45 AÑOS ATRÁS por Antonio de Cayetano.
Se acabaron las fiestas, el bullicio, el alborozo, las luces y los sonidos. La siempre esperada feria llegó a su fin, volviendo la normalidad a nuestras calles y plazas. Pero no a la habitual de hace unas décadas, aquella del continuo ir y venir de sus gentes, la del constante trasiego por sus céntricas calles, la usual de aquella ciudad de compras que Lorca fue. Hoy el centro de nuestra población está en calma, sereno, incluso desértico a determinadas horas o días. Exceptuando algún sector comercial, como el relacionado con las bodas y ceremonias, hoy su comercio no tiene el poder de atracción que en otra época tenía. Nuestra ciudad ya no es lo que fue, son muchos los establecimientos de todo tipo que han cesado su actividad en los últimos años y meses, siendo quizá la puntilla para el cierre de sus puertas, las largas obras que se están llevando a cabo en el centro de la población.
Pero no solo son las obras o la larga crisis vivida el motivo de su cierre, también influye el desplazamiento que han experimentado las ventas de ciertos productos, teniendo que acudir ahora muchos lorquinos y foráneos, al centro comercial de las afueras para efectuar sus compras, lugar donde lamentablemente en algunos artículos, encuentran una oferta superior a la ofrecida en la propia ciudad. El centro de Lorca está necesitado de tiendas de grandes marcas, de que se establezcan en él firmas importantes de moda, que son las que en la actualidad arrasan y tienen el poder de mover el mercado, pues hacen de locomotoras de la actividad comercial de la zona. Pero lejos de conseguirlo, algunas de estas firmas establecidas en Juan Carlos I han cerrado también sus puertas, dejando el centro de la ciudad sin el atractivo que estas marcas le daban.
Y es que estas grandes compañías ubican sus tiendas donde está el cliente, pues lo importante para ellas es su visibilidad y el tránsito de gente, ya que la moda tiene mucho de compra impulsiva, por lo que si no hay clientes y pierden rentabilidad, cierran sin ninguna otra consideración. Pero no solo una, sino todas las que son del mismo grupo, ya que todas se complementan captando clientes entre sí, siendo por ello la cercanía entre ellas. Por lo que complicado veo que vuelvan con el actual panorama, pues estas firmas tardan años en decidir dónde ubicar una de sus tiendas, estudiando todos los pormenores y circunstancias de la zona, y aunque aquí nos pese, el centro de Lorca no es hoy lo más atractivo para ellas, el consumo es el que hay y no hay hueco para más. Hemos fomentado la actividad comercial y el ocio en la periferia (lugar donde si están presentes) y con ello nos hemos cargado el comercio tradicional de la población. Cuando no tenemos que olvidar que el comercio es lo que le da vida al centro de las ciudades, con sus rótulos, su iluminación, sus escaparates, sus ofertas, su personal y sus clientes.
Sería impensable el centro de una ciudad sin actividad comercial, con los locales cerrados, con sus persianas echadas. El mismo se nos degradaría y no sería incluso atractivo para vivir en él, marchándose igualmente los bancos, bares o restaurantes, ya que estos seguirían también los pasos de sus clientes. Nos encontraríamos que en vez de ser la Ciudad del Sol, el astro Rey en el que todo gira a su alrededor, seria la Ciudad del Donut, al estar su centro vacío de contenido. Y no es una exageración, es lo que está ocurriendo ya en algunas ciudades, por lo que hay que evitar por todos los medios que esto pueda suceder aquí, donde tenemos el precedente de lo acontecido en su día con el casco histórico, con aquella calle Selgas donde se ubicaba lo mejor del comercio lorquino y que era conocida por la calle de las tiendas, calle que en la actualidad, no dispone de ningún establecimiento comercial abierto.
Si que no podemos ir contra el progreso, pues el comercio ha ido y va evolucionando al tiempo que la sociedad, incluso ahora sin la necesidad de un espacio físico. Pero como comentaba antes, el comercio hace ciudad y hay que intentar recuperarlo si queremos seguir siendo una ciudad viva y vibrante, atractiva para la gente de aquí y para la amplia comarca subregional de la que siempre hemos sido su capital. Si nos vamos 45 años atrás, el sector comercial de Lorca estaba en lo más alto, era un tiempo en que comenzaban a regresar de Alemania, Francia o Suiza parte de los más de 5000 emigrantes lorquinos que habían partido en la década anterior, y un año antes de que se desatara la crisis del 73, una crisis inflacionista motivada por el petróleo y que hizo que se cuadruplicara su precio. La actividad comercial de Lorca en 1972 era bien distinta a la de hoy, el comercio solía abrir sus puertas a las nueve de la mañana, pero antes de esa hora, ya era frecuente ver gente guardando cola en determinados establecimientos.
También sobre las nueve de la mañana, era la hora de llegada de los diferentes coches de línea (autocares), que procedentes de diferentes poblaciones del municipio y comarca, venían cargados de viajeros, los cuales pasaban la mañana en la ciudad haciendo las diversas gestiones que les habían traído hasta aquí, mayoritariamente las compras. Las paradas de las diferentes líneas estaban repartidas por toda la ciudad, siendo la más importante para el comercio lorquino la ubicada en el garaje Santa Fe, el cual estaba situado frente a los institutos. Allí estaba la base de la Empresa Gómez (Paco de Quico), una empresa lumbrerense que tenia la concesión de varias líneas regulares con Lorca. Siendo el punto de llegada para los viajeros procedentes de Águilas, ciudad con la que había hasta tres servicios diarios. También era el lugar donde arribaba el autocar que venía de Vera a través de Pulpi, el de Puerto Lumbreras y el de los Vélez y María, autocares que llegaban a Lorca entre las nueve y las nueve y media de la mañana, partiendo hacia sus respectivos pueblos entre las dos y las cuatro de la tarde.
En la alameda de Menchirón tenía la parada el autocar procedente de Morata y Mazarrón, un servicio que prestaba la empresa Nicolás y que salía de la pedanía lorquina a las siete de la mañana, tardando dos horas en llegar hasta Lorca, regresando de nuestra ciudad a las tres de la tarde. El mismo horario y duración de viaje, tenían los viajeros procedentes de El Jardín y que hacian una parada intermedia en La Parroquia, un servicio prestado por la empresa M. Romera y que tenía su sede y parada en la plaza de Don Juan Moreno. Muy cerca de allí, en la posada de la Merced, tenía la parada la empresa Fernández Picón, que era la concesionaria de la líneas que procedían de Caravaca y Cehegin y de las pedanías de Zarcilla de Ramos, La Paca, Doña Inés y Avilés, teniendo su llegada a Lorca a las nueve de la mañana y su salida a las cuatro de la tarde. Un poco más abajo, en la avenida de Santa Clara, tenía la parada el autocar que nos llegaba de Zarzadilla de Totana, el cual también tenía el mismo horario de llegada, aunque su partida era media hora más tarde.
Como vemos, todas estas líneas de transporte público, estaban enfocadas a los viajeros que tenían a Lorca como su referente mercantil. Personas que tenían toda una mañana para moverse por la ciudad, hacer sus compras e incluso comer antes de partir hacia sus respectivos pueblos de origen. También había otras líneas regulares, las cuales nos unían con Murcia, Cartagena, Valencia o Almería, pero las mencionadas anteriormente eran las que mejor se adaptaban al horario comercial y las que nos traían los potenciales clientes. También el ferrocarril fue un importe medio, pues incluso hubo un periodo, en que había un tren especial desde la vecina provincia de Almería para venir de compras a Lorca. Eran otros tiempos, en los que el coche particular no estaba al alcance de muchos, pero también una época en que Lorca era el centro comercial de una gran comarca que abarcaba muchos pueblos de Almería y Granada, pueblos desde donde se desplazaban con frecuencia a nuestra ciudad para adquirir o reparar cualquier cosa, encontrándose casi todos los servicios en el centro de la población.
El mismísimo palacio de Guevara, el edificio más notable y admirado de la ciudad, acogía en sus bajos un establecimiento industrial, el comercio de Lizaran, una tienda dedicada a la venta de repuestos industriales y de automoción. Otras tiendas del mismo sector también se ubicaban en esa calle de Lope Gisbert, que era el paso de la nacional 340 en dirección Andalucía, situándose frente a la gasolinera que entonces había, el concesionario y el servicio oficial Seat. En la calle Floridablanca estaba el de Renault, en Santo Domingo el de Citroën y en la calle Rey Don Carlos (hoy Poeta Carlos Mellado) el del legendario Mini. Y ya fuera de la ciudad, pues se encontraba una vez pasado el símbolo del yugo y las flechas que había situado frente a las “Casas Baratas”, estaba el concesionario de Barreiros y Simca, encontrándose un poco más adelante el de Ebro y a poca distancia el de los tractores Same. Los tractores Motransa estaban en Jerónimo de Santa Fe, en Comisa, una multitienda que también distribuía la furgoneta Sava, la moto Vespa y los ciclomotores Vespino, aparte de motocultores y toda clase de maquinaria agrícola e industrial, ferretería, electrodomésticos, muebles de cocina y el gas butano.
También los dueños de esta empresa, son los que abrieron en la plaza Don Juan Moreno la primera agencia de viajes que hubo en Lorca en aquellos años, Viajes Mercurio, una agencia que en la actualidad sigue en otro emplazamiento y con otros propietarios. En esa plaza de la Alberca también tenía su base Grúas Toribio, estaba el taller de fragua de Piernas, la droguería de Lizaran y el Hostal Leal. A continuación en la calle Santo Domingo estaba la floristería Jerónima, el Restaurante Cándido, Auto Recambios Méndez (ya mencionado como Citroën) y la ferretería de Cachá. En frente, esquina con Mártires de la Salle (hoy Carril de Caldereros) se encontraba el tinte de Juan Domingo, famoso por sus cobertores y más adelante ya en Lope Gisbert, la granja Maribel. En la glorieta de San Vicente estaba Proficio, el concesionario para Lorca de las bicicletas GAC y del ciclomotor Mobylette que tanto éxito tuvo.
En la calle Musso Valiente se encontraba Rubira, un almacén de materiales de construcción y accesorios de baño. También en esta misma calle estaba el nuevo Hotel Residencia Alameda, a unos metros del hotel se encontraba Talleres Lafuente, el servicio oficial de Bombas Ideal, una empresa dedicada a las instalaciones de sistemas de riego y a la reparación de tractores. Junto al taller estaba la joyería García, que también incluía pequeño electrodoméstico, mientras que en la acera de enfrente se situaba la tienda de marroquinería Markos, establecimiento que más tarde se trasladó a la avenida de Los Mártires (hoy Juan Carlos I). Una avenida que en su mismo centro, haciendo esquina con la alameda de Ramón y Cajal, albergaba el depósito de la Sociedad Anónima Cros, una empresa catalana que en aquellos tiempos era la más importante en cuanto a la fabricación y distribución de abonos para la agricultura. A pocos metros de allí, haciendo esquina con la alameda de la Victoria (hoy Constitución), se encontraba el almacén de harinas, granulo y pienso de Don Trinidad.
También en esta avenida se situaba y aun hoy permanece abierta, una de las tres tiendas más grandes de Lorca en cuanto al comercio textil, Comercial Miñarro, una gran tienda surgida tras la separación de los dos cuñados y socios que regentaban Galerías Montoya en la calle Generalísimo (hoy Corredera). Sin duda la calle más comercial de entonces, una vía peatonal donde se encontraban la mayoría de las sucursales bancarias y lo mejor del comercio lorquino, destacando por su grandiosidad (y también por su monstruosidad urbanística) el gran comercio que antes mencionaba de Galerías Montoya, un comercio del que hoy solo permanece abierta alguna de sus secciones. También en esta calle Corredera, pero en la parte que entonces se llamaba José Antonio, estaba y sigue hoy la tienda de Muebles San José, otro comercio de altura con varias plantas de exposición. Otro comercio del mismo ramo situado en esa calle era Muebles Juan Martínez, el cual también tenía otro establecimiento en la plaza de Santiago.
Victoriano era otro comercio de aquella época en la Corredera, con su reclamo de palomitas de maíz en la puerta. Lo mismo hacia electrodomésticos Aragón, conectando algún televisor con motivo de algún acontecimiento importante. También estaban las tiendas de confección y textil de Cañizares y Castellar, la sastrería de Heladio, el kiosco de la Rubia y haciendo esquina con la calle Cubo la joyería de Miguel, establecimiento que hoy sigue con otro nombre y dueño. Enfrente estaba la droguería López, y ya en los cuatro cantones la ferretería Segura y el kiosco del Leño. Marydol era otro de los comercios allí ubicados, dedicado a los trajes regionales y las corchas. En la esquina con Alporchones estaba y está la librería de Félix Montiel, mientras que la otra librería de los cuatro cantones que regentaba la Viuda de José Montiel desapareció años más tarde, igual que pasó con las dos tiendas de mercería y géneros de punto que también tenía en la calle Pio XII.
En esta vía peatonal con nombre de papa, se ubicaba Casa Millán, un establecimiento de marroquinería fundado a finales del siglo XIX en la calle Selgas y que se trasladó a esta otra siguiendo la tendencia de entonces. También estaba en esta calle la artística confitería La Caña de Azúcar, la conocida como la de La Madrileña o de Los Cuatro Cantones, que procedía igualmente de la calle Selgas. Más arriba se encontraba otra confitería, la de Las Delicias y un poco más adelante el almacén de drogas de Juan Terrer (droguería). Pero el comercio que más destacaba, no solo de esta calle sino de toda la ciudad, era el de Almacenes Bertrand, uno de los comercios más importantes de este año que hoy recordamos, un comercio dedicado al textil y que ocupaba el esplendido edificio de varias plantas que ahora se ha puesto en valor para albergar el Mercado del Sol. También la empresa de Bertrand (Lorca Industrial), era la dueña de la fábrica de confecciones ubicada en la avenida, en los terrenos en los que hoy está el Residencial Plaza Nueva.
De la mencionada calle Selgas, aquella que en su día tuvo el comercio más selecto de Lorca, recuerdo de aquel año 1972 al zapatero Antonio Manzanera, un músico al que la guerra civil le truncó sus sueños, una buena persona con la que me unían lazos familiares. También en aquella calle estaba la zapatería de Alcolea, zapatería que después se trasladó a la calle Alporchones y a la de Alfonso X el Sabio. Calle donde se encontraban las relojerías de Sánchez y Campoy y la joyería Troyano. Otra joyería de entonces era la de la familia Laserna en la calle Fernando el Santo, calle en la que también estaban Deportes Jumondi y La Cartuja, pero la familia Laserna también tenía otro establecimiento de joyería en la calle General Prim (hoy Álamo). Calle en la que se ubicaba la relojería Ricardo, la cuchillería y armería Rodenas y Carmen la de las Telas, establecimiento textil que también estaba en jerónimo de Santa Fe, arteria donde se situaba la librería Santa Fe. Otra librería de aquellos años, y en la que se podía encontrar cualquier libro era Foro, ubicada en la calle Rebolloso (Cristal), calle en la que también estaba la joyería Bayro.
Otros comercios de entonces fueron Las Novedades en la plaza de la Cruz de los Caídos (hoy de la Discordia), comercio dedicado a la bisutería y juguetes, y justo en frente el de Musiluz, donde se mezclaba la joyería con los aparatos de radio y el pequeño electrodoméstico. En la calle Calvo Sotelo (hoy Nogalte) estaba la Meca de los Pantalones, joyería Rayma, Muebles Segura y la ferretería de Benito. En la de Ruiz de Alda (hoy Almirante Aguilar) se ubicaban la sastrería y confecciones Vegara, Almacenes Vidal de loza y cristal, la ferretería Soriano y foto Zaragoza. En la plaza de España estaba la tienda de antigüedades El Rastro y Tapicerías Mérida, una casa especializada en cortinas. Ya en el barrio de San Cristóbal se situaba la tienda de marroquinería Dimas, la ferretería del Gafas que aun está, como también El Perla, la tienda del Soldado y una larga lista más.
También estaban al otro lado del puente, aprovechando el paso de los turistas, por no estar todavía hecho el nuevo puente de San Diego ni el desvió de la carretera nacional, las tiendas típicas de recuerdos, alfarería y cerámica, quedando en la actualidad solo una en plan simbólico, aunque sí que siguen funcionando otras fuera de la ciudad. Otro sector artesanal que también casi ha desaparecido y que tuvo su importancia en aquellos años setenta fue el de la piedra artificial. Una industria que se ubicaba en el extrarradio de la ciudad, situándose en la Quinta el taller de Arte Español, en la ctra. de Murcia la fábrica de alabastros de Vda. de González, y en la ctra. de Granada la de Cerámica Sanz y la de Altamira.
En el barrio de San Cristóbal estaban también las industrias del curtido, un negocio prospero en aquellos años, siendo la producción diaria de las 14 fabricas que entonces había, de unos 65.000 kilos de pieles, piel con la que se llegaban a elaborar hasta 80.000 pares de zapatos. Lástima que parte de esa importante producción no se quedase aquí, que no prosperase la industria del calzado en nuestra ciudad, siendo como era el origen de la principal materia prima. Nuestra producción viajaba mayoritariamente para la provincia de Alicante, encargándose del transporte las agencias que entonces trabajaban en la ciudad, siendo la agencia de transportes Félix la que más trabajó con los curtidores, motivo por el que trasladó sus instalaciones desde la calle Fajardo el Bravo hasta la ctra. de Caravaca, lugar al que se iban trasladando también las industrias del curtido. Luego fue la agencia de transportes Hispania la que ocupó la antigua nave dejada por Félix. También estaba la agencia Pelegrín, cuya sede se encontraba en la plaza Calderón de la Barca, bajo el torreón, la agencia Noguera en la calle Redón y transportes Cano en la Segunda Caída.
Renfe también ofrecía en aquel tiempo su servicio de paquetería, con el servicio de puerta a puerta por un lado y el de régimen de equipaje por otro, siendo este el más demandado por su rapidez, ya que la mercancía se recogía en la estación una vez llegaba el tren expreso que hacía el trayecto Barcelona- Granada o viceversa. Igualmente, las líneas de autocares citadas con anterioridad, además de viajeros llevaban también bultos, por lo que muchos comerciantes lorquinos las usaban para los pequeños pedidos que les efectuaban sus clientes de fuera. Además estaban los choferes, que por una propinilla, se acercaban a los diferentes establecimientos y les hacían el “mandao” a sus conocidos del pueblo.
Así recuerdo la Lorca comercial y de servicios de hace 45 años, una Lorca de mucha actividad, con mucho comercio. Una Lorca que quizá ya no vuelva, pues como mencionaba al principio las tendencias van cambiando. Pero en nosotros está el futuro que queremos para nuestra ciudad, si una ciudad viva o una ciudad muerta, si una ciudad comercial o una ciudad desierta. Como también de nosotros depende, que sigamos sometiéndonos a lo que nos dictan las grandes marcas, firmas que por otra parte, se aprovechan de sus trabajadores en Camboya, China, Tailandia o Marruecos, explotándolos por un miserable sueldo y sin tener en cuenta las mínimas condiciones laborales. Así que si vienen al centro de la ciudad, bienvenidos sean, pero nada de incentivarlos económicamente con dinero público, todos debemos de jugar con la misma baraja.


Una ronda que iba incluida en el Plan Estratégico de la Región de Murcia 2000-2006, pero que no llegó a realizarse. Una obra que en 2007 llevó el PP de Lorca en su programa electoral y que en 2008 se anunció que comenzaría de inmediato, siendo el 2010 el año previsto para su puesta en servicio, hecho que evidentemente tampoco se materializó. Ya en 2009, se nos anunció la eminente adjudicación del primer tramo, el comprendido entre Apolonia y el Complejo Deportivo Europa, pero al final de ese año la cosa solo quedo en eso, en otro anuncio más. Anuncio que se repitió de nuevo en 2010, afirmando que las obras comenzarían en el primer semestre de 2011. Pero no es hasta agosto de ese año cuando sale publicado el anuncio de adjudicación en el B.O.E., anunciando entonces el comienzo de las obras de ese primer tramo para el mes de octubre de ese mismo año.
Tras más de cuatro años para concretar la modificación del anterior proyecto del tramo I, el cual solo consistía en alargar el viaducto que cruza el ferrocarril, y que se podría haber realizado al tiempo que se ejecutaba el resto de la obra, ya que la otra escusa de la llegada del AVE a Lorca sigue estando en la actualidad tal como estaba a principios de 2012. En junio del pasado año se adjudicaron de nuevo las obras, pero nuestro gozo en un pozo, pues tras adjudicarse a la UTE formada por las empresas Sargo y González Soto en 6.904.294 €., el expediente de contratación quedó en suspenso debido a la interposición de varios recursos por las irregularidades cometidas en su adjudicación, fallando el Tribunal Central de Recursos Contractuales que se procediera de nuevo a su adjudicación por parte del gobierno regional.
Tras varios meses de retraso, en marzo de 2017 se adjudica una vez más la obra, ganando el concurso la UTE integrada por Acciona Construcción y Continental Obras y Mantenimiento, por la cantidad de 6.615.996 €. Pero de nuevo es impugnada la adjudicación, haciéndolo esta vez la empresa que había resultado elegida en el primer procedimiento de contratación, siendo obligada de nuevo la Consejería de Fomento a anular la adjudicación y a reiniciar un nuevo expediente. Así una vez solventadas las distintas irregularidades que se han venido produciendo y que confirman las sentencias del citado tribunal, a finales de mayo comenzaron por fin las obras, pero por muy poco tiempo, pues se encuentran paralizadas solo tres meses después de su inicio. Claro que también cabe pensar, que igual están esperando a que se adjudique el tramo II, ya que también se anunció en mayo, que su adjudicación iba a ser en breve y que ambos tramos se iban a ejecutar de forma simultánea.
Fuera de bromas, creo que se nos está tomado el pelo a los lorquinos con esto de las rondas, pues tampoco se ha comenzado la ejecución de la Ronda Norte, la de los barrios altos. Un vial que es muy necesario para los residentes en esta zona y fundamental para poder solventar con éxito cualquier emergencia que se pueda producir. Unas obras que se anunciaron para 2015 y que se podrían haber financiado con los fondos europeos destinados a la mejora de las infraestructuras de evacuación. Pero no, el dinero de esos fondos, así como el del sorteo de la Lotería Nacional, ha sido empleado por el AyuntaMIENTO en el cuarto tramo de la Ronda Central, llamada ahora de evacuación por aquello de tener derecho a esa financiación europea.
Porque no se entiende que en Lorca no haya protestas por el estado en que se encuentran servicios tan esenciales como la sanidad y la seguridad ciudadana, o el actual caos circulatorio que a diario soportamos. O que no nos importe que el tramo II de la ronda que es el más corto y de menor coste, esté licitado desde junio del año pasado y que siga aún sin adjudicarse la obra, cuando no existe problema presupuestario alguno al estar financiado por el BEI. El problema si que puede estar en un futuro si no se adjudica con prontitud, ya que el plazo previsto para su ejecución es de un año y a finales de 2018 finaliza la prórroga para la terminación de las obras financiadas con el préstamo del BEI para la reconstrucción de Lorca. Tampoco se entiende lo que pasa con el tramo III, pues tan pronto nos dicen que está terminado el proyecto a falta de su financiación, como que no se sabe lo que va a pasar con el puente de La Torta, si se va a quedar ahí o no. Decisión que es fundamental en el proyecto de dicha obra y del que se afirma está ya concluido.
Es lo que está de moda, la cocina y todo cuanto gira a su alrededor, un fenómeno que va creciendo y al que se están incorporando muchas ciudades españolas. Aunque si en un principio el objetivo de estos espacios culinarios, era incentivar turística y gastronómicamente los viejos mercados de barrio, aprovechándose de la proximidad del producto para elaborar y consumir allí mismo los distintos platos cocinados, que es lo que se pretende hacer en Cartagena. La finalidad de los nuevos “mercados” que van surgiendo es bien distinta, pues su meta es la de generar un nuevo modelo de negocio aprovechándose de esta incipiente tendencia, creando nuevos espacios y reuniendo en ellos a los profesionales relacionados con los productos gourmet. Al igual que los centros comerciales aglutinan tiendas especializadas de diversos sectores, ofreciéndonos artículos de todo tipo, hostelería y ocio. Pues ahora también, surgen estos otros centros para satisfacer los gustos más refinados o los paladares más exquisitos.
Esperemos que este nuevo proyecto, que casualmente tiene la misma superficie que el de la Viña si tenga la durabilidad esperada. Que el mismo disponga de un análisis de viabilidad que nos indique la necesidad o la conveniencia de este “mercado” y de su rentabilidad, así como si realmente aportará a la ciudad los beneficios que se esperan de él, porque si no, será otro traspié más, otra perdida de recursos públicos que se podían haber empleado en otros menesteres. Llama la atención, como por la mitad del dinero público que se ha llevado este “negocio privado”, se ha recuperado totalmente la bicentenaria Fuente del Oro de la avenida de Santa Clara, luciendo hoy con esplendor sus restaurados caños de agua. No cabe duda de que inversiones como esta son las que hay que primar, siendo un buen destino el dinero público gastado ahí, al igual que el empleado en embellecer la ciudad y recuperar su patrimonio. Así si esto se consigue, los turistas nos vendrían solos y tras ellos la oferta gastronómica. Siendo esta si cabe, más atractiva y de mayor calidad, no necesitando entonces subvención o ayuda alguna para llevar a cabo su “lucrativa” actividad.
No basta con ser optimistas o positivos, hay que ser realistas y saber si nuestra ciudad cuenta con la suficiente demanda para que un espacio de esta elite se mantenga, porque ahora como novedad sí que tiene actividad, estamos en un mes festero y hay curiosidad por ver como ha quedado el viejo edificio de Almacenes Bertrand. Pero lo difícil es mantenerse durante el resto del tiempo, y más cuando los clientes de estos espacios gastronómicos son turistas en su mayoría. Porque no podemos ser ingenuos y creernos lo que nos dicen, de que nuestro flamante “mercado” es comparable al de San Miguel de Madrid o al de La Boquería de Barcelona, el cual se encuentra ubicado en la zona de las Ramblas. Un mercado que es de visita obligada para los miles de turistas que visitan diariamente la capital catalana y que se encuentra entre los mejores de Europa. Aquí ni el mercado del Sol es lo que nos quieren vender, ni evidentemente Lorca es comparable a Madrid o Barcelona. Como tampoco nuestro casco histórico está en las mejores condiciones para explotarlo turísticamente, por lo que pocos son los visitantes que se puedan captar. Visitantes que tampoco encuentran en su camino, señalización alguna que les lleve hasta el nuevo mercado culinario, cosa que también sucede con los diversos museos o el Centro Regional de Artesanía.
Poco ha empujado nuestro AyuntaMIENTO para recibir el dinero imprescindible para el impulso turístico de nuestra ciudad, pocas son las ideas que ha puesto en marcha para recibir las subvenciones necesarias para la recuperación de nuestro patrimonio. Solo una ocurrencia, el pretendido ascensor para subir al castillo, entiéndase parador. Proyecto que con un coste de unos dos millones y medio de euros, no está justificado bajo ningún concepto. Creo que no se piensa con la cabeza, igual que se nos vende humo anunciando proyectos que luego resultan ser cuentos chinos, se inician otros que terminan en un verdadero descalabro. Si que quien no arriesga no cruza la mar, pero no con el dinero de los demás. Pues el fracaso en que ha quedado la Ciudad Regional del Automóvil, nos sirve como ejemplo de la política de fabula de algunos dirigentes públicos o de sectores empresariales, pretendiendo algo que a nuestra ciudad le venía grande. Un proyecto que se nos anuncio como “innovador y vanguardista”, algo único a nivel nacional, y que tras la inversión de más de tres millones de euros y de 12 años de andadura, ha resultado ser un fracaso total. Un polígono que iba a estar exclusivamente dedicado al automóvil y en el que se iban a dar cita más de 40 actividades relacionadas con este sector. Donde iban a estar representadas la mayor parte de la marcas, con una feria permanente del vehículo de ocasión, con talleres abiertos las 24 horas, servicios de grúa, de neumáticos, de repuestos, lavaderos, gasolineras, gestorías, corredurías de seguros, parque infantil, restaurantes, hoteles y hasta una línea propia de autobus.
Un recinto que iba a ser un referente regional y polo de atracción para las provincias limítrofes. Una ciudad del automóvil que iba a superar a otros pequeños polígonos de este tipo que estaban surgiendo en la comunidad de Madrid. Como siempre íbamos a ser los mejores, mejores que el de Parla con un 40% más de población que Lorca, o Leganés que tiene más del doble de habitantes que nuestro municipio, poblaciones estas que tienen la ventaja de estar situadas en el área metropolitana de Madrid, con todo el potencial económico y poblacional que ello conlleva. Al final la cosa no resultó, quizá que la crisis haya tenido mucho que ver, pero también la buena ubicación que tenían y tienen los concesionarios establecidos durante décadas en la antigua nacional 340 en dirección a Granada, un lugar muy transitado y bien comunicado, sitio donde ahora vuelve el primer y último concesionario establecido en la innovadora Ciudad Regional del Automóvil de la pedanía de La Hoya. Claro que también puede, que los iniciadores del fracasado proyecto, quisieran edificar viviendas en estos inmuebles del polígono Los Peñones, convirtiendo así en “oro” ese terreno industrial que poseían, pues todo tenía cabida en esos locos años de vacas gordas.
Y es que es a partir de esta época del año cuando se producen las fuertes lluvias, cuando el agua del mar a alcanzado su mayor temperatura, siendo esta energía térmica uno de los principales ingredientes para que se desarrolle una DANA (depresión aislada en niveles altos), el episodio conocido como “gota fría” y que con tanta frecuencia se da en esta zona, habiéndose registrado ya fuertes lluvias desde hace unos días en algunos puntos de la península. De las 86 riadas más significativas que se conocen del Guadalentín, 26 tuvieron lugar durante el mes de septiembre y 24 durante el mes de octubre, siguiéndole noviembre con solo siete y menos de esta cantidad el resto de los meses del año, no habiendo constancia de que se registrase ninguna de importancia en el mes de julio y solo dos en junio, una en 1933 y la otra en 1900. Siendo significativo este año, porque durante el mismo hubo tres importantes riadas, la primera el 27 de junio, otra el 28 de septiembre y la última el 23 de octubre. Algo similar sucedió también en 1777, con riadas los días 10 de enero, 15 de septiembre y 17 de noviembre.
Como vemos, las lluvias intensas en esta zona seca no son algo excepcional, sino que siempre han formado parte de nuestro clima mediterráneo, pudiendo pasar treinta años entre una y otra gran riada o tener tres en el mismo año. Comenzaba recordando las inundaciones del País Vasco, donde cayeron más de 600 l/m2 en apenas dos días, siendo el deficiente encauzamiento de los ríos el principal causante del desastre. Cosa que también sucedió aquí hace cinco años con la rambla de Biznaga, un cauce que recoge las aguas de las ramblas de Torrecilla, Béjar y parte de la de Nogalte y cuyo lecho no está muy definido debido a los cultivos que se realizan en la zona, una actividad agrícola que junto a la barrera que hizo la autovía Lorca-Águilas, provocó que quedasen inundadas tres centenares de viviendas y casi la misma cantidad de granjas, dando como resultado 200 toneladas de animales muertos y 11.600 hectáreas anegadas por el agua durante varias semanas.
Pero lo que nos diferencia del País Vaco, es que esa cantidad de agua que cayó allí durante un fin de semana, nos puede venir aquí en solo una hora, que es lo que pasó en la riada del 14 de octubre de 1879, cuando en la zona de los Vélez que es la cabecera del Guadalentín, se acumularon hasta 600 litros en este intervalo de tiempo. Igual sucedió en el episodio de gota fría que afectó a parte de las provincias de Granada, Almería y Murcia el 19 de octubre de 1973, donde esos mismos litros de agua se recogieron en solo dos horas en Albuñol (Granada) o en tres en Zurgena (Almería), recogiéndose la cantidad de 420 litros en solo una hora. Pero para precipitación importante, la caída en Jávea (Alicante) el día 2 de octubre de 1957 donde cayeron 871 litros, siendo hasta la fecha el máximo histórico de 24 horas en la península, registrándose más de 1000 litros en los dos días que duraron las precipitaciones ocasionadas por una impresionante gota fría que produjo incluso nevadas en el centro del país. También en Oliva, un municipio situado a 32 km. de Jávea, se recogió el 3 de noviembre de 1987 con motivo de otro episodio de lluvias torrenciales, la cantidad de 720 l/m2 en 24 horas.
Ya hemos visto que en la riada de Santa Teresa, se recogieron más de 600 litros en solo una hora en el cortijo de Calderón, un paraje situado a 8 km. de Vélez Rubio, cuando en esta del 2012, la precipitación caída en la cabecera de la rambla de Nogalte fue solo de 160 l/m2, 81 de ellos en una hora. En Puerto Lumbreras fue más el agua caída, 212 litros, de los cuales 119 cayeron en tan solo 60 minutos, mientras que en la zona de Lorca la precipitación de ese día fueron de 140 litros, reduciéndose a 115 l/m2 en la parte de Totana. Cantidades importantes y no habituales en nuestra región, sobrepasando con creces el umbral rojo que marca AEMET, que está en 60 litros en una hora y 120 para doce, pero precipitaciones no excepcionales en un episodio de gota fría de los que se dan por aquí. También estas lluvias de hace cinco años fueron inferiores a la del 19-10-1973 en las que se estimó una precipitación de entre 250 y 300 l/m2 en nuestra comarca.
Y esa es la suerte que tuvimos en Lorca ciudad, que la lluvia caída en la cabecera de nuestro río y ramblas fue intensa pero no tan fuerte como en episodios anteriores, pues de lo contrario, el Guadalentín se hubiese desbordado a su paso por la población. Según la Confederación Hidrográfica del Segura el máximo caudal fue a las 15,15 h. con 616 metros cúbicos por segundo, lo que supone una cuarta parte del agua que pasó en 1973. Si que ahora está el nuevo pantano de Puentes con capacidad para contener más agua, pero además de que todavía sigue estando en pruebas y no está garantizada al 100% su resistencia, carece también de las correspondientes compuertas del aliviadero, por lo que no puede aprovecharse al máximo su aforo. Además, de que si tenemos en cuenta que el agua que pasó por Lorca ese día del 28 de septiembre, fue solo de la recogida aguas abajo del embalse (15 km.), de llover con más intensidad en la zona, nuestro río nos hubiese dado un buen susto, pues poco faltó para que el agua llegase hasta el borde de los muros de contención.

Así nos encontramos con que mientras del municipio de Lorca fueron 211 las víctimas de esta guerra, un 0,30 % de la población de entonces, Mazarrón solo tuvo 22 muertos, un 0,09 %. Igual pasó en Cartagena y la Unión, donde los fallecidos fueron 141 y 39 respectivamente, siendo el porcentaje respecto a sus correspondientes censos del 0,14 y 0,13%, menos de la mitad que en el municipio lorquino. Lo que demuestra que aunque el dinero no sea todo en esta vida, ayudar sí que ayuda, ya que por no disponer del mismo se puso en juego la vida de muchos hijos. Hijos a los que se les vio sortear, luego marchar y jamás ya volver, siendo de aquel tiempo un refrán que decía “Hijo quinto y sorteado, hijo muerto y no enterrado”, pues quien moría en ultramar o en los viajes de ida o vuelta, allí quedaban para siempre sus restos.
En la presentación del proyecto nos decía el entonces alcalde Sr. Jódar, que la avenida iba a tener una imagen moderna y amable. No sé lo que querría decir con amable, pero si se refería a complaciente o agradable, no creo que esta lo sea en los días de lluvia. Uno de los problemas que tenia esta calle, era que al suprimir los aparcamientos de uno de los lados y circular los vehículos junto al bordillo, estos salpicaban el agua que se acumulaba en la calzada por la deficiente colocación de los imbornales, siendo un problema para los peatones que por esa acera transitaban. Ahora con el nuevo proyecto y conforme se va viendo, apenas va a ver diferencia de nivel entre la calzada y la acera, por lo que cuando llueva como llueve aquí, pronto la calzada se encharcará y creara problemas incluso para algunos bajos comerciales. Si que se ha hecho nueva conducción para las aguas pluviales, y puede que de mayor capacidad que la que había, pero en mi opinión los imbornales no deberían de ir a los lados, sino al centro, tal como se hizo en su día en la calle Mayor del barrio de San Cristóbal, una calle en la que también es mínima la altura que separa la acera de la calzada.
Las rejillas al centro de la calle con su correspondiente pendiente, tienen la ventaja de que el agua nunca se va acumular junto al bordillo o saltar para la cera. Pero sin embargo, cuando se pretende que la nueva avenida sea una gran zona comercial donde el peatón camine con comodidad y tranquilidad, en vez de hacerlo así, se han colocado los imbornales donde siempre, en los márgenes de la vía junto al bordillo y con una gran separación entre uno y otro, además de reducir sensiblemente su capacidad de achique, ya que como todavía se aprecia en los antiguo imbornales que no se han levantado, estos son de rejilla doble, e incluso alguno de tres elementos, tragando por ello el doble de agua que los nuevos de ahora. Por lo que cuando diga de llover tras la nueva remodelación, puede que pase como ha venido sucediendo hasta ahora en el margen sentido puente, que el paso peatonal por la avenida vuelva a ser molesto y engorroso como consecuencia de las salpicaduras del agua acumulada.
Creo que como he dicho en más de una ocasión, Lorca necesita de una “Concejalía de Vía Pública” una concejalía dedicada exclusivamente a todos los temas relacionados con estos espacios públicos, ocupándose de la redacción de proyectos, del control de las obras y de su mantenimiento, desempeñando también las labores de regulación, inspección y sanción de la ocupación excesiva que se hace de ciertos espacios públicos. Una concejalía que realice los proyectos de las nuevas obras que se lleven a cabo en el municipio, pues nadie mejor que nuestros técnicos, para saber la problemática y los pormenores de cada rincón de la ciudad, y no que sean las mismas empresas contratistas las que se adjudiquen el proyecto y la ejecución de las obras en un mismo paquete, favoreciendo con ello más a la empresa adjudicataria que el resultado final de las obras.
Basta con mirar hacia atrás para ver la diferencia entre las obras realizadas hace unos años y las que se están realizando en la actualidad. Da gusto pasar por la avenida de Portugal y ver un pavimento de granito colocado perfectamente y con sus registros panelados con el mismo tipo de losa y siguiendo su mismo dibujo. Pero en la actualidad, se está más pendiente de la cantidad que de la calidad, no teniendo en cuenta estos detalles, es más, en la calle Álamo donde había también registros panelables, al pavimentar de nuevo las aceras a base de piezas de granito, inexplicablemente se dejaron estos registros con las viejas losas de hormigón que había. Aunque sin embargo, esta y otras calles donde se ha puesto granito sí que tienen bien recortadas las piezas de este material, ajustándose de forma correcta a los registros, lo que demuestra que querer es poder, que cuando se quiere hacer un buen trabajo, este se hace independientemente de lo complicado que este sea. En las fotos que acompaño se aprecia la diferencia entre un acabado y otro, notándose la profesionalidad de los operarios que han intervenido en esas otras obras y los que están trabajando hoy en Juan Carlos I y adyacentes, un trabajo que deja mucho que desear y que no puede ser defendible por nadie. Luego está la mala colocación de las piezas del pavimento y la deficiencia de sus juntas, sobresaliendo incluso en algunos casos por encima del propio bordillo, un bordillo que tampoco esta junteado de la mejor manera.

Como comentaba anteriormente, la cosa no sería fácil en caso de que se tenga la intención de hacerlo, no por su complejidad sino por los trámites a seguir, pero a pesar de ello se debería de intentar, no siempre las negociaciones con Adif deben de terminar con el cierre de un paso a nivel, también puede ser a la inversa. Ya pasó en los años noventa, cuando se consiguió abrir el paso subterráneo de la estación de Sutullena, un paso que ya estaba contemplado en el viejo proyecto de la estación con el fin de no cortar la alameda de Menchirón. Una vieja promesa al pueblo lorquino que tardó 100 años en hacerse realidad, pero que al final se consiguió gracias a la perseverancia de nuestros dirigentes y aprovechando las obras para la conexión de los dos andenes. Andenes que por otra parte llevan un tiempo sin poder comunicarse a través del ascensor, al estar uno de los dos aparatos fuera de servicio, teniéndose que utilizar forzosamente las escaleras con las consiguientes molestias para determinados pasajeros que si que los necesitan.
Pero no solo es dificultoso el paso por algunas zonas, sino que también las mismas aceras se nos cortan radicalmente y hay que abandonarlas y seguir por otro lado. Pasa en los pasos a nivel de Cervantes y Fajardo el Bravo, pero también en otros puntos de la ciudad, tal como se aprecia en las fotos que se muestran, donde por la vegetación que sobresale de una finca particular de la calle Horno o por la colocación de vallas en ciertos solares, el paso de viandantes, coches de bebe o sillas de ruedas queda totalmente interrumpiendo. Es vergonzoso que estas situaciones se consientan, y más si como en el caso de la valla, son solares que llevan años en estas condiciones y sin que se tenga previsto edificar por ahora, estando ubicado este solar frente a la nueva comisaría, y siendo por tanto un lugar de paso para los dos centros de salud y para la guardería municipal.
Hace menos de tres meses se originó un incendió en un restaurante situado en la plaza del Complejo Europa junto a la alameda de la Constitución, repitiéndose dos semanas después otro en el portón del mismo edificio y teniéndose que atender gran número de personas en el primero de los siniestros. Los dos incendios se declararon en la planta baja, aunque el humo afectó también a estancias superiores, pero si en vez de producirse abajo se origina en el último piso y por desgracia hay gente atrapada a la que hay que ayudar desde el exterior, el acceso de un vehículo escala hubiese sido complicado debido a su tamaño y a las jardineras y pérgolas allí situadas. Y es que las pérgolas, las jardineras y otros elementos pueden ser un impedimento para la llegada de ayuda en situaciones extremas, siendo varios los edificios que se encuentran en estas condiciones en nuestra ciudad.
Hasta ahí todo correcto, lo reprochable está en la otra dirección, cuando venimos hacia Lorca por la misma carretera, ya que nos encontramos con una señal gemela, idéntica a la del otro sentido “Exceso de galibo Murcia obligatorio” indicándonos a seguir sentido Murcia en caso de superar la altura permitida, cuando lo correcto es tomar hacia la derecha, sentido Puerto Lumbreras evitando así el paso inferior. Lo que sorprende es que no se detectara la equivocación cuando se colocó la señal, ni tampoco que el personal de la Dirección General de Carreteras ni los agentes de la Guardia Civil de Tráfico o de la Policía Local se hayan dado cuenta del fallo durante todo este tiempo, dando parte de esta incidencia con el fin de que se subsane el equívoco, confusión que puede ocasionar un grave siniestro, en caso de que cualquier conductor supere la altura permitida y cumpla escrupulosamente con lo que le obliga esta señal.
Igualmente es errónea una de las señalizaciones que se han colocado tras las remodelación de un tramo de la avenida de Europa, concretamente el indicador situado en las proximidades de la iglesia de San Diego, que nos desvía para la calle Canal de San Diego si queremos llegar al apeadero del ferrocarril, cuando la señalización se supone que es para vehículos y estos no pueden acceder por esta calle hasta la parada del tren, ya que al llegar a la altura del parque infantil se encuentran con una señal de dirección prohibida y tienen que regresar de nuevo hasta la avenida que se habían dejado, haciéndolo por la calle que sigue a la de Asilo de San Diego, una calle que junto al resto de travesías que unen la de Canal de San Diego con Avda. de Europa o su paralela de Dolores Blaya Cueto, siguen inexplicablemente todavía sin nombre en el callejero.
Pero pese a estar cerrado, todos los años se desmonta y se vuelve a instalar tras la Semana Santa, el indicador situado en Juan Carlos I frente a las antiguas instalaciones hoteleras. Claro que eso beneficia a la empresa concesionaria de la señalización, ya que al dorso tiene otro espacio disponible más para cualquier otro anunciante. Lo que no beneficia a la empresa, o si, ni a la imagen de Lorca, es el estado de desidia y abandono en que se encuentran los textos de muchos de estos indicadores, y más si tenemos en cuenta la zona donde están ubicados, como es el caso del que se muestra en una de las fotos que acompaño, el cual está situado en el entorno del Centro de Visitantes, lugar de recibimiento de turistas y paso obligado de los que se hospedan en el Parador. Creo que viendo el escaso uso que como reclamo publicitario de ellos se hace, estos indicadores están llamados a desaparecer, igual que desapareció en su día la publicidad que hace 50 años se ponía en el dorso de las señales de tráfico de nuestra ciudad.
Los fabricantes de las señales de tráfico dan una caducidad de entre siete y diez años a estos signos, ya que pasado este tiempo pierden su color y las propiedades de las láminas reflectantes, aconsejándose su sustitución pasado este tiempo. Pero en Lorca, en la ciudad del Sol, no se tiene en cuenta, teniendo en activo señales de los años noventa, según lo atestigua el estado en que se encuentran y la fecha de fabricación que llevan al dorso, señales que con más de 25 años de antigüedad están pidiendo a gritos ya su sustitución. Pero no solo no se renuevan, sino que las viejas se reciclan para nuevas señalizaciones, enmendando su mensaje y teniendo como resultado una verdadera chapuza, como son las que se han colocado tras la remodelación de dos de los carriles de la calle Poeta Para Vico.
Plaza de la UME podría ser una buena denominación, recordando así a esta unidad militar de emergencias que tanto hizo por Lorca tras los terremotos de 2011. Un edificio del barrio de La Viña lleva su nombre, pero creo que eso es una insignificancia, Lorca tiene que hacer mucho más, no basta con la bandera que se le entregó en 2012 coincidiendo con el primer aniversario de los seísmos, o con la Medalla de Oro de la Ciudad que se le concedió en noviembre de 2015. Creo que para que su recuerdo perdure, para que la UME esté siempre presente entre los lorquinos, no hay nada mejor que dar su nombre a esta u otra plaza, espacio en el que debe de colocarse una escultura o monolito que sirva de homenaje a estos militares que son modelo a seguir por muchos países y que ante un grave riesgo o catástrofe pública, contribuyen a la seguridad y el bienestar de todos los ciudadanos.
También es una incoherencia lo que sucede con los rótulos que le dan nombre a la plaza existente entre las calles Puente de la Alberca y la de Santo Domingo, ya que mientras el de la izquierda nos anuncia que estamos en la plaza Don Juan Moreno, el de la derecha le quita el tratamiento y se queda solo con Juan Moreno. No es que la cosa tenga importancia, pero si el nombre oficial es uno, este debe ser el que figure en todas las placas de su denominación, no admitiendo ninguna otra variante. Igual sucede con la calle Puente de la Alberca que antes mencionaba, que en las placas figura “Calle Puente Alberca” una denominación que no es la correcta y que encima suena fatal. Claro que esto puede ocurrir, al ser los promotores de obra nueva los encargados de reponer la placa y número de la calle, ya que están obligados a ello por la licencia urbanística, pero también es verdad, que el negociado de Urbanismo debería de estar más atento a que estos errores no se cometieran, como también a que las placas sigan un modelo oficial, no como está sucediendo, que todas son azules y del mismo formato, pero con sensibles variaciones, lo que hace que no sea la misma uniformidad para todas.


En la primera de las imágenes que muestro, se ve un ejemplar de ciprés de monterrey con una exagerada inclinación, pero no es el único, son varios de esa zona los que tienen seriamente comprometida su estabilidad. Son árboles que fueron plantados en grupos entre sí o con otros, sin tener en cuenta su desarrollo posterior y que una vez adultos se han ido inclinando en busca de la luz solar, cosa favorecida también por su poco anclaje al suelo, siendo un riesgo para los paseantes de este lugar, lugar muy frecuentado por niños al estar situado junto al parque infantil y donde ya se ha tenido que eliminar alguno por el mismo motivo. También existen unos pinos con demasiada inclinación en la zona verde de la residencia de pensionistas Domingo Sastre, árboles que están descuidados y que en busca de la luz se han ido inclinando peligrosamente para la acera de la alameda de Cervantes. Pero el árbol que en mi opinión ofrece más peligro, es el olmo que muestro en la otra fotografía, ya que este tiene una gran superficie hueca y está situado también junto a la valla perimetral del parque infantil, siendo varios los olmos que se encuentran en estas condiciones en las viejas alamedas.
No pido que se eliminen estos centenarios olmos que tenemos en el gran pulmón verde de la ciudad, pero sí que se les haga un seguimiento especial por parte de los expertos, ya que la seguridad de los transeúntes y de los que hacen uso del parque puede estar en peligro. Las oquedades son normales en estos árboles viejos y aunque el centro esté hueco, la sabia sigue circulando por ellos, pero no es menos cierto que el árbol se va debilitando, siendo albergue de parásitos, hongos y otras bacterias o plagas, aparte de que cuando son viejos, también las patologías en sus raíces afectan bastante a su estabilidad. Son muchos los olmos centenarios que están cayendo en los últimos meses y años en nuestro país y en el resto del mundo, la mayoría afectados por grafiosis, una enfermedad fúngica que se trasmite a través de un escarabajo, algo similar a lo que pasa con el picudo de las palmeras. En nuestros olmos no se aprecia todavía el amarillamiento de sus hojas, señal inequívoca de que han sido atacados por la enfermedad y de que su muerte es inmediata, pero sí que se observan las típicas cavidades y grietas que dejan los hongos y las grandes manchas aceitosas en la vertical de sus troncos, indicio de que no gozan de buena salud, siendo deplorable el estado de algunos ejemplares.
Aquí no tenemos grandes árboles monumentales que son los más peligrosos ante estas situaciones, pero aparte de los viejos olmos, sí que tenemos algunos de gran porte, como son los plataneros orientales situados en la plaza de Don Juan Moreno y algunas alamedas, el ficus que hay en la confluencia de la calle Abenhalaj con Avd. de Portugal, el grandioso pino canario situado en el jardín del Huerto Ruano y los eucaliptus de la barriada de la Virgen de las Huertas, árboles que deberían de ser sometidos a un seguimiento constante, así como eliminar las ramas muertas que algunos de ellos contienen. También hay que eliminar de nuestros espacios públicos los árboles que se encuentran completamente secos, ya que aparte de su peligrosidad, hacen que se propaguen las plagas que ellos encierran, siendo varios los árboles que se encuentran ya muchos años en esta vergonzosa situación, unos en recintos de centros educativos como es el caso del jardín del instituto Ibáñez Martín y otros por diferentes lugares de la ciudad, como el subterráneo de la vía férrea junto a la plaza de toros, en la zona verde entre la estación y el parque infantil, en las alamedas de los Tristes, José Rodríguez, Margarita Lozano y Virgen de las Huertas o en las calles de Tomas de Aquino Arderius y Juan Antonio Dimas.
La adelfa es una planta muy representada en nuestros espacios verdes, una planta dura que se adapta a todos los suelos y aguanta bien la sequia, floreciendo entre abril y octubre y llenando de color nuestras hermosas alamedas, estando también presente en parques como los de San José y La Viña, y sobre todo a ambos márgenes de la vía que comunica la parte alta de este barrio con el de San Antonio. No es cuestión de quitarla ahora y sustituirla por otras plantas menos nocivas, pero tampoco conociendo sus efectos (ya se hablaba de su toxicidad en las crónicas de la guerra de la Independencia), seguir plantándola en espacios urbanos y menos aún en recintos escolares, como sucede en el colegio Alfonso X el Sabio.

Aunque también se da el caso contrario, como sucede con el ilustre cirujano lorquino Ramón Arcas Meca, que aparte de haber sido galardonado con la medalla de Oro de la Región en 1992 y nombrado Hijo Predilecto de Lorca en 1993, desde 1986 se le tiene dedicada una calle en el centro de la ciudad y da nombre a un instituto de educación secundaria. Incluso puede, que el edificio Doctor Arcas de la calle Rubén Darío en el barrio de La Viña, se llame también así en homenaje a él. La verdad es que la trayectoria profesional de nuestro paisano se lo merece, al ser uno de los cardiólogos y cirujanos más importantes del país, teniendo en su haber la salvación de cientos de pacientes que han puesto en sus manos la prolongación de su vida.
Fue el pasado miércoles cuando tras varios días de incertidumbre, conocimos el fatal desenlace, el español que se encontraba desaparecido desde que se cometió el atentado era al final uno de las ocho víctimas mortales de la masacre. Víctima inocente a la que toda España hemos llorado, tal como sucedió hace 20 años con Miguel Ángel Blanco, otra víctima de la barbarie terrorista y que Lorca tiene en su memoria, al dedicarle la calle situada en un lateral del instituto Ramón Arcas. También Ignacio Echeverría debe de ser recordado en nuestra ciudad, su impulso generoso, su valor, heroicidad y sacrificio merecen el homenaje del pueblo de Lorca. Perdió su vida por auxiliar a una desconocida y a un agente de policía, cuando podía haber pasado de largo, pero al ver la atrocidad que se estaba cometiendo, no pensó en las consecuencias e intento salvarlos con la sola ayuda de su monopatín, comportamiento que le costó la vida al ser alcanzado por una certera puñalada que le dio en la espalda uno de los terroristas.
Por nuestro clima, por nuestra forma de ser, a todos nos gusta disfrutar de las terrazas de los bares, cafés o heladerías. También nos agrada que las calles y plazas sean lugares llenos de vida, que sirvan para el ocio y el gozo de lorquinos y visitantes. Pero no que se nos limite el acceso libre a un bien que es de todos, mientras se favorece la ocupación lucrativa del mismo, porque eso es lo que está pasando, que poco a poco las terrazas se están comiendo nuestro espacio público. Nos lamentamos de que nuestros hijos o nietos se pasen el día dentro de casa, pegados a la pantalla de la televisión o los videojuegos, pero sin embargo, vemos bien que se les impida que jueguen al balón en la plaza, tal como de pequeños hemos hecho nosotros. Ahora los niños molestan con sus juegos, ya no hay sitio para ellos, pero mientras tanto, va en aumento la instalación de terrazas en la calle, habiendo ciudades donde han crecido las licencias hasta en un 250% en los últimos años, beneficiando al sector de la hostelería por un lado y a los propios ayuntamientos por otro, que han visto también en esto una fuente de ingresos, un negocio al alza.
Creo que no hace falta echar mano del metro, para ver que la ocupación del espacio público sobrepasa con creces la anchura permitida, aparte de no dejar en uno de los casos, el mínimo exigido de 1,5 metros de paso libre de acera, tal como se contempla también en el artículo citado y más teniendo en cuenta que en ese lugar, se encuentra situada una farola que dificulta el paso de los cochecitos de bebe de doble plaza. También el articulo 17 pero en su apartado 9, indica que las terrazas deben de situarse a más de 2 metros de un paso de peatones y a más de 0,50 de los bordillos de las aceras en calles de tráfico rodado, cosa que tampoco se cumple por algunas de ellas, sobretodo en la situada en la esquina de la calle Pérez Casas con la plaza de San José, donde sus componentes se llegan a meter incluso en la línea del paso de patones. Lo mismo pasa con la que hay en la esquina de Corredera con cuesta de San Francisco, que a veces hay que bajarse a la calzada para poder esquivar las mesas.
En la ciudad de Murcia sí que todos los veladores siguen un mismo patrón, siendo de la misma forma y color los situados en distintas plazas, pero en Lorca pasamos de la uniformidad, dejándolo todo a la voluntad de los hosteleros. De los tres veladores que hay en la plaza de España, uno es rojo, otro beige y el tercero marrón, igual sucede en el resto de plazas y calles de la ciudad, que cada establecimiento ha elegido el color que ha creído conveniente al no estar este contemplado en la ordenanza, teniendo como resultado el enmarañado de formas y colores que todos los días contemplamos por las diferentes plazas lorquinas. Lo que sí que se ha tenido en cuenta es el material de las mesas y sillas en el casco histórico, ya que el artículo 22 prohíbe que estas sean de plástico (PVC o similares) cosa que tampoco se cumple, pues algún establecimiento sigue con sus sillas de plástico rojo, aparte de no retirarlas cuando se cierra el local.
Porque de otra forma no se entiende que en el artículo 11 apartado 1, se prohíba la instalación de terrazas en calzadas de tráfico rodado y en zonas de aparcamiento, y que el 21 apartado 10, si autorice poner una tarima sobre la calzada para la instalación de las terrazas, situación que ya se daba en las situadas en la calle Padre Isidro de la Virgen de las Huertas y en otros lugares de la población, aunque las “autorizadas” terrazas siguen sin cumplir la ordenanza, pues esta obliga a poner elementos captafaros en las esquinas y las mismas carecen del mencionado dispositivo de seguridad, cuando alguna de estas terrazas, como es la ubicada en la calle Santa Quiteria, está literalmente metida en la calzada por donde circulan los vehículos, tal como se muestra en una de las imágenes que acompaño. Terraza cuyo perímetro tendría que haber sido ya desmontado al permanecer cerrado el bar de quien depende, aparte también de carecer de la oportuna tarima que obliga el artículo 21 apartado 10. Pero que no es la única que incumple este artículo, pues igual sucede con otras terrazas situadas en distintos puntos de la ciudad, como es el caso de la que se encuentra precisamente junto a la sede de Urbanismo y que ocupa parte del aparcamiento reservado para los residentes de aquella zona.
Bus es el apelativo que usamos a veces para nombrar a estos vehículos, pero lo habitual cuando nos referimos a ellos, es llamarles autobuses o autocares, aunque hay una diferencia entre ambos, pues mientras en los primeros, además de los asientos llevan espacios habilitados para ir de pie, siendo urbano su recorrido, los autocares son aquellos de mayor capacidad, donde solo se puede viajar sentado y destinados a viajes interurbanos y a largos desplazamientos. Pero sin embargo, las zonas habilitadas en las ciudades para las paradas de estos autocares, se les llama estación de autobuses, una denominación que no es del todo cierta, pero que recoge el nombre por el que coloquialmente conocemos a estos dos tipos de vehículos, así que los dos vocablos pueden ser validos para referirnos a ellos. Aunque todavía hay gente mayor que les llama correos o coches de línea, o la camioneta como sucede en Águilas, en Canarias se les conoce por guagua, nombre por el que también son conocidos en diferentes países hispanos, igual que colectivo, que es el nombre que reciben en otros lugares de aquel continente.
El autobús es el medio en que se mueven el 50% de los viajeros que hacen uso del transporte público, siendo un medio de locomoción seguro, pero un transporte que ha empeorado en los últimos años a consecuencia de la crisis. La media de edad de la flota de estos vehículos en España, se sitúa ahora en algo más de 10 años, cuando hace solo cinco, se situaba por debajo de nueve. También ha crecido el número de autobuses que no pasan la ITV, llegando a crecer más de un 25% en los últimos años, los vehículos que son rechazados por defectos graves. Las empresas intentan reducir gastos y uno de los gastos son las facturas del taller, aguantando más los neumáticos y apurando los cambios de aceite, aparte de intentar hacerse ellas mismas las reparaciones por su cuenta, cuando los principales elementos de seguridad son ahora mucho más complejos que antes y se necesita de personal más cualificado.
Pero no solo se ahorra en taller, lo que conlleva a que se detecten en las ITV defectos de seguridad en elementos tan importantes como los frenos, el alumbrado, la suspensión o los neumáticos, sino que también se ahorra en personal, habiendo choferes que trabajan de sol a sol, catorce horas seguidas y con un solo día de descanso a la semana, jornadas interminables que conllevan a la fatiga del conductor e incluso al adormilamiento por falta de sueño. La normativa es muy estricta sobre los descansos de los conductores, pero lo difícil es controlar su cumplimiento, pues como en todo, la picaresca también está en este sector, donde se manipulan los tacógrafos y las tarjetas digitales que llevan los conductores, según aseguran estos.
Luego cuando pasa un accidente, casi siempre la culpa es del conductor y así lo resaltan los medios, pero pocas veces nos preguntamos si se encontraba en las mejores condiciones para realizar su trabajo. Lo mismo podíamos decir de las rutas urbanas, cuyos choferes comienzan el primer turno a las siete de la mañana y no terminan hasta las dos o las tres de la tarde, no disponiendo de pausa alguna, cuando la legislación exige un descanso ininterrumpido de 45 minutos por cada 270 de conducción (4,30 horas). Cuando contratamos un servicio discrecional solo miramos el precio y si acaso el autobús, que sea confortable, pero poco nos preocupamos por la seguridad, de preguntar por las condiciones del chofer que es quien lleva en sus manos la vida de los pasajeros. A veces pasa, que cuando el precio va muy ajustado por la competencia entre empresas, el conductor tiene que dormir en el mismo autocar, ya que su compañía no le paga el alojamiento, estando por ello más expuesto a sufrir un accidente por la falta de descanso en las debidas condiciones.
Lo que no mejora es el pésimo servicio que ofrece la Estación de Autobuses de Lorca, donde la información y el servicio al usuario brillan por su ausencia. También debe de tener un buen escudo el concesionario y gestor de este servicio público, porque no se entiende que habiendo quejas de usuarios y conductores de las líneas que allí tienen parada, ningún grupo político o medio de comunicación se haga eco de lo que allí sucede, del cortijo en que se ha convertido nuestra estación de autobuses. Un espacio donde no existe una ventanilla de información permanente sobre horarios y servicios, de donde han desaparecido las pantallas de plasma que informaban sobre ello (pantallas que posiblemente estuviesen subvencionadas), y donde fruto del descontrol, desinterés e indiferencia de sus responsables, ha habido casos en que a los viajeros se les ha enviado a un arcén y autocar distinto al que tenían previsto coger, y todo porque el usuario no tiene la información que necesita y tiene que ir preguntando a cualquiera que se encuentre por el vestíbulo o los arcenes de la estación.
Tampoco las obras de remodelación que se están llevando a cabo en la calle José Espinosa Pomares, llevan muy en cuenta los giros que necesitan estos vehículos de 15 o más metros de longitud, lo bueno es que como el trafico de los autobuses se mantiene al tiempo que se ejecutan las obras, esto ha servido para obligarles a rectificar en algunos puntos, teniendo que retranquear o redondear las aceras para facilitar la salida de la estación, lo que ya no tiene remedio, es el ensanchamiento que se le ha dado a la acera de enfrente, cuando antes ya quedaba escasa la calzada para maniobrar y más teniendo en cuenta la torre del tendido eléctrico allí situada, torre que se mantiene estrechando el paso peatonal, cuando lo correcto hubiese sido la sustitución de la misma por un nuevo poste mucho más estrecho y dejar la acera con las dimensiones anteriores. La verdad es que en Lorca no se piensa en los vehículos de grandes dimensiones a la hora de ejecutar las rotondas o en trazar los carriles de circulación, encontrándonos con marcas viales que a veces es imposible respetar por parte de los vehículos pesados.

Zarzadilla se segregó en su día de la circunscripción de Campo Coy, territorio que fue el tercero más importante de la demarcación lorquina en la época de la reconquista, siendo sus sierras del Madroño y Pedro Ponce lugares donde se practicaba la caza mayor, abundando el ciervo, el jabalí e incluso el oso. Precisamente el nombre de la sierra de Pedro Ponce se debe al que fue su propietario, persona amante de la caza y a la que el rey Felipe II nombró Montero Mayor del Reino para dirigir sus cacerías.




Un poco de dignidad y respeto amigos, cualquiera de repente nos podemos ver en esta situación, tragándonos nuestro orgullo y pidiendo ayuda para subsistir. Hoy son muchos los lorquinos que acuden a
Cáritas
Al marcar la casilla de la Iglesia, nuestra aportación no va a Cáritas ni a ninguna otra ONG de la Iglesia, sino que va para el funcionamiento de las diócesis, sus propios sueldos y para la financiación de campañas en contra del aborto, beatificaciones, universidades eclesiásticas y la financiación de su televisión como mencionaba anteriormente, siendo 7,7 millones de euros los que se llevó el pasado año esta televisión que solo alcanza algo más del 2% de la audiencia.

http://www.chsegura.es/chs/index.html
Visto lo anterior, ya es más discutible quien es el mejor indicado para gestionar un servicio público, si la administración o una empresa particular. Sabido es, que la decisión será siempre de quienes dirigen la administración, pues todo es cuestión de intereses, defendiendo cada partido lo que más le convenga en cada momento y no siendo siempre lo mejor para el pueblo. En Lorca hemos pasado por tres etapas gobernando el mismo grupo político, en la primera la mejor opción para la recogida de basura era una empresa privada, luego fue al contrario, lo más beneficioso para Lorca era la gestión municipal. Pero sin embargo, en enero de 1998 la gestión del servicio municipal de aguas pasó a manos privadas, argumentando que una empresa mixta era lo mejor que le podía pasar a ese servicio, necesitado como estaba de algunas inversiones. Aunque quizá el verdadero motivo era hacer caja por parte de nuestro AyuntaMIENTO , haciéndose de una cuantiosa suma como canon de entrada y quitándose gastos, personal y obligaciones, sumándose así a la tendencia de entonces y creándose Aguas de Lorca S.A. Una empresa que forma parte de Hidrogea, que a su vez pertenece a uno de los dos grupos que acaparan el negocio del agua en nuestro país con cuantiosos beneficios.

Lorca y Murcia son las ciudades con la tarifa del agua más caras de España