitan estos crímenes y que una guerra civil no sea la única salida para resolver un conflicto, tal como sucedió en 1936. Cuando una sublevación militar provocó el enfrentamiento sangriento entre dos bandos, el legal, que debía de conservar el poder y defender la República y el golpista, que quería arrebatárselo y establecer una dictadura, ganando al final los insurrectos y perdiendo el pueblo, siendo también el pueblo quien puso los muertos.

NOTICIAS RELACIONADAS:

Testimonio: “Yo llevé a fusilar al alcalde de Lorca” por Andrés Ramírez