MUCHO TESORO PARA TAN POCO INTERÉS por Antonio de Cayetano.
En este año que termina, se han cumplido 25 años de la puesta en marcha del Museo Arqueológico de Lorca. Un museo que desde marzo de 1992 evidencia parte de nuestra historia, mostrando las huellas dejadas por nuestros antepasados. Vestigios entre los que destaca un fragmento de una gran túnica de lino, siendo esta la vestimenta más vieja que se conoce en Europa con más de 4.000 años de antigüedad.
Y es que en Lorca lo de confeccionar buenas prendas parece que se nos da bien, dando buena cuenta de ello, el riquísimo patrimonio que atesoran los museos de las cofradías de Semana Santa. Siendo quizá estos museos, los únicos del mundo donde está presente el arte del bordado. Pero no solo estos cuatro museos vinculados con nuestra singular Semana Santa, muestran la destreza, la habilidad y el arte de los lorquinos, también está el del Belén, el museo más reciente de cuantos tenemos en Lorca, abierto en diciembre de 2.014 en la ermita de San Roque, lugar donde se exhiben las obras más importantes de los maestros belenistas de nuestra ciudad.
También en el mes de octubre pasado, se inauguró el restaurado Alporchón, el sitio donde se subastaba el agua de riego hasta 1960, pero no convertido un museo dedicado al agua como en un principio se pretendía, sino solo un lugar que permite visitarse. Otro espacio museístico más, que hay que sumar al de los restos del palacio califal del subsuelo del convento de la Virgen de las Huertas, la sinagoga del recinto del castillo, la villa romana de La Quintilla, el palacio de Guevara o el Huerto Ruano. El palacete de finales del XIX al que se debería de dotar de más contenido y protagonismo, no dedicándolo solo a exposiciones temporales o algún otro acto ocasional, pues son muchos los “tesoros” que tenemos en Lorca y que se podrían mostrar de una forma permanente en este y otros inmuebles, ya que afortunadamente hay material suficiente para no conformarnos con los seis museos que tenemos en la actualidad. Debiendo de ser los diferentes museos uno de los mayores estímulos para visitar la ciudad, convirtiendo así a Lorca en un destino atrayente para el turismo cultural.

En aquella década de los noventa en que se abrió el arqueológico y se inicio la restauración del Huerto Ruano, ya se comenzó hablar de Lorca como ciudad de museos, anunciándose uno dedicado al arte sacro y otro a la militaría. Pero ninguno de los dos llegó a ponerse en marcha, a pesar de que son muchas las joyas y objetos religiosos que son dignas de exponerse al público en el primero. Como también el gran número de elementos militares que hay en manos de coleccionistas particulares, los cuales se habían ofrecido para la creación del otro museo. Hubo iniciativa, pero faltó el interés para que la cosa se realizase, cuando los museos de todo tipo tienen un gran tirón para el turismo de las ciudades, siendo uno de los segmentos turísticos que más beneficios aporta. Pero para ello hacen falta unos técnicos que sepan desarrollar bien los proyectos y unos políticos decididos a que esto se lleve a cabo, beneficiando con ello a la ciudad y muy especialmente a su comercio y hostelería. Es lamentable que tras la desaparición del Regimiento de Infantería Mallorca 13, se fueran parte del material y utensilios al Museo Histórico Militar de Valencia, cuando si hubiésemos tenido el pretendido museo lorquino, quizá diversos de estos objetos se hubieran quedado en Lorca.
Ahora parece que la vocación museística ha calado de nuevo en nuestros dirigentes, prometiendo en poco tiempo hasta una decena de nuevos museos. Pero no solo basta con anunciarlos, hay que tener la firme voluntad de hacerlos, dotándolos desde un principio con la financiación necesaria para su puesta en marcha. En febrero de 2010 se hizo público el ofrecimiento de un vecino de Almendricos para hacer un museo en aquella pedanía. Un museo dedicado a la minería, donando para este fin una gran colección privada de minerales, colección compuesta por medio centenar de piezas de más de tres kilos y unas 600 de un kilo, así como diversos utensilios, herramientas y maquinaria, en la que destacaba una antigua vagoneta.

Una colección que siete años después sigue sin tener un lugar donde ser expuesta al público, tal como era el deseo de su propietario Bartolomé García Ruiz. Un ex empresario minero que ya nos ha dejado sin ver cumplido su sueño, un almendriqueño que fue para su pueblo el mejor alcalde pedáneo que han tenido los vecinos, preocupándose durante los años que estuvo en el cargo (1.957-1.962) de que llegase el agua, la luz y el teléfono a la pedanía.
Sin embargo su último deseo para su pueblo, el de contar con un museo que hable de su pasado, de cuando era el centro de la minería de la comarca, del tiempo en que el empalme de Almendricos era el punto ferroviario por donde pasaban los minerales que se extraían en la zona, aún no se ha cumplido. Es lamentable que nuestro AyuntaMIENTO no se preocupe de poner en valor este y otros tesoros que los ciudadanos han donado desinteresadamente al pueblo de Lorca, cuando existe junto a la estación de Almendricos un viejo cocherón del ferrocarril que podría albergar este museo de la minería. Consiguiendo al mismo tiempo dos efectos diferentes, la restauración de ese inmueble de finales del XIX por un lado y musealizar la gran colección de minerales que hoy se encuentra guardada, dando así más protagonismo cultural a las pedanías, tal como se hizo en 2007 en Coy, cuando se abrió el Centro de Interpretación Etnológico y Arqueológico de Casa Grande. Un museo que está situado en la planta baja de una antigua casa solariega del siglo XVIII, la cual acoge en sus dos plantas superiores un albergue juvenil.
También del siglo XVIII es el molino del Escaranbrujo ubicado en la pedanía de Parrilla, aunque su actual nombre es mucho más reciente, pues se lo puso su último propietario Paco Martínez Guijarro, tras su compra en 1969. El conocido hasta entonces como molino Buenavista, es un antiguo molino que aprovechaba el agua de la acequia de Alcalá como fuerza motriz, estando enclavado en un hermoso paraje de la carretera de la Parroquia a muy poca distancia de Lorca, lugar donde siglos antes hubo ya otros molinos. Cortijo y edificación que fue declarada BIC por el gobierno regional el pasado mes de marzo, y para el que IU pidió dos meses después que sea convertido en un museo etnográfico y del agua. Una finca que se nos está cayendo a pedazos sin que nadie lo remedie, cuando ya el pasado año, tras visitarla algunos técnicos y nuestro concejal de cultura, se afirmó que eran urgentes las obras de consolidación con el fin de evitar su progresivo deterioro. Creo que ese hermoso lugar merece ser restaurado y acondicionado, poniéndolo en valor para albergar un museo relacionado con el agua y la naturaleza, tal como ha propuesto IU. Debiendo de ser ahora el equipo de gobierno de nuestro AyuntaMIENTO quien recoja el testigo y quien lleve a buen término las negociaciones con los herederos de la finca para su adquisición.
Pero no pausadamente como nos tiene acostumbrados, sino con la mayor celeridad posible, ya que de lo contrario sería irrecuperable ese histórico patrimonio. Y es que en Lorca nos lo tomamos todo con calma, vamos muy despacito con estos temas. En 2013 se terminó la restauración interior de la casa de las Columnas o Palacio de Guevara, asegurando que durante ese año el inmueble permanecería vacio para que los visitantes vieran como había quedado y que en 2014 ya estaría todo vestido. Siendo la realidad bien distinta, pues tres años después de la fecha prevista todo sigue igual, incluidos los anuncios de lo que se está haciendo y lo que se pretende hacer en él. Cuando este singular y emblemático edificio lorquino, el más destacado del barroco civil levantino, debería de estar ya con todo su mobiliario, su decoración, sus utensilios y todo el rico patrimonio que forma parte de él. Un palacio que según se nos anunció en el año 2010, acogería con todo merecimiento el Museo Regional del Barroco, y si que un año después tuvimos los fatídicos terremotos, pero una vez restaurado, no se ha vuelto a decir nada de aquel anuncio, para el que incluso había ya una partida presupuestada. Como tampoco ha vuelto a su planta baja la botica y rebotica que la familia de José Sala Just donó al pueblo de Lorca.
Todo un tesoro de tarros de cerámica (albarelos), morteros, remedios y formulas magistrales, así como el mobiliario y estantes de madera de pino y roble que un tallista lorquino hiciese en 1896. Se nos dijo en febrero pasado que antes de que finalizase el año todo estaría de nuevo en su sitio, pero una vez más, ha faltado interés para que esto sea así, cuando lo que más atraía a los que visitaban el palacio, era precisamente la sala dedicada a esta farmacia. Esperemos que pronto quede expuesta y en su totalidad, ya que no toda la donación estaba antes mostrada. Como también confiamos en que la portada de este palacio no se quede en el estado en que se encuentra, pues es vergonzoso que cuando no han pasado ni tres años de su restauración, muestre ya las deficiencias que se observan. Es lamentable que el gasto que se hace con dinero público en Lorca no se controle de una manera más eficiente, teniendo como consecuencia el mediocre resultado de los trabajos. Pero si ello es deplorable, desolador es lo que sucede con los elementos que en su día formaron parte de la decoración y el mobiliario de la confitería La Caña de Azúcar, la de los cuatro cantones.

Una artística confitería que cerró en 1986 y cuya ornamentación fue donada también al pueblo de Lorca, estando desde entonces a buen recaudo en algún almacén municipal, o al menos eso se supone. Otra falta de interés de nuestros dirigentes, porque cuesta trabajo entender, que durante más de treinta años no se haya encontrando un lugar idóneo donde mostrarla. Si que el lienzo de grandes dimensiones que había en su techo, realizado en 1910 por Francisco Cayuela está en las dependencias del Archivo Histórico, pero no debe ser ese su lugar, sino exponer todo el conjunto en cualquier otro inmueble visitable de la ciudad, como pudiera ser la antigua Cámara Agraria o un bajo del Casino, lugar este último, donde también existen pinturas de Cayuela. Igualmente el futuro espacio museístico del antiguo Pósito, la Casa del Artesano, sería un lugar idóneo para ubicar La Caña de Azúcar, al ser el oficio de pastelero totalmente artesano, siendo esta antigua confitería un buen reclamo para ser visitado.
En cuanto a la antigua sede de la Cámara Agraria en la calle Corredera, creo que sería la mejor ubicación para el Museo Etnográfico, tal como apuntaba por aquí hace dos años. Un inmueble que en su día pagaron los agricultores y ganaderos, siendo estas actividades las que más utensilios y herramientas aportan para la creación de estos museos que muestran los viejos oficios y costumbres del lugar. Lo de ubicarlo en la antigua Cárcel, tal como se ha anunciado recientemente no lo veo tan adecuado, pues considero mejor ese inmueble para lo que en un principio se dijo, ya que en 2015 se anunció que se iba a crear allí un Museo del Terremoto. Un museo donde se mostrase la ciudad y sus monumentos antes y después de los seísmos, un museo que iba a estar abierto para finales del pasado año, cosa que lógicamente no ha sido así, como tampoco para el presente de 2017. Aunque yo a este pretendido museo si aún se tiene en proyecto, le añadiría también lo de la “ciencia” creando un Museo de la Ciencia y los Terremotos, explicando en sus diferentes salas el porqué se producen, como afrontarlos y las consecuencias de los mismos.
También este espacio de la vieja cárcel del partido, podría acoger otro museo anunciado el pasado mes, el de La Frontera, un museo que muestre la historia de los más de 200 años en que Lorca fue frontera con el Reino nazarí de Granada. Un museo que hace más de 10 años pidió el actual presidente de la Federación Festivo Cultural San Clemente y que parece ser ha encontrado ahora buena predisposición en el nuevo alcalde. Un nuevo museo que de llevarse a cabo, debería de ubicarse dentro del perimetro de la muralla medieval que en aquella época envolvía la población, siendo por ello una buena opción la antigua cárcel, llevando el etnográfico a la antigua Cámara Agraria como antes comentaba. Aunque otro emplazamiento para La Frontera podría ser la vieja iglesia de Santa María que en la actualidad se está restaurando. Pero no solo se ha anunciado este único museo en el último mes, también hace unas semanas al desvelarse la compra de la plaza de toros por parte del municipio (cosa con la que estoy muy de acuerdo aunque sea anti taurino), se anunció la posibilidad de crear en el coso de Sutullena un museo taurino y otro de carruajes.
Por lo que se nos va a amontonar el trabajo museístico, ya que también en el mes de junio se aprobó en Pleno la propuesta de Ciudadanos de crear un museo dedicado a Narciso Yepes, nuestro paisano universal, el creador de la guitarra de 10 cuerdas. Un museo donde se muestre su historia, sus programas, carteles, premios, partituras e instrumentos. Un museo que muy bien podría ubicarse en el Casino o Huerto Ruano, lugares donde también podría tener cabida una importante donación que ha hecho recientemente la Cuadrilla de Aguaderas. Una colección de instrumentos musicales de los siglos XVIII y XIX, un conjunto de 14 piezas entre guitarras, bandurrias y laudes, destacando una guitarra mayor de tipología barroca de mediados del siglo XVIII. Una guitarra singular construida con fondo abombado, de las que quedan solo seis en España, mostrándose uno de estos ejemplares en el Museo Metropolitano de Nueva York.
También el PSOE propuso en 2015 crear una pinacoteca dedicada al pintor lorquino Manuel Muñoz Barberán, mostrando la gran obra que de este autor dispone el Consistorio, proponiendo el antiguo edificio de la Cámara Agraria como sede de la misma. Como vemos, mucho tesoro pero poco interés por parte de quienes tienen la responsabilidad de tutelarlo, de propinar su puesta en valor. Cuando otros municipios estarían encantados de tener lo que aquí menospreciamos, porque si que se han hecho cosas, pero es mucho lo queda aún por hacer. Esperemos que la cosa cambie y que el nuevo regidor sea más sensible con nuestro rico patrimonio, destacando su importancia, propiciando el avance de su recuperación y frenando su deterioro. Lorca lo merece, no debiendo de pasar más tiempo para convertirnos en una ciudad de museos, aunque nuestro gran objetivo debería de ser siempre, lo de transformar nuestro casco histórico en un gran museo al aire libre. Tenemos el escenario, el decorado y los actores, solo nos falta el guión para su puesta en escena.





Sin lugar a dudas fue un hombre generoso con su tierra y con los suyos, siendo prueba de ello la residencia de pensionistas que lleva su nombre y que se construyó gracias a su empeño y a su importante donación. Una donación fruto de la venta de una de las colecciones numismáticas particulares más importantes de España en aquel tiempo. Una colección que Domingo Sastre había ido enriqueciendo a lo largo de su vida y que en 1.972 la puso en venta, ofreciendo por ella un grupo numismático catalán la cantidad de 200 millones de pesetas, una cantidad importantísima en aquella época. La colección Sastre la componían 28.094 monedas de diferentes épocas, siendo la más antigua del siglo III antes de Cristo y entre las que se encontraban monedas acuñadas en Lorca. Un acopio en el que también estaba interesado el Estado, ya que en 1.936 durante la contienda civil se habían perdido muchas de las piezas del tesoro numismático del Museo Arqueológico Nacional, por lo que con la adquisición de la Colección Sastre, se compensaba de alguna manera la referida pérdida. Es por ello, por lo que en 1.973, ejerciendo el derecho de retracto, el Estado compro la colección de monedas y medallas de Domingo Sastre por un importe de 200 millones de pesetas, la misma cantidad que habían ofrecido los coleccionistas particulares.


En Lorca lo había hecho en junio de 1.900, siendo la víspera de San Juan cuando se encendió por primera vez el nuevo alumbrado público, celebrándose el acontecimiento con un banquete en el Teatro Guerra. Alumbrado que abarcaba varias calles y plazas del centro, manteniéndose encendido hasta media hora antes de la salía del sol, siendo 525 las farolas alimentadas con electricidad que en un principio se colocaron, llegando hasta las 906 en 1.903, lo que hacía de Lorca una de las ciudades mejor iluminadas en aquellos años, al tiempo que garantizaba la seguridad por las noches. Aunque también es verdad que los barrios de San Cristóbal y Santa Quiteria tuvieron que esperar hasta 1.909 para que sus calles se vieran favorecidas por el nuevo alumbrado.
Pero también traspasó después la concesión de Lorca, haciéndolo a favor de la Sociedad Electra de Lorca, una sociedad constituida entonces para seguir con esa actividad. Una empresa que pronto cambió de patrón, al ser comprada en 1.915 por Joaquín Arteaga, duque del Infantado, que también era dueño del pantano de Puentes. Siendo la intención del nuevo propietario, aprovechar el salto de agua del embalse para producir energía eléctrica, abasteciendo con ella a la central lorquina que acababa de adquirir, pero a pesar de colocar a pie de presa una turbina que accionaba un alternador de 100 K.V.A, la escasez de lluvias hizo que su idea no tuviese el éxito esperado. También lo intento en el rio Luchena, solicitando en 1.925 la concesión de un salto de agua, pero tampoco fue factible, estando ya Lorca industrializándose y habiendo más demanda de energía que producción de la misma.
Ya en el año 1.930, la sociedad Electra de Lorca cambió de nuevo de dueño, siendo adquirida por Juan Antonio Martínez Méndez, que la arrendó a Antonio Martínez López, quien instaló nuevos motores. También la pequeña empresa eléctrica del centro de la ciudad, la de Eloy Puche, fue adquirida 20 años después por Eléctrica del Segura, empresa que comenzó a extender sus redes por los mismos emplazamientos que la Electra de Lorca, creándose conflictos entre empresas y abonados. Incidentes que terminaron en 1.954 una vez que ambas empresas fueron adquiridas por la sociedad malagueña el Chorro, volviendo la normalidad al tiempo que se mejoraban los servicios y se ampliaba la red, pero siendo todavía esta inferior a la demanda que había. El chorro se integró en los años sesenta en la Compañía Sevillana de Electricidad, pero antes se había desprendido de la central de Lorca, pasando esta a Hidroeléctrica Española que era entonces la líder en el sector de la electricidad en España, instalando una subestación en las afueras de la población dirección a Granada. En el lado opuesto, en dirección a Murcia, también tenía adquirido un gran solar Sevillana de Electricidad para la instalación de otra subestación, pero este gran espacio conocido como eras de Churra acabó siendo urbanizado como zona residencial, utilizándose entre tanto para ubicar los grandes circos que nos visitaron en la segunda mitad del pasado siglo.
Por todo ello deben de administrar bien su tesorería y patrimonio, pues de su buena gestión dependen los recursos disponibles para las personas mayores. Ya lo dejó bien atado el fundador, siendo cargos en vez de personas con nombre y apellido los regidores, además de contar con un representante de la judicatura entre los directivos del patronato. Pero pese a ello, también esta fundación debe de mirar por la propia ciudad a la que su promotor quiso beneficiar, pues del beneficio de la ciudad viene el de sus ciudadanos incluidos las personas mayores. Atrás ha quedado aquel viejo proyecto de edificación del solar, en el que iba un gran aparcamiento subterráneo de cinco plantas con capacidad para 1.300 vehículos y 150 viviendas, un proyecto que esperará tiempos mejores. Entre tanto, disfrutamos desde diciembre de 2013 de un magnifico aparcamiento de 250 plazas al aire libre.
Como todos los viernes hemos vuelto con nuestro café de Cosas de Lorca en Cadena Azul 107.0, hoy con la grata compañía de nuestros amigos Blas de los Reyes Aledo y Juan Miguel Aledo, hermanos y fotógrafos de profesión. Juntos hemos recordado la historia de la fotografía en Lorca desde la llegada del Maestro José Rodrigo sobre 1.870, su trayectoria y el legado profesional a sus aprendices Pedro Menchón y Blas Aledo que desarrollo su negocio hasta 1959 y perpetuo su apellido dentro del mundo de la fotografía con varios de sus hijos y hasta nuestros días en los que aún ejercen esta artística profesión sus biznietos o cuarta generación.
En este video reportaje podrás ver cientos de fotografias de los tres célebres fotografos lorquinos que con sus obras o auténticos tesoros, nos han permitido conocer las costumbres, gentes y situación de nuestra ciudad durante más de 150 años.
Esa misma noche, hay 40.000 muertos y heridos tendidos en total confusión en el campo de batalla. Allí observó como los heridos quedaban desatendidos y morían por falta de asistencia, ya que los servicios sanitarios militares eran casi inexistentes.


Promoción de Sociedades de Socorro.
En España la Cruz Roja se organiza bajo los auspicios de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, en 1864, y es declarada «Sociedad de Utilidad Pública». Desde entonces, los distintos gobiernos de la nación, han estado representados de una forma u otra en el seno de Cruz Roja, aunque esto no ha impedido que actúe siempre bajo los Principios que inspiran a la Institución. Su evolución ha sido siempre una constante adaptación a los problemas y a las necesidades sociales que han ido produciéndose. Solo así se puede explicar la vigencia de una organización con más de 149 años de historia.
En su constante adaptación a las necesidades a raíz de los conflictos bélicos en áfrica en 1918, se produce una fuerte expansión de sus centros sanitarios, llegando a sumar cerca de 36 hospitales. En un panorama de carencias generalizadas en materia sanitaria, la red de Cruz Roja tuvo un especial significado.
La importante experiencia adquirida durante la guerra se empleó en la intervención ante los desastres ocurridos en todo el territorio nacional. Se asistió a las víctimas de los incendios, inundaciones, accidentes de todo tipo, etc.
También se iniciaron las tareas de socorro en el mar y en aguas interiores y el salvamento de náufragos, que a través de la Cruz Roja del Mar se convertiría en uno de los servicios mas conocidos y valorados por la opinión pública.
En España la Cruz Roja se organiza bajo los auspicios de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, en 1864, y es declarada «Sociedad de Utilidad Pública». Desde entonces, los distintos gobiernos de la nación, han estado representados de una forma u otra en el seno de Cruz Roja, aunque esto no ha impedido que actúe siempre bajo los Principios que inspiran a la Institución. Su evolución ha sido siempre una constante adaptación a los problemas y a las necesidades sociales que han ido produciéndose. Solo así se puede explicar la vigencia de una organización con más de 149 años de historia.
La importante experiencia adquirida durante la guerra se empleó en la intervención ante los desastres ocurridos en todo el territorio nacional. Se asistió a las víctimas de los incendios, inundaciones, accidentes de todo tipo, etc.

Pero es fundamentalmente en la década de los noventa cuando se produce la gran modernización de la institución y su adaptación a los nuevos retos que planteaba la sociedad Española, por una lado la consolidación de la intervención social con los colectivos vulnerables (personas mayores, refugiados e inmigrantes, afectados de SIDA, drogodependientes, infancia y juventud, población reclusa, discapacitados, mujer en dificultad social), por otro el espectacular incremento de los programas internacionales (cooperación al desarrollo, ayuda humanitaria, cooperación institucional) que ha supuesto un importante incremento de los recursos humanos y materiales dedicados a este ámbito.





Hemos aprendido muchos detalles sobre estas infraestructuras y los efectos que ocasionaron las distintas riadas que sufrimos en nuestro municipio y en el vecino Puerto Lumbreras, comentando la de Santa Teresa en 1879, la triste rememorada hoy del 19 de octubre de 1.973 y la última de San Wenceslao en Septiembre de 2.012.






















































































Además nos acompaña nuestro amigo y colaborador Francisco José Motos, escritor lorquino, que nos da una visión más actual de como vive y trabaja un escritor comparado a como lo hacían en el pasado y también nos desvela algunos detalles de su nueva novela «El Abismo en la Frontera» que será presentada el 21 de junio.










































































Fue uno de los tres discípulos del estudio del Maestro Rodrigo y considerado durante muchos años como el decano de los fotógrafos lorquinos. Nacido en Alhama en 1894 y fallecido en Barcelona en 1959.



s años fuera de Lorca, como es el caso de Catalina Aledo que se casó en Lorca con un hijo del famoso Lumiere, marchandose a Barcelona donde regentarían una reconocida galería en la ciudad Condal localizada en la conocida calle Conde de Asalto junto a las ramblas, y que continuó ella al fallecer de forma prematura su joven marido, otra hermana Juana Aledo también estableció su taller de fotografía en Hospitalet.

El taller de trabajo de Blas Aledo situado en la calle Fernando el Santo y que durante los años 1927 al 1929 sería regentado por su padre Juan Aledo Cerón según indican los padrones de contribución industrial, contó con cartelones de fondo y el necesario tejado acristalado, cuya luz era regulada por cortinas de color blanco y azul. La luz artificial era proporcionada por una cabina realizada por un carpintero, en la que se distribuían distintos focos que podían alcanzar una potencia de unos 1000 watios, eran utilizadas durante el justo tiempo necesario para impresionar la placa, por la escasez y el coste de la energía en la época.
En esos años contaba con una cámara de estudio sobre trípode que admitía un formato máximo de 13×18 cms y que era la que utilizaba para sus trabajos importantes fuera del taller, para otros trabajos menos exigentes utilizaba una tipo Leica, realizando no solo trabajos en Lorca y comarca, sino en otras poblaciones cercanas almerienses o más alejadas como las situadas en la sierra de los Filabres.



Y es que es a partir de esta época del año cuando se producen las fuertes lluvias, cuando el agua del mar a alcanzado su mayor temperatura, siendo esta energía térmica uno de los principales ingredientes para que se desarrolle una DANA (depresión aislada en niveles altos), el episodio conocido como “gota fría” y que con tanta frecuencia se da en esta zona, habiéndose registrado ya fuertes lluvias desde hace unos días en algunos puntos de la península. De las 86 riadas más significativas que se conocen del Guadalentín, 26 tuvieron lugar durante el mes de septiembre y 24 durante el mes de octubre, siguiéndole noviembre con solo siete y menos de esta cantidad el resto de los meses del año, no habiendo constancia de que se registrase ninguna de importancia en el mes de julio y solo dos en junio, una en 1933 y la otra en 1900. Siendo significativo este año, porque durante el mismo hubo tres importantes riadas, la primera el 27 de junio, otra el 28 de septiembre y la última el 23 de octubre. Algo similar sucedió también en 1777, con riadas los días 10 de enero, 15 de septiembre y 17 de noviembre.
Como vemos, las lluvias intensas en esta zona seca no son algo excepcional, sino que siempre han formado parte de nuestro clima mediterráneo, pudiendo pasar treinta años entre una y otra gran riada o tener tres en el mismo año. Comenzaba recordando las inundaciones del País Vasco, donde cayeron más de 600 l/m2 en apenas dos días, siendo el deficiente encauzamiento de los ríos el principal causante del desastre. Cosa que también sucedió aquí hace cinco años con la rambla de Biznaga, un cauce que recoge las aguas de las ramblas de Torrecilla, Béjar y parte de la de Nogalte y cuyo lecho no está muy definido debido a los cultivos que se realizan en la zona, una actividad agrícola que junto a la barrera que hizo la autovía Lorca-Águilas, provocó que quedasen inundadas tres centenares de viviendas y casi la misma cantidad de granjas, dando como resultado 200 toneladas de animales muertos y 11.600 hectáreas anegadas por el agua durante varias semanas.
Pero lo que nos diferencia del País Vaco, es que esa cantidad de agua que cayó allí durante un fin de semana, nos puede venir aquí en solo una hora, que es lo que pasó en la riada del 14 de octubre de 1879, cuando en la zona de los Vélez que es la cabecera del Guadalentín, se acumularon hasta 600 litros en este intervalo de tiempo. Igual sucedió en el episodio de gota fría que afectó a parte de las provincias de Granada, Almería y Murcia el 19 de octubre de 1973, donde esos mismos litros de agua se recogieron en solo dos horas en Albuñol (Granada) o en tres en Zurgena (Almería), recogiéndose la cantidad de 420 litros en solo una hora. Pero para precipitación importante, la caída en Jávea (Alicante) el día 2 de octubre de 1957 donde cayeron 871 litros, siendo hasta la fecha el máximo histórico de 24 horas en la península, registrándose más de 1000 litros en los dos días que duraron las precipitaciones ocasionadas por una impresionante gota fría que produjo incluso nevadas en el centro del país. También en Oliva, un municipio situado a 32 km. de Jávea, se recogió el 3 de noviembre de 1987 con motivo de otro episodio de lluvias torrenciales, la cantidad de 720 l/m2 en 24 horas.
Ya hemos visto que en la riada de Santa Teresa, se recogieron más de 600 litros en solo una hora en el cortijo de Calderón, un paraje situado a 8 km. de Vélez Rubio, cuando en esta del 2012, la precipitación caída en la cabecera de la rambla de Nogalte fue solo de 160 l/m2, 81 de ellos en una hora. En Puerto Lumbreras fue más el agua caída, 212 litros, de los cuales 119 cayeron en tan solo 60 minutos, mientras que en la zona de Lorca la precipitación de ese día fueron de 140 litros, reduciéndose a 115 l/m2 en la parte de Totana. Cantidades importantes y no habituales en nuestra región, sobrepasando con creces el umbral rojo que marca AEMET, que está en 60 litros en una hora y 120 para doce, pero precipitaciones no excepcionales en un episodio de gota fría de los que se dan por aquí. También estas lluvias de hace cinco años fueron inferiores a la del 19-10-1973 en las que se estimó una precipitación de entre 250 y 300 l/m2 en nuestra comarca.
Y esa es la suerte que tuvimos en Lorca ciudad, que la lluvia caída en la cabecera de nuestro río y ramblas fue intensa pero no tan fuerte como en episodios anteriores, pues de lo contrario, el Guadalentín se hubiese desbordado a su paso por la población. Según la Confederación Hidrográfica del Segura el máximo caudal fue a las 15,15 h. con 616 metros cúbicos por segundo, lo que supone una cuarta parte del agua que pasó en 1973. Si que ahora está el nuevo pantano de Puentes con capacidad para contener más agua, pero además de que todavía sigue estando en pruebas y no está garantizada al 100% su resistencia, carece también de las correspondientes compuertas del aliviadero, por lo que no puede aprovecharse al máximo su aforo. Además, de que si tenemos en cuenta que el agua que pasó por Lorca ese día del 28 de septiembre, fue solo de la recogida aguas abajo del embalse (15 km.), de llover con más intensidad en la zona, nuestro río nos hubiese dado un buen susto, pues poco faltó para que el agua llegase hasta el borde de los muros de contención.

Así nos encontramos con que mientras del municipio de Lorca fueron 211 las víctimas de esta guerra, un 0,30 % de la población de entonces, Mazarrón solo tuvo 22 muertos, un 0,09 %. Igual pasó en Cartagena y la Unión, donde los fallecidos fueron 141 y 39 respectivamente, siendo el porcentaje respecto a sus correspondientes censos del 0,14 y 0,13%, menos de la mitad que en el municipio lorquino. Lo que demuestra que aunque el dinero no sea todo en esta vida, ayudar sí que ayuda, ya que por no disponer del mismo se puso en juego la vida de muchos hijos. Hijos a los que se les vio sortear, luego marchar y jamás ya volver, siendo de aquel tiempo un refrán que decía “Hijo quinto y sorteado, hijo muerto y no enterrado”, pues quien moría en ultramar o en los viajes de ida o vuelta, allí quedaban para siempre sus restos.

El poblado de Los Cipreses de Lorca es considerado uno de los yacimientos argáricos más importantes de la Región de Murcia, ya que ha permitido conocer mejor las creencias de ultratumba de esta cultura, a través de los objetos personales, vasijas, cerámicas y comida hallados dentro de las tumbas. Algunos de los objetos descubiertos en Los Cipreses, como las empuñaduras de marfil de dos puñales, apuntan a la llegada a estos poblados de objetos procedentes del comercio a larga distancia. Las urnas empleadas como ataúd son tinajas de cerámica de diferentes tamaños en relación a la edad y el tamaño del difunto. ![http://www.regmurcia.com/servlet/integra.servlets.Imagenes?METHOD=VERIMAGEN_131897&nombre=conjuntodeviviendas[1]_res_720.jpg](http://www.regmurcia.com/servlet/integra.servlets.Imagenes?METHOD=VERIMAGEN_131897&nombre=conjuntodeviviendas[1]_res_720.jpg)
El emplazamiento del Cerro del Castillo de Lorca permitió a los íberos controlar las vías de comunicación entre Levante y Andalucía y entre la costa y el interior. Además les llevaba a gozar de un inexpugnable recinto defensivo, con la acrópolis que coronaba la población distribuida por la ladera sureste de la sierra. Las montañas costeras de la Región de Murcia atrajeron pronto a los pueblos del Mediterráneo Oriental, debido a la existencia de metales, especialmente de plata. Las relaciones comerciales con estos pueblos colonizadores parecen sentar las bases de que actuaron como embrión de la cultura íbera.
Ritual funerario: quizá sea el elemento que más llamó la atención de los primeros investigadores y que, en la actualidad, se continúa estudiando con mucho interés por ser una de las principales fuentes de información.

















































































Aquella sociedad del umbral de la cristiandad se articulaba en torno a un gran linaje: el de la Casa Fajardo, del que Alonso Fajardo ‘El Bravo’ fue su personaje más controvertido.
En la frontera cristiana destacaban los territorios fronterizos pertenecientes a la Orden de Santiago, con Caravaca a la cabeza, y Lorca, ciudad de realengo situada en la misma frontera encargada de la seguridad y vigilancia del reino como principal e indiscutible base militar avanzada. Mientras, las poblaciones de los Vélez y Vera eran los núcleos de referencia en el otro lado. Además, habría que señalar que mientras el territorio fronterizo granadino estaba ampliamente habitado, el murciano se encontraba muy despoblado, facilitando una mayor penetración de las huestes granadinas.


La batalla tuvo grandes consecuencias para el Reino de Murcia: puso fin a las dañinas incursiones de saqueo, pues los musulmanes pidieron una tregua de cinco años y en futuros conflictos permanecerían en su territorio hasta la Guerra de Granada; acrecentó el prestigio de Lorca y en particular de la Casa de Fajardo, germen de la influyente Casa de los Vélez; y en homenaje a San Patricio, cuya onomástica se celebra el 17 de marzo, día de la batalla, se le declaró santo patrón de la ciudad de Murcia y se le levantó una iglesia en Lorca sobre la que en 1533 se situaría la Colegiata de San Patricio tras la concesión del Papa Clemente VII en conmemoración de aquel victorioso día.

COMPOSICIÓN DEL TESORILLO