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Juan Bautista Rosa, el último espartero de Lorca.

Con más de 80 años en el cuerpo, Juan Bautista Rosa trabaja la artesanía del esparto desde hace más de 25 años y los lorquinos y visitantes pueden encontrarlo habitualmente en la calle Nogalte elaborando con sus manos figuras y útiles de antaño que hoy día siguen sorprendiendo.

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Juan Bautista Rosa, el último espartero de Lorca.

Juan Bautista Rosa Frías, a sus 83 años, se ha convertido en el último espartero que trabaja esta planta herbácea en el municipio de Lorca. Afirma que su casa «es un museo» donde acumula cientos y cientos de piezas de diferentes modelos que conserva como si se tratase de reliquias.

Lleva más de 25 años trabajando el esparto, actividad que se acrecentó cuando, al jubilarse, se preguntó qué podía hacer con sus manos para poder servir a los demás. La respuesta fueron decenas y decenas de figuras conseguidas gracias a esta planta silvestre a la que da forma hasta obtener cachuleros, capazos, esparteñas, sombreros o gorros que, aunque no resultan cómodos para llevar sobre la cabeza, apetece tenerlos en casa como adorno, al menos. No obstante, asegura, que son frescos en verano y cálidos en invierno.

Además, tiene en su haber figuras elaboradas solo a base de esparto con una larga y extensa lista que va desde el ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza hasta rinocerontes, osos, lagartos o lagartijas. Insiste en que su casa parece un museo y que le gustaría que así continuara cuando faltase o cuando la edad le impida seguir realizando este tipo de trabajos manuales.

Juan Bautista Rosa se entretiene saliendo cada día de su casa para que, en cualquier calle o plaza de la ciudad, los transeúntes vean cómo maneja el esparto. Su medio de transporte es la bicicleta que carga con todo el material para los desplazamientos por el pueblo de un lado a otro. Es fácil comprobar su particular forma de hacer artesanía cuando se instala con todo su baluarte en la calle Nogalte, en las inmediaciones de la iglesia de San Francisco, donde cada día coloca su chiringuito.

Afirma asimismo que no pretende negociar con ello ni percibir a cambio una remuneración económica: «Lo hago porque me gusta y para que las nuevas generaciones vean y comprueben cómo se trabajaba en otros tiempos que nadie queremos que vuelvan».En este mismo sentido, añade que «si hago 15 objetos, regalo más de una docena». Juan Bautista Rosa afirma que ha sufrido en sus carnes la dureza de la vida. Con solo 11 años de edad empezó a trabajar como pastor en la Sierra de la Almenara, conociéndose palmo a palmo todos los parajes de Aguaderas o El Puntarrón. Lo suyo, dice, era «guardar ovejas, limpiar el corral y picar esparto con una piedra y una maza». Fueron las personas mayores de su familia quienes le enseñaron el arte. Insiste asimismo en que su mayor entretenimiento sigue siendo el manejo del esparto «en lugar de acudir al hogar del pensionista a echar la partida a las cartas o al dominó».

Conoce a fondo el tema, hasta poder asegurar que «antes había mejor esparto que ahora porque llovía más y las atochas se limpiaban continuamente». Asegura que «el esparto de Albacete y de Cehegín son los mejores que existen porque no les falta el agua», y afirma que su trabajo «no está pagado», y que si en hacer un capazo tarda 3 ó 4 días «apenas me dan por ello 20 euros cuando alguien se encapricha por alguno de estos objetos».

Durante cinco años trabajó en Palma de Mallorca, donde hizo la mili, pero prefiere vivir en su Lorca natal, donde actualmente reside. Las Islas Baleares no le entusiasmaban mucho. A lo largo de su dilatada vida profesional fue también vendedor ambulante de pescado, siendo conocido como ‘el pescadero’. Recorría el campo en una bicicleta, «aunque después conseguí comprar una moto y luego un coche». La materia prima la obtenía en los puertos de Águilas, Mazarrón, Alcantarilla o Garrucha (Almería), disponiendo para ello de la correspondiente licencia por la que pagaba 700 pesetas al año, unos 4 euros actuales.