El balneario lorquino de Carraclaca tiene una breve historia que se remonta al 1912 y acaba en la década de 1960, en que se abandona totalmente y solo quedan las ruinas. .Estaba situado en las estribaciones de la Sierra de Tercia, a uno dos kilómetros del barrio de Apolonia, zona llamada Carraclaca, donde estuvo el campo de tiro del Mallorca XIII y geológicamente asociado a una de las fallas que atraviesan Lorca.
El manantial afloraba a una temperatura de 20 grados. Sus aguas eran cloruradas sódicas, extremadamente duras a causa de su gran cantidad de calcio y magnesio en disolución. Además contenían bastante flúor, lo que permite clasificarlas también como fluoradas, sirviendo para evitar las caries. El baño ayuda a la relajación y a contrarrestar muchas enfermedades de la piel y su utilidad era ya conocida por los romanos y luego por los musulmanes.
La ciudad española donde el agua está mas presente en la vida de los ciudadanos es Lanjarón, donde en su villa termal, en la provincia de Granada, se encuentran las personas mas longevas de todo el planeta y dicen que sus aguas son “ fuente de vida, de la salud y de la eterna juventud”.
La diferencia que hay entre los balnearios y los spa, es que en los primeros el agua nace con unas características químicas y medicinales, mientras en los segundos, el agua es totalmente corriente sin ninguna propiedad especial.
Las aguas medicinales pueden ser bebidas, en caso de enfermedades digestivas o utilizadas para baños, cuando las enfermedades son de la piel, de las articulaciones o de carácter óseo.
Antiguamente el “tomar las aguas”como se llamaba el ir a los balnearios estaba restringido a las clases burguesas y aristocráticas, pero poco a poco fue ampliándose a las demás capas sociales. Hoy hay ofertas oficiales a los mejores balnearios a precios módicos y bastante asequibles.
El balneario que ha gozado de la mayor fama ha sido el Baden-Baden, en Alemania y el Spa, en Bélgica. Hay quién cree que los Spa se llaman así por esta ciudad, pero hay otra teoría que es que su denominación es de la frase latina: Salus per acquan, o sea, salud por agua, que parece la mas tradicional y bonita.
En Lorca, en los duros años de la postguerra, se iba con mucha frecuencia a beber agua de este manantial de Carraclaca, y se llamaba coloquialmente ir de «viaje de novios».
/Foto Ruinas del balneario lorquino de Carraclaca de Paco Perán /.
Es ya en el siglo XVI cuando el coleccionismo de todo tipo empieza a brotar con objetos valiosos y raros, pero sobre todo bellos y lujosos.
Esto que empezó por ser un capricho o diversión de los monarcas, nobles y de príncipes de la Iglesia, con la llegada de la burguesía y la decadencia de la aristocracia, estas colecciones son donadas o compradas por los Estados. De estas colecciones de particulares, aventureros y nobles, surgen muchos de los museos actuales como El Prado, el Hermitage o los museos vaticanos.
Está en auge el rodearse de objetos bellos, y así vemos que el Papa Julio II colecciona pinturas de Raphael Sanzio; el rey francés Francisco I, se lleva a su palacio el cuadro de la Gioconda y Enrique VIII, rey inglés que tuvo seis esposas, se hizo retratar hasta por el pintor Hans Holbein.
Con la revolución francesa, el odio a la nobleza, propició el despojo de múltiples colecciones privadas, dando como fruto mas adelante la creación del museo del Louvre. Napoleón saqueó iglesias, conventos y hasta el Vaticano, para enriquecer el museo de París.
En Lorca siempre hemos tenido ilustres y afamados coleccionistas, pero en loor de la prudente concisión, solo vamos a citar a algunos de los que conocemos y son de notoria celebridad.
El mas antiguo del que tenemos noticia y datos fehacientes es el ilustre investigador, médico, biólogo y profesor de Ciencias Naturales del Colegio de la Purísima, don Francisco Cánovas Cobeño, nacido en Lorca en agosto de 1820, que coleccionaba flores, fósiles y vestigios de la antigüedad, recogidos por el en la sierras cercanas, creando un Gabinete de Ciencias Naturales, que fue el primero de la región, con mas de mil piezas y que al cerrarse este primer Instituto y ser trasladado a Murcia se llevó su importante museo, que actualmente está arrumbado en un trastero de un Instituto, cubierto de polvo y telarañas y que pese a los muchos requerimientos de las autoridades culturales y políticas de Lorca, durante largos años, se niegan a devolverlo.
Y ya en la actualidad continúa el coleccionismo de otro estilo, personajes que todos conocemos y que es justo citar por su entusiasmo y afición, en diversas materias.
Andrés Bastida, antiguo joyero al que el pintor Muñoz Barberán ha inmortalizado al poner su efigie en el techo del Teatro Guerra, está haciendo una labor encomiable, guardando todas las fotografías de los actores que desfilan por su escenario desde el año de su reconstrucción. Ya son 18 enormes tomos, lujosamente encuadernados, de fotos, prospectos, y escenas, que adornan su biblioteca, cuyo final debe ser el Archivo Municipal, para información y disfrute de futuras generaciones.
Enrique Elul Mené, jubilado de importante cargo directivo en un Ministerio y que por sus valiosos servicios profesionales fue condecorado con la Cruz de Isabel II; que tiene una inmensa colección de sellos, vitolas de puro y barajas de todos los países y épocas.
Juan Jódar Periago, único inventor conocido en la historia de Lorca, con 8 medallas de oro en certámenes internacionales, que atesora multitud de objetos de todo tipo en su Museo de la Plaza de España, – aún sin inaugurar-, pero muy admirado por las personas que lo han podido visitar.
La farmaceutica de la Virgen de las Huertas, Rosa Valero, que custodia una colección de mas de 800 frascos de medicinas antiguas, algunas de los siglos XVII y XVIII y otros objetos valiosos de la vieja apoteca.
José Martinez Vicente, que conserva como un tesoro mas de 80.000 prospectos de mano y murales en color, que ha reunido personalmente durante toda su vida laboral, como trabajador en los varios cines de Lorca.
Lázaro Fernández Martínez, magnífico director del Colegio de Santa María, y poseedor de miles de programas de cine en color, no solo de Lorca, sino de otras ciudades y de películas que no se habían programado en nuestros cines. Tenía una red de amigos aficionados a esta faceta que se permutaban los ejemplares mas raros y mas buscados. Decía que había empresas importantes que se dedicaban exclusivamente a este coleccionismo. Sus programas sirvieron para completar el libro sobre el cine en Lorca, titulado “Asombroso acontecimiento cinematográfico” que había propiciado la donación del matrimonio María de la Cruz Marín y Francisco Paredes Soriano al Ayuntamiento de su voluminosa colección de programas de películas proyectadas en Lorca y que fue recogido y perfectamente editado por el bondadoso alcalde Leoncio Collado.
Y muchos mas que no caben en este comentario y que en otro momento ya mencionaremos por ser también acreedores al conocimiento popular por su dispendioso y fantástico capricho del coleccionismo.
José Mouliaá ladrón de Guevara alcalde de Lorca, hijo y padre de alcaldes.
José Mouliaá nació en el año 1868 del matrimonio entre Juan Mouliaá Barranco y Encarnación Ladrón de Guevara Sánchez Sicilia. Al igual que su padre, y como posteriormente lo fue también su hijo Juan Mouliaá Parra sobre 1913, el protagonista de esta sección ocupó la alcaldía en dos períodos diferentes: de 1895 a 1897; y de 1903 a 1904.
1893
Eulogio Periago Pérez
Partido Liberal
1894
Juan Mouliaá Barranco
Partido Conservador
3 de junio de 1895 – 29 de octubre de 1897
José Mouliaá Ladrón de Guevara
Partido Conservador
1 de junio de 1903 – n/d de 1904
José Mouliaá Ladrón de Guevara
Partido Conservador
1913 Juan Mouliaá Parra
Su primer mandato comienza el 3 de junio de 1895 y finaliza el 29 de octubre de 1897. Una de sus primeras acciones fue la propuesta de clausura del cementerio de San José y la creación de uno nuevo bajo la advocación del patrón de la ciudad, San Clemente. En este primer ciclo también recuperó el Cuerpo de Alabarderos Municipales y ordenó que antes de cada sesión municipal se celebrara una misa en la capilla del Salón Capitular. Durante su mandato, tres personalidades de la época como eran Bartolomé Ortiz, Eulogio Saavedra y el Conde de San Julián, «aportaron, por partes iguales, la cantidad necesaria para la adquisición, por compra, del Monasterio Virgen de las Huertas y para las reparaciones más apremiantes», como se explica en la publicación Alcaldes de Lorca.
También bajo su presidencia tuvieron lugar en el Teatro Guerra unos juegos florales organizados por El Ateneo y en materia educativa «se acordó conceder una subvención anual de 7.500 pesetas a los Padres escolapios para el colegio que se pretendía construir con escuelas de párvulos, elemental y superior, y colegio de segunda enseñanza». Fue el encargado de inaugurar la entonces nueva iglesia de San Mateo que ha llegado hasta nuestros días y cuyas obras de construcción finalizaron en verano. La apertura oficial fue el 20 de septiembre de 1897.
Un mes antes, Antonio Cánovas del Castillo había sido asesinado en Guipúzcoa. Un mes después, concluían los dos primeros años como responsable municipal de José Mouliaá. Seis años más tarde regresaría para ocupar de nuevo el sillón de alcalde.
Su Segundo mandato
Fue Eulogio Periago Pérez quien sucedió en el cargo a Mouliaá, que volvió a tomar posesión el 1 de junio de 1903. Entre las actuaciones que se le atribuyen en ese mandato figura el acuerdo de «variar el trazado de la nueva calle, que se pretendía desde la de Nogalte a la carretera de Granada, a través del convento del Carmen; alinéandose por ser más conveniente al vecindario, desde la de carril de Zenete (actualmente calle José Mouliaá, precisamente) a la misma carretera, con prolongación de la calle de la Higuerica».
De nuevo destacó su labor en materia educativa, ya que en este segundo mandato se aprobó el expediente de construcción de escuelas de niños y niñas en San Cristóbal, San José, parroquias altas y pedanías de Purias y Morata. También en este período se solicitó la concesión de una Estación Hortícola y una nueva administración de loterías y apuestas.
Como anécdota, cabe citar el incidente ocurrido antes de la Navidad del año 1903. «Con motivo del fuerte vendaval, fueron derribados cuatro grandes árboles de las Alamedas que se sacaron a pública subasta por precio de 60 pesetas».
Además de alcalde de Lorca fue diputado provincial, jefe del Partido Conservador pocos meses, pues lo fue desde la muerte de Simón Mellado en 1917, síndico del Partido de Riegos, presidente honorario de la Cámara Agrícola, y primer presidente de la Agrupación de Exploradores de Lorca creada en 1914. Falleció el 27 de abril de 1918.
EMPRESARIO DE LA MINERIA EN LA COMARCA Y AGUILAS
Por aquella época Lorca y Aguilas era una comarca con mucha actividad minera y nuestro protagonista disfrutó de distintas concesiones municipales para explotar distintas minas en el municipio, siendo además el responsable de la creación de una linea de ferrocarril de linea estrecha para transportar minerales desde la pedanía lorquina del Mesillo hasta el puerto de Aguilas donde se embarcaban, entre las minas que explotó se encuentran:
1899 Expediente de mina nº de registro 14640, nombrada Juanito, del término de Lorca, otorgada a José Mouliaá Ladrón de Guevara.
1900 Expediente de mina nº de registro 14469, nombrada Tugela, del término de Águilas, otorgada a José Mouliaá Ladrón de Guevara.
1904 Expediente de mina nº de registro 16450, nombrada La Reina Mora, del término de Lorca, otorgada a José Mouliaá Ladrón de Guevara .
1911 Expediente de mina nº de registro 18347, nombrada La Paca, del término de Lorca, otorgada a José Mouliaá Ladrón de Guevara.
1913 Expediente de mina nº de registro 18847, nombrada Los Tres Amigos, del término de Mazarrón, otorgada a José Mouliáa Ladrón de Guevara.
EL RECUERDO DE MIGUEL RODRIGUEZ VALDES
Fue un hombre excepcional, mucho más excepcional de lo que parecía a los ojos vulgares. Ya su traza exterior nos denotaba la estirpe de su espíritu. La alta estatura, la seca fibra, el alargado perfil de su rostro, la mirada serena, el gesto grave, la prestancia sencilla, eran sus rasgos físicos, idénticos a los que vemos en los castizos caballeros del Greco y de Velázquez». Miguel Rodríguez Valdés firma esta estricta descripción física del que fuera lorquino ilustre, José Mouliaá Ladrón de Guevara.
Pero el recuerdo de Valdés hacia el personaje no se queda sólo en la fachada: «Y por dentro, en el ánimo, llevaba las características de la vieja castellanía como nunca hallé en hombre alguno de cuantos conocí, porque nadie como él, sobrio en palabras; nadie como él, pródigo en obras; nadie más atento con el humilde, nadie más altivo con el soberbio, ni más prudente en las determinaciones, ni más sufrido en las adversidades, ni más conciliador en las discordias, ni más fuerte en las luchas».
LAS DIFERENCIAS NOS ENRIQUECEN, EL RESPETO NOS UNE.
No ocurre con el inglés, ni con el francés por lo que con esa forma de reaccionar, muchos cabestros catalanes demuestran su poco respeto a la democracia y convivencia que predican. Típico ejemplo del verdadero fascismo que se empezó a sufrir en Europa con el nacional socialismo del asesino Hitler, que fulminó con tiros y bombas la vida y libertad de millones de personas inocentes, por puro odio a los que no le agradaban o complacían.
La línea que separa la libertad del desastre es muy delgada, por eso pido por favor a los más jóvenes, que sean cabales, se separen de ideologías sectarias y repasen la verdadera historia europea y española para evitar daños que podrían ser irreparables para todos.
Pero lo más penoso es que los amigos de esos cabestros gobiernan la Generalitat, el Ayuntamiento y además sus socios «socialistas progresistas», DESgobiernan el país, haciendo la vista gorda a éstos miserables ejemplos, para no perder el sillón antes de tiempo.
Como diría mi amigo Pablo «Vestenn a la perda.» y VIVA ESPAÑA 💪🏼🇪🇦
Hoy 19 de octubre, hace 48 años de la peor riada conocida no solo en Lorca, sino en toda la península ibérica. Se registraron precipitaciones hasta de 250 litros por metro cuadrado. El caudal máximo fue de 3000 metros cúbicos por segundo, alcanzando el agua una altura de 15 metros en Puerto Lumbreras, que arrasó las posadas, bares y comercios y sólidos edificios de piedra, que en había en sus riberas. Además de las cuantiosísima perdidas materiales, acabó con la vida en esta localidad de 89 personas.
En Lorca la altura de la avenida llegó a los 10 metros y dejó la ciudad y la huerta totalmente anegada, destruyendo viviendas, granjas y cosechas, que supuso la ruina total de muchos agricultores y ganaderos. Es de destacar que en solo dos horas, 12 hm3 de agua y 8000 m2 de material sólido circularon por la ciudad, arrasándolo todo a su paso y hasta la vía del tren sufrió una enorme desviación en su terrorífico empuje. También hubo en la catástrofe 13 víctimas en Lorca.
El último de los ahogados fue encontrado al día siguiente en el lecho del Guadalentín, a la altura del Castillo de Xiquena y como el Juez de Instrucción estaba en el Puerto Lumbreras con todas las complejas diligencias de aquellas víctimas; para el levantamiento de este último cadáver intervino la Juez Municipal doña Marisa Aragón, primera mujer que ostentaba este cargo en España, a la que acompañamos don Diego Lumeras y un servidor que estaba en el Juzgado cuando notificaron el hallazgo.
La riada destruyó 3 kilómetros de la carretera nacional a Murcia y en la carta que tres días después envió el Alcalde don José María Campoy Camacho al Ministro de Hacienda, se le informaba de la desaparición de casi todos los servicios municipales, como la plaza de Abastos, el Matadero Municipal, la Estación elevadora de agua potable, la Báscula, la fuente abrevadero, conocida por Fuente del Oro y el lavadero municipal de los Caños.
Por este aciago motivo, nos visitó el Ministro de Obras Públicas, que recorrió parte de la huerta; se consiguieron algunas ayudas y sobre todo la financiación del nuevo barrio de San Fernando.
Todos conocemos perfectamente el Puente de la Torta y algunos pormenores de su historia. Lo hemos cruzado cientos de veces y sabemos que une las hermosas alamedas con los barrios de Santa Quiteria y de la Virgen de las Huertas y que atraviesa la Rambla de Tiata, que pronto se convertirá en un vial mas de la ciudad..
Se tiene por cierto, que fue el segundo puente de la historia de España, hecho con hormigón armado entre los años 1910 y 1912.
El puente forma un arco de 45 metros de luz y 6 metros de flecha, que sirven de apoyo a un tablero sostenido por viguetas. El tablero tiene 4 metros de anchura y su parte central de 2 metros, estaba calculada para sostener carros con carga de hasta tres mil kilogramos, sobre un firme de piedra machacada. Las aceras para tránsito de peatones van apoyadas en las partes de las viguetas que vuelan sobre los montantes. El puente está desarrollado por dos arcos iguales y paralelos, separados 2 metros de eje a eje y arriostrados (estructuras de sujeción y equilibrio) transversalmente cada 3 metros.
Su construcción fue dirigida por dos ilustres ingenieros don José Eugenio Ribera, profesor de la Escuela de Ingenieros de Caminos y don Francisco Manrique de Lara, director del Sindicato de Riegos de Lorca. No todos los historiadores están de acuerdo.
En un principio servía de paso a personas y vehículos de tracción animal, pero posteriormente se suprimió el tránsito de animales.
La estructura del Puente de la Torta está incluida en el catálogo de Bienes Protegidos.
Los terremotos del 11 de mayo del 2011 causaron daños, cuyos trabajos de reparación fueron dirigidos por el ingeniero de Caminos don Manuel Jódar Casanova y la obra concertada se financió con Fondos Europeos.
Pero muchos lorquinos ignoran a que se debe el nombre de Puente de la Torta, a los que vamos a aclarárselo con una antiquísima fotografía del famoso Gustavo Gillman fechada en 1909, pocos meses antes de iniciar la obra del Puente, en la que vemos a unos vecinos atravesando la rambla de Tiata por una pasarela de tierra, a la que llamaban popularmente Torta, y de ahí le vino el nombre y se quedó bautizado nuestro puente para mientras dure, que suponemos que después de aguantar un siglo y pico, aún serán varias generaciones las que lo disfruten en sus paseos o acompañando a la Virgen de las Huertas, en sus visitas a las parroquias de la ciudad, donde van además de los devotos cofrades, los animosos costaleros y la banda de músicos de gaita, con una multitud de lorquinos que por arraigo y piadoso folclore, siguen el cortejo cantando eso de: “Cuando pasa mi Patrona por el Puente de la Torta, florecen los limoneros, los naranjos y las rosas”.
Las tradiciones las crea el pueblo y no se deben perder, hay que fomentarlas.
/Puente pasando las procesión de la Virgen de las Huertas y pasarela de 1909, sobre la que se construyó nuestro hermoso viaducto de la Torta/.
…Una población cada vez más numerosa en la ciudad, hacía escasear progresivamente el preciado líquido. El agua del Caño de toda la vida, no daba para el abastecimiento de toda la ciudad, tenían que madrugar, y a veces hacer interminables colas hasta de noche para conseguir llenar el cántaro. Las discusiones y los problemas de aquellas esperas (a veces llegando hasta las manos) están bien documentados. Ante la sospecha de que podría haber alguna avería en los viejos caños, se hicieron por entonces todo tipo de aforos, para comprobar que no había mermas entre el agua que manaba en su origen en la sierra del castillo, y la que realmente llegaba a las distintas fuentes de la ciudad. El resultado fue que en el camino, no había pérdidas significativas de agua, por lo tanto tenían que buscar una solución.
Casi siempre se adoptan las medidas más fáciles para obtener soluciones inmediatas, aunque éstas medidas no sean siempre las más justas. Se estudiaron las diferentes opciones que había para atajar el problema, y era evidente que la mejor opción, la más fácil y viable era el agua de la Zarzadilla.
En lo que llevo leído sobre historia de nuestro municipio, no hay prácticamente ni un párrafo sobre el tema, y realmente creo que merece la pena, ya que éste acueducto, es posiblemente después del pantano, la mayor obra pública realizada en nuestro municipio en los últimos tres siglos. Este acueducto que ha estado en servicio hasta la década de 1.980, por falta de interés está desapareciendo en grandes tramos, encontrándose algunos de sus puentes en absoluta ruina, aun siendo éstos verdaderas obras de arte. Aparte de lo materialmente visible, hay que considerar también la importancia socioeconómica que supuso en su día para la ciudad y parte de la huerta.
Este viejo tema de las aguas, por un motivo o por otro nunca ha dejado de estar presente. Al principio pensé que eran aguas para no tocarlas, pero una vez documentado y estudiado el tema, lo he considerado primordial y digno de exponer, aunque desde luego con el mayor realismo y naturalidad, ya que el tema es más simple de lo que siempre se ha creído.
Para abastecer de agua la ciudad, las únicas opciones que se consideraron, y posiblemente no habrían otras, fueron las de río Luchena y las de Zarzadilla. Basándome en documentos de la época, y en algunos detalles que no se aclaran en dichos documentos, trataré de explicar las diferentes consideraciones que se hicieron y el porqué se optó por la Zarzadilla.
Al estudiar la opción del Luchena, se comprobó que la distancia desde el punto de la recogida, era similar a la de Zarzadilla, pero la orografía del terreno era muy quebrada, y por lo tanto dispararía los costos de la conducción, así como su mantenimiento. Además en una rambla tan imponente como ésta, las avenidas también dificultarían el aseguramiento de las infraestructuras en el punto de recogida, lo cual también encarecería la obra. Estas avenidas también enturbiarían el agua, y en aquella época no existían medios de depuración como en la actualidad. Como puede resultar lógico la calidad del agua también contaba, éste agua no era tan pura como la de Zarzadilla. Y por último, consideraron que el uso para abasto de la ciudad disminuiría el regadío. Pero lo que debe aclararse, es que realmente lo que importaba era la disminución de ingresos por las ventas del agua para regadío. El agua del río ha sido de carácter privado hasta hace poco, y los propietarios, principalmente eran los oligarcas y los cabildos, por lo tanto mientras hubiese otra mínima posibilidad, éstos poderes fácticos jamás renunciaría a un solo real de sus beneficios.
Las aguas de la Zarzadilla, eran indudablemente las que realmente interesaban, y las razones eran obvias: Las aguas eran y son de una excelente calidad. Los parajes del paso de la conducción, aparte de los inicios, son poco accidentados, ayudando la propia pendiente el paso del agua y con los sobrantes se incrementaría el regadío. La cuestión social podría haber sido el único obstáculo, pero dada la baja densidad de población en aquel tiempo (finales del XVIII), y ser los mayores propietarios del agua de la Zarzadilla, algunos hacendados que no residían en el pueblo, el problema fue de índole menor. No me consta que se indemnizara a ninguno de los cuatro o cinco pequeños propietarios de agua del pueblo, pero cuesta creer que los mayores propietarios del agua y el olivar perdieran por las buenas el valor real de aquellas tierras. De hecho el abad Correa, reclamó que la pérdida de casi toda el agua de su finca de Celda (éste agua la habían unido con la que venía de la Zarzadilla), le había obligado a bajar las rentas a los labradores, ocasionándole un gran perjuicio. Una vez peritado por un agrimensor, dicho daño fue indemnizado con veintisiete mil reales de vellón, una auténtica fortuna para la época.
Como ya hemos referido anteriormente en otros apartados, el manantial era conocido de tiempos atrás, aunque como quedó dicho, no se hizo necesaria su utilización, hasta que el incremento de la población en la ciudad la hizo imprescindible. Mientras el consumo humano estuvo cubierto, a los poderes que podrían haber influido en la construcción del acueducto no les interesaba, ya que de haberse utilizado la nueva solo para riego, ésta simplemente supondría competencia para el gran negocio que representaba la subasta del agua del río. Estas subastas supusieron una de las explotaciones más aberrantes del huertano. El posterior proyecto y construcción del pantano, supuso una amenaza para los intereses de aquellos señores del agua, los cuales se opusieron a la construcción, y complicaron la vida de manera radical al Consejero Real Sr. Robles Vives, que como apuntamos al principio, logró en con la construcción del pantano, además de asegurar riegos con la acumulación de torrentes (de los que de hecho se venían perdiendo en las crecidas), también hacer menos penosa la adquisición del agua por parte del huertano. Era el Sr. Robles Vives cuñado del Conde de Floridablanca, por entonces ministro del Rey Carlos III. Recientemente, y por fin, aunque nunca es tarde para reconocer un bien, se ha homenajeado a éste benefactor de Lorca, que con unas ideas poco usuales en su tiempo, al menos lo intentó. A veces es difícil explicar un hecho que parece aislado, sin hacer referencia a cuestiones y personajes que están directamente relacionados con la parte que nos ocupa. Desde luego sobre obras hidráulicas, y de la Zarzadilla en concreto, podríamos hacer una auténtica enciclopedia, pero puede que si desmenuzamos el tema demasiado, pierda parte de su interés. Una vez aclarado como se opta por el manantial de la Zarzadilla, pasamos directamente a explicar de la forma más escueta, y documentar los prolegómenos, reconocimientos, consideraciones, visitas y otros pequeños detalles sobre la conducción del agua a la ciudad.
RECONOCIMIENTO DE FUENTES Y TERRENOS
Por los informes que hay en los archivos, el conocimiento del manantial venía de años atrás, aunque fue en 1.769 cuando se inician las primeras consideraciones serias para su ejecución. A principios de 1.770 no solo se reconocieron los terrenos y fuentes, sino que también se aforaron los manantiales, evidentemente para proyectar un tipo de cañería u otro, aunque la cantidad de agua que se obtuvo posteriormente fue algo superior a la estimada, ya que las aguas filtradas en la rambla y que se recogieron en la presa fueron muy abundantes.
Es a partir de ésta fecha cuando se confeccionan los primeros planos, estudios adicionales y presupuestos. Los mencionados estudios y presupuestos fueron enviados a Madrid el día 20 Julio de 1.770 y fueron aprobados por el Real y Supremo Consejo de Castilla. No obstante, el reconocimiento definitivo que dio paso a la orden de construcción del acueducto, se inicia con una serie de autos y diligencias, el día 28 de Septiembre de 1.772(vísperas de San Miguel).
El mencionado día 28 de Septiembre de 1.772, un auto de D. Joseph Antonio de la Zerda (del Real Consejo de Castilla, oidor de la Chancillería de Granada y Juez Comisionado para la mensura de nuevas tierras roturadas, e igualmente comisionado para la construcción del acueducto de aguas de la Zarzadilla) cita a las diferentes personas encargadas de reconocer tanto las fuentes como el terreno para su definitiva ejecución. Su misión consistiría, en comprobar directamente la posibilidad de añadir a lo ya proyectado algún manantial más, así como comprobar si tanto en los orígenes como en el trayecto, había algún cambio significativo con respecto a los informes de que ya disponían.
Se citó aquel día, al Tte. Coronel de Ingenieros D. Juan Escofet (verdadero artífice de la obra), al procurador general D. Martín Pérez de Tudela, D. Joaquín Pareja haciendo las veces de síndico personero, y a Don Joseph de Arcos Moreno asociado del anterior y hermano del abad de San Patricio. El mismo día se da aviso a D. Ramón Chico de Abellaneda (mayordomo de propios) para que habilitara los fondos necesarios, para llevar a cabo la diligencia.
Este grupo salió de Lorca el día primero de Octubre, asistidos por Damián Ródenas, alguacil ordinario, y acompañados por Jerónimo Martínez, maestro carpintero, y de Juan Solera, alarife (maestro de albañil). El reconocimiento del manantial principal y fuentes circundantes, confirmó que no había disminución considerable en ellas a pesar de la escasez de lluvias. En cuanto a la situación de los terrenos con arreglo a los planos y proyecto, tampoco hubo cambios significativos, excepto pequeños cambios producidos por las avenidas en el arroyo. También en éste último reconocimiento, se rectificó la nivelación desde la presa principal de la Caseta hasta la balsa de la “Cuesta Blanca”, es decir hasta la Balsa de los Moros. Al ser una balsa de tierra y no conocer otro indicio de conducción de agua, yo siempre había mantenido que ésta balsa era simplemente un estanque ocasional, de los que se podrían haber hecho con la finalidad de acumular agua para la confección de ladrillos en la construcción del acueducto. Este dato que nos ofrece Juan Escofet, junto con una minuciosa comprobación sobre el terreno, nos confirma que efectivamente ya había un importante tramo de otro acueducto anterior al del Siglo XVIII. Paralelo con el actual caño, hay tramos en los que puede verse la antigua acequia, en el trayecto que va desde La Caseta hasta pasado la Balsa de los Moros. En los diferentes informes, hablan de las dificultades para el desmonte del poblado bosque que hay en la falda del Cerro del Apedreado.
La Fuente del Tío Rafael y la Jara:
Afirma Juan Escofet en su informe que: “haviendo reconocido con mayor especulación la expresada sierra (Pedro Ponce), encontró a la espalda de ella el manantial de la fuente que llaman de Los Tornajos (ahora del Tío Rafael) cuya agua es de la misma calidad y bondad que la que tiene proyectada conducir”. Sobre ésta fuente, en su informe continúa Juan Escofet explicando que “su corriente igualmente perpetua, y fluir perennemente la magnitud de cuatro pulgadas cuadradas…”. Según sigue en su informe, el proyecto sobre ésta fuente era unirla con la de la Jara. Aunque afirma no haberla medido con mucha exactitud, calcula desde dicha fuente a la de la Jara una distancia de 4.388 varas ( 3 Km. y medio aproximadamente). Calculó que el precio de la cañería hasta la citada de la Jara, sería de 65.720 Reales de Vellón, “cuya cantidad le parece que es digna de emplearse para conseguir el expresado aumento….”. Evidentemente éste proyecto no llegó a ejecutarse, y por la falta de indicios de viejas cañerías ni otras infraestructuras tampoco la de la Jara llegó a unirse.
La Fuente del Roble:
Tuvo Juan Escofet conocimiento de la Fuente del Roble, y en su informe anota: “Y que habiendo reconocido la fuente que nombran del Roble, así por estar ésta en extraño término, como a otra vertiente es muy dificultosa y costosa su unión”. Los argumentos para no considerar la posibilidad de aprovechamiento de dichas aguas están perfectamente justificados. Los problemas entre concejos vecinos sobre delimitaciones territoriales, llevaron desde muy antiguo a quejas y pleitos, y en éste caso lo más seguro es que Mula hubiese puesto todo tipo de trabas para su ejecución. Aparte tenemos el problema de la orografía del terreno, aunque ésta fuente del Roble o Calvillo dista escasamente quinientos o seiscientos metros de nuestro término, está precisamente en la garganta del barranco y en la parte opuesta a nuestra vertiente, por lo tanto el coste del rodeo que habría que dar sería muy importante. No obstante de no haber estado en “extraño término”, creo que la cantidad, calidad y casi perennidad del manantial hubiesen sido dignos de tener en cuenta, sobre unas aguas que siguen perdiéndose.
La Majada de Morales:
En un apartado anterior se hacía referencia a la Majada de Morales, por la extrañeza de no figurar con tal nombre en los padrones de propietarios; en éste apartado se daba a entender que no existía la fuente, y si acaso, habría alguna poza como abrevadero de dicha majada. Pensar en que no existía la fuente y huerta, no es una deducción gratuita.
Si se consideró la posibilidad de llevarse el agua de la Sierra del Tío Rafael y la de la Jara, a pesar de su escaso caudal, no creo que dejasen de lado una fuente como la de la Majada de Morales. Si por alguna circunstancia no se hubiese considerado su aprovechamiento, al menos creo que en alguno de aquellos minuciosos informes se habría mencionado. Tampoco podemos considerar que fuese desconocida por las autoridades, ya que al inspeccionar las del Roble, tendrían que pasar forzosamente por la propia Majada de Morales, ya que el único camino real que ha existido hasta hace relativamente poco, pasaba por las propias casas, y los propios cultivos y frondosidad del lugar hubiesen delatado el agua.
Regresó éste grupo de reconocimiento a la ciudad, el día tres de octubre por la noche. El alguacil cobró a razón de seis reales de vellón por día. Tanto el maestro carpintero como el alarife (albañil) cobraron a nueve reales (buenos sueldo para la época).
LA CONSTRUCCIÓN DEL ACUEDUCTO
Sobre cuestiones técnicas en la construcción, no he creído necesario ni conveniente extenderme, ya que la abundancia de datos es tan numerosa y a veces tan rutinaria, que podríamos caer en el aburrimiento. Quizá sea conveniente hacer mención, a las obras de la presa de La Caseta donde se recogían las aguas. Estas obras se llevaron una parte importante del presupuesto de la conducción, ya que la referida presa está empotrada con unos sólidos cimientos, que además de hacerla segura y por lo tanto duradera, al ser profunda recoge las aguas que van filtradas por la rambla. Esta obra según consta en los documentos, está conectada con pozos y galerías. Si éstos pozos y galerías estuviesen totalmente operativos, posiblemente el caudal que actualmente se recoge sería el triple. La cantidad que se recogía en buena parte del año, prácticamente no podía asimilarla la cañería, por lo que junto a la caseta aún sobrevive un aliviadero para los excesos del torrente.
En cuanto al resto de obras, siguieron ejecutándose casi siempre con los propios materiales que se extraían por el camino, y con todo tipo de ladrillos y cubiertas que se fabricaban in situ, y por supuesto con la propia agua conducida por la cañería que se iba construyendo.
Además del ingeniero Juan Escofet, fue su colaborador y posteriormente el sustituto, Jerónimo Martínez de Lara, muy conocido en la comarca por sus participaciones en obras de todo tipo, como el pantano, el pueblo de Aguilas y hasta parte del diseño del Castillo de San Juan de las Aguilas.
Comienzan las obras el mes de febrero del año 1.773. Se contrató un numerosísimo grupo de trabajadores. Se empezó lógicamente en el nacimiento, y al principio formaron parte de la mano de obra, algunos de los propios habitantes del pueblo. Estos primeros empleados se dedicaron unos al desmonte y otros a la albañilería. Se puso en marcha todo el sistema operativo tanto a nivel de suministros de herramientas, como los diferentes medios de transporte para el acarreo de materiales, concertando precios por los diferentes servicios; obviamente no era lo mismo un porte con un asno que con una mula, y desde luego algo distinto era el precio del porte de una carreta . Al mismo tiempo una obra de tal envergadura, requería de un complejo sistema administrativo y de control de almacenes, a base albaranes de recepción y retirada de tan distintas mercancías como podrían ser azadones, pozales o incluso pólvora. Funcionó a nivel organizativo, un típico sistema piramidal de mando, que aparte de la aplicación de nuevas tecnologías, poco o casi nada ha cambiado hasta nuestros días. La supervisión de la obra correspondía al Concejo y al Juez Comisionado, los cuales tenían como director al ya mencionado D. Juan Escofet, el cual además de la parte técnica propia de su especialidad, como caballero y hombre de confianza tenía el mando absoluto sobre toda la organización. Los tajos estaban divididos por cuadrillas de diez o quince empleados, al mando de un encargado o capataz. Estos empleados de base empezaron cobrando cinco reales, y más tarde dejaron éste salario a los encargados y bajaron a cuatro a los peones, que era lo establecido en aquella época. A su vez había encargados de almacén, coordinadores para los transportes, canteros, etc. Además de hornos para fabricación de todo tipo de ladrillos y de cal.
No cabe duda que ésta cantidad de personal, así como la lejanía de la ciudad y lo solitario de los parajes, hicieron necesario un control de dicho contingente tanto por su propia seguridad, como para mantener la disciplina en los tajos y en los campamentos de barracones de campaña en los que residían. De ésta labor se encargaban sobrestantes o alguaciles, aunque la guardia directa en los tajos estaba a cargo del ejército. El suministro de víveres para el personal, fue contratado a un proveedor oficial, el cual se comprometía a respetar la exactitud en los pesos y medidas, así como a ofrecer una buena calidad de los productos, igualmente se comprometía por escrito a no variar los precios pactados, sin el visto bueno del Juez Comisionado.
El día 15 de mayo de 1.773, las obras iban bastante avanzadas, y el Sr. Comisionado se desplazó a Zarzadilla, para comprobar sobre el terreno la evolución de las mismas, así como para inspeccionar desde el suministro de víveres, hasta el comportamiento del personal en los tajos y en el entorno. Alguna queja sobre el comportamiento habría, ya que mediante un auto que trababa sobre algunos temas de su visita, convocó a todo el personal para el día dieciséis de mayo en la puerta de la ermita, disponiendo que: “Y para que por modo alguno se excedan en adelante causando algún daño a los habitadores y campos de ésta Diputación, y solo traten de su trabajo: Mando que cuando concurran todos juntos a el Sto. Sacrificio de la Misa el día de mañana diez y seis del corriente a la ermita, después de la plática que se les ha de predicar por Don Joseph Sancho, cura propio de esta feligresía, se les haga saber por el presente Receptor, que por modo alguno causarán daño a los sementeros y ganados de éstos moradores, Pena de que verificado que sea, se les destinará a los Delincuentes a el Servicio de S.M. en los Arsenales de Cartagena por cuatro años. Y que para evitar la ocasión de noche que puedan ejecutar dichos excesos, siendo en éste tiempo como la ora de las nueve y en el de invierno a las ocho, se toque a retreta y que ésta sea la señal para que ninguno salga de sus respectivas barracas, pasada dicha ora pues verificándose se les ponga en el cepo por espacio de ocho días, cuyo celo quede al cuidado de Don Lino Campero y Don Juan de Guevara sobrestantes de dicha obra, con el Diputado (Pascual López) de éste paraje a quien se haga saber……”.
Quizá en los archivos del obispado podríamos sacar algún dato más sobre la parroquia, pero desde luego con ésta convocatoria nos aclara que ya había ermita y cura propio. Don Joseph Sancho Lasarte, el cura que menciona como propio, fue hasta 1.772 cura en la Colegiata de San Patricio; siendo además un gran devoto de Santa Eulalia, ya que incluso donó a éste santuario la pila del Agua Bendita que hay en el centro de éste templo.
A las doce y media de la mañana del día veintiséis de julio de 1.774, salieron de la ciudad Don José Antonio de la Zerda, el teniente de corregidor D. Pedro Alcántara, el alguacil mayor, varios regidores perpetuos (concejales) un abogado de la Real Chancillería de Granada, Jerónimo Martínez de Lara y Alvaro de Davadillo sargento de los Dragones de Lusitania y sobrestante mayor, reuniéndose con Don Juan Escofet en la Zarzadilla (D. Juan Escofet residió en el pueblo más de un año) para comprobar sobre el terreno las evoluciones de la obra. Hicieron una inspección pormenorizada de la evolución de la obra, desde la falda de la sierra hasta la Hoz de Cerda, en definitiva todo lo que se había construido. Quedaron muy satisfechos de la perfección de la obra, afirmando en el informe de que era “muy sólida y de fábrica ingeniosa para su perpetuidad…”; continúa el informe diciendo: “y todo reconocido así por las personas citadas, conformes manifestaron la complacencia y gusto de haber visto la expresada obra, y que conocen sus efectos no tan solo en su bondad, si también en lo abundante de las aguas que se reúnen en dicha conducción, de especial calidad, que verificada en Lorca, será parte principal de su felicidad, deseada por tantos años, y que no se les ofrece objeción que ponerle……..” .
Los trabajos continuaron, aunque a medida que se iban separando de Zarzadilla, las obras que dejaban atrás quedaban sin ninguna custodia, y aunque no tengamos constancia de que hubiese algún tipo de incidente o sabotaje en el caño, se tomaron una serie de medidas amenazantes para evitar daños en la cañería. El documento original de éste auto se incluye al final del apartado del agua. Seguidamente se transcribe literalmente incluidas faltas de ortografía con arreglo a las reglas actuales, el auto sobre éste tema:
Zarzadilla
Lorca Año de 1.774
Expediente formado para que se guarde y eviten los daños en la obra de conducción de Agua Potable.
Juez
Il. Sr. D. Joseph Antonio de la Zerda, del Consejo de S.M., oidor de la Real Chancillería de Granada. Por ante S.reg. de S.n.
D. Manuel Estratón Garcia
Auto: En la Ciudad de Lorca, en el día veinte y dos de Septiembre del año de mil setecientos setenta y cuatro, el Ex. E Il. Joseph Antonio de la Cerda, del Consejo de S.M., oidor de la Real Chancillería de Granada, con Jurisdicción Ordinaria para el reconocimiento y mensura de tierras roturadas en el término de ésta ciudad y todas sus incidencias, superintendente de la obra de Conducción de agua potable para el abasto de ésta, de los manantiales de la Zarzadilla y demás obras del río. Habiéndosele dado cuenta por el Teniente Coronel de Ingenieros en 2º D. Juan Escofet, Director de las obras, que la expresada Conducción, está ya en la Hoz de Zerda, y toda la gente ocupada en ella, distante de las casas de la zarzadilla y Sitio de sus nacimientos, mas de legua y media. Y que por ésta razón ha quedado en aquellos parajes la dicha obra acabada y cerrada, pero sin custodia alguna de persona que cele los daños que pueden causarse en ella, así por los moradores en las dichas casas de la Zarzadilla, como por sus ganados y otros que pasen por cima de dicha obra, no obstante el terraplén que por algunas partes se le ha podido hazer para su maior estabilidad y seguro. Y para remediar dichos perjuicios, su Señoría mandó se le haga saber al Diputado de la Zarzadilla y a todos sus moradores, en el próximo día feriado para que pueda verificarse su concurrencia en el sitio de la Ermita. Que por ningún motibo se puede romper el curso de las aguas, que se ha arreglado con caballones, Atochadas y zanjas, e las que caen en las vertientes de la sierra, y se han dirigido por la parte de arriba de la conducción, para que los pequeños torrentes no lo atraviesen desde el nacimiento de la fuente hasta la presa, antes bien todos los dueños de los terrenos que dicha conducción atraviesa deben procurar a que las aguas llobedizas corran por las sobredichas direcciones que se les ha hecho, y que en modo alguno arrimen sus ganados a dicha obra Veinte Varas en circunferencia a la Bóveda principal, formada en el nacimiento de las aguas, ni arrimen sus arados a dicha obra en toda la que pasa por tierras de labor de dicha Diputación. Pena que por la primera vez se le exigirá al que cometa el daño Veinte ducados de multa, aplicados a disposición de Su Señoría, y que se inviertan en el gasto de dicha obra, además de que se ejecutará el remedio del daño a consta de los culpados. Por la segunda vez se les destinará por cuatro años a los Arsenales de Cartagena. Y por la tercera, a seis años de presidio, y se procederá contra los dañadores o dueños del ganado que lo ejecuten, por todo rigor de derecho a imponerles las demás penas que como tales dañadores del bien público deben sufrir; de guias ocurrencias dará cuenta a éste tribunal puntualmente el Diputado que es o fuere de la Zarzadilla, siendo de su cuenta y riesgo si dejare de celar dicha obra y que se cometan los citados daños o tuviere la menor omisión en ello, para lo que se le deje testimonio de ésta providencia por el escribano de diligencias que pase a hacerla notoria, poniéndola formal de su entrega, para que le sirva de cargo contraviniendo a ella , y así lo proveió y firmó dicho Sr. De que doy fe.
El anterior auto, se lleva a Zarzadilla, para comunicarlo oficialmente a sus habitantes, y se hace mediante la siguiente diligencia:
“Estando en este Partido de la Zarzadilla de Totana Jurisdicción de la Ciudad de Lorca, en veinte y cinco días del mes de septiembre de mil setecientos setenta y cuatro. Yo el Escribano de Diligencias después de celebrado el Santo Sacrificio de la misa, estando todos los vecinos de éste Partido juntos les hice notoria la Providencia que antecede, con asistencia de Pasqual López Diputado de dicho Partido, Blas Sánchez, Miguel de Cánovas, Joseph de Canovas, Ramón Sánchez, Santos Sánchez, Juan de Tudela, Gregorio Sánchez, Juan López, Ginés de Canovas, Antonio García, Beatriz González viuda de Juan Pasqual, Pedro Guerrero, Andrés de Miras y Alonso Lario, leyéndoles a la letra dicha Providencia, en sus Personas.
Doy fe” (Joseph Simón Cortés Escribano)
Diligencia de haber sacado el testimonio: Doy fe que en cumplimiento de lo que se previene y manda, en la Providencia que está por cabeza de éste expediente, saqué el testimonio y entregué al Diputado Pascual Lòpez a presencia de todos los contenidos en la Diligencia que antecede. Y para que conste lo anoto yo el escribano, Diligencia que firmé en éste Partido de la Zarzadilla de Totana, a veinte y cinco de septiembre de mil setecientos setenta y cuatro.
(firmado Joseph Simón)”
Podríamos extendernos en numerosos detalles sobre las obras, pero en lo fundamental queda más que resumido. La finalización de las obras no se produjo tan rápidamente como se pensó en principio, de hecho la inauguración de una de las fuentes más emblemáticas de Lorca, como es la ubicada en la Plaza de la Estrella del Barrio de San Cristóbal, se inauguró el día 24 de Junio del año 1.780. Esta fuente se ha estado surtiendo de agua del pueblo durante doscientos años. Otra fuente menos conocida por su ubicación y afortunadamente restaurada recientemente, que también se surtía del caño, era la de Santa Quiteria, la que podemos ver en la entrada del Recinto Ferial, frente al Huerto de la Rueda.
Hasta la venida del agua del Taibilla, el acueducto fue durante dos siglos fundamental para el desarrollo de la ciudad. Aunque como ya quedó expuesto, aún estuvo operativo hasta la década de los ochenta. Incluso estando abandonado, aún se perdía en el barranco del Chorrillo al llegar a los imponentes pero derruidos arcos, una cantidad considerable de agua; éste agua era recogida de forma sistemática en la antigua presa de La Caseta, y fluía sin control por el viejo caño. El hecho de que sin ningún tipo de mantenimiento permitiese llegar las aguas, nos indica la calidad de la obra. Desde luego durante su vida activa (hasta mediados del S.XX) fue realmente mimada, tuvo guardias o “cañeros” que era como se les conocía, y además periódicamente había cuadrillas tanto de la ciudad como de la propia Zarzadilla, que actuaban como canteros o albañiles cuando se les requerían sus servicios.
Está situada en la calle Selgas, también conocida por calle de las Tiendas. Está siendo sostenida con potente andamio durante largos años, ya que la idea y el proyecto es restaurarla. Nosotros la conocimos ya utilizada como casa de pisos y habitada por varias familias. Eran salones enormes, de techos altos y con paredes que aun conservaban restos de tapices y empapelados en boga en la época de su construcción. Como esta última generación de lorquinos no la ha conocido, deseábamos recordarla para ellos y que vieran como era, ya que este frontal está cubierto con una lona y no es visible en la actualidad.
La Iglesia Católica instaura la Santa Inquisición en la provincia de Murcia en el año 1488 por decisión real de los Reyes Católicos y empieza a funcionar el llamado Santo Oficio, que solo tenía competencia sobre cristianos bautizados y trataba de combatir en un principio la herejía cátara y las prácticas judaizantes, pero paulatinamente se fue extendiendo al dogma, la blasfemia y palabras injuriosas para las imágenes y cosas sagradas. Pronto se escribieron muchas páginas negras, por errores en condenas al tormento o la hoguera a víctimas inocentes, pero como las denuncias podían ser anónimas y al acusado no se le decía el delito por el que era perseguido, no había manera de poder defenderse y la condena era casi inevitable. Los interrogatorios eran normalmente con torturas, para los casos de delitos graves y si se les encontraba culpables, se les requisaban sus bienes para sufragar los gastos del proceso y del encarcelamiento. Si se arrepentían de su acusación, en algunos casos, podían ser perdonados y reconciliados con la Iglesia.
Los suplicios eran presenciados por el Inquisidor, un médico, un secretario y un verdugo, que se aplicaban sobre el reo completamente desnudo, excepto cuando eran mujeres.
En Italia Galileo Galilei (1564-1642) fue obligado por la Inquisición a declarar que su teoría heliocéntrica era un error y que era el sol el que giraba y la tierra no se movía.
En España es también famosa la condena a Fray Luis de León, poeta, teólogo y astrónomo, que por haber traducido el Cantar de los Cantares, del ebreo al castellano sin licencia, estuvo cinco años encarcelado y cuando volvió a su cátedra de Salamanca, inició su primera clase con la famosa frase:“ Como decíamos ayer”. También escribió esta bella décima o espinela: “Aquí la envidia y mentira /me tuvieron encerrado./ Dichoso el humilde estado/ del sabio que se retira/ de aqueste mundo malvado/y con pobre mesa y casa/en el campo deleitoso/ con solo Dios se acompasa/ y a solas su vida pasa/ ni envidiado ni envidioso”.
Matar en nombre de Dios es lo mas horrible, por eso esta institución, abolida en las Cortes de Cádiz, en 1812, ha sido tan criticada y odiada.
/Fachada de la casa del Inquisidor, único paredón en pie/
LORCA, UN MISMO PERFIL URBANO A LO LARGO DE MILENIOS QUE HA CAMBIADO EN LOS ÚLTIMOS DECENIOS.
El medio físico ha condicionado siempre el asentamiento humano en Lorca. Desde hace 5500 años se primó por los primeros pobladores la cercanía al recurso hídrico mas importante que suponía el agua del Guadalentín y las tierras irrigables. Estas tierras estaban al pie de una alta y alargada sierra que servía de resguardo y control visual de un amplio territorio. Ese tipo de establecimiento en una ladera al amparo de un alto cerro configuró la población desde el III milenio a.C. hasta la Edad Media. Se sucedieron en el mismo lugar las gentes calcolíticas, argáricas, ibéricas, romanas, visigodas, árabes y cristianas.
Sobre esa ladera se configuraron las primeras parroquias (San Pedro, Santa María y San Juan) fortificadas por una poderosa muralla, que fue quedando obsoleta cuando el peligro fronterizo desapareció. Extramuros surgieron los arrabales de San Mateo, Santiago y San Cristóbal.
Lentamente la ciudad fue creciendo durante los siglos XVI, XVII y XVIII, llegando a principios del siglo XX hasta las Alamedas, El Óvalo y el cementerio de San José. Y llegaron las altas construcciones de la Avenida, creando una nueva y alta muralla de ladrillo formada por edificios de muchos pisos, su ocupación propicio el progresivo vaciamiento del antiguo casco urbano y la bajada del comercio y de los servicios de hostelería y restauración a está nueva arteria de la ciudad y su entorno.
Al otro lado de las vías del ferrocarril se fueron multiplicando las casas residenciales y a lo largo de principios del siglo XXI surgieron nuevas barriadas en las cercanas tierras cultivables.
La huerta próxima a la ciudad ha ido desapareciendo con la multiplicación de viviendas en las pedanías de Tiata, Marchena, Cazalla, El Campillo, La Purgara y Tercia, y con ello también ha desaparecido una forma de vida.
Los nuevos tiempos han traído un hermoso y singular casco histórico vacío que es urgente repoblar para poderlo conservar, y una huerta superpoblada y parece que lo estará mucho más, ya que la pandemia ha cambiado algunos hábitos de vida y las gentes quieren irse a vivir al campo para disponer de entornos al aire libre.
Trabajemos todos los lorquinos por guardar nuestras señas de identidad y la antigua ciudad es una de las más importantes que tenemos que conservar. Nuestra hermosa ciudad necesita vivirla, poblarla y sentirla, tarea que es de todos y por la que es necesario y urgente apostar.
LORCA, UN MISMO PERFIL URBANO A LO LARGO DE MILENIOS QUE HA CAMBIADO EN LOS ÚLTIMOS DECENIOS.
Estas tierras estaban al pie de una alta y alargada sierra que servía de resguardo y control visual de un amplio territorio. Ese tipo de establecimiento en una ladera al amparo de un alto cerro configuró la población desde el III milenio a.C. hasta la Edad Media. Se sucedieron en el mismo lugar las gentes calcolíticas, argáricas, ibéricas, romanas, visigodas, árabes y cristianas.
Sobre esa ladera se configuraron las primeras parroquias (San Pedro, Santa María y San Juan) fortificadas por una poderosa muralla, que fue quedando obsoleta cuando el peligro fronterizo desapareció. Extramuros surgieron los arrabales de San Mateo, Santiago y San Cristóbal.
Lentamente la ciudad fue creciendo durante los siglos XVI, XVII y XVIII, llegando a principios del siglo XX hasta las Alamedas, El Óvalo y el cementerio de San José. Y llegaron las altas construcciones de la Avenida, creando una nueva y alta muralla de ladrillo formada por edificios de muchos pisos, su ocupación propicio el progresivo vaciamiento del antiguo casco urbano y la bajada del comercio y de los servicios de hostelería y restauración a está nueva arteria de la ciudad y su entorno.
Al otro lado de las vías del ferrocarril se fueron multiplicando las casas residenciales y a lo largo de principios del siglo XXI surgieron nuevas barriadas en las cercanas tierras cultivables.
La huerta próxima a la ciudad ha ido desapareciendo con la multiplicación de viviendas en las pedanías de Tiata, Marchena, Cazalla, El Campillo, La Purgara y Tercia, y con ello también ha desaparecido una forma de vida.
Los nuevos tiempos han traído un hermoso y singular casco histórico vacío que es urgente repoblar para poderlo conservar, y una huerta superpoblada y parece que lo estará mucho más, ya que la pandemia ha cambiado algunos hábitos de vida y las gentes quieren irse a vivir al campo para disponer de entornos al aire libre.
Trabajemos todos los lorquinos por guardar nuestras señas de identidad y la antigua ciudad es una de las más importantes que tenemos que conservar. Nuestra hermosa ciudad necesita vivirla, poblarla y sentirla, tarea que es de todos y por la que es necesario y urgente apostar.
UNA JUDERÍA ESCONDIDA DURANTE SIGLOS DENTRO DE UN CASTILLO.
UN BASTIÓN MEDIEVAL CON DOS TORRES
El castillo de Lorca (Región de Murcia) se erige imponente, dominando un extenso territorio. Construido sobre un cerro habitado desde la prehistoria, la fortaleza tiene un origen medieval, cuando Lorca estaba bajo dominio islámico en el siglo VIII. En el año 1244, con la capitulación de la ciudad al infante Alfonso, el castillo pasa a ser uno de los bastiones más importantes del reino de Castilla, ya que era zona fronteriza con el reino de Granada. Durante el siglo XIII, el rey Alfonso X El Sabio manda fortificar el castillo y se construyen las dos torres que podemos observar hoy en día: la principal o del homenaje llamada torre Alfonsina, y la del extremo occidental, llamada torre del Espolón. Toda la fortaleza, incluidas ambas torres, sufrieron importantes daños a raíz del terremoto de 2011, aunque en la actualidad ya han sido restauradas y están abiertas al público.
UNA JUDERÍA ENCASTILLADA
Se deducía la presencia de judíos en Lorca por documentos del Archivo Municipal. Sin embargo, hasta comienzos del siglo XXI, con las excavaciones arqueológicas realizadas con motivo de la construcción del Parador Nacional, no había restos que confirmaran su presencia más allá de esos documentos. Los judíos en esta zona se dedicaban a la ganadería, la agricultura, al comercio o a trabajos propios de zonas fronterizas, como mensajeros o al rescate de cautivos (alfaqueques) y también a la recaudación de impuestos (alcábalas). En 2003 es cuando aparecen los restos de la sinagoga y del antiguo barrio de Alcalá, la judería de Lorca. Su singularidad está en que era un barrio que se encontraba en el interior del recinto del castillo, en su parte no destinada a uso militar, y que las viviendas eran especialmente grandes. Hoy en día se han identificado hasta 18 casas, la sinagoga, los restos de una carnicería y de un taller de vidrio.
UNA SINAGOGA DE UN VALOR EXCEPCIONAL
La sinagoga fue construida en el siglo XV y su principal característica es que, una vez abandonada, no tuvo otros usos, por lo que sus ruinas se mantienen tal y como las dejaron los judíos al abandonar la Península Ibérica en 1492. Aunque fue sometida a un paulatino expolio con el paso de los siglos, tiene un valor arqueológico excepcional al ser de las pocas en España que mantiene íntegros sus elementos distintivos. Con unas dimensiones de 20×10 metros, se encuentra cerca de los restos de la antigua ermita de San Clemente, también bajomedieval. Sin embargo, la sinagoga fue construida en una vaguada, ya que no estaba permitido que fuera más alta que las iglesias cristianas. En su interior, aparte del suelo de ladrillos en espiga, se pueden apreciar diferentes elementos que destacan su uso religioso: los asientos o bancos corridos, el hejal donde se encontraba un armario que guardaba la Torá o la tevá, que era una tribuna desde donde se realizaba la lectura del libro sagrado.
LAS HUELLAS DE LA ESPAÑA JUDÍA
En el interior de la sinagoga se encontraron unos 2.600 fragmentos de lámparas de vidrio que se utilizaban para iluminar el templo. Después de un intenso trabajo de restauración, se han podido reconstruir 27 lámparas, que son únicas en el mundo por su importante valor histórico. Actualmente 26 de ellas se encuentran expuestas en el Museo Arqueológico Municipal de Lorca, y otra se encuentra cedida temporalmente en el Museo Sefardí de Toledo. Otros elementos significativos para identificar la judería y que aparecieron en algunas casas, fueron restos de candiles utilizados para celebrar la Jannuká y restos de una carraca para la fiesta Purim, dos festividades judías.
Todos estos elementos se pueden ver en el Museo Arqueológico Municipal de Lorca, donde se encuentran expuestos también trozos de cerámicas y objetos de uso cotidiano como dedales, anillos o agujas, así como restos de azulejos y yesos de la sinagoga.En un basurero cercano aparecieron residuos de huesos de animales que, una vez analizados se comprobaron que no pertenecían a cerdos y que habían sido matados según el rito kosher. Todos estos elementos tienen un importante valor arqueológico porque permiten conocer cómo vivían las poblaciones judías en el siglo XV.
UNA VISITA CARGADA DE HISTORIA
Después del abandono de la judería con el decreto de conversión de 1492, la zona quedó en desuso y el paso del tiempo fue cubriendo los restos con tierra hasta quedar completamente tapados.
La singularidad de ser una judería encastillada, el buen estado de conservación de la sinagoga y que no hubiera sido transformada posteriormente en iglesia, así como la relevancia de los restos arqueológicos encontrados, principalmente los fragmentos de vidrio de las lámparas, fueron los elementos clave que permitieron que Lorca entrara a formar parte de la Red de Juderías de España en 2019. Actualmente continúan las excavaciones en el castillo, por lo que pueden seguir apareciendo nuevos hallazgos arqueológicos.
LA VIEJA QUBBA JUNTO A LA TRANSITADA PUERTA DE LA MEDINA
Siendo niño, era su redondeada media bola lo que le fascinaba cuando bajaba corriendo con el resto de niños del barrio hacia el cementerio y pasaba junto al cuadrado edificio de paredes blanqueadas. Un día que subían de jugar junto al río y andaban entre las tumbas, vio como la comitiva de un entierro se paraba junto al morabito que tenía la puerta abierta. La curiosidad le pudo y se acercó hasta un viejecito para preguntarle que pasaba, este cogiendo al niño del brazo lo apartó del séquito y le dijo, “es el entierro de un reconocido alfaquí de la ciudad que van a sepultar en el panteón que hay junto a la qubba donde está enterrado el afamado santón con el que se educó”. El niño sorprendido y con los ojos muy abiertos pregunta “¿qué es un santón?”, a lo que el hombre mayor le respondió “acércate mañana a la puerta de la mezquita aljama y te lo explicaré tranquilamente”.
A primera hora ya estaba Jaled esperando en la plaza abierta delante de la mezquita a que llegará el viejecito. Al rato de estar esperando, apareció un niño un poco mayor que él y le dijo que le siguiera, los dos se dirigieron a la cercana madrasa donde sentado en una esquina del amplio patio esperaba el hombre viejo. Al verlo, le indico con la mano que se acercara y que se colocará junto a él, comenzando a hablarle de la siguiente manera, “el santón del que me preguntaste ayer, fue un importante maestro religioso que se dedicaba a acoger a jóvenes para educarles en los preceptos del Islam, con sus enseñanzas adquirió tanta fama que venían a formarse con él muchos niños desde diversas poblaciones, algunas tan alejadas como Niebla o Mértola”.
Jaled que estaba muy atento a las palabras de Ibn Salem, que era como se llamaba el viejo, de repente recuerda lo que le había contado la noche anterior su abuela sobre el santón que estaba enterrado en la qubba, y sin pensarlo empieza a hablar, “según mi abuela el santón fue una persona muy querida en Lurca por dar buen consejo a los ciudadanos que se lo pedían y desde que está enterrado en la qubba es considerado el protector de la puerta, impidiendo que entre por ella la malaventura o la desgracia. Tu abuela dijo una gran verdad, el sabio Muḥammad, fue una excelente persona y se que le gustaría que siguieras sus enseñanzas en esta escuela. Y así fue como Jaled comenzó su formación en la madrasa lorquina, pasados los años se convirtió en un reputado alfaquí que sigue viviendo junto a la puerta Al-Saria, cada vez que sale o entra por ella, mira hacia la cúpula de la qubba que sigue atrayéndole por la redondeada forma que la cubre y por que Muhammad de Lurca, sabio santón que allí está enterrado.
Torre del Espolón, una década del desastre a la plenitud.
La torre del Espolón, en primer término, en la que se aprecia el estado de abandono que presentaba desde finales del siglo XIX hasta su restauración en los años 70.
La imagen más reciente de la torre, tras los daños causados por el terremoto de 2011.
El abandono la deterioró, y los seísmos han vuelto a dañar la atalaya medieval. Su aspecto es ahora similar al que ofrecía a finales del XIX. Uno de los extremos del Castillo, posiblemente el más accesible, cuenta con la torre del Espolón o Esperón, denominación con la que se la conoce ya en la documentación medieval. Este símbolo defensivo de un época pasada ha sido uno de los edificios históricos más dañados por los recientes seísmos, hasta el punto de que sus aspecto exterior es casi similar al que presentaba a finales del siglo XIX.
El nombre de la torre puede deberse, según apunta el arqueólogo Andrés Martínez Rodríguez en un documentado estudio sobre las torres de la fortaleza, al lugar en que se construyó, extremo del castillo fortificado desde el siglo XIII con un potente muro de mampostería.
La torre del Espolón no dispuso de patio de armas y el único cerco que tuvo fue la propia muralla del castillo que, en las inmediaciones, fue reforzada con torres, entre las que destaca una de forma semicircular construida en el siglo XV.
La torre es de planta cuadrada con un alzado de algo más de 21 metros. Su estructura interior consta de un aljibe subterráneo, dos plantas y terrado. Está construida con gruesos muros de 3,20 metros de grosor, a base de mampostería de caliza trabada con mortero de cal y los ángulos reforzados por sillares. Esos muros sólo están perforados por siete estrechas saeteras y la puerta de entrada abierta al levante.
Las bóvedas del interior, tanto en las saeteras como en el aljibe y en las habitaciones, son de ladrillo, lo que es habitual en edificios castrenses nazaríes y mudéjares, y todo trabado con mortero de cal. Su estructura, concepción del espacio y programa decorativo son de claro cuño cristiano y están en relación con su funcionalidad primordialmente militar.
La única parte de esta torre cuyo diseño parece influenciado por la arquitectura islámica es el aljibe, que guarda semejanza con los de los castillos de Alcalá de Guadaira en Sevilla, y Bujalance en Córdoba.
En las cuatro esquinas de la torre, señalando la separación de las dos plantas al exterior, hay colocados sillares que llevan incorporados elementos ornamentales, en buena parte muy deteriorados. Un rostro que ha perdido la parte superior de la cabeza, y tres bustos masculinos parcialmente destruidos es lo poco que queda.
La torre del Espolón resultó muy deteriorada con el tiempo y el abandono hasta el punto de que el tercer piso había desparecido a finales del siglo XIX, por lo menos en los muros exteriores. El interior se mantuvo debido a que la bóveda de crucería de la primera planta no se derrumbó.
En los años 1970-1971, bajo la dirección del arquitecto Pedro San Martín Moro, se llevó a cabo una restauración, que concluyó con la reposición de las almenas en base a las encontradas en los escombros del relleno. Un dibujo de Ordovás de 1799 muestra la torre sin almenas.
El coronamiento original pudo ser en forma de cadalso, un saledizo de madera para la defensa de la torre.
El recorrido interior empieza por el aljibe, un espacio de planta cuadrangular con un pilar central cruciforme del que arrancan cuatro arcos apuntados de sillería. Las bóvedas están construidas a base de ladrillo. El agua de lluvia llegaría al aljibe a través de dos entradas elaboradas en piedra, una labrada con forma de cabeza de león.
La planta baja no conserva ningún elemento de su pavimento original que, posiblemente, fuera de piedra fina con mortero de cal. La actual solería se colocó durante la restauración de los años 70. La cubierta de la estancia presenta una bóveda de crucería, con cuatro cadenas de dovelas de piedra que se apoyan en columnas adosadas al muro en las esquinas, un ejemplo típico de las iglesias cistercienses. Las columnas están rematadas con capiteles decorados con motivos vegetales. La bóveda es de ladrillo colocados de canto y dispuestos en forma de espiga.
A la derecha de la entrada a la torre, hay una puerta que permite el acceso a la escalera por la que se accede al piso superior. La caja de esa escalera está construida en el interior del muro y tiene ochenta y cinco peldaños de los que sólo son originales doce del segundo tramo. La iluminación se recibe a través de las saeteras que perforan el muro en los ángulos del torreón.
A la primera planta se accede por una puerta rematada por un arco apuntado, realizada en sillares de piedra, puerta que se cerraría con dos hojas de madera o metal que hoy no existen.
La iluminación de esta sala se realiza a partir de la puerta y de tres saeteras abiertas en los muros orientados al este, oeste y norte. La cubierta, al igual que en la planta baja, está formada por una bóveda de crucería simple, con apoyos en cuatro columnas adosadas a los muros. Estas columnas son más esbeltas que las de la planta baja y sus capiteles están decorados, tres de ellos con hojas de palma y el cuarto con hojas de acanto espinoso.
El actual terrado y los dos últimos tramos de escalera por los que se accede a él están totalmente reconstruidos en base al mencionado proyecto del arquitecto San Martín Moro, que le añadió las almenas. Si existieron en el pasado, pudo ser como consecuencia de obras realizadas al principio del siglo XIX para fortificar el castillo, con motivo de la guerra contra los franceses.
La incorporación de esta torre al parque temático medieval ‘La Fortaleza del Sol’ supuso también algunas reformas interiores para acondicionarla a las visitas turísticas. Tal vez la más llamativa fue la que afectó al aljibe, transformado en mazmorra para proporcionarle un atractivo más.
Siente detrás de él a su perro moverse nerviosamente, dándole con el hocico en el bolsa de cuero para que se levante. Ante la insistencia del animal que comienza a ladrar, se levanta y lo sigue hasta el extremo de un barranco cercano, desde allí contempla lo que el perro había descubierto, varios hombres y mujeres portando envoltorios suben agrupados lentamente por la senda de La Salud.
Cuando el grupo está cerca de donde él se encuentra, puede advertir que se trata de un entierro y que los restos incinerados del difunto los portaba en una bolsa de tela el hombre más mayor del grupo, puede distinguir que era el experto tallador de puntas de flecha de un poblado cercano al suyo.
Se aleja para agrupar el rebaño y cuando esta subiendo por la ladera ve como la comitiva mortuoria también asciende. Al mirar como se alejan, siente la curiosidad de saber donde está la sepultura, se da la vuelta y sigue desde lejos al grupo que pronto se pierde detrás de un espolón rocoso. Al llegar y girar tras el roquedo observa la estrecha abertura de una cueva y delante de ella a las tres mujeres del grupo sacando cosas de las bolsas que portaban, entre los objetos que distingue hay un bello plato de madera que ponen sobre una estera, varios collares con muchas cuentas y unas túnicas de lino dobladas de las que caen unos largos flecos.
Entonces recuerda la fabulosa historia de las telas de lino que le había contado su madre mientras tejía y ordenaba las pesas del telar vertical que estaba apoyado cerca de la puerta de su casa, la elaboración de tejidos de lino había constituido el hilo de la continuidad a lo largo de los siglos de esta tradición transmitida de generación en generación por las mujeres. Las túnicas y vestimentas de lino eran elegantes y suntuosas por naturaleza, ofrecían una gran resistencia y eran las mejores para absorber la humedad.
De pronto se oye la voz de un hombre pidiendo que le pasen la bolsa con los restos de Etiam, a la vez que aparecen unos fuertes brazos por la estrecha abertura. Con mucho respeto entregan el envoltorio y al rato vuelven a aparecer los mismos brazos para recoger un hermoso ramos de flores silvestres que le entrega la mayor de las mujeres. Mientras el pastor está mirando como se afanan las tres mujeres en perfumar con flores secas de lavanda la entrada de la cueva, su perro se pone a ladrar y el grupo se percata de que algo pasa en las proximidades. La más joven de las mujeres que lo ha visto subido en el espolón rocoso, se acerca a las inmediaciones de donde está y le dice, “este lugar es donde enterramos a mis familiares y nadie conoce donde está ubicado. Acabamos de introducir los restos de mi madre y antes de que salgan los hombres del interior de la Cueva Sagrada debes alejarte, si te ven tendrás problemas ya que has visto el lugar prohibido y has roto el respeto a nuestros antepasados”.
El muchacho tras oír la advertencia, sale corriendo ladera abajo, de repente se para, se da la vuelta y gritando le pregunta a la joven, “¡quien era tu madre!”. La joven lo mira desde lejos y con un ademán que denota un gran orgullo, exclama “mi madre era Etiam la mejor tejedora de telas de lino de esta parte del valle”.
Esa tarde cuando el pastor bajaba de la montaña, después de haber pasado todo el día conduciendo el rebaño, se detiene para mirar como la luz del atardecer cae sobre los campos sembrados de cebada y entonces busca los bancales donde crece el lino y recuerda a la bella joven pelirroja de melena rizada, la hija de Etiam, la gran tejedora de lino.
LOS DADOS DE LA JUDERÍA MEDIEVAL DE LORCA. Andrés Martínez Rodríguez.
Cuando Abraen Bocha entra en la judería encastillada por la puerta acodada de Alcalá y se dirige hacia su casa por la estrecha y empinada calle, se encuentra con su vecino Jehuda Abenpica que portaba una caja de madera bajo el brazo. Después de saludarse, Abraen le pregunta, “donde caminas Jehuda”, a lo que el viejo de cara bondadosa le responde, “voy a bajar a la ciudad para llevarle a mi hijo Samuel un lote de pulseras de vidrio de diferentes colores que acabo de recoger en el taller de Salomón, el artesano vidriero. Ayer pasaron por la tienda que tiene en la plaza de San Jorge varias mujeres para comprar abalorios y se llevaron las últimas pulseras de vidrio para sus hijas”. Abraen que acababa de subir al castillo, mira el calzado que lleva su amigo y le dice: “Ten cuidado que el serpenteante camino que baja del castillo, se encuentra embarrado por las últimas lluvias”. Cuando se habían alejado unos metros, Jehuda se vuelve y acercándose a Abrahen le susurra al oído con su pausada voz, “tenemos pendiente la partida de senas de todas las semanas”, a lo que Abraen muy animado por la sugerencia le responde, “cierto, te espero esta tarde en mi casa que jugarla”.
Desde el patio se oye el sonido de los dados al caer sobre el tablero y el susurro de las fichas al ser desplazadas por las diferentes casillas, mientras la luz del crepúsculo se cuela por la puerta incidiendo sobre el tablero. Cuando Abraen lanza los dados de hueso, el más saltarín de los tres rebota en la madera y cae al suelo, alejándose dando botes hasta detenerse junto a los pies de Jacob, que sobresaltado de un blinco y se oculta tras la puerta. Su abuelo que se ha percatado de la presencia del niño, le pide que salga de detrás de la puerta y le acerque el dado. El niño así lo hace y al dejar el dado sobre el tablero, dice tímidamente, “Rabi Mose me dijo el otro día en la sinagoga que no se debe jugar con los dados”. “Y a cuento de que te lo dijo”, pregunta Abraen, a lo que el niño responde, “por qué se me cayó en la sinagoga un pequeño dado que me había encontrado en la plazeta de arriba”. Los dos hombres miran a Jacob sorprendidos y Abraen mirando a su nieto, comienza a explicarle que lo que está prohibido son los juegos de azar con dados donde se apuesta, pero hay juegos como las senas y el ajedrez a los que es recomendable jugar por que ejercitan el seso y cultivan el espíritu. El niño se sienta en el banco adosado a la pared cercano a donde están jugando los ancianos, para ver cómo termina la partida, hasta que su madre entra con la alcuza del aceite para verter en los candiles que hay sobre los alfices de las ventanas y mientras prende las mechas le dice: “Samuel acercaté a la alacena de la cocina y que tráete la botella de vino y el plato de dátiles que he preparado para el abuelo y Yehuda”.
Cuando la partida ha finalizado y Jehuda se ha despedido, Abraen se acerca a Samuel y pone en la mano de su nieto los dados y le pide que los lance sobre la mesa varias veces. “Como has visto Samuel, los números en cada tirada los pone el azar, por eso no debes con ellos jugar a apostar y así evitarás que te puedas viciar. Estas sabias palabras nunca se le olvidaron a Samuel y cuando tuvo que abandonar su casa y su ciudad en aquel aciago año de 1492, tras la firma del decreto de expulsión por los Reyes Católicos, se llevó en una pequeña bolsa las treinta fichas de dos colores y los tres pulidos dados. El bonito tablero que tuvo que vender, pronto fue comprado y sobre él se siguió jugando generación tras generación, subsistiendo la tradición de jugar a las senas hasta la actualidad en Lorca ciudad.
Pero el tema de hoy no va sobre los diferentes actos litúrgicos que durante este tiempo se desarrollan, como tampoco sobre nuestros singulares desfiles bíblicos, unas procesiones que un año más, han sido suspendidas por la terrible pandemia que estamos padeciendo. Un azote por el que ya han perdido la vida cerca de tres millones de personas en todo el mundo, un virus de propagación rápida y letal, pero que sorprendentemente tiene sus negacionistas, igual que los hay del cambio climático o de la violencia de género. Unos negacionistas que vinculados principalmente a la extrema derecha, niegan la realidad, no aceptando la multicultura, el feminismo o las políticas sociales y generando con sus mensajes, división, desprecio y odio entre la sociedad.
Una sociedad que se está deteriorando con todas esas mentiras, miedos y manipulaciones a que es sometida, siendo sobre esto de lo que va la publicación de hoy, porque la mentira, el miedo y la manipulación no es algo nuevo en la humanidad. Un mundo donde la ignorancia y el miedo de su población, es con lo que ha jugado desde siempre la Iglesia, anunciando el eminente fin del mundo y difundiendo el temor del infierno después de la muerte, aunque con la promesa de una vida eterna cuando esta llegue, pero una vida llena de sufrimiento si antes no se ha purificado el alma. Un engaño que se desarrolló tras la muerte de Jesús y tras formarse por parte de sus seguidores una secta judeocristiana, iniciándose así la difusión de su supuesta vida, muerte y resurrección, y digo supuesta, porque la tendencia de los historiadores, es considerar las afirmaciones sobrenaturales o milagros de Jesús, más como cuestiones de fe que de hechos probados.
Una Iglesia que se encontró de pronto con un aliado, con el acompañante perfecto. Porque si en los primeros siglos del cristianismo, los cristianos eran perseguidos, quemados vivos o echados a las fieras por el imperio romano, con la llegada en el siglo IV del emperador Constantino I, se dio libertad de culto y se acabaron la persecuciones a los cristianos, pasándose más tarde a perseguir a los paganos y siendo Teodosio I el Grande, quien en el año 380 decide que el cristianismo sea la religión oficial del imperio, invirtiéndose así en aquel siglo la suerte de los cristianos y expandiéndose por el mundo clásico la nueva Iglesia de Roma. Una suerte que comenzó con Elena (Santa Elena), la madre del emperador Constantino, de la que se cuenta que fue la responsable de que su hijo se convirtiese al cristianismo. Y es que tal fue la suerte de Elena en su viaje a Tierra Santa, que los hechos que se narran parecen más una fábula que los que aquellas crónicas sostienen. Pero unas afirmaciones que eternamente tendrán el apoyo de la fe, pues siempre se nos aclara que la fe es certeza aunque carezca de fundamento.
Y claro, si la creencia consiste en aceptar como verdadero lo que base real tiene, pues aparte de la fe, pocas razones de peso hay para creer lo que se nos dice de Santa Elena. Una mujer que con más de setenta años, marchó hacia Jerusalén en busca de las reliquias que dieran credibilidad a tantos relatos bíblicos, reliquias que como no podía ser menos, encontró tres siglos después de producirse los hechos. Un viaje que por lo que nos cuentan fue muy fructífero, porque no solo encontró la cruz donde fue crucificado Jesús, sino que también descubrió los clavos con los que fue sujeto, la corona de espinas y la tabla del INRI, además del santo sepulcro, la santa túnica, los restos de los reyes Magos y del apóstol Matías, la escalera del palacio de Pilatos y hasta la columna de la flagelación donde Cristo fue azotado, por lo que no hay duda alguna de que “Dios” la iluminó durante aquel glorioso viaje, periplo en el que también encontró el lugar y el pesebre donde nació Jesús.
Una reliquia (La Santa Cuna), que se conserva en la Basílica de Santa María la Mayor de Roma dentro de un magnifico relicario, el cual contiene cinco astillas del pesebre donde la virgen depositó al niño e incluso algo de paja. Pero un relicario, que fue robado por las tropas francesas cuando a finales del siglo XVIII fue ocupada Roma por Napoleón, teniéndose que realizar otro nuevo donde guardar la reliquia, porque por extraño que parezca, aunque han sido varios los relicarios destruidos o robados de la Santa Cuna, la reliquia que contenían y que es lo que de verdad importa, siempre ha quedado intacta. Cosa que me recuerda a cuando los franceses estuvieron por España y también por nuestra región, ocupando entre los días 9 y 11 de noviembre de 1810 la vecina ciudad de Caravaca, ciudad a la que saquearon, mataron a los que se le resistieron y robaron de su santuario la custodia de la Vera Cruz, aunque no la reliquia, que según nos cuentan estaba escondida en el convento de las carmelitas.
Pero una reliquia que si que fue sustraída 123 años después, concretamente en la madrugada del 14 de febrero de 1934 y que nunca apareció, por lo que una vez acabada la Guerra Civil se hicieron las oportunas gestiones para reponerla, siendo en el año 1942 cuando el papa Pio XII envió a Caravaca dos nuevas astillas de la cruz de Cristo. Dos fragmentos de la cruz existente en la Iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén de Roma, cubriendo con ello el hueco dejado por aquel robo sacrílego y continuando así con la veneración de la cruz que es de lo que se trataba. Pero es que en el año 2006, se añadió otro fragmento de la cruz donde Cristo murió, esta vez procedente del trozo que se conserva en Jerusalén, por lo que cabe pensar que la cantera de la Iglesia es inagotable y que aquel milagro de la multiplicación se sigue aún produciendo. Porque si sumásemos todas las reliquias que de la crucifixión de Jesús hay repartidas solo por Europa, habría suficiente madera como para construir un barco, que es lo que denunció ya en el siglo XVI Juan Calvino, el teólogo francés que en 1543 publicó un libro sobre las reliquias de la Iglesia.
Y si que puede ser exagerada esta afirmación, pero lo cierto y verdad es que solo en España hay una treintena de reliquias de la Santa Cruz repartidas en más de veinte ciudades, teniendo la de Sevilla hasta siete relicarios del “Lignum Crucis”, tres en su catedral y cuatro más en poder de otras tantas cofradías o hermandades. Pero es que la ciudad de la Alhambra tampoco se queda atrás, pues en Granada son cuatro los Lignum Crucis que hay, uno de ellos, el que le regaló Boabdil (último rey nazarí de Granada) a Isabel la Católica en 1492, haciéndole saber de que procedía de sus antepasados, los cuales lo tenían desde el siglo VII. También en nuestra región, aparte del de Caravaca, la cofradía murciana del Santo Sepulcro posee otro relicario con restos de la Santa Cruz. La cruz que halló Elena y de la que hizo tres partes, una que se llevó a Roma, otra que dejó en Constantinopla (actual Estambul) y otra que quedó en Jerusalén, siendo de esta última de donde procede el trozo más grande que se conserva en la actualidad, un madero de 64 x 40 cm. y que se venera en el monasterio cántabro de Santo Toribio de Liébana, asegurándose que el mismo corresponde al brazo izquierdo de la Cruz de Cristo.
Si ya nos parecía extraño, que entre las miles de crucifixiones que hicieron los romanos en Jerusalén (unas 500 al día durante la toma de esta ciudad entre los años 66 al 70), se encontrara justo la de Cristo, mucho más sorprendente es, que incluso se sepa qué lado del travesaño ocupaba cada brazo de Jesús. Pero seguro que no le faltaran argumentos, igual que también los tienen para que la cruz que se atribuye a Cristo sea la suya y no la de los dos ladrones que crucificaron junto a él, explicándonos que tras su hallazgo por parte de Elena, la candidata a santa ordenó llevar a una moribunda, la cual fueron poniendo sobre las diferentes cruces, viendo que con la primera y segunda empeoró su salud, mientras que en la tercera la recuperó milagrosamente, confirmando así sin lugar a dudas, de que ésta y no las otras era la cruz de la crucifixión de Jesús. Una cruz que como antes comentaba está muy repartida entre la cristiandad, estando de igual manera el tipo de madera con la que está construida la cruz.
Y es que mientras que el tronco que se conserva en el monasterio español de Santo Toribio de Liébana, se certificó en 1958 por el Instituto de Ciencias Forestales de Madrid como que era de ciprés, en otros se afirma que son de pino, cedro u olivo, cuando se supone que todas las reliquias pertenecen a la misma cruz. Una cruz que sabiendo la cantidad que en aquella época se gastaban, es inverosímil que fuesen de cedro, al ser esta una madera noble que solo se usaba para ciertos menesteres, como tampoco cabe pensar que fuesen de olivo, al ser la formación de este árbol poco adecuada para sacar grandes troncos, además de ser su madera hueca y deforme y de cultivarse con el solo propósito de producir aceite, por lo que lo normal es que fuese de la familia de las coníferas (pino, ciprés) pero unas maderas que se corrompen con facilidad, dudándose por tanto de que trescientos años después estuviese en buen estado la cruz que entonces se halló.
Pero si son sospechosas las reliquias de la Santa Cruz, mas desconfianza presentan los clavos de Cristo, los que también encontró Santa Elena en aquel productivo viaje, clavos que entregó a su hijo para que lo protegieran en las batallas, siendo uno fundido al casco, otro al escudo y un tercero al bocado de su caballo, habiendo otro que tiró al mar cuando en su regreso a Roma le pilló una gran tempestad, calmándose de inmediato las aguas. Pero es que también hay otro clavo en la corona que los reyes de Italia han usado desde la Edad Media en su coronación, otro que se conserva en la Iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén de Roma, otro en la catedral de Milán, otro en el palacio Real de Madrid y así hasta 33 clavos distintos venerados por toda Europa. Pero es que en 2011, en un documental titulado “Los Clavos de la Cruz”, se aseguraba haber hallado en una tumba de Jerusalén con 2000 años de antigüedad los clavos que se pudieron utilizar en la crucifixión de Cristo. Y es que claro, si los clavos encontrados en 1990 pertenecieron a cualquier otro de los miles de crucificados, ni hubiese habido película ni beneficio alguno.
Que es el negocio que siempre ha hecho la Iglesia con las reliquias, sobretodo en la Edad Media, en el tiempo de las cruzadas, donde los templos en los que se guardaban se convirtieron en lugares de peregrinación y donde no había una sola iglesia que no tuviese alguna reliquia que venerar, valiendo para tal menester desde una piedra hasta una pluma. Piedras que supuestamente procedían del Portal de Belén y plumas, miles de ellas, de las alas del arcángel San Gabriel, exhibiéndose una en el Monasterio de San Lorenzo del Escorial, una pluma de la que se decía había perdido el ángel en una lucha contra el Diablo, pero una pluma que por lo increíble de la historia ya no se muestra en el citado monasterio. Sin embargo, sí que otras reliquias absurdas e inverosímiles se siguen venerando en pleno siglo XXI, como es el caso de los rayos de la estrella que guió a los Reyes Magos, un estornudo del Espíritu Santo o un suspiro de San José, suspiro que se le escapó al carpintero, cuando tras agobiarse tanto buscando posada donde dar a luz María, por fin encontró una cueva, cueva donde suspiró al tiempo que bebía vino de una botella.
Botella que un ángel tapó inmediatamente atrapando el suspiro y que luego escondió, siendo encontrada por unos monjes en la Edad Media. Suspiro que se conserva en el Vaticano dentro de un relicario, igual que se guarda también el bastón de San José. Conservándose igualmente el Santo Ombligo o cordón umbilical de Jesús en tres lugares distintos, además de un trozo de tela con la que la virgen arropó al niño y el Santo Pañal entregado por María a los Reyes Magos, pañal que se venera en muchas ciudades, como muchos son también los lugares donde se veneran los dientes del niño Jesús (64) y los del Santo Prepucio (50), aunque un culto éste que la Iglesia anuló en 1900. Un prepucio como el que se conservaba en Amberes y del que sus custodios decían que sangraba cada Viernes Santo y que ayudó a Enrique V de Inglaterra a superar su infertilidad, creándose la orden de caballería “Hermanos Caballeros del Santo Prepucio” para protegerlo. Pero no solo se veneraban los muchos Santos Prepucios repartidos por Europa, sino también las navajas que supuestamente se utilizaron en aquella intervención que a los ocho días de nacer se le practicó a Jesús como a cualquier otro judío.
Otra rara reliquia y que se venera en Roma, es la cola de la mula del Pesebre de Belén (antes eran dos), mula y buey que Benedicto XVI descartó en dicho lugar, afirmando en su libro “La Infancia de Jesús” que en el evangelio no se habla de animal alguno en el pesebre, que fue San Francisco de Asís quien creó en 1223 esa representación en el belén. Siendo representación también, la matanza de los Santos Inocentes, un hecho que la historia desmiente, afirmando que nunca ocurrió y que Herodes llevaba ya cuatro años muerto cuando Jesús nació. Pero una “historia” que caló profundamente entre los cristianos, siendo pocas las iglesias de Italia donde no se veneran restos de los Santos Inocentes. Igual que también se venera un esqueleto del que se dice es San Juan Bautista a la edad de 12 años, como si éste hubiese renovado en la pubertad todos los huesos de su cuerpo, un San Juan del que se veneran cuatro cabezas y hasta 63 dedos. Pero es que en la iglesia de San Pedro de Ledesma (Salamanca), se veneran los restos de tres pastores de Belén que acudieron a adorar al niño, pastores que responden a los nombres de Jacobo, Josefo e Isacio y que se presentan con sus zurrones y tijeras de esquilar.
Y si disparatadas son estas reliquias, más absurdo es lo que se dice tener de la Virgen María en San José de Calasanz de Roma, porque si la virgen ascendió a los cielos, cuesta mucho admitir que se dejase el hígado, la lengua, el corazón y hasta un brazo aquí en la tierra. Venerándose también de María, las gotas de leche con las que amamantó a su hijo, leche que también está repartida por varios lugares de Europa, siendo uno de ellos la Catedral de Murcia. Una reliquia que se conserva en la catedral murciana desde el 22 de marzo de 1714, fecha en que la entregó al Cabildo Catedralicio María Teresa Fajardo, hija del Marqués de los Vélez y de María Engracia de Toledo, que fue quien decidió que a su muerte se entregase la ampolla de la Santa Leche a la Santa Iglesia Catedral de Santa María. Una reliquia que según se cuenta procede del Vaticano, siendo traída a España por el virrey de Nápoles que se la regaló a su hija, donándola esta más tarde a la viuda del Marqués de los Vélez.
También en el monasterio de la Encarnación de Mula, se conserva una de las 700 espinas de la corona de Cristo que hay repartidas por todo el mundo, una cantidad que es diez veces superior a las espinas que según los expertos tenia la corona de Cristo (72), corona que se conserva en la Catedral de Notre Dame de París pero ya sin espina alguna, al ser todas destruidas durante la revolución francesa. Una Corona que trajo de Tierra Santa el rey Luis IX de Francia, cuando se entregó a la causa cristiana y a sus cruzadas. Un rey que fue primo de Jaime I, al cual le regaló dos espinas de la corona, siendo estas unas de las primeras reliquias de la Catedral de Valencia. Una catedral muy afortunada en poseer reliquias de la Pasión de Cristo, porque aparte de las espinas, guarda también dos fragmentos de la cruz, el Santo Cáliz que Jesús utilizó en su última cena (uno más), un trozo de su túnica, parte de la esponja con la que le dieron de beber en la cruz y la toalla con la que le secó los pies a los apóstoles, así como una de las 30 monedas de Judas Iscariote, monedas de las que también hay centenares por toda Europa.
Y si en la Catedral de Valencia se guarda el Santo Grial de la última cena, en una iglesia de Génova está el plato donde comió. Conservándose en Sancta Sanctorum de Roma el asiento en que se sentó Jesús, las sandalias que llevaba puestas, una pieza sobrante de pan y 13 lentejas, además del Santo Ombligo, el Santo Prepucio, el bastón con el que fue golpeado durante la coronación de espinas, el Arca de la Alianza, las Tablas de la Ley, las cabezas de san Pedro y San Pablo, las de las santas Inés y Eufemia, el hombro de San Mateo y la mandíbula de San Bartolomé entre otros. Pero es que la Basílica de la Santa Sangre de Brujas (Bélgica) venera como bien dice su nombre, una reliquia con la sangre de Cristo, sangre procedente de Jerusalén y que fue recogida por José de Arimatea, el dueño del sepulcro donde fue enterrado Jesús.
Sangre que también contienen otras famosas reliquias de la Pasión de Cristo, como son el sudario de la Catedral de Oviedo y la Santa Túnica de Turín, unas piezas que las pruebas del carbono-14 las ha datado en los siglos VII y el XIV respectivamente, justo la época en que se dieron a conocer, por lo que difícilmente pudieron ser las que secaron o envolvieron a Cristo hace 2000 años. Pero así es la patraña montada por la Iglesia, una iglesia que ha vivido del saqueo de otras religiones, plagiando mitos y apoderándose de las celebraciones paganas de los solsticios, las cuales hizo coincidir con conmemoraciones cristinas, siendo por eso por lo que su cronología no puede cuadrar ni ser rigurosa. Una Iglesia que vive de vender humo, de la devoción popular, una veneración religiosa que carece del mínimo fundamento, pero que siempre ha sido apoyada.
Y pobre de los disidentes que no lo hiciesen, porque se les trataba de herejes y se quemaban en la hoguera, siendo casi 32.000 los condenados a muerte en España por la Inquisición y unos 300.000 los llevados a juicio. Algo que resulta increíble en una religión que predica el perdón y que gira en torno al sufrimiento de un hombre que crucificaron hace 2000 años y del que dicen que entrego su vida por nosotros. Una religión que ha sido la responsable de incontables guerras y de millones de muertos en nombre de Dios, estando plagada de crímenes y abusos a los que no pensaban como ella o adoraban a otro dios, a los que ponían en duda sus dogmas o la conducta de la Iglesia. Una Iglesia que en la actualidad está anticuada, sigue intolerante, manipuladora y que intenta imponer sus ideas, normas y prejuicios a una sociedad que cada vez es más laica y cree menos en lo divino.
Pero que cada uno busca sus respuestas donde lo cree conveniente, por lo que la religiosidad pertenece a la intimidad de cada cual, siendo por ello respetable la devoción o el fervor que cada uno sienta. Diferente son las religiones, eso sí que es criticable y más cuando la ciencia y la razón van poco a poco acorralándolas.
CUANDO LOS IBEROS POBLARON LA RAMBLA DEL ESTRECHO (LORCA)
Llevaba parte del camino andado, cuando vio como una bandada de cucalas volaba bajo aproximándose a su cabeza, el cercano aleteo de las brillantes alas negras le hizo tener un mal presentimiento. Aceleró el paso hasta llegar a la senda que conducía al pequeño poblado del Coto de los Tiemblos, pronto distinguió las columnas de humo de las casas y escuchó los familiares ladridos de un perro. Más adelante se encontró con el pastor Atita que se acerca hacia él cariacontecido. Viéndolo así le pregunta: “¿por qué traes ese entristecido rostro Atita?”. Este levantando la mirada le dice: “Estimado Abido esta mañana tu hijo ha encontrado muerto sobre el suelo de la casa a tu padre”. Siente como le da un vuelco el corazón y haciendo un gesto de agradecimiento al pastor con la mano, sale corriendo hacia el poblado. Al llegar a su casa observa a varios de sus vecinos junto a la puerta, estos al verlo hacen un pasillo para que pasara.. Cuando descorre la cortina color púrpura, contempla a su padre tendido en el suelo sobre una gran estera y a su hermana y a su mujer llorando sentadas junto al cadáver. Se queda contemplando el rostro de su padre hasta que el destello del umbo del escudo que han dispuesto a los pies del difunto le saca de su ensimismamiento. Se acerca hacia su padre e inclinándose sobre su él lo abraza largamente; siente una suave mano sobre el hombro y al levantar la cabeza ve el rostro de su mujer que acercándosele al oído le musita, “no se donde se encuentra nuestro hijo, salió del poblado tras ayudarnos a trasladar el cuerpo del abuelo hasta aquí y nadie lo ha vuelto a ver”. Después de enjugarse las lagrimas, se acerca a hablar con su hermana y tras encargar en el poblado el abastecimiento de buena madera para la pira funeraria, sale del poblado en busca de su hijo.
Pasa cerca de la necrópolis y se dirige hacia la parte alta de la rambla del Estrecho, iba a buscar a su hijo allí, por que era el lugar donde lo había llevado muchas veces de pequeño y sabía que en este paraje se sentía bien. Sube por la ribera oyendo el discurrir del agua y caminando sobre las peladas y limpias rocas que en algunas zonas están cubiertas de grandes concheros fósiles que se fragmentan al pisarlos, nunca le había gustado esa sensación de desgajar inútilmente algo de la naturaleza. Pasa por donde las paredes erosionadas dejan aflorar capas de conchas y caracolas y siente como se mecen las altas ramas de los álamos. Al fondo ve la imagen de su hijo sentado al borde de una de las grandes pozas. Se sienta junto a él y observa como su imagen queda reflejada en el agua cristalina junto a la del muchacho, dándose cuenta que había crecido y que se su físico se iba pareciendo cada vez más al de su abuelo. Estuvieron un rato sin hablar, uno al lado del otro, hasta que Abido comenta, “el abuelo Arbiskas ha vivido siendo un gran hombre, un gran guerrero y tenemos que volver para preparar su entierro”. El niño lo mira y asintiendo con la cabeza se abraza a su padre mientras este le dice, “somos tan pequeños como las luces que aparecen en las alturas de la noche y nuestras vidas son tan breves como las gotas de rocío que resbalan por las hojas de estos hermosos álamos que se mecen en la ribera”.
A la mañana siguiente se celebró la incineración del cuerpo del viejo guerrero Arbiskas y sus huesos calcinados fueron depositados en una urna funeraria que fue dispuesta en una fosa que se había abierto en la necrópolis, junto con sus pertenencias más preciadas. Brillaban las lustrosas copas negras traídas de allende los mares que depositaron las mujeres, mientras el nieto deja junto a la vasija la falcata doblada del abuelo, De repente aparece una poderosa águila que vuela por encima de la tumba, cuando están cubriéndola con tierra y rápidamente se aleja hacia las montañas. Todos la miran y asienten con respeto, mientras el joven Culcas aprieta con fuerza el enmangue con forma de cabeza de caballo del cuchillo que Arbiskas le había regalado.
«Un viaje ilustrado hacia la historia del Paso Blanco».
La Asociación Juvenil Paso Blanco ha estado trabajando en este libro durante dos años con el propósito de que fuese publicado con motivo de su 15 aniversario, que se celebra durante este 2021. De esta forma, la asociación pretende transmitir la historia de la cofradía más antigua de nuestra ciudad a jóvenes y mayores a través de ilustraciones, de una forma original, amena y sintetizada, pero rigurosa.
Los jóvenes blancos venderán el libro durante toda la Semana Santa en la sede de la cofradía por un precio de 10 euros, con el aliciente de que todo lo recaudado con el libro irá destinado a la realización del nuevo manto de la Santísima Virgen de la Amargura, en el que el Paso Blanco ya está trabajando.
El acto estará presidido por el alcalde de Lorca y el presidente del Paso Blanco, acompañados por el presidente de la asociación juvenil y la ilustradora que ha participado en el proyecto.
En el libro se cuenta la historia del Paso Blanco desde el siglo XV, con sus antecedentes históricos relacionados con la Cofradía del Rosario, hasta nuestros días , narrando algunos de los acontecimientos más trascendentales para nuestra Semana Santa y la ciudad de Lorca, como la creación de los Desfiles Bíblico Pasionales en 1855 de la mano del multitudinario «Pueblo Hebreo», los inicios del bordado en Lorca y su siglo de oro, la construcción del primer museo de bordados en 1995 o acontecimientos como la Guerra Civil o los terremotos de 2011, entre otras muchas cosas.
Los valores de la cofradía: trabajo en equipo, solidaridad, entrega, superación, vanguardismo y pasión están muy presentes durante todo el libro.
La Prehistoria en Lorca (1862-1929) y algunos hallazgos arqueológicos a través de la prensa periódica local y otras publicaciones.
Siempre ha habido una ciencia para la burguesía y de ese deseo humanístico también participó la élite lorquina que llenó sus cenáculos culturales –Ateneo, Liceo– de disertaciones que abarcaban todas las ramas del saber. Estas instituciones culturales citadas tenían su propia revista literaria en la que emitían sus disquisiciones científicas según las aficiones y gustos del autor, lo que originaba, sin duda, una divulgación de los saberes humanísticos burgueses. Nos ha parecido interesante transmitir, según se puede extraer de la prensa local, a petición de interesado, aun cuando no es esta nuestra especialidad, la ocupación de los eruditos locales en el estudio de la Prehistoria en los albores de su constitución como ciencia y comprobar qué conocimientos tenían y transmitían esos lorquinos del último tercio del siglo XIX y los primeros años del XX de la Arqueología y otras ciencias auxiliares sobre las que se basan o están en íntimo contacto estos estudios actualmente sistematizados.
Como característica básica he de anotar que los saberes individuales que la élite cultural lorquina consigue son aplicados a la historia local, lo que confirma su carácter tardorromántico, es decir, romántico por el color local, conservador por cuanto es asumido por una burguesía liberal como mucho moderada, y tardío porque se desarrolla en una época en la que prácticamente ya ha triunfado el realismo galdosiano y el naturalismo domesticado, es decir, el no radical, el de la Pardo Bazán por ejemplificar. Entran estos estudios, pues, dentro de ese mundo conservador y tradicional que predomina en Lorca por esos años en los que los disidentes o heterodoxos, verdaderos hombres de ciencia, como el krausista Francisco José Barnés y Tomás, profesor en las universidades de Oviedo y Sevilla, emigran de Lorca por la estrechez mental de esa élite burguesa clericalista y sumisa que predominaba en la ciudad o protagonizan modelos transgresores como el anticlericalismo exaltado de José Ferrándiz Ruiz.
Sin que se plantearan con rigor y método concreto el estudio de la cuestión, dentro de su erudición enciclopédica motivada más que nada por su curiosidad, a través de sus artículos en la prensa y revistas de la época, sí que trataron estos temas y los elementos que convenían para determinar cuál fuese la Prehistoria en Lorca y, en general, la Arqueología.
Mas, no se olvide que jamás entrarán frontalmente en el debate ciencia/religión, sino que se someterá aquella a esta sin oponerse jamás a la doctrina vaticanista. Tampoco proceden a un proceso investigador sino que extractan, aprenden y comunican sus conocimientos aplicados a lo local como exaltación del suelo patrio cercano.
Hay otro hecho innegable: todo este proceso se origina como expansión de la función social del Instituto de Segunda Enseñanza solicitado en 1859, inaugurado en 1864 y desaparecido por falta de pago a los profesores en 1883. Entre 1864 y 1880 pasaron por el mismo 5.329 alumnos, lo que habla de una mayor capacidad cultural y por ella de la aparición de medios de comunicación y expresión en los que plasmar las inquietudes culturales y científicas.
Desde 1861, con la aparición del semanario El lorquino, se inicia la publicación de artículos relacionados por la paleontología o la geología, ciencias auxiliares de la Arqueología. En 1873, aparecido en la revista Ateneo lorquino, Francisco Cánovas Cobeño efectúa un estudio de los terrenos que rodean y componen nuestro término municipal desde el punto de vista geológico: Viaje por el término de Lorca (A través de los tiempos geológicos). No analiza los terrenos locales como yacimientos arqueológicos, sino al revés, en qué terrenos geológicos se encuentran restos humanos. Es decir, por la geología a la arqueología. Concluye que las montes que afectan a Lorca pertenecen a la Cordillera Carpetánica y están divididos del siguiente modo:
a) el asentamiento de Lorca, las sierras de Enfrente, Caño, Zarzalico, y Cabezo de la Jara pertenecen al levantamiento primero Silúrico, erupción cuarcita; b) el terreno de Trías lo componen:
– arenisca roja en sierra de Tercia, Barrio de San Cristóbal, Albaricos, Pilones, Murviedro y Peñarrubia; – caliza conchífera (margas irisadas) en San Lázaro, Cueva del monje, Calvario, Peñones y sierra de Béjar; anota, además, que entre el Silúrico y el Trías están el Devónico, Carbonífero y Pérmico; c) terreno cretáceo, eolítico o jurásico en la sierra de la Culebrina. Por el Pantano y sus alrededores aparecen otros: ostrea dilatata, ostrea
longirrostris, ostres callífera, cliptocenias, prionastreas y dendorreas.
Cánovas Cobeño posee una mente organizada para la ciencia y, antes de entrar en el gran tema de la Prehistoria, había intentado poner las bases. Así se puede observar con la lectura del un artículo titulado Paleontología, un paso más, que aparece en el periódico semanal El lorquino el 25 de enero de 1862: Teníamos dispuesto este artículo y siempre nos ha retraído de su publicación la idea de desagradar a nuestros lectores toda vez que teníamos necesidad de usar en él ciertos nombres técnicos desconocidos para la generalidad; cediendo no obstante a la excitaciones de varias personas entendidas en Geología, que han considerado el objeto de él de algún interés científico, nos hemos decidido al fin a publicarlo en El lorquino porque, siendo aquel de Lorca, es justo que este lo publique.
Hace tiempo que nos venimos ocupando del estudio geológico de esta comarca y, entre los numerosos fósiles de nuestra colección, figura el de que nos vamos a ocupar, encontrado en las minas de azufre de Serrata, a media legua de distancia de esta ciudad, y que debemos a la atención de nuestro ilustrado amigo el Sr. D. Eusebio Eytier.
La cordillera de Serrata y una gran parte del término de Lorca hacia el norte pertenecen al terreno mioceno, y este consta en esta localidad de tres formaciones, la inferior, compuesta de calizas y molasa de origen marino, la media, de capas de arcilla bituminosa y creta, y la superior, de margas y selenita o yeso, cuyo mutuo espesor varía desde algunos centímetros a muchos metros de potencia; en la formación media, que es también de origen marino, es donde se halla el azufre y donde se ha encontrado este fósil; está aplastado pero no tanto que no puedan conocerse las mandíbulas con muchos dientes en su posición natural, la abertura de la boca, el globo de un ojo, una especie de conducto auditivo y otra porción grande de la cabeza.
Longitud desde el conducto auditivo a la extremidad de la mandíbula superior, 17 centímetros.
Id. hasta el globo ocular, 7 centímetros y 3 milímetros.
Id. desde este último punto a la extremidad de la mandíbula, 9 centímetros y 6 milímetros.
Altura desde la mandíbula inferior hasta la parte superior y media de la cabeza, 9 centímetros.
Abertura ostensible de las mandíbulas, un decímetro.
Mandíbulas robustas, ligeramente esponjosas, la superior algún tanto arqueada (¿acaso por la presión?). Dientes en número (según los espacios) de 20 a 26 en cada mandíbula fuertemente implantados en ellas; los de la superior y anteriores de 7 milímetros de longitud son agudos, ligeramente encorvados, convexos y lisos en su cara exterior, algo comprimidos lateralmente con los bordos obtusos, la cara interior convexa transversalmente, cóncava en su longitud, con un canal que empieza en el ápice del diente y se prolonga hasta su base: cuello y raíz de diente cónica, más ancha que la corona estriada longitudinalmente.
Agujero de la nariz esponjoso de 5 milímetros.
Globo ocular aovado de 33 milímetros de largo y 20 de ancho.
Hacia la parte posterior del ojo tiene un hueso cilíndrico de 3 centímetros de longitud y medio de grueso, tal vez sea el hueso cuadrado de la mandíbula inferior que corresponde en los reptiles a la rama ascendente de dicha mandíbula.
Agujero auditivo circular, esponjoso y de un centímetro.
Las dos partes de la cabeza están muy confusas y el resto del cuerpo falta.
Cuando examiné este fósil, creí que era la cabeza de un pez de la familia de los Escualos por ser abundantes los restos de esta clase de peces en la caliza inferior del terreno que nos ocupa, en particular los dientes de Oxyrhina hastalis: Ag. Otodus obliquus:
Ag. Carcharia megalodon; y Hemipristis serra: Ag., pero estudiado con más detenimiento se ve que ni la organización de sus huesos, ni la forma del ojo, ni la disposición de las mandíbulas y de los dientes son propias de ningún género de pez, antes bien pertenecen, sin género de dudas, a un reptil de la familia de los Lacertideos, pues, aunque la forma de los dientes se asemeja al género Succhosaurus: Ovven, familia de los cocodrilos, se diferencia mucho por tener los bordes obtusos y no cortantes como este.
La forma casi piramidal de la cabeza con la ligera dilatación que se nota en la raíz y cuellos del diente le dan mucha afinidad a un Mosasaurus:
Conyb, y desde luego nos inclinamos a considerarlo como una especie de este o como un género muy próximo, porque no tiene los costados de los dientes angulosos, si bien en todo lo demás conviene mucho.
Según las dimensiones de la cabeza es probable que tuviese cerca de metro y medio de longitud todo el animal; si alguna vez se encontrase otro ejemplar más completo podrían disiparse las dudas que ahora no es posible satisfacer, entre tanto los geólogos apreciarán en lo que valga esta noticia de un ser cuya vida y especie se ha extinguido entre las capas del globo terráqueo antes de la época histórica».
Mente tan ordenada como ya hemos dicho, siquiera por proximidad, no tardaría en llegar a los estudios prehistóricos, barrera difusa entonces, cosa que efectuó en 1893 cuando en Lorca literaria (1893) escribe un artículo titulado Lo prehistórico en Lorca y continúa en 1897 al impartir en el Liceo lorquino una serie de conferencias con el título de La Prehistoria que inmediatamente extractamos y resumimos.
Antes, 1887, Enrique A. Roger, en Lorca literaria, había escrito un artículo titulado La piedra del rayo, que resumimos. Comienza hablando de la petrificación del rayo, «piedra incandescente lanzada desde los cielos»: el rayo cae del cielo y se hunde bajo siete estados y a los siete años justos se libra de esta prisión. Los campesinos encuentran esas piedras y las tiran o se hacen amuletos. Según el autor, toman formas caprichosas: angulares, cortantes bordes, ondulaciones, talladas, de superficie lisa, color oscuro y negro, redondeadas, pulimentadas. Como se observa, se está al día, pero se sigue la tradición menos científica o más llena de superstición o tradición popular; por ello la hemos destacado en letra cursiva.
La ciencia coge las piedras del rayo y «asienta en ellas los inconmovibles cimientos de la historia del hombre», las estudia, clasifica, ve los yacimientos y determina que, a través de Lubbockh, Evans, Hamy, Hume, Büchner, Taborows, Kidron y Tylor, pertenecen al ternario, aunque Huber y Desor afirman que al cuaternario.
Describe primero cómo estaba la tierra en esas edades para, a continuación, especificar las razas que la habitaban: de Canstadt (descubre el fuego), CroMagnon (descubre el arte y acaba el cuaternario) y la de Furfozo (procede del oriente, desarrolla la industria, habita en cavernas, turberas, tnoquem, modnigos, palafittos, nuraghos y campos fortificados).
Tras esta raza, conoce el hombre el cobre y el hierro y lo utiliza. Se pregunta: «¿Qué causas han contribuido a desentrañar la existencia del hombre?» Y se responde: «el estudio de las piedras del rayo» que en Bretaña purifican las aguas de los pozos, en
Suecia es un talismán contra el rayo, en Alemania constituye la panacea universal, en Grecia son veneradas y en la India sagradas.
Sus conclusiones son curiosas: esta región, durante los periodos conocidos en Prehistoria con el nombre de neolítico y del bronce, ha estado ocupada por una raza dolicocéfala; la procedencia de esta raza ha sido del continente africano; los hombres de esta
raza no conocían la agricultura; no existiendo en el país grietas ni rocas a propósito, se albergarían en chozas; ningún otro dato tenemos para afirmar que conocían la industria minera; la forma y tamaño de algunas hachas indican que más eran objeto de distinción que instrumentos de uso ordinario; este pueblo creía en la existencia de otra cosa que subsista después de la muerte.
Estamos ya cercanos o en los tiempos en que Eugenio de Inchaurrandieta publica sus descubrimientos sobre Totana y los hermanos Siret sobre la cultura argárica.
Pero nos interesa, por su carácter general, la sistematización ya anunciada de Cánovas Cobeño (1897) que, además, satisface las demandas locales:
«Esquirlas y fragmentos de pedernal toscamente tallados; piedras de forma cónica, vasijas de barro, punzones, flechas, sometidos al criterio del investigador dan por resultado la creación de un orden de conocimientos cuyo conjunto se llama PREHISTORIA». Se origina en 1841 con la investigación de Boucher de Perthes en Abbeville, Picardía, Francia.
En el año1847 publica sus descubrimientos en Antigüedades célticas. Para contrarrestar estos descubrimientos, el doctor Rigollot, investiga con el objetivo de negar lo científico o prehistórico de estos hallazgos, pero no tiene más remedio que rendirse a la evidencia y claudicar.
Francisco Cánovas, en la continuación del artículo, se efectúa algunas preguntas: «¿Cuáles son los objetos llamados prehistóricos? ¿Están hechos por mano inteligente? ¿En qué terrenos y condiciones se encuentran?»
Finalmente, tras dividir los objetos prehistóricos en megalitos (tamaño colosal como túmulos, castros) y microlitos (objetos pequeños como cuchillos, hachas, cerámica) pasa a indicar los restos hallados en Lorca:
• megalitos: castro en la Parroquia nueva, en el Castellar (Río Vélez); túmulos: en el Cabecico de las Peleas y los Alporchones.
• microlitos: cerámica (arcilla rojiza o gris mezclada con arena cuarzosa con uno pellizcos en las paredes, con forma hemiesférica o canoidea) y útiles de piedra.
Casi todas las estaciones prehistóricas que visita en Lorca corresponden a la edad del bronce:
Vilerda, Béjar, Colmenarico, Jarales, Sierra de Enfrente, Hoya de Totana.
Si se observa con atención, Cánovas Cobeño ha llegado al final, es decir, al análisis de la prehistoria local dando un rodeo, o sea, a través de la geología, la clasificación de los suelos y los hallazgos que en ellos se produce, olvidándose del estudio paleontológico de los restos animales para analizar la cultura de los restos prehistóricos en general.
Sin duda alguna, el paso más importante no en cuanto a su sistematización sino en cuanto a su criterio recopilador se debe a Francisco Escobar Barberán, historiador e investigador local, cuando, en 1919, año de su segunda edición, publica un estudio titulado Nuestros aborígenes, tedioso y erudito en exceso. En el libro extracta cuanto se conocía acerca del hombre, su origen, razas y otros conocimientos más o menos útiles que suenan a «refrito» del pensamiento y ciencia de otros escritores más doctos.
«Lorca es antiquísima y su suelo fue habitado desde que hubo gente en la Península Ibérica». Refiriéndose a la arqueología, aunque él mismo nunca haya intentado excavaciones más o menos serias, explica que ha establecido cinco sucesivos periodos
extensos: arqueolítico (cuaternario): época del mamuth; piedra antigua tallada: época del reno; neolítico: piedra pulimentada; bronce; hierro.
En la zona de Lorca y su término municipal, se encuentran yacimientos en Lumbreras, Vilerda, Béjar, Purias, Tercia, Búcanos, Sierra de Enfrente, Colmenarico, Fuensanta, Jarales, Pilones, calles de Nogalte, Cava y Zapatería «donde se hallaron antiguas sepulturas de forma rectangular, con seis losas de pizarra de un metro y dentro conchas, flechas, ánforas y otras».
La sepulturas descubiertas en Lorca pertenecen a la épocas neolíticas, cobre y eneolítico.
Continúa, seguidamente, dando noticias de hallazgos: cráneo fracturado dolicocéfalo; sepultura de
un niño; junto a la muralla árabe de San Juan se descubrió una extensa capa de un cementerio prehistórico análogo al que unos mineros descubrieron a un metro de profundidad en la Sierra del Caño a un kilómetro de la ciudad; tras la iglesia de Santa María nuevas sepulturas; El eco de Lorca, periódico decenal que se inicia en 1878, dio la noticia del descubrimiento arqueológico más importante efectuado cuando se abrieron los cimientos para hacer la escuela de la calle Zapatería: una sepultura de cuatro metros con dos vasijas cónicas de barro que servían de urna cineraria a un esqueleto dolicocéfalo; el ajuar estaba compuesto por un bracelete o anilla en uno de los brazos, en la cabeza una diadema o corona radiada y en el fondo un puñal de cobre; en 1908, otro descubrimiento en las Peñas de San Indalecio, cerca de San Juan: una sepultura de seis losas de piedra y yeso con dos punzones de cobre y dos hachas de piedra pulimentada; da noticias de lorquinos que escriben sobre este tema:
1.- José Mención Sastre: Aborígenes de Lorca. Boletín de la Academia de la Historia.
2.- Eulogio Saavedra Pérez de Meca en 1887, en el número 11 de la revista del Museo Arqueológico Nacional, sin que se indique el título del artículo.
3.- Luis Gabaldón Campoy: El menhir de la Peña Rubia (en la casa del Pino), 1904, en El gráfico de Madrid, número 170, con dos fotos.
4.- Joaquín Espín Rael: La piedra rajada, en La tierruca, Lorca, 16 de mayo de 1914, número 4, artículo que debe citar de memoria porque no corresponde el título y que podemos reproducir
al hallarse en el Fondo Cultural Espín:
ANTIGÜEDADES PREHISTÓRICAS. EL MENHIR DE LORCA
Al S.O. del histórico castillo de Lorca, y como a unos tres kilómetros, en lo más fragoso de la sierra del Caño y en un rellano de doscientos metros de diámetro, en su centro surge pintoresca y misteriosa la negruzca mole de un aislado menhir, cuyas dos piedras, separadas la una de la otra por una abertura de cuarenta centímetros en su parte media, que aumenta gradualmente hasta su cima por el ligero desplome de la piedra que corresponde al lado N.
Al S.O. del histórico castillo de Lorca, y como a unos tres kilómetros, en lo más fragoso de la sierra del Caño y en un rellano de doscientos metros de diámetro, en su centro surge pintoresca y misteriosa la negruzca mole de un aislado menhir, cuyas dos piedras, separadas la una de la otra por una abertura de cuarenta centímetros en su parte media, que aumenta gradualmente hasta su cima por el ligero desplome de la piedra que corresponde al lado N.
Se alza este monumento prehistórico a la altura de cuatro metros, elevación de las mayores que alcanzan esta moles en España, pues, aunque en el extranjero se hallan algunos de más de veinte metros de altura, aquí se puede decir que este que describimos es de los de mayor elevación de nuestro país; solamente en Cataluña, el de Cardona, tiene cuatro metros, y menos el de la Espolla, llamado por los naturales del país la piedra murtra, que solamente llega a la altura de 3,25 metros; tenemos, sin embargo, que hacer la excepción del menhir o piedra aislada de Buñol, de siete metros de altura y terminado en punta, al contrario del que describimos, cuya base es bastante más corta y estrecha que su remate en forma de abanico.
Son ignorados los usos a que el hombre primitivo destinó estas moles, elevadas indudablemente a costa de tiempo y trabajos casi incomprensibles para nosotros, pues solamente a fuerza de brazos y grandes maderos, se pudieron colocar verticales estas
grandes piedras, cuando no eran desbastadas en el mismo terreno en que se alzan.
Presenta este de Lorca la particularidad de estar dividido en dos, como ya hemos dicho, estando uno de ellos calzado con grandes piedras; quizá se vino a tierra y fue elevado en remotas edades, pues las caras que se corresponden de estas dos piedras gemelas están tan ennegrecidas y cubiertas de excrescencias como las anteriores, dando por consiguiente a conocer la gran antigüedad de esta separación.
Es evidente que la ocupación de estos eruditos continuaba la escuela del XIX, pues se ocupan sólo de su territorio local. Es de imaginar que la suma de los territorios locales produciría el estudio regional Joaquín Espín Rael en enero de 1915 o provincial, aunque es muy dudoso que esto fuese así. Tampoco creemos en ningún proyecto comprensivo de la totalidad provincial desde el punto de vista de la Prehistoria o de la Arqueología.
Continúan, pues, las descripciones de los hallazgos prehistóricos en nuestro suelo. Este mismo autor, Joaquín Espín Rael, escribe en La Tarde de Lorca (1929), otro artículo titulado Descubrimiento de un miliar en el campo de Lorca, recogido por Manuel Muñoz Clares en Antiguallas lorquinas (1993). Y, para completar esta relación, podemos añadir los siguientes artículos o libros:
Eulogio Saavedra Pérez de Meca, en el Ateneo lorquino, publica un artículo titulado Recuerdos y timbres de Lorca (Inscripciones romanas), 1873, y El país de la plata en Lorca literaria, 1893.
M. Hernández Carrasco: Antigüedades de Lorca en Ateneo de Lorca (1896-1897).
Una vida dedicada por completo a la música y a la guitarra, como intérprete, compositor, investigador, e incluso autor de bandas sonoras para películas, siendo por ello merecedor de los numerosos nombramientos y distinciones con los que ha sido homenajeado a lo largo de su vida. Pero el motivo de esta publicación no es recordar la trayectoria de este lorquino universal, ni lo mucho que a la música aportó, la finalidad de este artículo, es evidenciar el poco interés que las administraciones local y regional muestran por el legado de nuestro genial músico.
Un legado que si no nos afanamos, si nos quedamos dormidos, puede terminar muy lejos de nosotros, yendo seguramente a parar, a alguna de esas ciudades estadounidenses o japonesas donde tanto se le admira, donde llenaba sus salas y se contaban por éxitos cada una de sus actuaciones, ciudades donde en la actualidad, sí que se le recuerda y se le rinden infinidad de homenajes. Actos que igualmente tienen lugar en nuestro país, destacando el homenaje que recibió en el año 2013 en el Festival de la Guitarra de Córdoba o dos años más tarde en Almería, donde se montó una larga exposición dedicada a la figura de nuestro paisano. Una exposición que fue inaugurada el 14 de noviembre de 2015, coincidiendo con el aniversario de su nacimiento y que fue clausurada casi seis meses más tarde, el 3 de mayo de 2016 (aniversario de su muerte).
Un homenaje patrocinado por la Caja Rural de Almería y el ayuntamiento de aquella ciudad, y en el que se pudo disfrutar de una pequeña muestra de su legado, sobresaliendo la exposición de 14 instrumentos entre los que destacaba su famosa guitarra de 10 cuerdas inventada por él mismo en 1964 y otra del año 1812 adquirida como coleccionista, pudiéndose también contemplar las diversas medallas y condecoraciones que se le concedieron durante el más de medio siglo que estuvo entregado a la música, así como diferentes partituras, libros, fotografías y discos (tiene la discoteca más extensa grabada hasta el momento por un guitarrista), además de diversos objetos personales y una recreación de su estudio, con el asiento, el apoya pie y el atril que utilizó hasta poco antes de su muerte.
Un óbito que tuvo lugar el 3 de mayo de 1997 en el Hospital Morales Meseguer de Murcia (aunque residía en Madrid y también veraneaba y descansaba fuera de la región, en Cabo Roig). Un fallecimiento, donde tras los mensajes de condolencia de toda la sociedad murciana, del ayuntamiento de Lorca y del gobierno regional, se declararon dos días de luto en la región y se sucedieron los elogios y alabanzas al guitarrista, comprometiéndose nuestras autoridades, a gestionar una fundación que con el nombre de Narciso Yepes velase por la difusión y conservación de todo su legado. Pero tras pasar más de dos décadas de aquellas buenas intenciones y pese haber preparado en su día el borrador de los estatutos y reglamentos que la regulase, esta fundación sigue aún sin constituirse. Algo de lo que se lamentó en 2013 Marysia, la viuda de nuestro paisano, cuando en agosto de ese año visitó junto a sus hijos Ignacio y Ana la pedanía de Marchena y la iglesia de Santa Gertrudis, lugares donde nació y fue bautizado nuestro célebre guitarrista, añadiendo lo lamentable que sería, que por falta de interés de nuestros políticos, este legado acabase en el extranjero.
También en marzo de 2017, el año en que se cumplían 90 años de su nacimiento y 20 de su fallecimiento, el ayuntamiento de Lorca puso en marcha el I Festival Internacional de Guitarra Narciso Yepes, un certamen que se echaba de menos en nuestra ciudad y más cuando en Andorra lleva celebrándose uno con el nombre de nuestro músico cerca ya de 40 años. Pero un festival el de Lorca, que se quedó solo en su primera edición, pues no se celebró al año siguiente y no supimos más de él. Como tampoco se sabe nada de aquel museo que conservase su legado y que honrase su memoria, un museo que sería una referencia cultural no solo para Lorca, sino también a nivel nacional e internacional. Un museo que el Pleno de nuestro ayuntamiento aprobó por unanimidad de todos los partidos en junio de 2017 y a propuesta de Ciudadanos (representado en la anterior legislatura por el músico Antonio Meca), moción en la que se planteaba la creación en nuestra ciudad de un museo dedicado a Narciso Yepes, anunciándose en septiembre de ese mismo año, la formación de una comisión de doce expertos que llevase a cabo el proyecto.
Pero un propósito del que nunca más se supo a pesar de haber transcurrido ya casi cuatro años de aquello. Aunque esto es algo que no debe sorprender a los lorquinos, pues también por unanimidad de todos los grupos políticos presentes en el ayuntamiento, se aprobó la creación de un Museo de la Minería en la pedanía de Almendricos, museo que lleva esperando más de una década y habiendo fallecido ya su promotor y donante, que no era otro que Bartolomé García Ruiz, un empresario que dedicó toda su vida a la explotación minera de la zona y que atesoraba varios centenares de rocas y minerales de distintas características y tamaños, además de una buena cantidad de útiles y herramientas de minería, así como planos, expedientes y concesiones de los cotos mineros que explotaba. Una colección de minerales y documentos que ya en febrero de 2011 estaba totalmente catalogada, anunciándose que ya solo faltaba por conseguir el local donde ubicarla, barajándose como sede un edificio de Adif en desuso y próximo a la estación de Almendricos.
Un inmueble de más de 350 metros cuadrados que ya fue donado al municipio a primeros de 2016, pero que cinco años después aún sigue esperando el inicio de las obras. Un museo que serviría para que conociésemos los mayores nuestro reciente pasado y la riqueza mineral de nuestro entorno y como un nuevo recurso educativo para los colegios, al poder mostrar a los niños el fascinante mundo de la mineralogía. Además de servir igualmente como reclamo turístico de Almendricos, al ser un complemento y también poder compartir, muchos de los visitantes de la cercana geoda del Pilar de Jaravía, una cavidad descubierta hace apenas 20 años y que con sumo acierto ha sido puesta en valor por el vecino municipio de Pulpí.
Se dice que desde que nacemos los seres humanos somos unos imitadores natos, que copiamos y repetimos todo lo que admiramos o nos gusta de los demás, imitando siempre su proceder y comportamiento. Pero por los hechos no parece, que ciertos políticos y dirigentes sean de la misma especie humana, pues viendo las pautas que en otros municipios se siguen, resulta muy extraño que aquí no se haga nada, que teniendo Lorca los recursos que a su alcance tiene, estos no se pongan en valor y se continúe año tras año con la depreciación y el deterioro de su casco histórico. Un malogrado casco histórico que necesita con urgencia su recuperación, así como enriquecerlo con todos esos museos o espacios expositivos que a lo largo de estos años se han ido proponiendo para ubicarlos en él. Y es que mientras el museo de Almendricos se ha ido borrando de la mente de nuestros políticos, no exigiendo con firmeza de que aquel acuerdo de Pleno se cumpla ya de una vez, se han ido sucediendo por parte de la oposición y gobierno municipal, hasta siete peticiones y anuncios de nuevos museos para la ciudad.
Museos como el Regional Agropecuario y del Agua, el Etnográfico y el de Manuel Muñoz Barberán, tres peticiones hechas en distintas ocasiones por el PSOE y para un mismo emplazamiento, el inmueble de la antigua Cámara Agraria, un edificio propiedad de la Comunidad Autónoma y que aún está pendiente de su restauración interior, a pesar de que en 2015 se anunció que para el 2016 estaría totalmente terminado. Por su parte el PP y por boca del entonces alcalde Francisco Jódar, anunció a finales de 2015 un museo dedicado al Terremoto en el viejo edificio de la antigua cárcel, aunque una ubicación que tres meses después, también se adjudicó para un futuro museo Etnológico. Pero es que a finales de 2017 y tras haberse aprobado ya el de Narciso Yepes, se nos anuncian otros dos nuevos museos para la ciudad, uno Taurino y otro de Carruajes, ambos a ubicar en la plaza de toros y una vez concluya su restauración (cosa que por lo que se ve no será pronto).
Así que si las pretensiones de quienes nos gobiernan se llevan a cabo, si ponen todo su empeño en que se ejecuten, pudiera ser cierto aquel eslogan de “Lorca ciudad de museos”, un lema que se acuñó entre finales del siglo pasado y principio del actual cuando también se hablaba de un museo de Arte Sacro en San Patricio y otro dedicado a la Militaría, siendo promovido este último por coleccionistas privados de nuestro municipio, museos que como tantas cosas en nuestra querida Lorca no llegaron a fraguar y se quedaron solo en deseo. También quedarán en el camino alguno de los ahora propuestos, bien por ser una simple ocurrencia del regidor de turno o por carecer de fundamento, pero sí que hay otros que no deben de esperar más, siendo este el caso del Etnográfico, el de la Minería, la pinacoteca dedicada a Muñoz Barberán o la Fundación Narciso Yepes que hoy nos ocupa.
Es lamentable que mientras otros municipios ponen todo su esfuerzo en la tenencia y exhibición de cualquier valor cultural que se precie y los dan a conocer, pujando continuamente por la cesión o donación del legado de sus más distinguidos hijos, siendo ejemplo de ello los museos Ramón Gaya de Murcia o de Carmen Conde en Cartagena, Lorca arrincone y casi menosprecie al genial Narciso Yepes, al hombre que supo sacar los mejores sonidos de la guitarra. El lorquino más universal, el que ha llevado el nombre de Lorca a los cinco continentes, el que ha tocado en las más importantes salas del mundo interpretando su exitosa versión del Concierto de Aranjuez. Una composición musical para guitarra y orquesta del compositor Joaquín Rodrigo y que Narciso grabó por primera vez en 1954, convirtiéndose durante años en el disco más vendido en Europa, América y Japón. Un concierto que nuestro guitarrista interpretó por vez primera con solo 20 años de edad, el día 17 de diciembre de 1947 en el Teatro Español de Madrid y junto a la Orquesta de Cámara de esta ciudad dirigida por Ataúlfo Argenta.
Un pianista y director de orquesta que fue el responsable de que nuestro paisano Narciso marchase hasta Madrid, ciudad donde le fue presentado al maestro Rodrigo, el compositor que tras oír lo bien que la guitarra tocaba, accedió a que interpretase su obra maestra, el Concierto de Aranjuez. Y si Joaquín Rodrigo quedó prendado de las cualidades musicales de Narciso Yepes, no lo fue menos Ataúlfo Argenta cuando en 1945 accedió en Lorca a la petición del joven Narciso de que lo oyese tocar la guitarra, llevándoselo inmediatamente a Madrid consciente de su aptitud, un talento que le ha llevado a ser junto a Andrés Segovia el mejor guitarrista del siglo XX. Un Andrés Segovia que desde el 2020 tiene en su pueblo natal, Linares, un museo y fundación dedicados a su figura. Un museo ubicado en el Palacio de Orozco, un inmueble del siglo XVII donde desde el 4 de junio de 2002 también descansan los restos del genial guitarrista.
Una ciudad la de Linares, en la que también tienen su museo otros tres ilustres linarenses, Carmen Linares, Palomo Linares y Raphael, estos compartiendo espacio en el Centro de Interpretación de la Ciudad ubicado en el edificio del Pósito. Pero es que otro genial guitarrista, Paco de Lucía, también está a punto de tener un museo en su Algeciras natal, un centro de interpretación financiado por fondos europeos (Inversión Territorial Integrada) y por un importe de 1,2 millones de euros, la mitad de lo que aquí se pretendía invertir en un ascensor al castillo, afirmando entonces que era un clamor de la sociedad lorquina, cuando lo que necesitamos los lorquinos es la puesta en valor de todos nuestros recursos turísticos y culturales, algo que quienes nos dirigen van postergando una y otra vez, lo contrario que sucede en otros municipios en los que incluso sacan provecho hasta de la floración de sus frutales. Pues a seguir así, que así nos va.
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