La Colegiata de San Patricio, se erigió sobre los restos de la iglesía de San Jorge y tras una cruzada.
La Colegiata de San Patricio esta siendo sometida a una profunda rehabilitación tras los daños que sufrió como consecuencia de los terremotos de mayo de 2011. Está cerrada a cal y canto, pero su exterior es visible. Gran parte de los daños de sus fachadas han sido ya restaurados, por lo que el monumento luce prácticamente en todo su esplendor.
Autor: Antonio Redondo. Plaza de España. 20-6-2015.
El templo es de los pocos que hay en España bajo la advocación de San Patricio. Su consagración al santo irlandés tiene su origen en la batalla de los Alporchones que se libró el 17 de marzo de 1452. En ella, se enfrentaron los habitantes de la ciudad con las huestes musulmanas granadinas que habían asolado la comarca de Cartagena. Tras la victoria cristiana San Patricio fue nombrado Patrón del Reino de Murcia.
Las obras de la iglesia colegial de San Patricio comenzaron en 1533, tras la bula de erección del Papa Clemente VII, sobre la modesta iglesia medieval de San Jorge. El empuje de la oligarquía lorquina que buscaba un proyecto que dignificara la imagen de su pujante ciudad, fue en buena medida la impulsora de esta obra, inspirada en la catedral de Murcia.
Un proyecto de Quijano
Plaza de España Lorca – CosasdeLorca.com
La construcción, no exenta de problemas, se dilató hasta 1780 siguiendo el proyecto de Jerónimo Quijano, maestro de las obras del Obispado de Cartagena. Fue concebida con aires catedralicios. Su interior se articula en tres naves, doce capillas laterales en los contrafuertes, coro y trascoro, girola con capillas radiales y torre campanario y elevado crucero.
La fachada principal, por su belleza y monumentalidad, constituye uno de los elementos más destacados de la Colegiata. En este imafronte se manifiesta la fusión de las influencias arquitectónicas granadinas y valencianas. Es una obra de clara factura barroca. Las secuelas del terremoto de 2011 aún son visibles en pináculos y estatuas, aunque muchos de los daños ya han sido reparados.
El templo está situado en la Plaza de España en la que también están el Ayuntamiento, los juzgados y la Casa del Coronel Poutous. Esta última se esconde detrás de un andamio cubierto por una tela mientras se trabaja en su recuperación.
Una de las modificaciones que irán aparejadas a la construcción de la Ronda Central será la desaparición del puente de Vallecas, que sirve de conexión, sobre la rambla de Tiata, de la avenida del Poeta Para Vico con el camino de los Chaparros y la calle Tomás de Aquino Arderius, que son dos de la vías que se utilizan para llegar a la zona del santuario patronal en la que se ha desarrollado un barrio importante, y a la pedanía de Tiata.
Este puente es relativamente moderno y se construyó para mejorar las comunicaciones por esa zona, que antes se hacían por medio de un vado en la rambla que quedaba inutilizado cada vez que se derivaba por la misma alguna riada del Guadalentín.
La solución que se pretende adoptar al ir la ronda por el lecho de la rambla es sustituirlo por una gran rotonda en la que confluyan todas las calles que existen allí.
Hoy desde Cosas de Lorca queremos homenajear a un personaje relevante en la historia musical de Lorca, a Don Luis Sanguiao Palma, más conocido como «Maestro Palmita», padre de nuestro paisano y conocido locutor de radio Luis Terry, y abuelo de la también guitarrista Mercedes Luján.
Aunque estaba afincado en Lorca desde hace muchos años. El Maestro Palmita era natural de Jerez y discípulo del gran Javier Molina ‘el mago de la guitarra’, creador de una escuela que aún perdura en esta ciudad tan flamenca.
Palmita unía a su calidad en el arte de la sonanta, un espíritu bohemio que le llevó a recorrer mundo, y así, de ésta forma llegó a ser profesor de guitarra de personajes como Soraya, la mujer del Sha de Persia. Desde hacía bastantes años se afincó en Lorca y creó un local cultural de ambiente flamenco, -La Cueva de la Guitarra-, donde han pasado todos los grandes artistas del flamenco que actuaban por la zona de Murcia, pues tenía un ambiente de peña flamenca. Con Almería, el Maestro Palmita ha tenido una gran vinculación, actuando muchas veces y siendo gran amigo de la familia que forman la Peña el Morato. sobre todo a través de Constantino Díaz.
Palmita era muy conocido en nuestra provincia, tocaba mucho en El Morato, en las jornadas del toro en la Terraza Carmona y en los chocolates de Retamar. También acompañó varias misas flamencas.
En el recinto ferial de Santa Quiteria, se ha celebrado un homenaje póstumo al querido profesor y guitarrista. La concejal de Cultura, Sandra Martínez, el hijo del homenajeado, Luis Terry, y la nieta, Mercedes Luján, presentaron el evento, al que se sumó una docena de artistas lorquinos, como Lola Lorca , Felicia, Rosa María Luján, Fran Botía, Fran Cano, José Antonio -El Andaluz-, Riki y su ballet, Pepe Albaladejo, Juan Marín, Ginés -El Púo-, Fina Morales y a la guitarra Mercedes Luján. También participó la escuela de danza de María Teresa Lazareno.
Hoy vamos a conocer un poco mejor al gran maestro Narciso Yepes.
Narciso García Yepes nació el 14 de noviembre de 1927 en Marchena (Lorca). Su infancia transcurrió en una casa de campo, en el seno de una familia de labradores.
A pesar de esta circunstancia, el padre de Narciso supo respetar la ilusión del pequeño en aprender a tocar la guitarra, y un día de septiembre en 1931 le compró una, pequeña y de juguete, en una feria del pueblo. Su padre le enseñó a afinar el instrumento, y dos semanas más tarde ya era capaz de imitar todo tipo de melodías.
Una de las anécdotas más recordadas al hablar de Narciso Yepes se remonta a su temprana niñez, cuando jugaba en su casa de campo de Lorca con un palo de madera. Su padre, Agustín, le preguntó un día qué estaba haciendo, y él contestó: ‘estoy tocando la guitarra’. Poco tiempo después, acabarían regalándole una de juguete, hasta que se hizo evidente la habilidad del pequeño talento.
Primeros estudios
La intuición del padre de Narciso quedó demostrada al ver que su hijo aprendía antes a leer música que a leer palabras, y con seis años comenzó a recibir clases de solfeo y guitarra. Sus primeros pasos los da en el Teatro Guerra de Lorca y en la radio local. Con sólo 7 años compuso sin escribirlo su famoso Romancero Anónimo.
Saboreó el silencio y el viento cuando iba a la ciudad a lomo de burro, para aprender las primeras notas y las primeras letras. Más tarde, recorría él solo en bicicleta los mismos caminos para ir a la escuela, con la solanera del verano o las heladas de invierno. Desde muy pequeño, comprendió el valor de la voluntad y de la perseverancia.
De adolescente, en la ciudad luchó contra la intemperie de la falta de medios, supliendo todas las carencias por una atención disciplinada e intensa que le permitía estirar el tiempo. Con quince años daba clases a alumnos mucho mayores que él y estudiaba de noche con libros prestados. La concentración y la memoria así adquiridas fueron el sello de su trabajo riguroso y creativo.
Sacó los títulos y los diplomas obligados con las máximas calificaciones. Autodidacta, aprendió desde muy joven a abrirse paso entre distintas corrientes y a rodearse de las personas que supieran incentivar su afán de superación, su creatividad latente y sus facultades para tañer la guitarra.
Fue acogiendo lo válido en toda enseñanza con el discernimiento implacable y flexible del que busca la Verdad. Sin alarde de nada, sin apoyo de nadie, él solo, con su talento a cuestas que aceptaba como don, fue avanzando y creciendo.
Sobrepasó las fronteras establecidas en la técnica de la guitarra, inventó leyes flexibles, hizo realidad de lo que su creatividad le dictaba, sin miedo a las críticas y a las repulsas de lo rígido y establecido. Matizó hasta lo indecible la búsqueda del sonido, su contenido, su colorido, siempre al servicio de la música que le era confiada. Se acercaba al análisis de las obras con una mirada nueva cada día. Esto le confirió esa manera de tocar que transmitía paz a los que le escuchaban.
Con trece años Narciso comienza sus estudios en el Instituto de Enseñanzas Medias y en el Conservatorio Superior de Música de Valencia, donde se trasladaron al comenzar la guerra civil. Se puede decir que toda su vida ha sido un aprendizaje constante: ‘Pobre de mí si no estudiara cada día’, decía ya con 67 años.
Así conoció al veterano Juan Lamonte de Grignón, creador de la Orquesta Sinfónica y de la Banda Municipal de Barcelona, que en sus últimos años dirigía la Sinfónica de Valencia. Gracias a él, encontró su primer trabajo dando clases particulares de bandurria y guitarra, y participaba en las tertulias que se organizaban en su casa, junto al catedrático Rafael Balaguer, el violinista Juan Alós o el astrónomo José Pigmalión.
También entró en contacto por esta época con el compositor Miguel Palau y los guitarristas Estanislao Marco y Joaquín García de la Rosa, antiguos alumnos del mítico Francisco Tárrega.
Pero su verdadero maestro fue, desde 1943, el compositor Vicente Asencio, quien le hizo cuestionarse las limitaciones de las técnicas de interpretación para tocar la guitarra.
Le pareció insuficiente el sonido de la guitarra de seis cuerdas y la dotó de más sonido, de más equilibrio sonoro, haciendo de su guitarra_de_diez_cuerdas un instrumento más expresivo y apropiado para tocar toda la música antigua sin necesidad de mutilarla con transcripciones.
Con 17 años da su primer concierto en el Teatro Serrano de Valencia. Ese mismo año (1944) termina en Valencia el bachiller y la carrera de música, en la que obtuvo premio extraordinario en todas las asignaturas, y regresa junto a su familia a Lorca.
Poco más de un año después, el gran director de orquesta Ataúlfo Argenta, accedió a la petición del joven Narciso y le escuchó tocar la guitarra. Inmediatamente se lo llevó a Madrid, consciente de su talento.
Una vez en la capital, empieza a dar conciertos privados en los círculos intelectuales, como en casa del escultor José Planes, en la de Antonio Oliver o la de los señores de Alcázar, siendo escuchado por Vicente Aleixandre, Luis Calandre y el cónsul Juan Guerrero Ruiz.
Sobrepasó las fronteras de España y se fue ganando el mundo hasta recorrer los cinco continentes. Año tras año volvía a los mismos lugares porque su público lo reclamaba. Dio recitales y conciertos en las más famosas salas del mundo; tocó con las más prestigiosas orquestas; colaboró con los mejores directores. Situó su guitarra de diez cuerdas en el más alto rango de la música clásica.
Numerosos fueron los compositores contemporáneos que escribieron para él y él transmitía el mensaje con imaginación y respeto, dando vida a las partituras. Tenía el don de intuir lo que el compositor deseaba escribir y que no encontraba forma de plasmar. Él lo hacía realidad interpretando la intención del compositor, recreando así las obras que estrenaba.
Joaquín Rodrigo y el Concierto de Aranjuez
El momento más importante en el comienzo de su carrera profesional se lo proporciona Ataúlfo Argenta, cuando le presenta al maestro Joaquín Rodrigo. Después de tocar para él, accede a interpretar su Concierto de Aranjuez el 17 de diciembre de 1947 en el Teatro Español de Madrid, junto a la Orquesta de Cámara de la capital, dirigida por Argenta.
Desde entonces, se sucedieron las actuaciones de Narciso en Madrid, París, y después por multitud de capitales y ciudades importantes de todo el mundo.
Su versión del Concierto de Aranjuez era un éxito allá donde lo interpretase, y lo graba por primera vez en 1954, dirigido por Ataulfo Argenta, convirtiéndose en el disco más vendido en Europa, América y Japón durante varios años. Narciso se traslada entonces a París, el centro de la cultura europea, durante tres años. Allí recibe clases del maestro rumano George Enescu (profesor también del famoso violinista Yehudi Menuhin) y de la parisina Nadia Boulanger.
Ha dado una media de 130 recitales por año y tiene la más extensa discoteca grabada hasta el momento por un guitarrista. En marzo de 1960 cambió el orden de sus apellidos. A partir de entonces, sería Narciso Yepes García, o más bien, Narciso Yepes, como ya se le conocía en todo el mundo.
En 1965 actuaría en Berlín con un nuevo instrumento ideado por él mismo: la guitarra de diez cuerdas, con la que resolvía las limitaciones del modelo tradicional.
Siete años estuvo luchando Narciso Yepes contra el cáncer que le costó la vida. Murió en Murcia, a la edad de 69 años, el 3 de mayo de 1997.
Pedagogo nato, transmitió a los que quisieron aprender de él lo mejor de sí mismo. Creó escuela para los que supieron aceptar su exigencia. Impartió clases magistrales por donde iba de gira. No se guardó ningún secreto de maestro: lo compartía todo con quien era capaz de entenderlo. Enseñaba más allá de la guitarra, más allá de la propia música: daba lecciones de vida con su ejemplo y su experiencia.
Trabajador infatigable, investigó en las bibliotecas del mundo y devolvió a la luz músicas olvidadas. Enriqueció la literatura de la guitarra con todo un repertorio de manuscritos en tablaturas. Siempre según el criterio de la conciencia de responsabilidad frente a toda obra de arte y a toda creación humana.
Esta constante de honradez y respeto en su trabajo y en su vida, confirió el sello tan peculiar suyo en su manera de interpretar la música.
Como renovador de la técnica de la guitarra, innovador de un repertorio tanto nuevo como antiguo, dejó constancia en los discos de su poder de transmisión. Grabó más de cincuenta, muchos de ellos únicos, como la Obra integral de Bach para laúd y para guitarra, estrenos de conciertos a él dedicados, obras inéditas, la mayoría de ellos premiados.
París
En la capital francesa recibió el encargo del director cinematográfico René Clement de una banda sonora para la película Juegos Prohibidos (Jeux Interdits), que más tarde ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes. Romance Anónimo, como se llamaba la composición, dio la vuelta al mundo y se convirtió en una de las piezas más escuchadas dentro de la música de cine, y de referencia para los alumnos de guitarra.
Además, aprovechó para estudiar Ornamentación de la Música del Renacimiento, Estética y Música de Cámara en La Sorbona, al tiempo que daba conciertos. Dedicó gran parte de su tiempo en investigar y recuperar más de 6.000 partituras de música antigua, e introdujo algunas novedades técnicas, como algunas modificaciones en la postura para coger la guitarra y forma de ejecutar los armónicos.
Guitarra de diez cuerdas
Pero uno de sus mayores logros fue la creación de la guitarra de diez cuerdas, a pesar de que Andrés Segovia, que había ennoblecido un instrumento popular llevándolo a las salas de concierto de todo el mundo, consideraba que la creación de Yepes era ‘innecesaria’.
Las dudas del maestro de Lorca sobre las posibilidades técnicas de la guitarra le llevaron a una profunda investigación desde la vihuela arábigo-andaluza y sus antecedentes, hasta la guitarra actual. Tras muchos años de búsqueda, Narciso llegó a la conclusión de que al instrumento tradicional le faltaban cuatro cuerdas para que sonase toda la escala y tuviese sus armónicos naturales.
NARCISO YEPES 1979
La primera guitarra con diez cuerdas se la encargó al luthier José Ramírez, y en 1965 actuó con ella en Berlín. Desde entonces, tocó siempre con el mismo instrumento, y la crítica musical se dividió en dos: los que estaban a favor y los que estaban en contra de esta innovación técnica.
Música antigua
Además, Narciso llegó a ser un experto en la música para laúd del Renacimiento y del Barroco, de la vihuela y la tiorba, y encargó una copia exacta del instrumento que utilizaba el compositor alemán Johan Sebastian Bach, llegando a descubrir cuál era la afinación que tenía entonces.
Una casa de discos alemana especializada en música antigua, le encargó la versión completa de las obras de Bach para laúd barroco, y el maestro de Lorca logró completar este enorme proyecto. Primero grabó las obras interpretadas con un laúd barroco, y después lo hizo con su guitarra de diez cuerdas. Así demostró que podía tocar las obras de Bach, originariamente escritas para laúd, sin necesidad de alterar ninguna nota. Algo completamente imposible de lograr con una guitarra tradicional de seis cuerdas, porque no cuenta con los sonidos más bajos.
Nos ha hecho un regalo universal y personal con su guitarra. Decía: “la música es parte de la vida y la vida es movimiento”. Él sabía muy bien que todo ese afán de movimiento del Arte sólo podía desembocar en el Amor del Creador.
Concierto homenaje en Lorca 1.979 con Banda Municipal dirigida por D. Rafael Rosell.Concierto en Cine Cristal 1.979 con Rafael Rosell
Fue fiel a su lema de dar amor a través de su guitarra y lo consiguió hasta en el último concierto. Y el público lo percibía. Hemos gozado mis hijos y yo de una manera privilegiada de este regalo indescriptible.
Su legado sigue intacto, vivo en su espíritu y en toda la herencia del trabajo de toda una vida, que nos ha dejado. Siento que tenemos la hermosa responsabilidad de transmitir y hacer partícipes de este privilegio a niños, adolescentes, adultos y mayores de todo el mundo.
HONORES DEDICADOS
Narciso Yepes recibió los más altos honores humanos. Primer Doctor Honoris Causa de la Universidad de Murcia en Filosofía, Académico de la Academia de Alfonso X el Sabio, Académico elegido por unanimidad de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, Premio Nacional de Música, siempre decía que no los merecía y los aceptaba como instrumento para transmitir el don recibido. Dos distinciones le emocionaban: la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, otorgada por su Majestad el Rey D. Juan Carlos I, el primer año de su creación, y el nombramiento de Hermano Bienhechor de la Orden del Císter por el Abad General de la Orden cisterciense.
El maestro de Lorca ha recibido más distinciones y premios, entre los que destacan: la Cruz de Comandante de la Orden de Isabel la Católica en 1961, Miembro de Honor de la Giuventú Musicale D’Italia en 1976, Premio Nacional de Música en 1986, Medalla al Mérito de las Bellas Artes en 1987, Miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1989 (tomando el sillón número 18, que había dejado libre Andrés Segovia), Nombramiento del Conservatorio de Lorca como ‘Narciso Yepes’ en 1995, tiene una calle en su ciudad natal dedicada a su nombre y el Homenaje en el Auditorio de la Región de Murcia en 1997, al que le seguirían varios más después de su muerte.Sello en homenaje del artista emitido en 2015.
GALERIA FOTOS NARCISO YEPES 1927 - 1997
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COSAS DE LORCA - NARCISO YEPES HISTORIA DE UN GRAN MAESTRO
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COSAS DE LORCA - NARCISO YEPES CONCIERTO TEATRO ROMEA MURCIA
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COSAS DE LORCA - NARCISO YEPES HISTORIA DE UN GRAN MAESTRO
INUNDACIONES DE LORCA Y COMARCA 1.973
La riada de 19 de octubre de 1973 está considerada como una de las peores avenidas conocidas, acaecidas en la península ibérica.
Se registraron precipitaciones del orden de los 250 litros por m2. Se alcanzó un caudal máximo de 3000 m3/s y el agua alcanzó 15 metros de altura en Puerto Lumbreras y 10 metros en Lorca.
La importante carga de materiales sólidos arrastrados (un 30% del caudal) aumentó la capacidad destructiva de las aguas a su paso por Puerto Lumbreras provocando sólo en esta localidad 89 muertos y numerosos daños en el pueblo.
La crecida llegó al Segura afectando poblaciones como Murcia, Orihuela y Rojales. También las provincias de Almería y Granada se vieron afectadas, en especial la población de La Rábita, en esta última la rambla de Albuñol, con una crecida de 2.500 m³/s para una cuenca de solo 120 Km² causó más de 40 muertos y otros tantos desaparecidos. El pluviómetro situado en Albuñol registró 600 mm (límite de su capacidad), concentrándose el grueso de la precipitación en 8 horas.
ANTECEDENTES:
La mayor parte del área drenada por la rambla Nogalte se sitúa dentro de la isoyeta de precipitación media anual de 400 mm, con una acusada disminución de las mismas en los meses de verano.2 En algunas ocasiones se producen intensas precipitaciones concentradas en cortos periodos de tiempo que ocasionan una fuerte escorrentía superficial que se incrementa con los aportes de otras ramblas que desembocan en la de Nogalte.
De este tipo de avenidas en la rambla de Nogalte se tiene registro histórico en el Archivo Municipal de Lorca: la riada del “Diluvio” en septiembre de 1568, la del 17 de septiembre de 1623, la del 15 de octubre de 1651 “San Calixto”, la del 28 de junio de 1877, la del 14 de octubre de 1879 “Santa Teresa”, precedida por la dañina, terrible, copiosa, y desoladora de 27 de junio de 1877.2 Ya en el siglo XX tuvo lugar otra riada catastrófica en 1948, conocida como la del “ranchito”.
Desde hoy vamos a ir publicando varias fichas con información de la riqueza ornamental existente en nuestra ciudad, donde vais a descubrir muchos detalles muy interesantes.
Empezamos con una ficha de la Casa de la familia Menchirón Pérez Monte, más conocida como Casa de los Mula del año 1.711.
Esperamos que sea de vuestro agrado.
En la actual Plaza de Juan Moreno de la ciudad de Lorca y frente al museo arqueológico municipal, encontramos la Casa señorial de los Mula o de los Menchirón Pérez-Monte, vivienda prototípica del barroco civil lorquino.
En el entorno de esta plaza se ubican importantes casas solariegas de los siglos XVI, XVII y XVIII, pertenecientes a la antigua aristocracia de Lorca.
Esta Casa-Palacio, situada cerca de los conventos de la Merced y Santo Domingo en un destacado lugar del casco antiguo, fue construida en el siglo XVIII en Estilo Barroco.
Construida en 1711 según proyecto del arquitecto Juan Caro Serrano, en la portada se advierten dos cuerpos: el inferior, con grandes pilastras que enmarcan la puerta; y el superior, con un gran balcón enmarcado por un querubín (ángel guardián de la gloria) arriba y columnas de orden jónico a ambos lados.
A continuación aparecen dos escudos (Pérez Monte y Menchirón) y un bello doselete de perfil semicircular en la parte superior.
Algunos detalles de la casa de los Mula que nombrabamos en el artículo anterior, para que la conozcamos mejor.
Se trata de un edificio de tres plantas con sencilla fachada, en la que destacan principalmente la bella portada que enmarca la puerta de acceso, los escudos nobiliarios de la familia, y la decoración de los vanos. La construcción fue concluida en 1711, fecha que aparece en una inscripción sobre la puerta. La casa, mandada edificar por la familia Menchirón Pérez-Monte, estaba compuesta por tres edificios contiguos y su interior fue remodelado en el siglo XIX.
ARQUITECTURA
El inmueble estaba compuesto por tres cuerpos, edificados en distintas etapas de construcción.
El edificio principal se encuentra situado en el centro, mientras que a la derecha de éste se ubicaba un cuerpo con dependencias destinadas al servicio y funciones de almacén. A la izquierda del cuerpo principal se construyó posteriormente un nuevo edificio en Estilo Ecléctico, rematado por azotea con balaustrada.
En la construcción del edificio se empleó la combinación de distintos materiales como eran el estucado, la mampostería y el ladrillo.
El cuerpo principal presenta una sencilla y elegante fachada de tres alturas, cuyo elemento principal lo constituye la portada que enmarca la puerta de acceso.
La portada realizada en piedra labrada, ha sido atribuida al Maestro cantero Juan Caro Serrano. Está situada en uno de los extremos de la fachada principal y encima de ella se sitúa un hermoso balcón. La puerta de acceso está enmarcada por pilastras adosadas al muro, apoyadas sobre pedestal y rematadas con capiteles decorados por relieves de mascarones zoomorfos. Sobre ellas se sitúa un dintel compuesto por doble cornisa en el que aparece una inscripción recordando la fecha en la que fue concluida la edificación.
En la segunda planta, y por encima de esta puerta, formando parte de la portada se sitúa un amplio balcón cerrado por barandilla con bella labor de forja. Este balcón queda flanqueado por pequeñas pilastras cajeadas coronadas por capiteles de orden jónico, y decoradas con relieves que representan frutos. Estas pilastras sustentan un frontón semicircular moldurado, ornamentado también con motivos frutales y vegetales. A ambos lados de este balcón se sitúan apoyados sobre pedestal los dos escudos nobiliarios de la familia, labrados en piedra.
Los balcones, que presentan una bella labor de rejería, se sitúan el en piso principal, mientras que en el piso superior aparecen pequeñas ventanas adinteladas. El edificio queda rematado por cubierta a dos aguas.
El interior fue remodelado en el siglo XIX, al tiempo que se levantaba el edificio de Estilo Ecléctico situado junto al cuerpo principal. En él se conservan algunas salas de esta época.
La Casa fue rehabilitada en el año 2000, radicando su importancia en la combinación de elementos arquitectónicos y decorativos pertenecientes a distintas épocas.
HISTORIA
En uno de los espacios más destacados del casco antiguo de la ciudad de Lorca se ubica la Casa señorial de los Menchirón Pérez-Monte, también conocida como Casa de los Mula.
El lugar, conocido tradicionalmente como La Alberca por el estanque que allí existía, fue elegido durante los siglos XVI, XVII y XVIII por muchas familias aristocráticas lorquinas para establecer en él sus residencias. Muy cerca de este lugar se encontraban los conventos de la Merced y Santo Domingo, y casas como la de los Salazar Rosso, actual sede del Museo Arqueológico de la ciudad.
El edificio fue mandado construir por los Menchirón Pérez-Monte a principios del siglo XVIII con el fin de establecer allí su residencia habitual. La construcción, de Estilo Barroco, fue concluida en 1711.
La realización de la bella portada de piedra ha sido atribuida al Maestro cantero Juan Caro Serrano. En ella aparecen representados en piedra labrada los escudos nobiliarios de los apellidos familiares.
A su derecha se situó una construcción destinada a albergar las dependencias del servicio de la casa y a servir como almacén. Ambos edificios fueron realizados en el siglo XVIII, mientras que el cuerpo situado a la izquierda fue construido en fechas posteriores.
Esta construcción, de Estilo Ecléctico, presenta elementos arquitectónicos y decorativos propios del siglo XIX. Fue en esta época cuando se llevó también a cabo la remodelación interior de la casa, conservándose en la actualidad algunas de estas salas.
La historia de Lorca tiene en su haber varias personalidades que han dado nombre a calles, teatros, centros culturales e instituciones sanitarias, una manera de conseguir que sus «padrinos» permanezcan en la memoria colectiva de los ciudadanos que las visitan.
El hospital Rafael Méndez recuerda a los lorquinos a uno de sus científicos más relevantes, farmacólogo con más de sesenta años de actividad científica que nunca olvidaría sus orígenes a pesar de la distancia que le separara de ellos durante muchos años.
El doctor Don Rafael Méndez Martinez, fue una de las personalidades científicas que compartió en la Residencia de Estudiantes de Madrid, junto a grandes literatos, filósofos e investigadores, uno de los momentos de mayor esplendor de la cultura española. Los nombres de García Lorca o Severo Ochoa formaron parte de sus vivencias, vivencias que dejaría reflejadas en sus memorias.
Entre las distinciones que recibió en su tierra natal, destacan el doctorado Honoris Causa por la Universidad de Murcia en 1982, el nombramiento de Hijo Predilecto de la Región y de Lorca en 1990, y la ya mencionada nominación del hospital de su ciudad natal con su nombre.
HISTORIA
Rafael Méndez Martínez nació el 19 de agosto de 1906 en el barrio de San Cristóbal. Fue el menor de siete hermanos. Su padre, José, se ganaba la vida entre la agricultura y la ganadería. Su madre, Águeda, repartía su jornada entre las labores de la casa y el negocio familiar, una confitería céntrica del mencionado barrio. Pocos imaginaban que aquel pequeño nacido en el seno de una familia numerosa se convertiría en una figura importante en el mundo de la Medicina.
Su formación comenzó con los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Allí cursó Primaria aunque el Bachillerato lo hizo por libre presentándose sólo a los exámenes que se realizaban en Murcia. Dos de sus hermanos influyeron en su elección por la Medicina. Uno era médico y el otro farmaceútico. El camino estaba trazado. En 1921 iniciaba sus estudios en la Facultad de Medicina de Madrid.
No todos los aspirantes a médico pueden presumir de contar entre sus amistades con personalidades de la talla de Severo Ochoa, Luis Buñuel, Federico García Lorca, y Salvador Dalí.
Obtiene la titulación, y aún antes de graduarse, opta por la investigación farmacológica, impulsado por sus maestros Teófilo Hernando y Juan Negrín.
Precisamente de la mano de Negrín entraría en Política. «Después de delicadas misiones en París y Washington vuelve a España, donde es designado sucesivamente, director de carabineros y Subsecretario de Gobernación.
Al final de la guerra, cumple unas últimas tareas para el gobierno republicano al fungir como cónsul español en Perpignan, ciudad francesa a donde emigran miles de españoles republicanos que se ven obligados a dejar su patria», recuerda en un artículo el director del Centro para la Innovación Tecnológica de la Universidad Nacional Autónoma de México, Jaime Martuscelli.
Su primera mujer Angelita
El lorquino decidió marcharse a Estados Unidos. «Después de varios años como investigador en las universidades de Harvard y Loyola, acepta en 1946 una invitación del maestro Ignacio Chávez para ser jefe del departamento de Farmacología del entonces recién creado Instituto Nacional de Cardiología. Permanece como investigador los siguientes 40 años de su vida».
En el año 1945 murió su primera mujer, Angelita, y ya en México volvió a casarse con otra refugiada española, Marga.
Con su segunda mujer Marga en Mexico
En el año 1963 el gobierno franquista dio permiso al doctor Méndez para que volviera a España cuando lo desease. Sus visitas a su país de origen se hicieron constantes «y durante la transición colaboró estrechamente con Manuel Fraga Iribarne para facilitar el regreso de los refugiados políticos españoles». El Rey Juan Carlos I le entrega en 1981 la Gran Cruz del Mérito Civil.
En el año 1982 la Universidad de Murcia de otorgó el doctorado Honoris Causa. Tres años después, de vuelta en su país de adopción, fue designado coordinador de los Institutos Nacionales de Salud, puesto que ocupó hasta su fallecimiento. «No es fácil imaginarse el Instituto de Cardiología sin la presencia de Rafael Méndez, hombre en quien todo el que se le acercaba encontraba siempre el consejo sabio o la frase amable y conciliadora», relata Martuscelli.
Con amigos en el exilio de México
Durante su cerca de medio siglo en México publicó un centenar de artículos de manera ininterrumpida. También creó una escuela de Farmacología Cardiológica que incluyó estudios sobre los digitálicos, las drogas con actividad antiarrítmica y la circulación coronaria.
Los que lo conocieron dicen que no era amigo de reconocimientos, pero tuvo varios: el de la Academia Nacional de Medicina de México, el de la Sociedad Mexicana de Cardiología, el Nacional de Ciencias, el Luis Elizondo, el de la Fundación Rodríguez Pascual y el de la Universidad Nacional.
En 1983 recibió el título de Hijo Predilecto de Lorca y Murcia. En 1990, el propio Méndez acudía a la inauguración del hospital comarcal que lleva su nombre.
A los 84 años se despidió de la vida en el país que lo había acogido y en el que desarrolló la mayor parte de su trayectoria profesional. «Hombre discreto y de vivir austero, ejemplo de rectitud y honestidad, de ideales firmes, no tolerante de la mediocridad, fiel a las instituciones, de comportamiento independiente, nunca dado a la actitud servil pero siempre listo a ofrecer el mejor consejo». Así describe su colega al médico lorquino más internacional.
La función comercial lorquina en los preludios de la romanización
Las primeras villae romanas en el Alto Guadalentín están documentadas en el siglo I a.C., constituyendo buenos ejemplos la Torre de Sancho Manuel y La Hoya de la Escarihuela. En los albores de la conquista romana, Lorca funcionaba como un establecimiento mercantil, que recibía la llegada de importantes cargamentos de ánforas púnicas para su posterior comercialización. Esto se realizaba aprovechando su estratégica situación en el corredor Levante-Andalucía y en el camino de penetración de Cartagena hacia el interior (Vía Augusta).
Los objetos de origen itálico y norteafricano, hallados en las excavaciones arqueológicas de Lorca, ponen de manifiesto la existencia de un nudo comercial, que completaría su función mercantil con actividades derivadas de la explotación de la agricultura, la ganadería, la alfarería y la transformación de los metales, especialmente la plata. A partir del siglo I d.C., los habitantes del núcleo urbano lorquino conviven con la población de las villae romanas y otros enclaves distribuidos por las fértiles tierras del valle del Guadalentín.
La mítica Eliocroca
Las estructuras descubiertas en Lorca permiten relacionar la ciudad con la Eliocroca mencionada en el ‘Itinerario de Antonino’ (a 44 millas de Cartagena) y en el Concilio de Elvira (300-302 d.C), donde aparecen el obispo Suceso y el presbítero Liberal, representando a la ciudad. Este núcleo urbano debió nacer como consecuencia de la intensa actividad comercial llevada a cabo por los romanos a lo largo del proceso de romanización, y que traería como consecuencia el trazado de vías, a lo largo de las que irían surgiendo nuevos núcleos poblacionales. Eliocroca debió localizarse en las inmediaciones de la calzada romana, cuyo trazado se dirige siguiendo el curso del Guadalentín hacia el río Corneros, en uno de cuyos márgenes se descubrió la columna miliaria del emperador Diocleciano (284-305 d.C.). Se ha identificado la localización de esta ciudad romana con el actual emplazamiento de Lorca.
La aparición de una extensa necrópolis romana con importantes hallazgos en las afueras de Lorca y su supuesta localización en las márgenes de la Vía Augusta, llevaron a denominar como cementerio de Eliocroca a la necrópolis de una villa rural, situada en en el paraje de la Casa de las Ventanas. La importancia del período romano de Eliocroca, siempre al amparo del esplendor de Cartagena, se culmina con la existencia de una sede obispal en la ciudad, documentada a comienzos del siglo IV. Para dar salida a los productos de Eliocroca y abastecerla de productos itálicos, los romanos construyeron el puerto de Aquila (Águilas).
La proliferación de villae romanas por el campo lorquino
A partir del siglo II d.C., el poblamiento rural alcanza gran estabilidad con más de cuarenta villas distribuidas por el actual término municipal de Lorca. Las villae romanas más importantes de Eliocroca fueron las de Los Villares, cerca del río Turilla; la Torre de Sancho Manuel, en Cazalla; la Hoya de la Escarihuela y la Casa de las Ventanas en la Torrecilla, que además contaba con necrópolis. Estos abundantes asentamientos romanos estaban dedicados a la explotación agrícola de la vega del Guadalentín. La mayoría de las grandes casas romanas del campo lorquino se emplazaron cerca de fuentes o nacimientos, que permitían el desarrollo de la explotación rural, a la vez que suministraban agua para ninfeas, piscinas y termas.
Paralelamente a la proliferación en el campo lorquino de grandes villas romanas aparecen también pequeñas explotaciones situadas en llanos y asociadas a nacimientos de agua, que atestiguan la presencia de modestos productores o colonos. Las excavaciones de La Quintilla, situada en las últimas estribaciones de Peña Rubia, han permitido documentar una de esas importantes villae, propiedad de ricos personajes.
La inexpugnabilidad lorquina en época visigoda
Durante los siglos V al VII d.C. se produce la consolidación de la población emplazada en la amplia meseta del Cerro del Castillo, aprovechando sus excepcionales condiciones geopolíticas y de control de comunicaciones. Los testimonios arqueológicos confirman la continuidad urbana de Eliocroca con posterioridad al siglo V, hecho constatado al ser una de las ciudades citadas en el Pacto de Teodomiro. Quizás las ventajosas condiciones estratégicas del Cerro del Castillo pudieron hacer de Lorca un establecimiento bizantino situado en primera línea fronteriza contra los visigodos y vinculado a la ciudad de Cartagena.
A partir de las fuentes materiales que han aportado las excavaciones arqueológicas, únicamente se puede constatar la función económica que debió ejercer sobre el corredor del Valle del Guadalentín. El Guadalentín sería una importante vía de comunicación con un amplio ámbito rural en su entorno, por donde llegarían productos importados procedentes de la ciudad portuaria de Cartagena.
La inexpugnabilidad del Cerro del Castillo de Lorca ha dificultado sobremanera su posesión mediante conquista, siendo efectuada, en términos generales, a través de capitulaciones. Éste es el motivo por el cual resulta bastante probable que nunca fuese conquistada por los visigodos. Con la invasión musulmana, el rural y disperso mundo tardorromano se va a transformar en urbano y amurallado, con puertas que lo comunican con una feraz huerta, drenada por canales y acequias.
La asociación Bosque O2 Lorca, dedicada a la repoblación forestal, propone la plantación de bosques como regalo de boda, nacimiento o aniversario y el apadrinamiento de ejemplares como fórmulas atractivas y novedosas para evitar la desertificación de espacios naturales vulnerables del municipio.
El portavoz del colectivo, Pedro Quiñonero, que habitualmente trabaja con colegios y con empresas, explicó que la asociación abre así sus formas de colaboración con la tarea de repoblación forestal en la que están inmersos.
Solo en los dos primeros meses del año su organización ha plantado medio millar de árboles en la sierra del Monte Madroño y los Alagüeces en la pedanía de Zarzadilla de Totana.
La fórmula del bosque como regalo o la de apadrinamiento de árboles consisten en la plantación de los ejemplares, en el seguimiento de los mismos a través de una ficha digital georreferenciada y el compromiso de cuatro riegos a los plantones en los dos primeros años para garantizar la supervivencia de un 80 por ciento de ellos.
Quiñonero argumentó que «el nacimiento de un hijo o una boda» pueden ser un buen argumento para conmemorar el acontecimiento con la plantación de esos árboles que luego pueden ser visitados por sus padrinos con sus coordenadas para una fácil localización.
La responsabilidad social corporativa de las empresas es otra de las vías de colaboración con este colectivo, que ya ha conseguido que una empresa proveedora de servicios de internet y telefonía plante la primera fase de su propio bosque con 70 árboles en la sierra de Zarzadilla de Totana.
Hasta ahora se ha intervenido en una hectárea, de las 15 en las que se podría intervenir, con la plantación de especies autóctonas como pinos carrascos, coscojas o lentisco.
Le ha tocado el turno de renovación a la calle Cava, en pleno casco histórico de la ciudad, una de las más transitadas al situarse en medio de todos los itinerarios turísticos. En poco más de una semana será levantado el viejo pavimento para reponerlo con adoquines de mejor calidad, mármol y granito negro. En un intento por dar mayor atractivo a esta vía de la vieja ciudad mejorando su imagen, el Ayuntamiento ha programado una reforma integral que comprenderá también otras calles adyacentes, Mata, Soler y Travesía de Soler.
Se conectará así el mejorado barrio de San Juan y la restaurada muralla medieval con la Plaza de España, según explicó la concejal de Empleo Eulalia Ibarra.
La actuación en la calle Cava se extenderá desde el arco de la Colegiata de San Patricio hasta la confluencia con la calle Marsilla. Los trabajos se prolongarán durante seis meses con un presupuesto de ejecución de 434.700 euros procedentes de la consejería de Obras Públicas de la Comunidad Autónoma.
El proyecto comprende la modernización de las redes de abastecimiento de agua y de saneamiento, la creación de una red de pluviales y la sustitución de 22 farolas por otras del mismo estilo clásico pero tipo led para promover el ahorro energético.
También se soterrarán más de 600 metros lineales de cableado de alumbrado público y se colocará una canalización para que Iberdrola proceda al soterramiento de las líneas de baja tensión. Está previsto canalizar unas redes de telecomunicaciones y se prestará especial atención al arco que comunica la calle Cava con la Plaza de España para darle más protagonismo con la colocación de seis proyectores led de iluminación indirecta.
Las actuaciones también afectarán a la escalera que comunica en el otro extremo de la calle con La Alberca. Será demolida la actual, se colocarán nuevos peldaños de mármol y una barandilla de acero inoxidable.
Nueva imagen en Rubira
Los trabajos de remodelación de la calle Rubira en el barrio de Santiago, también en el casco antiguo, han concluido tras tres meses y medio de obras. Nueve desempleados participantes en los programas municipales de empleo se han dedicado a la mejora de infraestructuras básicas. La obra, valorada en 75.000 euros, ha incluido la sustitución del pavimento con adoquín prefabricado románico y combinado con una zona peatonal de piedra natural al mismo nivel.
Bajo esta superficie se ha procedido a la sustitución y mejora de la red de abastecimiento de agua potable. También se han renovado las redes de saneamiento y se ha instalado nuevo alumbrado público con la sustitución de luminarias de farol por otras de tipo led y va a ser eliminado el cableado aéreo.
El recinto ferial de Santa Quiteria está abocado a una actividad intensa en los próximos meses ya que desde el Ayuntamiento se pretende que el nuevo recinto esté terminado en su primera fase antes de finalizar el presente año. El proyecto elegido incluye, junto a los pabellones que estarán dedicados preferentemente a exposiciones, un auditorio y varias salas de conferencias.
Cuando todas las obras estén finalizadas, la superficie total que ocupará el recinto será de unos 12.500 metros cuadrados a nivel de planta baja. A ellos habrá que sumar las instalaciones que irán en una primera planta, como es el auditorio, las salas de conferencias y otros servicios.
El total del espacio sufre algunas modificaciones en relación con el actual complejo ferial. En el proyecto se contempla una cierta remodelación del entorno para mejorar las calles Horno, Santa Quiteria y Pintor Salvador Zamora. Está previsto instalar, además, un nuevo colector para eliminar los problemas actuales que tienen los vecinos y el ensanche de las calles, en especial en las zonas más angostas, así como la eliminación de barreras arquitectónicas. Estas obras están contempladas en las actuaciones para recuperación de la ciudad tras los seísmos terremotos de 2011.
Las obras que se van llevar a cabo en la primera fase del nuevo recinto ferial consistirán en la construcción de tres pabellones con sus fachadas principales hacia la plaza del Huerto de la Rueda. Ésta perderá algo de superficie por la necesidad de que uno de los pabellones ceda espacio para el ensanche de la calle Horno.
El pabellón más cercano a esa calle estará destinado en su totalidad a exposiciones. Junto a él habrá otro pabellón para la recepción y más espacio expositivo. Sobre este segundo pabellón, que ocupará el centro del complejo, es donde irá, en una planta superior, el auditorio, con capacidad para 900 personas, y las tres salas de conferencias con capacidad para 250, 100 y 60 plazas. Habrá diversos accesos con el objetivo de que su utilización pueda ser independiente, haya o no alguna feria.
Todavía habrá un tercer pabellón, solo de planta baja, más cercano a la calle Santa Quiteria, que irá retranqueado en relación a los dos anteriores, en el que está previsto un local de 300 metros cuadrados para cafetería y restaurante. Encima llevará una terraza de 900 metros destinada a eventos al aire libre, por la que también se podrá acceder al auditorio.
Bajo esos tres pabellones, que en conjunto ocuparán una superficie de casi 3.500 metros cuadrados y que abarcarán toda la fachada principal, se situará un sótano de las mismas dimensiones que, en principio, está destinado a almacén.
Segunda fase
Los trabajos de la primera fase, que en buena parte están financiados con fondos europeos, terminarán antes de final de año. La segunda fase seguirá sin tregua hasta la culminación total del proyecto. En esta etapa se contempla la construcción de otro gran pabellón, que ocupará prácticamente todo el fondo del recinto, con una superficie de 4.800 metros cuadrados, destinado a albergar las exposiciones de ganado.
Entre los pabellones de la primera fase y el de la segunda quedará un patio multifunción, cubierto con lonas, con una superficie en torno a los 2.200 metros cuadrados. Las instalaciones generales contarán con toda clase de servicios, así como con locales para la gestión de las ferias.
El presupuesto total asciende a unos 14 millones de euros, cuya financiación procede de tres fuentes. Parte de la primera fase, valorada en unos siete millones de euros, procede en su 80% de fondos europeos y el otro 20% del dinero que se recaudó con el sorteo para Lorca de la Lotería. El resto, incluidas las obras en las calles del entorno, será financiado por la Comunidad Autónoma.
Hoy amanece un Domingo lluvioso y me he levantado como muchos lorquinos con ganas de migas, ¿que os parece si nos atrevemos a prepararlas?
Las migas son un plato típico de muchas regiones de España, se trata generalmente de migas elaboradas con pan duro, en Lorca como en la mayor parte del Sudeste Español, se elaboran con harina de trigo, generalmente en invierno y como mejor se comen, es en un día lluvioso.
Según algunos historiadores estas migas provienen quizá del cuscús magrebí; en los territorios cristianos se le echaban derivados de cerdo para distinguirlo de la comida árabe y judía.
En las zonas rurales siempre ha sido un plato de pastores y segadores, que con pocos elementos (harina, tocino salado y agua) que tenían a su disposición, les aportaba energía para su duro trabajo. Hoy en día se trata de un plato solicitado en invierno, que preparan en restaurantes y se realiza en todos los festejos de zonas rurales con gran éxito (concursos de migas). Lo que aquí se llaman “tropezones” suelen componerse de: longaniza, salchicha, ñoras, morcilla, tocino, o lo que más nos guste para la receta.
Es típico comer las migas acompañadas de aceitunas, rábanos o alguna fruta como la uva, naranja, granadas, incluso con chocolate etc.
La receta de hoy esta adaptada para realizar en sartén AMC con tapadera de cúpula, pero se puede realizar en otro tipo de sartén, habrá que tener en cuenta que se deberá de aumentarse un poco el agua y el aceite en otro tipo de utensilio.
Ingredientes (4 comensales)
150 gr. de tocino salado.
200 gr. de salchicha fresca.
200 gr. de costillejas de cerdo.
8 ajos tiernos
2 vasos de 250 ml de agua.
3 vasos de 250 ml. de harina.
aceite (100-120 ml.)
sal
Cómo hacer Migas lorquinas paso a paso
Comenzaremos friendo los ajos tiernos en la sartén donde habremos puesto unos 100 ml. de aceite de oliva, después añadiremos los demás “tropezones” de nuestras migas: la salchicha, las costillejas de cerdo, y por ultimo el tocino.
Cuando todo este bien dorado los reservamos y pondremos el aceite del sofrito en un vaso para luego añadirlo a las migas.
En la sartén añadiremos el agua, en este caso para cuatro personas pondremos 2 vasos de agua de 250 ml. cada uno, añadiremos la sal y esperamos a que el agua inicie a hervir, seguidamente añadimos la harina (3 vasos rasos de 250 ml. de capacidad) y comenzamos a amasar dejando a fuego medio bajo.
Cuando tengamos la masa realizada aportaremos el aceite por los bordes y en el centro y le damos unas vueltas para integrarlo en la masa.
A continuación tapamos y esperamos unos 5 minutos, destapamos y les damos unas vueltas cortando la masa; volvemos a tapar y dejamos otros 4-5 minutos y volvemos a mover para que se vayan soltando.
Este proceso lo repetimos tantas veces sea necesario para conseguir el tamaño de miga deseado. Cuando estén las migas del tamaño deseado, añadimos los tropezones, les damos unas vueltas con las migas y listas para servir.
Como se hace según receta de Julian Rufete para AMC
Como todos los Viernes de Dolores, a las 19’00 h. se inicia la «Procesión de la Santísima Virgen de los Dolores», el primer desfile del ciclo pasionario lorquino en el que participan todas las cofradías.
El Paso Azul pone en procesión la mayor parte de su «Cortejo de la Redención» y a su imagen titular Nuestra Stma. Virgen de los Dolores que cierra dicha procesión.
Esta procesión tiene su punto de partida en la iglesia de San Francisco y recorre las calles Cuesta de San Francisco, Príncipe Alfonso, Lope Gisbert, Floridablanca, Avda. de Juan Carlos I, Santa Paula, Príncipe Alfonso, cuesta de San Francisco.
La procesión se da por finalizada con la recogida de la Virgen de los Dolores en su trono de andas, obra de Juan Borrero, a su sede, la Iglesia de San Francisco.
Pone la piel de gallina ver en tiempo real los efectos del terremoto de Lorca del 11 de mayo de 2.011. Grabación realizada por un alumno saliendo del centro educativo mientras se produjo el terremoto.
Bajo los muros del Castillo, en la parte del este, se halla una pequeña balsa cuadrada, construida con grandes sillares. La tradición la supone encantada por una bella princesa mora. Dicen, que al nacer la madrugada de San Juan, la joven aparece sentada al borde de la balsa y refiere su historia al mortal que se aproxima.
La joven no es otra que Halewa, que muestra la hermosura de las hadas, la misma que cautivó con sus ojos negros al noble caballero Meruan. En silencio vivían su amor, a la espera de que éste pudiera aflorar sin grandes despropósitos. Ella, hija del rey Abu Muhamad. El, protagonista de numerosas hazañas contra las tropas del Rey Alfonso y del Cid.
Quiso el destino que un día se separaran. Antes de su marcha, Halewa le dijo: «Confío a tu custodia este listón verde de mi tocado, que te dirá siempre que Halewa te pertenece hasta el punto de no poder vivir sino para tu amor». Se marchó al Castillo de Xiquena. Su cercanía, y las sombras de la noche, permitían visitas frecuentes.
«No te olvides, por mi honor, que va ya a nacer la aurora, y que antes que se disipen las sombras, debes salir de este aposento. Contigo vaya el juramento de mi eterno amor», le decía la enamorada mientras él se deslizaba por una escala de seda. Antes de su marcha el noble guerrero depositó un ardiente beso sobre la mano de la joven, como un juramento de eterno amor.
Meruan consiguió toda clase de suertes en las batallas que disputaba. Tal fue, que el rey le nombró capitán de caballería en medio de las aclamaciones del ejército. Pero otro hombre se disputaba el amor de la bella princesa. No era otro que Abu Hassam ben Elisa, que poseía el afecto y la confianza del padre.
El rey Muhamad se vio obligado a marchar hacia Almería. Mientras, la frontera reclamaba la presencia constante de Meruan, y el Castillo de Lorca quedaba al cuidado de Hassam. La muerte del primer rey lorquino no tardó en llegar y Hassam vio más cerca que nunca su desposorios con la joven. Su único obstáculo era Meruam al que una noche citó haciéndose pasar por la enamorada.
En su camino, a la altura del Cejo de los Enamorados, le prepararon una emboscada. La lucha fue encarnizada y Meruam viéndose morir se arrojó por el precipicio. A lo lejos llegaba la joven, que oyó su último grito. Allí, sólo quedaba Hassam que le pidió amor. La negativa le llenó de ira y le dijo que la convertiría en esclava de la que fuera su mujer.
Halewa vio al borde del precipicio la cinta que le diera a su amado cubierta de sangre y se arrojó junto a él. Un mago que acompañaba a Hassam queriendo adular a su amo evocó con mágico conjuro a las furias infernales y pidió que la joven vagara errante por el Castillo, permaneciendo encantado hasta la muerte del último de los descendientes de Hassam.
Esta historia, convertida en leyenda, aparece narrada en el volumen Escritos y estudios de un cronista de Lorcadel presbítero José María Campoy García. En sus últimas líneas asegura que en una de esas madrugadas de San Juan la propia Halewa le relató «la triste historia» que acabo de contar.
Una vez desaparecido el peligro fronterizo con la toma de Granada en 1492, las murallas de la ciudad fueron perdiendo su función fundamental que era la defensa de la ciudad, pasando a ser censadas por el concejo y reutilizadas como viviendas.
A partir de principios del siglo XVI la ciudad comienza a salir fuera de las murallas, quedando la cerca medieval inmersa en la trama urbana. Este hecho fue determinante para la conservación del perímetro amurallado; la mayor parte de las torres y lienzos de muro quedaron conformando dos niveles que condicionaron y condicionan el urbanismo de una gran parte de la ciudad.
Aprovechando estas dos alturas surgen en el entorno de la muralla las calles de los Pozos y Rambla en la zona próxima al cauce del Guadalentín y las calles Zapatería y Cava entre las puertas de San Ginés y Gil de Ricla. En este último sector se fueron adosando y cimentando sobre la cerca importantes edi-
ficios: el Convento de las Mercedarias de Madre de Dios con su bella iglesia rococó (siglos XVII-XVIII), el Colegio de la Purísima (siglo XVIII), la Colegiata de San Patricio (siglos XVI-XVII) sobre la iglesia medieval de San Jorge (siglo XIV), la Casa del Corregidor (siglo XVIII), el Pósito de los Panaderos (siglo XVI) y el Pósito de labradores (Cárcel) (siglo XVIII).
La calle Zapatería va a desembocar en el porche de San Antonio, también conocido como de San Ginés. Este complejo cercado por dos sólidos cubos dispuestos para su defensa, presenta una puerta de codo, de tradición musulmana, con arco apuntado de sillería que enmarca el acceso con tres molduras de decoración geométrica.
Los importantes restos conservados demuestran que toda la muralla se reedificó a partir del siglo XIII, siendo visibles sus cubos y lienzos desde la calle Rambla, paralela al río, hasta el porche de San Antonio, embutiéndose a continuación en las construcciones de la calle Cava -que recibe su nombre por estar sobre el foso o «cava» de la muralla-, lo que ha permitido un excelente estado de conservación.
Testigos de este recinto vuelven a aparecer en el patio del convento de las Mercedarias, de la Purísima y torreón exento de la calle Rojano.
En este trazado se encontraban las dos principales, nombradas de Gil Ricla y de los Santos, abarcando el espacio de lo que hoy es la Catedral de San Patricio.
Lorca en el umbral de la Cristiandad, y el protagonismo de los Fajardo.
En el año 1243 el infante don Alfonso firma con el reyezuelo de Murcia el Tratado de Alcaraz, por el que los castellanos recibían las fortalezas y el pago de un canon fiscal a cambio de respetar las vidas, bienes, costumbres y religión de los mudéjares. Lorca se resistió a admitir la autoridad murciana, pero tuvo que capitular en 1244, pasando a manos cristianas. Con la conquista castellana Lorca continuó desempeñando su papel de núcleo de una rica comarca agrícola y de importante actividad artesanal, pero su carácter fronterizo dificultó el desarrollo de la agricultura.
Lorca se convirtió en la llave del reino castellano, pero también en la base de partida para las incursiones en territorio enemigo.
FACHADA IGLESIA SANTA MARIA QUEMADA EN LA GUERRA CIVIL
Este período fronterizo de Lorca dificultó mucho el poblamiento del lugar, ya que el peligro continuo de la guerra o del cautiverio, unido a las reiteradas epidemias, despoblación, abandono de tierras y las malas condiciones de vida bajo un clima subdesértico, hicieron de la supervivencia en Lorca toda una hazaña. Las continuas correrías granadinas llevaron a los habitantes de Lorca a prestar mayor atención a la ganadería, ya que resultaba más fácil de salvar que una plantación.
El peligro fronterizo influyó en la vida de la población que, atemorizada, decidió concentrarse en el recinto de la villa y en su fortaleza. La frontera granadina transformó también el carácter de la población lorquina, ya que en tiempos bélicos la frontera se tornaba en una tierra de posibilidades, donde un plebeyo podía convertirse en noble a través de servicios militares, puesto que en los últimos retazos de la Reconquista, la guerra era considerada un oficio con reconocimiento social.
La sublevación mudéjar y la repoblación cristiana de la frontera:
Tras el fallecimiento de Fernando III en 1252, Alfonso X comenzó una política de afianzamiento del poder y de la frontera cristiana, desplazando a la población mudéjar e imponiendo el modelo cristiano sin tregua. Esta política de Alfonso X desencadenó la sublevación mudéjar de 1264. Murcia cayó en manos de los sublevados y en Lorca sólo se reveló la villa, aguantando la guarnición castellana de la fortaleza al mando de Diego Sánchez de Bustamante.
Torre Alfonsina del castillo de Lorca.
La intervención de Jaime I de Aragón, en ayuda de su yerno Alfonso X ‘El Sabio’, puso fin a la sublevación mudéjar y el Rey castellano expulsó a grandes contingentes de mudéjares, especialmente en Lorca.
Se inicia así un nuevo capítulo en la Historia lorquina: el de la repoblación cristiana. Con el dominio cristiano Lorca, al igual que Murcia y Cartagena, se convierte en concejo de realengo, dependiente de la Corona y provista de fueros especiales. Lorca recibió numerosos privilegios por su situación fronteriza.
Fue en el Fuero de Lorca, donde se le otorgó el derecho a tener sello propio con distinción. El nuevo modelo de civilización necesitaba un estandarte que se erigiese como emblema y que pudiese ser contemplado por todos. Ésta fue la razón de la construcción de una gran Torre del Homenaje que culminase el alcázar: la Torre Alfonsina.
Entre la Corona de Aragón y don Juan Manuel
La muerte de Alfonso X en 1284 desencadenó una guerra civil entre las dos Coronas por el control del reino murciano, que terminó cayendo en manos aragonesas.
Pero en 1304, el Tratado de Torrellas resolvía que la zona sur del reino murciano sería devuelta a Castilla, Lorca incluida.
Los años siguientes fueron de intensificación de la crisis de despoblación y de desarrollo ganadero.
FACHADA CONVENTO LA MERCED
A principios del siglo XIV Lorca se encontraba dominada por el gran noble del momento de Castilla: don Juan Manuel, convertido en adelantado mayor del reino de Murcia. Este siglo XIV, en el que Lorca gravitó entre las manos de los aragoneses y de don Juan Manuel, fue de duras crisis en toda Europa, agravadas por la Peste Negra del año 1348.
A partir de entonces, y de forma periódica a lo largo de tres siglos, la epidemia caería sobre Lorca, con el colofón de la de 1648. Un hecho destacado del siglo XIV y que caracterizará los aprovechamientos hídricos en Lorca fue la subasta del agua (alporchón), que suponía una separación del líquido vital y de la tierra.
La Batalla de los Alporchones y la Colegiata de San Patricio
La batalla más emblemática del pasado fronterizo lorquino fue la de Los Alporchones. Aquella sociedad del umbral de la cristiandad se articulaba en torno a un gran linaje: el de la Casa Fajardo, del que Alonso Fajardo ‘El Bravo’ fue su personaje más controvertido. En 1452, un nutrido contingente de musulmanes había realizado una cabalgada contra los campos de Cartagena.
A su regreso, la hueste lorquina al frente del alcaide de su fortaleza, Alonso Fajardo, derrotaron a los granadinos en las cercanías de la ciudad. Después de este enfrentamiento, los choques armados fueron de pequeño calibre hasta la Reconquista de Granada en 1492.
La victoria dio gloria a la ciudad de Lorca. Un siglo después, el Papa Clemente VII concedió la construcción de la Colegiata de San Patricio, en conmemoración de aquel victorioso 17 de marzo, fecha que coincide con la onomástica del santo irlandés. El avance de la frontera hacia Occidente generó una coyuntura económica abierta, que posibilitó un auge de la ganadería lorquina, llegando a formarse una asociación de ganaderos dirigida por los más poderosos integrantes de las principales familias de Lorca: la Mesta.
La Lorca de los Reyes Católicos. El protagonismo de los Fajardo
En 1474 los Reyes Católicos llegaron al trono castellano, inaugurando una nueva etapa cuajada de cambios en la vida y la mentalidad de la sociedad. En este contexto vivía una nobleza ávida de alcanzar la cúspide del poder político y económico, y de conseguir señoríos donde dispusieran de plena autoridad en detrimento del poder del monarca.
Los Fajardo fueron una de estas familias que empezarían luchando por espacio y terminarían haciéndolo por la hegemonía. El señorío de esta estirpe alcanzó gran auge durante el reinado de los Reyes Católicos.
Muros actuales del castillo de Xiquena
El siglo XV está marcado por la pugna entre la familia Fajardo y la colaboración con los Reyes Católicos en derechos de armas. Símbolo del poder alcanzado por esta estirpe fue su castillo-palacio de Vélez Blanco que, pese a estar ubicado en la provincia de Almería.
Durante las campañas granadinas, Lorca ostentó el papel de hostigamiento constante de la frontera para multiplicar los frentes y debilitar las guarniciones.
A comienzos del siglo XV, el linaje de los Fajardo había desplazado al de los Manuel en el control de los resortes de poder del reino de Murcia. Tras una enconada pugna, finalmente Alfonso Yáñez Fajardo II fue nombrado adelantado mayor en 1424, adscribiendo el cargo ya para siempre a los descendientes de su estirpe.
Las batallas de los Fajardo
Los Fajardo habían estado situados al frente de las huestes lorquinas ante los ejércitos granadinos; habían luchado juntos en la batalla de Nogalte (en 1392, con Alfonso Yáñez Fajardo I), en el saqueo del valle del Almanzora de 1406, y en las hostilidades abiertas en 1431, cuando los castellanos conquistaron durante esa década Xiquena, Tirieza, Overa, Albox y Los Vélez (por más que excepto las dos primeras, todas se perderían años después). Su prestigio era en la ciudad era, por tanto, enorme.
En una sociedad fuertemente militarizada, todo ello ayuda a entender el estrecho vínculo que existió entre la Casa de los Adelantados y Lorca, y con determinadas familias que entraron a formar parte de su clientela.
Lorca base de operaciones
Durante el largo conflicto (1444-1461) en el que Alonso Fajardo (apodado el Bravo por sus partidarios y el Malo por sus enemigos) disputó el cargo de adelantado mayor a su primo Pedro Fajardo, aquel hizo de Lorca su principal base de operaciones.
La fortaleza de Xiquena La fortaleza de Xiquena, primer bastión cristiano frente a los musulmanes, fue testigo de las hazañas de Alonso Fajardo. A sus pies fue nombrado caballero, y allí se gestó buena parte de su leyenda y fama. Pocos lugares de la región como Xiquena reflejan lo que fue una tierra de frontera. Recreación virtual de como fué la fortaleza.
Alonso Fajardo supo jugar sus cartas durante la guerra civil castellana a favor de los infantes de Aragón. Tenía en la ciudad sólidos apoyos: era yerno de Martín Fernández Piñero «El del brazo arremangado» (por entrar así a la batalla), otro mítico personaje fronterizo del cual heredó la alcaidía lorquina; era propietario de la fortaleza de Xiquena, vanguardia contra Granada, y, como caballero de la Orden de Santiago, era comendador de Caravaca, Socobos y Letur.
Además, en 1452 estuvo al frente de las tropas que derrotaron las huestes granadinas en los Alporchones.
Finalmente Pedro Fajardo Chacón consiguió una victoria incontestable, y buscó entonces en Lorca la rehabilitación de las familias ligadas a su enemigo para asentar en ellas las bases en las que sostener su poder en el municipio.
Pedro Fajardo Chacón marqués de los Vélez
D. Pedro Fajardo Chacón (1478? -1546) I marqués de los Vélez. Hijo del matrimonio auspiciado por los Reyes Católicos entre su contador Juan Chacón y Luisa Fajardo Manrique. Guerrero, cortesano, prototipo del indómito noble español del Renacimiento, a la vez que Adelantado de Reino de Murcia, negociante en el mercado de alumbres europeo. Casó tres veces, con su segunda mujer , Mencía de la Cueva, tuvo a su primogénito y heredero, Luis Fajardo.
El 12 de julio de 1507 Juana la Loca le otorgó el título de marqués de los Vélez. Tuvo cierta simpatía al levantamiento comunero contra Carlos V. Por ello, en los primeros años de su reinado se mantuvo distante de los intereses de la Corona, aunque, después, poco a poco don Pedro intentó congratularse con ella para ganar sus favores.
Su carácter belicoso y la fuerte personalidad del obispo de Almería, don Diego de Villalán, les llevó a enfrentamientos continuos. Los pleitos fueron constantes durante todo el período que coincidieron ambos en el poder , tanto por diferencias en el reparto del cobro de diezmos como por la negativa de don Pedro a costear la construcción de las nuevas iglesias en las villas velezanas.
A principios del siglo XIV se funda la iglesia de San Jorge junto a la muralla, para lo cual se tuvieron que eliminar algunas de las casas precedentes. Entorno al nuevo edificio religioso se crean nuevas calles y lugares públicos, conocidos por los documentos como la Plaza de Adentro y el atrio de la iglesia de San Jorge, en cuyas inmediaciones se ubicaban las salas del Concejo en una de las torres de la puerta de Gil de Ricla.
En el siglo XV, en las inmediaciones del templo de San Jorge, se construyó la Casa del Obispo junto al Porche de San Jorge, posible entrada acodada de origen islámico que pudo persistir muy reformada, para facilitar la comunicación entre las parroquias de Santa María y San Jorge.
La primera referencia de toros en Lorca se remonta a 1530, cuando se compra un ejemplar y “se trajo la zambra” para festejar el día de San Juan, con un gasto de 4.090 maravedís.
Dedicado al mismo santo se organizaría otra fiesta en junio de 1567.
Ese año Vicen Gil pedía al concejo traer un toro para correrlo por la calle de Santiago y capearlo. Él se presta a pagar las barreras y los posibles daños que se ocasionaran.
Ese mismo año, el 23 de agosto, diversos caballeros pedían toros y barreras para correr toros el día de Nuestra Señora de las Huertas, en septiembre.
El día de Santiago de 1573 se preparaba una corrida, a celebrar en la Plaza Mayor. (Ahora Plaza de España).
Para ello se levantaron andamios y talanqueras, pero dos días antes del magno acontecimiento el Alcalde Mayor recibe una carta del obispo, recordándole que está prohibido correr los toros. El corregidor, obediente, manda pregonar la misiva y recoger las barreras preparadas. Pero el pueblo, con nocturnidad y alevosía, las levanta de nuevo.
La autoridad competente las vuelve a desarmar y el pueblo las levanta de nuevo y celebra su fiesta, corriendo los cinco toros en honor al santo.
En 1582 existe constancia de compra de toros en Huercal y Alhama y tres años después, en agosto de 1585 se enteran los lorquinos que en Cartagena se han corrido toros para festejar a San Ginés y escriben a dicha ciudad pidiéndoles que se los vendan o alquilen. Pero desde Cartagena contestan que los animales no se encuentran en buen estado.
Corre el año de 1590 y volvemos a tener nuevas noticias. Ese año la ciudad reconocía que habían pasado muchos años sin realizar fiestas de toros y cañas, siendo un ejercicio militar y de caballería.
Por ello se acuerda organizar para el lunes 10 de septiembre, preparando las barreras y un tablado. Se compraron en Orce 10 toros que costaron unos 24 ducados cada uno y una vaca por 12 ducados. Se ocupó de ellos el regidor Luis Ponce de León.
En el siglo siguiente, en septiembre de 1629, sabemos que se corrieron nueve toros, festejando a San Pedro Nolasco. En 1660 se compraban toros en Baza, a veintiún ducados el ejemplar.
En 1685 era la Cofradía del Rosario la organizadora de las fiestas de toros en octubre. Para ello, adornaron el balcón del ayuntamiento y montaron un tablado para los invitados.
Para los días 17, 18 y 19 de septiembre volvemos a encontrar la organización de un evento taurino, pero esta vez con toreros profesionales. El organizador era Francisco Jiménez de Cisneros, que pagaba al concejo, por el uso de la Plaza Mayor, 6.000 reales. Compró dieciséis toros, en la Puebla de D. Fadrique, a Bartolomé Chumillas. Los toros de muerte fueron lidiados por José Ponziano y su cuadrilla. También se contrataron mulas para arrastrar los toros y una banda de trompetas de Murcia.
Ermita de Nuestra Señora de los Remedios de San Lázaro LORCA
La ermita lorquina de Nuestra Señora de los Remedios y Señor San Lázaro, de origen medieval, estaba situada en el barranco de los Albaricos, extramuros de la ciudad(Lám. 7). Aunque no hay fecha precisa sobre su construcción y son raras las indicacio
nes históricas, se ha señalado que por lo particular de su advocación quizá habría que pensar en un templo de escasas dimensiones, levantado posiblemente por voto de ciudad hacia la primera mitad del siglo XV (MUÑOZ, 1993).
En el siglo XVI hay referencias a la fuente o pozo de San Lázaro y al manantial de agua que había junto a la ermita, que al parecer tenía propiedades medicinales, lo que motivó la edificación allí del pequeño santuario y de algunas casas particulares.
La ermita ha sido descrita de planta rectangular y de una sola nave, con contrafuertes interiores y artesonado de lacería en madera formado por armaduras de pares y nudillo.
Tenía un ventanal de piedra de forma circular, de tracería flamígera bajo medieval, en el lado de la epístola, y elementos ornamentales del Renacimiento, “época de que proceden algunas de las tablas del altar mayor, cuyo retablo fue restaurado en el siglo XVII, según prueban sus exornos barrocos” (GONZÁLEZ, 1997: p. 869).
Pocos años después era Escobar quien escribía sobre su ubicación y arquitectura, aunque sin precisar su cronología, que situaba en los siglos XIV o XV (ESCOBAR, 1919: p. 266).
De las fuentes escritas si sabemos que El templo fue sometido a reformas en los siglos XVI y XVIII d.C.
De sus tesoros interiores sólo se conserva una escultura de San Lázaro de factura renacentista y cuatro tablas pintadas del siglo XVIII, que posiblemente estuvieron ubicadas en el retablo de la Ermita, dedicadas a las advocaciones de San José, San Antonio de Padua, Santa Catalina y San Francisco, que como la talla se conservan en la ex colegiata de San Patricio, por la propia factura de las tablas se pueden atribuir al círculo valenciano de la segunda mitad del XVII.
«El Fondo Cultural Espín», de Caja Mediterráneo, conserva una muestra, un trozo de artesonado del tejado mudéjar de la ermita de San Lázaro».
F U E N T E S:
1.- Una de las referencias historiográficas de esta ermita: EL PADRE E HISTORIADOR LORQUINO MOROTE, en el siglo XVIII nombra ya a San Lázaro y a su ermita, es más de ella dice que se sitúa en la Montaña donde en verano surgen unos agradables aires frescos que discurren por la parte poniente de la Ciudad de Lorca y cuando la nombra dice en esta montaña se situa la gran ermita de San Lázaro.
2.- “Lorca desde su antigüedad estaba rodeada de santuarios dedicados a la Virgen: la ermita de los Remedios, en la vieja sinagoga de la judería (después S. Lázaro), la de Nuestra Señora de Gracia, en el camino de Andalucia, la de los Desamparados, en la salida hacía Murcia, que después fue cedida para los frailes alcantarinos [Convento de San Diego], la de Madre de Dios de la
Peña, junto al río, y en lo más frondoso de la vega la de Sta. María de las Huertas.
De todos estos santuarios era patrona la Ciudad, representada por su Concejo…”.
Del anterior texto se deduce que la “iglesia ermita” de la Virgen de los Remedios cambió el patronazgo mariano, que suponemos tendría relación con las propiedades “sanadoras” del manantial que había en el lugar, por el del santo protector de los leprosos.
Pero lo que no tiene confirmación arqueológica es el que el pequeño templo, con techumbre mudéjar con patronazgo municipal fuese construido sobre las ruinas de una sinagoga preexistente».
*Así nos lo contaba Espín Rael (bajo el seudónimo de “Eliocrotense”(1932). Por aquel entonces no sé había descubierto la Judería de Lorca en el interior de la muralla del Castillo, por eso se creía que estaría sobre esta zona de la ermita de San Lázaro, pero nos preguntamos ¿ existe otra judería en Lorca o es una continuación de la misma descubierta en el interior de las murallas de la fortaleza medieval del Castillo en caso de que se descubriera bajo San Lázaro restos judíos ?
3.-También hay que señalar que varios documentos nos relatan en sus textos que sobre esta Ermita y barrio de San Lázaro antes de la Guerra Civil estaba la costumbre de realizar una procesión por fechas de Semana Santa con la talla de San Lázaro.
4.- Importante dato es de referencias que se alejan en el tiempo en épocas califales en Lorca que en las faldas de esta Ermita que coronaba su parte más alta se realizaba un mercadillo que una vez «reconquistada» Lorca por los cristianos fueron aprobados los fueros por el Rey de Castilla, Juan II,en las postrimerías del año 1442, cuando Lorca alcanzo el titulo de Ciudad y el mercado se siguió haciendo igual que en época musulmana en lo que hoy es la denominada «Placica Nueva»-correspondiente al Barrio Alto de la Ramblilla San Lázaro de la Ciudad de Lorca.
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