DESPACITO Y MALA LETRA por Antonio de Cayetano.
Ya en agosto, llevamos más de seis meses de obras en Juan Carlos I, hemos cruzado el ecuador del tiempo previsto para su terminación (un año), pero sin embargo a la ejecución de las mismas le falta muchísimo para llegar a ese 50%. Las obras van muy despacito, al son de la canción de moda del puertorriqueño Luis Fonsi, que casualmente vio la luz en el mismo mes en que comenzaron los trabajos. Pero mientras la canción ha ido a velocidad de vértigo, colocándose en poco tiempo en lo más alto de todas las listas de éxitos y siendo un hito sin precedentes en la historia musical hispana. La ejecución de las obras es todo lo contrario, siendo el trabajo más deficiente y chapucero de cuantos se han hecho últimamente en nuestra ciudad. Y eso a pesar de que esta obra iba a ser un proyecto emblemático e ilusionante, gestionado por el propio AyuntaMIENTO con el fin de que la cosa saliese bien. ¡Virgencita que me quede como estaba!
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Esta tarde hemos paseado por las nuevas aceras de la nueva avenida Juan Carlos I, y cuál ha sido nuestra sorpresa al darnos cuenta de los desperfectos que está haciendo la empresa constructora al colocar losas de tercera esportilladas y mal niveladas, pero eso sí seguro que bien cobradas.
Este trabajo tan mal hecho sería rechazado en cualquier casa por cualquiera de nosotros y por eso requerimos a los responsables municipales de la obra, para que pidan responsabilidades a los causantes y que exijan a la empresa que corrija con urgencia todos los desperfectos, además de contratar a personal lorquino cualificado, para que los beneficios de la contratación redunden en la economía de nuestra ciudad. CCD Lorca – Jesús Pelegrin
Un poema de Antonio Machado dice: “Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien, importa más que el hacerlas”. Aquí lo de despacito si, ni hay prisa para comenzar las obras ni luego para su terminación, que después toca pagar aunque el dinero “esté” ahí. Pero respecto a la buena letra, lo de hacer la cosa bien, eso ya no va con nosotros. Lo de verificar que las obras se terminen en las debidas condiciones, con cuidado y con esmero, no se sabe hacer aquí. Me parece indignante que no se controle lo que se hace con el dinero de todos los murcianos, que somos los que al final pagamos el préstamo europeo que financia estas obras, porque es vergonzoso las imperfecciones y las terminaciones que se van viendo en las mismas, dudando mucho de que en los trabajos intervengan profesionales cualificados. Y no me refiero solo por parte de las empresas que los realizan, sino de la propia administración, que debe de ser quien controle las obras que se hacen a cuenta del erario público.
No se entiende que en la principal arteria de Lorca, la que se pretende sea la niña bonita de la ciudad, se permitan las chapuzas que ya se van viendo, en lo que va quedando a la vista claro, porque lo que queda enterrado ya saldrá luego, ya que ni tan siquiera se está colocando un emparrillado o mallazo entre el hormigón de la acera, cuando el terreno que la sustenta ha sido removido para colocar los diferentes conductos que van bajo el pavimento. Conductos a cuyos registros, se le están colocando las mismas tapas que había, encontrándonos en el flamante suelo de granito, las viejas y deterioradas tapas de cemento de los registros de telefonía, en vez de colocar unas nuevas metálicas o incluso panelables con la misma losa del pavimento. Pero si las viejas tapas son inadecuadas para la nueva acera, lo indignante es observar el mal acabado que se le está dando a todos estos registros, un trabajo que no solo llama la atención por las grandes e imperfectas juntas de cemento, sino por el remate marrano que se va quedando, un trabajo mediocre e impropio de una empresa clasificada para licitar obra pública.
En la presentación del proyecto nos decía el entonces alcalde Sr. Jódar, que la avenida iba a tener una imagen moderna y amable. No sé lo que querría decir con amable, pero si se refería a complaciente o agradable, no creo que esta lo sea en los días de lluvia. Uno de los problemas que tenia esta calle, era que al suprimir los aparcamientos de uno de los lados y circular los vehículos junto al bordillo, estos salpicaban el agua que se acumulaba en la calzada por la deficiente colocación de los imbornales, siendo un problema para los peatones que por esa acera transitaban. Ahora con el nuevo proyecto y conforme se va viendo, apenas va a ver diferencia de nivel entre la calzada y la acera, por lo que cuando llueva como llueve aquí, pronto la calzada se encharcará y creara problemas incluso para algunos bajos comerciales. Si que se ha hecho nueva conducción para las aguas pluviales, y puede que de mayor capacidad que la que había, pero en mi opinión los imbornales no deberían de ir a los lados, sino al centro, tal como se hizo en su día en la calle Mayor del barrio de San Cristóbal, una calle en la que también es mínima la altura que separa la acera de la calzada.
Las rejillas al centro de la calle con su correspondiente pendiente, tienen la ventaja de que el agua nunca se va acumular junto al bordillo o saltar para la cera. Pero sin embargo, cuando se pretende que la nueva avenida sea una gran zona comercial donde el peatón camine con comodidad y tranquilidad, en vez de hacerlo así, se han colocado los imbornales donde siempre, en los márgenes de la vía junto al bordillo y con una gran separación entre uno y otro, además de reducir sensiblemente su capacidad de achique, ya que como todavía se aprecia en los antiguo imbornales que no se han levantado, estos son de rejilla doble, e incluso alguno de tres elementos, tragando por ello el doble de agua que los nuevos de ahora. Por lo que cuando diga de llover tras la nueva remodelación, puede que pase como ha venido sucediendo hasta ahora en el margen sentido puente, que el paso peatonal por la avenida vuelva a ser molesto y engorroso como consecuencia de las salpicaduras del agua acumulada.
Creo que como he dicho en más de una ocasión, Lorca necesita de una “Concejalía de Vía Pública” una concejalía dedicada exclusivamente a todos los temas relacionados con estos espacios públicos, ocupándose de la redacción de proyectos, del control de las obras y de su mantenimiento, desempeñando también las labores de regulación, inspección y sanción de la ocupación excesiva que se hace de ciertos espacios públicos. Una concejalía que realice los proyectos de las nuevas obras que se lleven a cabo en el municipio, pues nadie mejor que nuestros técnicos, para saber la problemática y los pormenores de cada rincón de la ciudad, y no que sean las mismas empresas contratistas las que se adjudiquen el proyecto y la ejecución de las obras en un mismo paquete, favoreciendo con ello más a la empresa adjudicataria que el resultado final de las obras.
Cuando el PP estaba en la oposición, pedía que fuese de igual manera el pavimento de todos los espacios públicos, siendo así más homogéneo y teniendo la ventaja de que siempre se podría tener guardado algún material para cuando hiciese falta su reposición. Una postura que parece razonable, pero lejos de hacerlo ahora que tienen la oportunidad de gobernar, cada remodelación de las que se han hecho recientemente lleva un tipo distinto de pavimento. Y esto es quizá debido a lo que antes mencionaba, que quien hace el proyecto no es la concejalía o conserjería correspondiente, sino que va en el mismo paquete el proyecto y la ejecución de la obra, siendo elegido el pavimento por la empresa adjudicataria, encontrándonos así con tantos tipos y calidades como empresas adjudicatarias de las distintas obras, siendo en mi opinión el granito elegido para la aceras de Juan Carlos I, el más feo y poroso de cuantos se han colocado en nuestra ciudad, pues ya se observa en el corto tramo donde se ha puesto, la gran cantidad de suciedad que este ha absorbido, cuando el colocado en el eje de Lope Gisbert o en las calles Corredera, Álamo y Musso Valiente es más bonito y limpio, aparte de ser un trabajo mucho mejor terminado.
Basta con mirar hacia atrás para ver la diferencia entre las obras realizadas hace unos años y las que se están realizando en la actualidad. Da gusto pasar por la avenida de Portugal y ver un pavimento de granito colocado perfectamente y con sus registros panelados con el mismo tipo de losa y siguiendo su mismo dibujo. Pero en la actualidad, se está más pendiente de la cantidad que de la calidad, no teniendo en cuenta estos detalles, es más, en la calle Álamo donde había también registros panelables, al pavimentar de nuevo las aceras a base de piezas de granito, inexplicablemente se dejaron estos registros con las viejas losas de hormigón que había. Aunque sin embargo, esta y otras calles donde se ha puesto granito sí que tienen bien recortadas las piezas de este material, ajustándose de forma correcta a los registros, lo que demuestra que querer es poder, que cuando se quiere hacer un buen trabajo, este se hace independientemente de lo complicado que este sea. En las fotos que acompaño se aprecia la diferencia entre un acabado y otro, notándose la profesionalidad de los operarios que han intervenido en esas otras obras y los que están trabajando hoy en Juan Carlos I y adyacentes, un trabajo que deja mucho que desear y que no puede ser defendible por nadie. Luego está la mala colocación de las piezas del pavimento y la deficiencia de sus juntas, sobresaliendo incluso en algunos casos por encima del propio bordillo, un bordillo que tampoco esta junteado de la mejor manera.
Pienso que las empresas de obra pública nos tienen tomada la medida y aquí no se hacen las cosas bien porque saben que no nos preocupamos de que el trabajo se termine en condiciones, porque no se está a pie del tajo exigiendo que la tarea se realice como es debido. Creo que si ha bajado el volumen de negocio del sector de la construcción, también habrá bajado la carga de trabajo de los técnicos municipales de Urbanismo, por lo que algunos de ellos deberían de controlar las obras públicas que se realizan en la ciudad, incluso las de reparación y mantenimiento de los servicios que van canalizados por la vía pública, pues son numerosos los parcheos de cemento que quedan luego sobre el pavimento original, como es el caso del existente en la plaza de España, un desatino que no me cansaré de denunciar por aquí, por el lugar donde se encuentra frente a la casa Consistorial, por hacerse recién remodelada la plaza y por haber sido una empresa mixta municipal la causante del pegote, la que no le importó dejar un montón de hormigón donde antes había granito.
Pero aunque este está a la vista de quienes nos dirigen, en el corazón del casco histórico, tampoco se han preocupado de exigirle su restauración al estado original. Como tampoco de enmendarlo cuando han tenido la oportunidad de hacerlo, como ha sido la remodelación de la calle de la Cava, a la que se le ha puesto el mismo pavimento que a la plaza de España, ocasión que se podía haber aprovechado para que la empresa contratada hubiese arreglado el desaguisado. Pero claro, eso lo hace uno en casa cuando tiene los albañiles, con aquello de que ya que están, reparando también lo imprevisto, y por el mismo precio si se es un poco astuto. Pero en la administración no, ahí lo que cuenta no es el dinero que se puede ahorrar y el agujero que se pueda tapar, sino el dinero que se gasta en grandes proyectos, llenándose la boca de nuestros políticos con anuncios y más anuncios de inversiones millonarias. Aunque linces y astutos también los hay, pero no para una buena gestión y ahorrar unos euros, sino para llevarse algún pellizco de los mismos.
No tengo porque dudar de la gestión económica de nuestros dirigentes, pero sí de su incapacidad para la supervisión de las obras, de cuidar de la obra desde el principio al fin y no detectar los errores cuando la obra ya se ha ejecutado y cuando vienen las protestas vecinales o de otros partidos, como ha pasado recientemente con el área de recreo canino del parque de la Casa Mata o con el acceso al camino del Quijero de Campillo y a la antigua carretera de Águilas desde la nueva rotonda de San Fernando, un trabajo que tuvo que ser enmendado, quedando en la obra nueva las feas señales de haber sido modificada después. Lo que sí que fue una decisión acertada en el proyecto del 4º tramo de la Ronda Central, fue el soterramiento de las líneas eléctricas aéreas que cruzaban la rambla de Tiata y las que iban en paralelo a ella. Pero sin embargo esto no se ha tenido en cuenta en la calle José Espinosa Pomares, quedándose ahí las dos enormes torres del tendido eléctrico soportadas por una solida base de hormigón, cuando ese corto recorrido se tenía que haber soterrado aprovechando estas obras de remodelación, o si no, haber renovado esas torres por otros postes más finos, más actuales, dándole así un aspecto más moderno a la zona.
Tampoco en la acera por donde va este tendido se ha colocado alumbrado alguno, quizá también como consecuencia de la obsoleta conducción aérea que va por el lugar, por lo que de haberse soterrado se habrían matado dos pájaros de un tiro. En la otra acera sí que lógicamente se están colocando nuevas farolas, que sustituyen a las viejas que permanecían aún sobre palos de madera, lo que cabe esperar es que los viejos palos se arranquen y no se corten como se suele hacer, porque conforme se aprecia en los trabajos que se han realizado hasta ahora, parece que la intención es la segunda, pues se están recortando las piezas que van alrededor del palo, cuando ese espacio habría que dejarlo sin terminar a la espera de que se eliminase totalmente la madera, una vez entren en funcionamiento las nuevas farolas.
Creo que debe de hacerse un riguroso trabajo de control sobre todas estas obras que están en marcha, pues las del entorno de la estación son también muy chapuceras y deficientes en cuanto a sus acabados. Pero no solo pasa en estas del centro de la ciudad, también en las del barrio de san Cristóbal y las de Santa Quiteria, donde la pavimentación del espacio exterior del Auditorio ha quedado de pena, no solo por el enlechado de las juntas que ha quedado sobre las piezas, sino por la muy mala colocación de las mismas. Creo que la meta no debe de ser hacer muchas obras, sino que estas se hagan bien y que perduren, porque mucho me temo que dentro de cuatro días, todas estas calles estén en peores condiciones que antes de su arreglo. Y más si hay prisas en su terminación, porque no solo queda por concluir la avenida y los alrededores de la estación del lote de Juan Carlos I, sino que todavía faltan por ejecutar las calles Serrallo, Poeta Carlos Mellado y Floridablanca, la plaza de Colón, las alamedas de La Constitución, Doctor Jiménez Díaz, Ramón y Cajal y su travesía.
Toda obra conlleva sus molestias, tanto para los vecinos, como para comerciantes y usuarios de la vía, pero con una mejor planificación las molestias serian menores. No se puede entender que habiendo solo dos calles que dirijan el tráfico desde la avenida hasta Lope Gisbert y casco histórico, las dos se corten al mismo tiempo, cuando el cierre de Musso Valiente es solo debido a las obras de la avenida y esos escasos metros que le afectan se podrían haber dejado en condiciones de paso en muy poco tiempo, abriendo de nuevo la calle. Tampoco se entiende que no se hayan acondicionado los aparcamientos que se prometieron, pues solo el solar de las antiguas lonjas en la avenida de Santa Clara se ha habilitado para ello, quedando sin abrir el céntrico solar de Musso Valiente o el del antiguo Centro de Salud de Ramón y Cajal, dos solares que le vendrían muy bien a los clientes del resentido comercio de la zona.
Un camión-grúa de los que intervienen en estas obras, lleva en su visera la frase “Señor ten piedad de nosotros”, una aclamación que la podemos hacer nuestra en estos momentos, ya que estamos faltos de consideración, de que se apiaden de nosotros, de los ciudadanos en general y de los comerciantes en particular, porque siempre son ellos los más perjudicados por el transcurrir de las obras.
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Como comentaba anteriormente, la cosa no sería fácil en caso de que se tenga la intención de hacerlo, no por su complejidad sino por los trámites a seguir, pero a pesar de ello se debería de intentar, no siempre las negociaciones con Adif deben de terminar con el cierre de un paso a nivel, también puede ser a la inversa. Ya pasó en los años noventa, cuando se consiguió abrir el paso subterráneo de la estación de Sutullena, un paso que ya estaba contemplado en el viejo proyecto de la estación con el fin de no cortar la alameda de Menchirón. Una vieja promesa al pueblo lorquino que tardó 100 años en hacerse realidad, pero que al final se consiguió gracias a la perseverancia de nuestros dirigentes y aprovechando las obras para la conexión de los dos andenes. Andenes que por otra parte llevan un tiempo sin poder comunicarse a través del ascensor, al estar uno de los dos aparatos fuera de servicio, teniéndose que utilizar forzosamente las escaleras con las consiguientes molestias para determinados pasajeros que si que los necesitan.
Pero no solo es dificultoso el paso por algunas zonas, sino que también las mismas aceras se nos cortan radicalmente y hay que abandonarlas y seguir por otro lado. Pasa en los pasos a nivel de Cervantes y Fajardo el Bravo, pero también en otros puntos de la ciudad, tal como se aprecia en las fotos que se muestran, donde por la vegetación que sobresale de una finca particular de la calle Horno o por la colocación de vallas en ciertos solares, el paso de viandantes, coches de bebe o sillas de ruedas queda totalmente interrumpiendo. Es vergonzoso que estas situaciones se consientan, y más si como en el caso de la valla, son solares que llevan años en estas condiciones y sin que se tenga previsto edificar por ahora, estando ubicado este solar frente a la nueva comisaría, y siendo por tanto un lugar de paso para los dos centros de salud y para la guardería municipal.
Hace menos de tres meses se originó un incendió en un restaurante situado en la plaza del Complejo Europa junto a la alameda de la Constitución, repitiéndose dos semanas después otro en el portón del mismo edificio y teniéndose que atender gran número de personas en el primero de los siniestros. Los dos incendios se declararon en la planta baja, aunque el humo afectó también a estancias superiores, pero si en vez de producirse abajo se origina en el último piso y por desgracia hay gente atrapada a la que hay que ayudar desde el exterior, el acceso de un vehículo escala hubiese sido complicado debido a su tamaño y a las jardineras y pérgolas allí situadas. Y es que las pérgolas, las jardineras y otros elementos pueden ser un impedimento para la llegada de ayuda en situaciones extremas, siendo varios los edificios que se encuentran en estas condiciones en nuestra ciudad.

Hasta ahí todo correcto, lo reprochable está en la otra dirección, cuando venimos hacia Lorca por la misma carretera, ya que nos encontramos con una señal gemela, idéntica a la del otro sentido “Exceso de galibo Murcia obligatorio” indicándonos a seguir sentido Murcia en caso de superar la altura permitida, cuando lo correcto es tomar hacia la derecha, sentido Puerto Lumbreras evitando así el paso inferior. Lo que sorprende es que no se detectara la equivocación cuando se colocó la señal, ni tampoco que el personal de la Dirección General de Carreteras ni los agentes de la Guardia Civil de Tráfico o de la Policía Local se hayan dado cuenta del fallo durante todo este tiempo, dando parte de esta incidencia con el fin de que se subsane el equívoco, confusión que puede ocasionar un grave siniestro, en caso de que cualquier conductor supere la altura permitida y cumpla escrupulosamente con lo que le obliga esta señal.
Igualmente es errónea una de las señalizaciones que se han colocado tras las remodelación de un tramo de la avenida de Europa, concretamente el indicador situado en las proximidades de la iglesia de San Diego, que nos desvía para la calle Canal de San Diego si queremos llegar al apeadero del ferrocarril, cuando la señalización se supone que es para vehículos y estos no pueden acceder por esta calle hasta la parada del tren, ya que al llegar a la altura del parque infantil se encuentran con una señal de dirección prohibida y tienen que regresar de nuevo hasta la avenida que se habían dejado, haciéndolo por la calle que sigue a la de Asilo de San Diego, una calle que junto al resto de travesías que unen la de Canal de San Diego con Avda. de Europa o su paralela de Dolores Blaya Cueto, siguen inexplicablemente todavía sin nombre en el callejero.
Pero pese a estar cerrado, todos los años se desmonta y se vuelve a instalar tras la Semana Santa, el indicador situado en Juan Carlos I frente a las antiguas instalaciones hoteleras. Claro que eso beneficia a la empresa concesionaria de la señalización, ya que al dorso tiene otro espacio disponible más para cualquier otro anunciante. Lo que no beneficia a la empresa, o si, ni a la imagen de Lorca, es el estado de desidia y abandono en que se encuentran los textos de muchos de estos indicadores, y más si tenemos en cuenta la zona donde están ubicados, como es el caso del que se muestra en una de las fotos que acompaño, el cual está situado en el entorno del Centro de Visitantes, lugar de recibimiento de turistas y paso obligado de los que se hospedan en el Parador. Creo que viendo el escaso uso que como reclamo publicitario de ellos se hace, estos indicadores están llamados a desaparecer, igual que desapareció en su día la publicidad que hace 50 años se ponía en el dorso de las señales de tráfico de nuestra ciudad.
Los fabricantes de las señales de tráfico dan una caducidad de entre siete y diez años a estos signos, ya que pasado este tiempo pierden su color y las propiedades de las láminas reflectantes, aconsejándose su sustitución pasado este tiempo. Pero en Lorca, en la ciudad del Sol, no se tiene en cuenta, teniendo en activo señales de los años noventa, según lo atestigua el estado en que se encuentran y la fecha de fabricación que llevan al dorso, señales que con más de 25 años de antigüedad están pidiendo a gritos ya su sustitución. Pero no solo no se renuevan, sino que las viejas se reciclan para nuevas señalizaciones, enmendando su mensaje y teniendo como resultado una verdadera chapuza, como son las que se han colocado tras la remodelación de dos de los carriles de la calle Poeta Para Vico.

Pienso que es un grave error de organización no haber instalado al menos una decena de WCs portátiles eso como poco desde luego sitio había disponible pues el recinto cuenta con una gran entrada con zona de césped que permaneció casi vacía durante todo el evento y además cuenta con otro chiringuito que no funcionó, y que pudo haber descongestionado en mucho las agónicas colas que sufrimos los espectadores. 




Casi todo fue adecuado, aunque me parece que casi todos los que allí estuvimos nos dimos cuenta de algunos errores de organización de los que los organizadores deberían anotar y solucionar para el próximo evento, errores como ampliar los puntos expendedores de tickets y los chiringuitos de comida y bebida para que la gente pueda ver el concierto y no tirarse medio evento haciendo cola y otro aún más importante el darse cuenta que en ese recinto solamente hay dos habitáculos denominados aseos y en el masculino por ejemplo solo cuentan con dos WCs similar al femenino, por lo que ¿donde piensan que van a orinar los 3000 asistentes y además varias veces?. 


Plaza de la UME podría ser una buena denominación, recordando así a esta unidad militar de emergencias que tanto hizo por Lorca tras los terremotos de 2011. Un edificio del barrio de La Viña lleva su nombre, pero creo que eso es una insignificancia, Lorca tiene que hacer mucho más, no basta con la bandera que se le entregó en 2012 coincidiendo con el primer aniversario de los seísmos, o con la Medalla de Oro de la Ciudad que se le concedió en noviembre de 2015. Creo que para que su recuerdo perdure, para que la UME esté siempre presente entre los lorquinos, no hay nada mejor que dar su nombre a esta u otra plaza, espacio en el que debe de colocarse una escultura o monolito que sirva de homenaje a estos militares que son modelo a seguir por muchos países y que ante un grave riesgo o catástrofe pública, contribuyen a la seguridad y el bienestar de todos los ciudadanos.
También es una incoherencia lo que sucede con los rótulos que le dan nombre a la plaza existente entre las calles Puente de la Alberca y la de Santo Domingo, ya que mientras el de la izquierda nos anuncia que estamos en la plaza Don Juan Moreno, el de la derecha le quita el tratamiento y se queda solo con Juan Moreno. No es que la cosa tenga importancia, pero si el nombre oficial es uno, este debe ser el que figure en todas las placas de su denominación, no admitiendo ninguna otra variante. Igual sucede con la calle Puente de la Alberca que antes mencionaba, que en las placas figura “Calle Puente Alberca” una denominación que no es la correcta y que encima suena fatal. Claro que esto puede ocurrir, al ser los promotores de obra nueva los encargados de reponer la placa y número de la calle, ya que están obligados a ello por la licencia urbanística, pero también es verdad, que el negociado de Urbanismo debería de estar más atento a que estos errores no se cometieran, como también a que las placas sigan un modelo oficial, no como está sucediendo, que todas son azules y del mismo formato, pero con sensibles variaciones, lo que hace que no sea la misma uniformidad para todas.


Después nos desplazamos a la calle Corredera, donde se inauguró la placa conmemorativa con una inscripción
Posteriormente, pasamos a la edificación donde se realizaba la venta de las aguas en la calle Alporchones, allí se había montado una interesante exposición de documentos históricos y fotografías relacionadas con el agua, los riegos y el patrimonio hidráulico en el municipio de Lorca. D. Antonio Gil, habló sobre la subasta de aguas, suprimida el 25 de marzo de 1960 y posteriormente le cedió la palabra a D. Ángel Canales, D. Juan Martínez y D. Ezequiel, tres lorquinos mayores que contaron sus vivencias en la subasta del agua, testimonios orales muy importantes que forman parte del patrimonio intangible de Lorca y que deberían ser recogidos antes de que estas personas nos dejen. Cerraron el acto las autoridades presentes, D. Juan Marín, Presidente de la Comunidad de Regantes, D. Francisco Montiel, Concejal de Educación y Turismo del Ayuntamiento de Lorca, Dª. Adela Martínez-Cacha, Consejera de Educación y D. Francisco Jódar, Consejero de Agua y Agricultura de la Región de Murcia, que dio por concluido el acto dando un golpe en la mesa con un bastón, memorando como se había antaño.
Un reparador refrigerio después de la calurosa mañana, servido en la cafetería El Jarique, nos permitió charlar de forma distendida y cambiar impresiones con los participantes en la excursión y posteriores actos.





En la primera de las imágenes que muestro, se ve un ejemplar de ciprés de monterrey con una exagerada inclinación, pero no es el único, son varios de esa zona los que tienen seriamente comprometida su estabilidad. Son árboles que fueron plantados en grupos entre sí o con otros, sin tener en cuenta su desarrollo posterior y que una vez adultos se han ido inclinando en busca de la luz solar, cosa favorecida también por su poco anclaje al suelo, siendo un riesgo para los paseantes de este lugar, lugar muy frecuentado por niños al estar situado junto al parque infantil y donde ya se ha tenido que eliminar alguno por el mismo motivo. También existen unos pinos con demasiada inclinación en la zona verde de la residencia de pensionistas Domingo Sastre, árboles que están descuidados y que en busca de la luz se han ido inclinando peligrosamente para la acera de la alameda de Cervantes. Pero el árbol que en mi opinión ofrece más peligro, es el olmo que muestro en la otra fotografía, ya que este tiene una gran superficie hueca y está situado también junto a la valla perimetral del parque infantil, siendo varios los olmos que se encuentran en estas condiciones en las viejas alamedas.
No pido que se eliminen estos centenarios olmos que tenemos en el gran pulmón verde de la ciudad, pero sí que se les haga un seguimiento especial por parte de los expertos, ya que la seguridad de los transeúntes y de los que hacen uso del parque puede estar en peligro. Las oquedades son normales en estos árboles viejos y aunque el centro esté hueco, la sabia sigue circulando por ellos, pero no es menos cierto que el árbol se va debilitando, siendo albergue de parásitos, hongos y otras bacterias o plagas, aparte de que cuando son viejos, también las patologías en sus raíces afectan bastante a su estabilidad. Son muchos los olmos centenarios que están cayendo en los últimos meses y años en nuestro país y en el resto del mundo, la mayoría afectados por grafiosis, una enfermedad fúngica que se trasmite a través de un escarabajo, algo similar a lo que pasa con el picudo de las palmeras. En nuestros olmos no se aprecia todavía el amarillamiento de sus hojas, señal inequívoca de que han sido atacados por la enfermedad y de que su muerte es inmediata, pero sí que se observan las típicas cavidades y grietas que dejan los hongos y las grandes manchas aceitosas en la vertical de sus troncos, indicio de que no gozan de buena salud, siendo deplorable el estado de algunos ejemplares.
Aquí no tenemos grandes árboles monumentales que son los más peligrosos ante estas situaciones, pero aparte de los viejos olmos, sí que tenemos algunos de gran porte, como son los plataneros orientales situados en la plaza de Don Juan Moreno y algunas alamedas, el ficus que hay en la confluencia de la calle Abenhalaj con Avd. de Portugal, el grandioso pino canario situado en el jardín del Huerto Ruano y los eucaliptus de la barriada de la Virgen de las Huertas, árboles que deberían de ser sometidos a un seguimiento constante, así como eliminar las ramas muertas que algunos de ellos contienen. También hay que eliminar de nuestros espacios públicos los árboles que se encuentran completamente secos, ya que aparte de su peligrosidad, hacen que se propaguen las plagas que ellos encierran, siendo varios los árboles que se encuentran ya muchos años en esta vergonzosa situación, unos en recintos de centros educativos como es el caso del jardín del instituto Ibáñez Martín y otros por diferentes lugares de la ciudad, como el subterráneo de la vía férrea junto a la plaza de toros, en la zona verde entre la estación y el parque infantil, en las alamedas de los Tristes, José Rodríguez, Margarita Lozano y Virgen de las Huertas o en las calles de Tomas de Aquino Arderius y Juan Antonio Dimas.
La adelfa es una planta muy representada en nuestros espacios verdes, una planta dura que se adapta a todos los suelos y aguanta bien la sequia, floreciendo entre abril y octubre y llenando de color nuestras hermosas alamedas, estando también presente en parques como los de San José y La Viña, y sobre todo a ambos márgenes de la vía que comunica la parte alta de este barrio con el de San Antonio. No es cuestión de quitarla ahora y sustituirla por otras plantas menos nocivas, pero tampoco conociendo sus efectos (ya se hablaba de su toxicidad en las crónicas de la guerra de la Independencia), seguir plantándola en espacios urbanos y menos aún en recintos escolares, como sucede en el colegio Alfonso X el Sabio.
