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3 FEB. – Los rollicos y las reliquias vuelven por San Blas

Las religiosas de la comunidad de las Madres Mercedarias, llevan más de 500 años presentes en Lorca, y la asociación de antiguas alumnas del colegio de esta orden están cumpliendo hoy con la tradición anual de poner a la venta los 'rollicos' de San Blas, de los que se han preparado unas 180.000 unidades. Del mismo modo, los devotos acuden en masa, a comprar las reliquias de San Blas, hechas en lana y seda de las que las religiosas han elaborado unas 3.000 unidades en colores distintos. Rollos y reliquias bendecidos a primera hora.

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Los rollicos y las reliquias vuelven por San Blas.

Las antiguas alumnas del colegio Madres Mercedarias las antiguas alumnas del colegio Madre de Dios de Lorca, llevan embolsando varias semanas los más de 600 kilos de los conocidos como rollicos de San Blas, que se ponen a la venta hoy día 3 de febrero, día en el que se celebra la festividad de San Blás.

Una tradición lorquina que se remonta a los años 30, es decir más de 80 años realizándola.

Muchos lorquinos hacen cola desde primera hora de la mañana para comprar los sabrosos rollicos sabor a anis y las reliquias de San Blas, hechas en lana y seda con las tonalidades azul, blanco, rojo, rosa, verde y amarillo.

HISTORIA

¿Quién era? «Blas de Sebaste, venerado como san Blas, fue un médico, obispo de Sebaste (Sebastensis armenorum) en Armenia (actual Sivas, Turquía), y mártir cristiano. Hizo vida eremítica en una cueva en el bosque del monte Argeus, que convirtió en su sede episcopal. Fue torturado y ejecutado en la época del emperador romano Licinio, durante las persecuciones a los cristianos de principios del siglo IV. Su culto se extendió por todo Oriente, y más tarde por Occidente.
En la Edad Media, se llegaron a contabilizar solamente en Roma 35 iglesias bajo su advocación. Su festividad se celebra 3 de febrero en las Iglesias de Occidente y el 11 de febrero en las de Oriente. Se lo considera patrono de los enfermos de garganta (faringe), y de los otorrinolaringólogos.
Según la tradición, Blas de Sebaste era conocido por su don de curación milagrosa, que aplicaba tanto a personas como a animales. Salvó la vida de un niño que se ahogaba al trabársele en la garganta una espina de pescado.
Blas, obispo de Sebaste de Armenia, es un personaje bastante incierto desde el punto de vista histórico, pero todavía goza de mucha popularidad por un milagro que se le atribuye y que ha perpetuado la conocida bendición contra el mal de la garganta.

Se le acercaban también los animales enfermos para que les curase, pero en cambio no le molestaban durante su tiempo de oración.

La veneración local a este médico y obispo de Sebaste, en la actual Turquía, se remonta a la toma de Murcia por parte de las huestes de Jaime I, que entraron a la ciudad el día 3 de febrero de 1265, precisamente en la festividad de San Blas y por la denominada Puerta de Orihuela.
Entre los años 1286 y 1392, a mediados del siglo XIV, una epidemia de difteria sembró la ciudad de Murcia de cientos de fallecimientos, tanto en niños como en adultos. La crisis era tal, que el Concejo en pleno decidió encomendar a Murcia bajo la protección de San Blas.
Ese mismo año, al poco de pasar el 3 de Febrero, Festividad de San Blas, la epidemia empezó a remitir y ya no se registraron más muertes entre los ciudadanos.
El Concejo, agradecido, hizo Voto Perpetuo de asistir todos los años a venerar a San Blas en los días de su Festividad, mientras que el pueblo, también agradecido, fue formando cada año una multitudinaria feria que se concentraba en Febrero en torno a la Ermita de San Blas.
Obra escultórica “El Milagro de San Blas” del insigne tallista murciano Francisco Salzillo (1707-1783).

Desde antaño, la fecha del 3 de Febrero fue día grande en el convento de Mercedarias de Madre de Dios en Lorca. Es la festividad de San Blas y en este día los lorquinos se llegan hasta el convento para besar la reliquia del santo y adquirir los típicos rollicos elaborados por las hermanas.

El descenso del número de monjas en el convento amenazó con acabar con esta tradición, pero un grupo de antiguos alumnos del colegio, dio un paso al frente encargándose de elaborar los dulces que se ponen a la venta y su recaudación es destinada a la ayuda de familias necesitadas.

En este convento se puede admirar la obra escultórica “El Milagro de San Blas” del insigne tallista murciano Francisco Salzillo (1707-1783). La obra refleja el momento en que una madre angustiada porque su hijo se ahoga atragantado por una espina de pescado acude con el niño en brazos a San Blas, quien extiende su brazo sobre el pequeño, consiguiendo su recuperación de forma milagrosa.

San Blas fue un eremita armenio de los siglos III y IV, consagrado Obispo de Sebaste, que murió mártir durante la persecución de Licinio en el año 316. Es considerado protector de los males de garganta y nuestro refranero nos recuerda una vieja jaculatoria: «San Blas bendito, cúrame la garganta y el apetito».

Al dulce y a las reliquias se les atribuyen propiedades milagrosas sobre las afecciones de garganta, especialmente las infantiles, ya que San Blas es el patrón de los laringólogos.

Este año se pondrán a la venta un total de 600 kilos de rollicos y unas 2.000 reliquias de San Blás, una vez que sean bendecidos en la capilla del colegio Madres Mercedarias.

La bolsita de rollicos se venderá a 1,20 euros y la de reliquias podrán adquirirse a dos euros. La venta se realizará en la puerta del convento de las Mercedarias, en la calle Zapatería.

RECETA DE LOS ROLLICOS

Ingredientes

  • 3 huevos
  • 1 vaso de azúcar
  • medio vaso de aceite
  • 2 cucharadas de canela
  • medio kilo de harina
  • 2 gaseosas
  • Anis y matalauva

Se mezclan los huevos con el azúcar, el aceite y la canela. Se añade la harina poco a poco con las gaseosas sin de dejar de mezclar. La masa estará lista cuando se despegue de las manos.
Encendemos el horno a 180º para que esté bien caliente a la hora de meter los rollos.
Mientras se calienta el horno cogemos pequeñas porciones de masa y formamos los rollos. Los ponemos en una bandeja y los metemos en el horno.

Estarán cocidos cuando se doren. Hay que dejarlo enfriar un rato antes de comerlos.

Puerta de las mercedarias donde los lorquinos compran los rollicos.

Comentarios…

Como lorquina, quiero puntualizar que los rollicos, con su gusto a anís y tan crujientes, son deliciosos; y las reliquias, exquisitas. Tienen en la parte de arriba una bolita hecha de un diminuto punto de ganchillo, y de ella salen unas hebras de lana de unos dos centímetros protegidas por fuera por otras de seda, todas de la misma gama de color pero de brillo diferente. Todas son bonitas, las rosas, las azules, las amarillas las blancas y las verdes. Aunque humildes, los rollicos de San Blas y las reliquias son otro tesoro de nuestra tradición.