NI BATALLA NI EN NOVIEMBRE – por Antonio de Cayetano.
Hoy día 23 de noviembre se celebra la festividad de nuestro patrón San Clemente, patronazgo que según la tradición, es debido a que en un día como hoy de 1244, tras un largo y sangriento combate acaecido en su fortaleza, Lorca dejó de ser musulmana. Y digo según la tradición, porque la narración popular no coincide con la realidad histórica, ya que ni hubo batalla ni fue el 23 de noviembre, sino que fue una pacifica capitulación llevada a cabo en el mes de junio de ese año.

En el libro que escribió Ginés Pérez de Hita por encargo del Concejo lorquino, y por el que cobró 24 ducados el 17 de junio de 1572, libro titulado “Población y Hazañas de la Muy Leal y Muy Noble Ciudad de Lorca, se decía que el Rey Fernando III el Santo había conquistado Lorca tras un largo asedio a su castillo y después de haber cortado el agua de la sierra (del Caño)y la de los molinos (la acequia de Alcalá), poniendo un alcaide en la ciudad y una guarnición cristiana. Añadiendo después, que cuando este se marchó a la conquista de Córdoba (junio 1236), los moros degollaron al alcaide y a los demás cristianos, siendo el principio de la sublevación de todo el reino murciano. Contaba también Pérez de Hita, que cuando Alfonso X asumió el trono (junio de 1252) tras la muerte de su padre, irritado como estaba con este reino y habiendo jurado a su padre no dejar moro vivo en Lorca, vino con un poderoso ejército integrado por los mejores caballeros del mundo y cercó la fortaleza, manteniendo varias escaramuzas durante algunos días hasta que por fin empezó la batalla final, una lucha que se inició al comienzo del día 23 de noviembre y que terminó cerca del alba con la toma de posesión del castillo lorquino, no quedando moro ni mora en Lorca que no se hubiese pasado por el cuchillo, dicho de otra manera, un degüello general.
En 1890, Francisco Cánovas Cobeño en su “Historia de la Ciudad de Lorca” nos cuenta que el asalto a la fortaleza se llevó a cabo por sorpresa en la madrugada del día 23 de noviembre, pero del año 1243, después de haber confesado y comulgado todo el ejército conforme a la piadosa costumbre de entonces. Se nos narra que teniendo a favor una densa niebla, las tropas a cuyo frente iba el infante D. Alfonso y que estaban ubicadas en la zona donde hoy se encuentra el santuario patronal, se dividieron en tres grupos, marchando el primero que mandaba el capitán Murviedro por el barranco de San Lázaro hasta la zona de poniente (los pilones), el mandado por Sancho Mazuelo para la puerta de la Velica o puerta Nueva y el que mandaba el propio infante para la puerta Norte, la del Pescado.

Según lo acordado, los que estaban situados por la zona de Murviedro (pues así se llamó luego ese paraje) hicieron sonar todas su armas e instrumentos bélicos, engañando a los moros que creían ser atacados por aquel punto y dejando abandonado el resto de la fortaleza, ocasión que aprovecharon los otros dos grupos para atacar por sorpresa y apoderarse del castillo. Se nos cuenta la sangrienta lucha que hubo y los prodigios de valor de una y otra parte mientras la sangre regaba las piedras, siendo una mañana memorable para las tropas cristianas. Entretanto el obispo y los clérigos que acompañaban al infante y que habían quedado en el campamento, rezaban a la virgen que llevaban en campaña para que les ayudase, por lo que una vez asegurada la ciudad y la fortaleza, también volvió el infante para postrarse ante ella y dar las gracias por su amparo e intercesión, dejándola como patrona y protectora de la ciudad.
La estrategia de acercarse a la fortificación formando tres grupos y la toma final del castillo, también la contaba Pérez de Hita, aunque los hechos los situaba nueve años después siendo ya rey el infante D. Alfonso, no haciendo mención alguna a la niebla ni a la virgen que les acompañaba. Cosa de la que si se encargó (como no podía ser de otra forma) el padre Morote, en su libro titulado “Blasones y Antigüedades de la Ciudad de Lorca…” publicado en 1741, y donde la protagonista indiscutible de la reconquista de Lorca fue la Virgen María. Fray Pedro Morote nos dice en su publicación, que en 1242 salieron de Burgos el rey Fernando III para Andalucía y el infante D. Alfonso para el Reino de Murcia, pues aquí quedaban por conquistar Lorca, Mula y Cartagena.

Cuenta que imitando a su santo padre, clamó al señor de los ejércitos implorando el auxilio divino para el éxito feliz de tan ardua misión. Ordenando traer por su tutelar patrona y capitana, a la emperatriz soberana de los Cielos, María, que siendo el más poderoso auxilio de los cristianos, es juntamente ejército terrible para sus enemigos. Aseverando este fraile de nuestro santuario, , que la pérdida de España se debió a que los cristianos retiraron a lugares remotos las imágenes más devotas y que por ello nuestro católico príncipe Alfonso, determinó traer en su Real Oratoria una de aquellas imágenes de esta gran señora, nuestra reina soberana, la que con mayor culto era en su tiempo venerada, la antiquísima y siempre milagrosa imagen que con el delicioso titulo de Huertas se conserva hoy en su real sitio del convento y devotísimo templo.
Tras los elogios a la virgen y detallar los “lucidísimos” batallones que tenían preparados, mandados estos por valientes y esforzados capitanes. Nos dice el padre Morote que la conquista la comenzó el infante por Mula, poniendo a la virgen en el medio de aquella huerta, llamándose por ello desde entonces de las Huertas y teniendo el favor de la madre de Dios para conquistar aquella población, igual como pasó luego con Cartagena, que fue la segunda ciudad a la que se trasladó D. Alfonso.

Una vez en Lorca, nos cuenta el padre Morote que el príncipe mandó talar todos los árboles frutales que tenían los moros (también lo había hecho en los otros dos lugares), así como las hortalizas, trigo, cebada y panizo (en esto no se percató Fray Pedro, que aparte de que la cebada y el trigo se recolectan en verano, el maíz llegó de América tras el descubrimiento, 250 años después de los hechos que nos narraba). Prosigue diciéndonos que junto a la tienda Real, se instaló la Real Capilla de la devotísima imagen de Nuestra Señora, ya con titulo de las Huertas y donde el obispo, reales capellanes y demás clérigos quedaron implorando el divino auxilio de la imagen. Narrando seguidamente el preparativo de la batalla y como se desarrolló esta, narración parecida a como nos la cuenta Cánovas Cobeño, aunque eso sí, destacando que la victoria se logró por la singular providencia con que auxilió la aurora soberana a sus católicos hijos.
También nos asegura que el piadoso poder de la virgen María, hizo que una niebla sentada sobre todo el real y sitio del ejército, impidió a los moros que vieran al enemigo, afirmando que la niebla solo ocupaba el sitio de nuestras tropas, y tan pegada al suelo, que desde el castillo parecía una nevada, según contaron luego los pocos moros que quedaron con vida. La niebla iba ocultando al ejército y sus movimientos como si de un blanco velo se tratara, ya que conforme las tropas se acercaban a la ciudad, la niebla iba subiendo con ellas, de tal forma, que cuando los cristianos estaban junto a la muralla, la niebla ya envolvía toda la fortaleza.
Tras relatar cómo se ocupó el castillo y el estrago que hicieron, el más sangriento que se había visto en plaza alguna, corriendo la sangre mora por todas las cuestas hasta llegar a la mismísima muralla. Nos cuenta que fueron pasados por las armas a los más valerosos moros y a sus caudillos, también a mujeres y niños por el desprecio que habían hecho al príncipe que les había pedido rendirse. Prosigue diciendo que ese día 23 de noviembre, los moros lograron su deseada libertad y vieron restituida su amada patria y que no se vio un cristiano despojado de su armas ni ninguno murió en esta batalla, todo gracias a la virginal protectora autora de tantas maravillas como se vieron en tan célebre victoria, en la que nuestras tropas conocieron el favor particular del Cielo, quedándose en Lorca esa imagen porque así lo quiso el infante.
Estas son las tres historias que nos cuentas otros tantos escritores sobre la conquista de nuestra ciudad, la de Ginés Pérez de Hita, zapatero convertido en escritor, el mismo que al tener que testificar en un pleito en nuestra población, dijo tener “treinta años poco más o menos” pero que sin embargo aceptó el encargo de escribir nuestra historia, historia que luego no fue publicada quizá por los muchos errores y hechos imaginarios que contenía. La del médico y profesor de Historia Natural, Francisco Cánovas Cobeño, está ya más reciente y documentada, aunque igualmente con equivocaciones. Y la del fraile del Convento Franciscano Pedro Morote Pérez Chuecos, una de las más antiguas y amplias, pero también la que contiene más leyenda y desaciertos. Pero se comprende que en la época en que fueron escritas no se tenía acceso a todos los archivos y documentos, escribiéndose de oído, sin documentarse suficientemente y basándose en anteriores publicaciones, lo que se prestaba a confusiones y malentendidos, pues un supuesto error del primero se repetía una y otra vez.
Y eso es lo que parece suceder con la batalla que se cuenta de la conquista de Lorca, batalla que jamás se llevó a cabo, pues como veremos a continuación fue una capitulación pactada, dejando incluso vivir en el castillo hasta su muerte en 1265, al hijo del emir Muhammad Ben Ali. Lo que desconozco es de donde viene esta conmemoración que hoy celebramos, si hubo una confusión con la conquista de Sevilla, que si que se llevó a cabo un 23 de noviembre de 1248, invasión en la que también participó el infante Alfonso, o se debe a que el heredero de la corona había nacido el 23 de noviembre, teniendo por este motivo una gran devoción al santo que fue papa y mártir y quiso que aquí se recordase.
Lo cierto es, que en honor a este santo se edificó en el siglo XV una iglesia en el recinto del castillo y los lorquinos lo tenemos como patrón, aunque sin tener en la actualidad templo alguno que lleve su nombre. En Lorca tenemos la majestuosa iglesia de San Patricio, el segundo edificio religioso más importante de la región y el que podría estar dedicado a nuestro patrono, pero que se construyó en honor al santo patrón de Irlanda, ya que en su festividad, tuvo lugar la célebre batalla de los Alporchones en la pedanía de Aguaderas. Por este hecho lo tiene como patrón la ciudad de Murcia, y en alguna publicación se cita por error también a Lorca bajo su protección y la verdad es, que por motivos históricos está más vinculado a Lorca que San Clemente, pero dejemos las tradiciones que sigan su camino, aunque estas estén basadas en solo leyendas.
Hoy la batalla de la conquista de Lorca, ha pasado del hecho histórico a la fábula, ya que historiadores más documentados dan prueba de una manera indudable cómo se desarrollaron los hechos, divulgando desde el pasado siglo multitud de publicaciones con sus trabajos y estudios. Por ellos se conoce que en aquel tiempo Murcia era una de las distintas taifas de Al-Ándalus, pero muy debilitada, lo que hizo que el 2 de abril de 1243, el emirato murciano firmasen el tratado de Alcaraz, un acuerdo por el que aceptaban ser un protectorado de los reinos de Castilla y León, ganando así una fuerte alianza que pudiese repeler las agresiones de los aragoneses por un lado y las de los granadinos por el otro, ganando en contrapartida Castilla, una salida al mar.
A los musulmanes se les obligaba a entregar al monarca la mitad de todas las rentas del emirato y a dar permiso para mantener en cada fortaleza una guarnición militar castellana, garantizándole el respeto a sus propiedades y a su religión. Pero este pacto fue rechazado por Orihuela inicialmente, aunque rápidamente lo acató, y por Mula, Cartagena y Lorca, ya que nuestra población se había proclamado independiente en 1240, designando al renombrado teólogo Muhammad Ben Ali Ben Ahlá como emir.
El uno de mayo de 1243 entro en Murcia el infante Alfonso para tomar posesión del territorio, aunque no pudo iniciarse ninguna operación militar contra las tres ciudades que rechazaron el tratado, porque se tuvo que ausentar para ocuparse de los lindes entre Murcia y Aragón. El 26 de marzo de 1244 firmó el Tratado de Almirza con su futuro suegro Jaime I, estableciendo las fronteras entre los reinos de Murcia y Aragón y ya en abril volvió el príncipe Alfonso a Murcia y preparó el derecho que tenia para conquistar estas ciudades, comenzando por Mula que ya estaba cercada su huerta y sin alimentos, acabando por someterse y siendo expulsada de ella la mayor parte de su población.
Luego en el mes de junio le tocaba a Lorca donde había muerto ya el emir, siendo su hijo el sucesor, pero este si decidió someterse entonces a Castilla, firmando probablemente el día 28 de junio de 1244, un pacto similar al de Alcaraz y reservándose el derecho de seguir él viviendo en el castillo, siendo los años posteriores una etapa prospera en la ciudad, con una coexistencia más o menos pacifica entre moros cristianos y judíos. Lo de la fecha de la capitulación no está confirmada, pero sí que existe de esa fecha algún documento fechado y firmado ya en Lorca por el infante, por lo que si no fue en ese día fue en días anteriores. Lo que sí que queda demostrado, es que ni hubo derramamiento de sangre, ni fue en noviembre.
También al final habrá que darle la razón al padre Morote, cuando afirmaba que no perdió la vida cristiano alguno en la toma del castillo, y lo de la niebla… Cartagena fue conquistada en la primavera del siguiente año, teniendo que hacerlo por tierra y por mar. Y las promesas del infante Alfonso al final no fueron cumplidas, ya que siendo ya el Rey Alfonso X el Sabio, se dio cuenta de que con lo pactado no avanzaría la trasformación cristiana del Reino de Murcia, razón por la que empezó a contravenir lo firmado, lo que ocasionó una revuelta de los musulmanes en 1264, revuelta que tuvo el apoyo de Granada y el norte de África, pero que dos años más tarde quedo sofocada, gracias a la intervención de Jaime I de Aragón, suegro ya del rey de Castilla.
Tras la calma, el Reino de Murcia fue totalmente cristiano, las mezquitas se convirtieron en iglesias y el árabe dejó de ser el idioma oficial. Lorca ya era definitivamente castellana, aunque 35 años después, la cosa se puso fea. Pero eso es otra historia que dejaremos para el próximo mes.


Si en el mes de agosto recordábamos la quema de iglesias y de su rico patrimonio, hechos protagonizados por un grupo de anarquistas llegados de Molins de Rey y a cuya cabeza iba un lorquino emigrado allí. Hoy tenemos que referirnos de nuevo a él, ya que Avelino Navarro fue el responsable de esta matanza, el que ordenó sacarlos de la cárcel y el que le pegó el tiro de gracia antes de arrojarlos a uno de los pozos del coto minero de Serrata.
El 30 de septiembre de 1936, dos meses después de su detención, se constituyó un Tribunal Popular que los juzgó y el juez Lino Martín Carnicero decretó su libertad el 2 de octubre, una sentencia que el Comité del Frente Popular lorquino mandó ignorar por considerarlos peligrosos, continuando con ellos en la cárcel. Hasta que a las cinco de la madrugada de un día como hoy, justo cuatro meses después de la sublevación militar, Avelino Navarro ordenó sacarlos con la escusa de que iban a tomarles declaración, no solo a los cinco salesianos, sino también al párroco de Santiago que había sido encarcelado el 3 de agosto y a otro que creían también religioso. Los siete fueron atados unos a otros y montados en un camión, vehículo con el que se dirigieron al coto minero y donde fueron fusilados sin compasión alguna, pisoteándolos e incluso bailando sobre sus cuerpos para celebrar su muerte, siendo arrojados a uno de los pozos de azufre allí existentes, el mismo pozo donde el día 4 de ese mes de noviembre, había sido arrojado el religioso Lorenzo Moreno Nicolás. Se dijo entonces y todavía hoy se cuenta, que durante varios días se oyeron sus gritos de dolor, pues se habían tirado vivos al fondo del agujero, pozo que tampoco se sabe con certeza cual fue, ya que la zona está plagada de ellos, pero lo cierto y verdad es que no fue así, pues según relató en su día Juan Mera, uno de los milicianos que participaron en aquella barbarie, fueron rematados por el cabecilla una vez fusilados en aquel lugar.
Los ejecutados ese fatídico 18 de noviembre fueron José Cánovas Martínez, párroco de Santiago, natural de Totana y de 42 años de edad, los hermanos salesianos Esteban Anuncibay Letona (Ovidio Bertrán) de 44 años y natural de Mijancas (Vitoria); Germán García García (Luciano Pablo) de 33 y natural de Quintanilla de la Mata(Burgos); Modesto Sáez Manzanares ( Hermenegildo Lorenzo) también de 33 y de Revilla del Campo (Burgos); Augusto Cordero Fernández (Estanislao Víctor) de 28 y natural de Bustillo de la Vega (Palencia) y Emiliano Martínez de Laspera (Lorenzo Santiago) natural de Huerto de Arriba (Álava), este último de tan solo 23 años de edad, habiendo llegado a nuestra ciudad en septiembre de 1933 y siendo los hermanos de La Salle de Lorca su primera comunidad. El otro fusilado en aquella madrugada y que fue echado al mismo pozo, era Emilio Bilbao González, desconociendo su ocupación, procedencia y edad.
Pero en la noche del 28 de julio, fueron detenidos los 12 carmelitas por milicianos armados de Tárrega con el pretexto de que tenían que declarar, siendo montados en un camión y sacados de la población, fusilándolos en una cuneta de la carretera en el municipio de Cervera y echando sus cuerpos a un estercolero, lugar que rociaron posteriormente con gasolina y pegaron fuego, estando semanas ardiendo. A los cadáveres nadie les dio sepultura, por lo que hubo quejas de los vecinos que temían una infección. El ayuntamiento de aquella población envió un carro y dos operarios del servicio de basura para recoger todo aquello, pero una vez allí se negaron a ello, comentando que quien había hecho aquella fechoría que se llevase los desechos, ya que los restos estaban en lamentables condiciones, pues habían sido removidos y descuartizados por los perros del lugar. Al final, fue el dueño de la finca quien retiró todo el estiércol y lo que este contenía para abonar una viña. Hoy en el lugar hay una placa que recuerda a las víctimas y su beatificación en Roma el día 28 de octubre de 2007, acto presidido por el papa Benedicto XVI y donde se reconocieron como mártires un total de 498 clérigos ejecutados por su fe, beatificados entre los que se encontraban los seis que aquí fueron martirizados junto a los pozos de azufre.
Y hasta aquí la pequeña historia de los Mártires de Lorca, así como unas breves pinceladas sobre otros clérigos lorquinos asesinados por su fe, pero cuya vida no es más importante que la de cualquier otro que murió en aquella contienda o en los meses posteriores. Pues como decía al principio, todos fueron mártires de aquella crueldad, solo que los pobres desgraciados que murieron en nuestra plaza de toros tras terminar la guerra o los que fueron fusilados en las tapias del cementerio, eran en su mayoría personas anónimas, solo conocidas en su entorno familiar o vecinal, no “mereciendo” por ello que su historia fuese escrita, aparte de que por ser del otro bando, poco importaba su vida. Siendo muchos los lorquinos que murieron durante la represión franquista, solo por el hecho de haberles pillado la guerra en el sitio equivocado o ser denunciados por envidias o venganzas, ya que lo que llegó después, durante el “tiempo de paz”, fue una brutal revancha de los vencedores.
Esperemos que jamás se repitan estos crímenes y que una guerra civil no sea la única salida para resolver un conflicto, tal como sucedió en 1936. Cuando una sublevación militar provocó el enfrentamiento sangriento entre dos bandos, el legal, que debía de conservar el poder y defender la República y el golpista, que quería arrebatárselo y establecer una dictadura, ganando al final los insurrectos y perdiendo el pueblo, siendo también el pueblo quien puso los muertos.
Sebastián Antonio fue muy aplicado desde niño y en su afán de aprender, se matriculó en el Colegio Mayor del Arzobispo Fonseca de Salamanca, pasando más tarde a la universidad de la misma ciudad, universidad donde una vez completados los estudios, ocupó plaza de Catedrático de Derecho, tiempo en el que publicó diversos libros relacionados con la jurisprudencia.
Aunque el camino para suceder a su tío-abuelo Carlos II no fue fácil, no solo por lo que tardó en llegar Felipe V a nuestro país, ya que salió de Versalles el 4 de diciembre y no llegó a Irún hasta el 22 de enero, entrando en la ciudad de la Villa y Corte el 18 de febrero de 1701, sino porque no todos aceptaron la decisión de nombrarlo sucesor al trono de España. Lorca sí que estaba con el nuevo monarca, celebrando el 6 de diciembre su proclamación como Rey de España, acto que se había llevado a cabo en el palacio de Versalles el 16 de noviembre de 1700 (quince días después de la muerte de su antecesor). Al igual que fue felicitado cuando ocupó el trono, dándole la bienvenida nuestra ciudad por medio de la 



La tradición se remonta a cuando los finados eran expuestos varios días ante familiares y amigos, con el propósito de ser velados y pedir por sus almas. Lógicamente y sobre todo en verano, los cuerpos no aguantaban tanto tiempo y comenzaban a descomponerse antes de ser enterrados, desprendiendo el desagradable olor, razón por la cual se cubría al difunto de flores al tiempo que se quemaba incienso, haciendo así más agradable la vela con el perfume del ambiente. Pero no solo se sufría ese desagradable olor antes de ser enterrado el cadáver, también luego por diversas circunstancias y por el tipo de terreno, a veces salía a la superficie el hedor a muerto.
Esta era la situación de la ciudad a principios del siglo XIX, con proyectos para hacer tres cementerios, uno para las parroquias del centro, otro para las iglesias altas y otro para el barrio de San Cristóbal, cementerios cuyo coste rondaba los 52.000 reales. Pero a pesar de haber una Real Célula de Carlos III del 3 de abril de 1787 que obligaba a su construcción y que fuese fuera de las poblaciones, aquí seguíamos con los enterramientos en las iglesias y otros edificios religiosos como los conventos, echando mano de descampados en caso de epidemias.
Al final, en enero de 1805 se reunió el dinero necesario para hacer el primero de los cementerios proyectados, el de las parroquias del centro, construyéndose en las afueras de Lorca, próximo al camino de Granada y en las cercanías de la iglesia de San José, de donde cogió su nombre. Las obras se iniciaron en el mes de marzo y se terminaron a mediados del año siguiente, haciéndose sepulturas para adultos, capillas para eclesiásticos y enterramientos de distinción y dejando un espacio para párvulos.
Pero entretanto, la situación del San José era insostenible. Tal era el estado del cementerio, con muros que amenazaban ruina, nichos agrietados, insuficiente espacio y con las primeras casas de la población a menos de 70 metros, que la Dirección General de Sanidad dio la orden de su clausura en 1884, prohibiéndose sus visitas cuatro años después por sus malas condiciones higiénicas, afectando esta prohibición incluso a las visitas del día de todos los santos. Lo que sorprende, es que mientras el cementerio se encontraba en ese lamentable estado, en la ciudad se construyó el puente del barrio, la nueva carretera de Granada, las nuevas glorietas, el casino, llegó el ferrocarril y se hizo la plaza de toros, aparte del palacete del Huerto Ruano a título particular.
La orden de clausura del cementerio, hizo que nuestras autoridades emprendieran acciones encaminadas a la construcción de uno nuevo, pero la cosa no fue fácil. Según un estudio sobre los cementerios murcianos llevado a cabo por Ana María Moreno, hubo un proyecto muy ambicioso del ingeniero Riera en el año 1888, un cementerio que costaba de una parte civil y otra protestante, vivienda para cuatro sepultureros, un conserje, un capellán, depósito de cadáveres, osario y sala de autopsias y oficinas, proyecto que no se aprobó por su elevado coste, más de 350.000 pesetas.

Hasta entonces, eran frecuentes las visitas a casa de algún familiar o vecino para ver la televisión, familia que a veces le faltaban sillas para acomodar a todas sus amistades, pues todos los vecinos nos apuntábamos a disfrutar del nuevo entretenimiento y más, si lo que aparecía en la pequeña pantalla tenía que ver con Lorca. Como pasó con la primera retrasmisión que de nuestra Semana Santa hizo TVE en aquellos primeros años, retrasmisión en diferido claro, ya que no había medios técnicos para emitirla en directo, pero aunque con un día de diferencia, cumplió su papel de mostrar nuestros desfiles bíblicos a todos los españoles, emitiendo la procesión del Jueves Santo un Viernes Santo por la noche y las del viernes al día siguiente. Pero no completa, ya que por el motivo que fuese, una de las cintas con la grabación de parte de una de las procesiones se extravió, viéndose la procesión incompleta y culpando del hecho la cofradía que no salió, a su eterno paso rival.
Otro acontecimientos importante de aquella época, en la que nuestra ciudad se vio reflejada en TVE, fue la Vuelta Ciclista a España de 1970, que en su 25 edición, tuvo a nuestra ciudad como meta de la 4ª etapa. Aquel lunes 27 de abril no cabía un alfiler en la avenida, donde estaba situada la línea de llegada, pues no solo los aficionados se daban cita para ver a los ciclistas que habían salido aquella mañana de Almería, sino que todo el pueblo de Lorca estaba pendiente del evento. Lorca era la segunda vez que acogía la llegada de una etapa de la Vuelta Ciclista a España, ya lo había hecho el 2 de septiembre de 1950, pero aunque en ese año, una hora antes ya estaba a tope de gente la entonces avenida de Los Mártires, la expectación que había 20 años después era muy superior, no solo por el reparto de obsequios que se hacía desde los vehículos de la caravana publicitaria, entre los que destacaba un gran bolígrafo Bic tan grande como el camión que lo transportaba, sino por el hecho de que todo cuanto aconteciera en esa línea de meta sería visto más tarde por toda España a través de la televisión.
A finales de los años setenta, casi todas las semanas había algún atentado de la banda terrorista ETA, abriéndose los telediarios con las macabras imágenes de la barbarie criminal, actos que nos producían sentimiento de dolor, rabia e indignación, sorprendiéndonos un día el oír el nombre de Lorca al relatar lo sucedido. Fue en el telediario del 27 de septiembre de 1977, se trataba de un atentado que le costó la vida en Madrid al capitán de la Policía Armada Florentino Hergedas, mencionando nuestra localidad porque la victima dejaba viuda y un único hijo, hijo que se encontraba en Lorca cumpliendo el servicio militar. Pero un año después, el 25 de septiembre de 1978, si que nos sobresaltó ver la noticia de un atentado en el país Vasco, pues una de las víctimas era un guardia civil natural de Lorca y destinado en el economato del cuerpo en San Sebastián, acto terrorista que nos tocó muy de cerca, llenándonos de la natural tristeza y pesadumbre. El hecho tuvo lugar cuando el guardia lorquino Lorenzo soto, de 24 años de edad y al que le acompañaba otro compañero de 30 años que también falleció, se disponían a salir con el Land Rover oficial del mercado central de frutas de Atotxa, estando esperándoles tres terroristas que los acribillaron a balazos con un subfusil ametrallador, recibiendo 17 disparos el agente lorquino que era el conductor del vehículo. Nuestro paisano estaba soltero, era hijo de guardia civil y había ingresado en el cuerpo el 1 de febrero de 1974.


También en los años setenta fue cuando comenzaron las emisiones de “Aitana”, un informativo territorial que abarcaba desde Castellón a Almería, siendo ya más numerosas las informaciones que se daban de nuestra ciudad, no faltando nunca a la cita con SEPOR. Aunque la primera información que recuerdo, fue al poco de ponerse en marcha este informativo, en octubre de 1974, recogiendo la alarma que había en nuestra comarca por la supuesta presencia de un monstruo en el pantano de Valdeinfierno, aparición que motivó, que sobretodo los domingos, allí se dieran cita decenas de curiosos que querían ver el fenómeno. Al final no pudimos hacerle la competencia al lago Ness, pues el ansiado monstruo resulto ser una nutria que había llegado con la riada del año anterior, desenvolviéndose a sus anchas por las aguas del embalse y cruzándolo de un lado a otro a gran velocidad, atemorizando con ello a las personas que se percataron de su presencia y que desconocían que “bicho” era.
En 1980 comenzó a emitirse el informativo Tele-Murcia, aunque no fue hasta 1982 cuando tuvo autonomía propia sin depender de Valencia, teniendo más cobertura la actualidad de la región y por consiguiente la de nuestro municipio. Ya todo se hacía desde Murcia y lo que podría ser de interés nacional se enviaba desde aquí a Madrid, siendo una de las informaciones que se enviaron aquel año de 1982, la presencia de Felipe González en la playa de Puntas de Calnegre, pues pasaba unos días de veraneo en la Casa Colorá, vivienda situada entre los limites de Lorca y Mazarrón y cuyo propietario era el suegro de Julio Feo, amigo y colaborador del líder socialista y director de las campañas electorales del PSOE en aquel tiempo, siendo nombrado aquel mismo año, cuando Felipe González llegó al poder, Secretario General de la Presidencia del Gobierno.
Al recordar la Vuelta Ciclista a España, he mencionado al corredor lorquino Juan Zurano, pero a parte de él, mucha ha sido la gente de Lorca que ha aparecido en la pequeña pantalla a lo largo de estos años, unos como entrevistados o siendo protagonistas de algún reportaje o retrasmisión y otros participando en los diferentes concursos y programas de TVE. Pantalla en la que hemos visto a nuestros artesanos, deportistas, toreros, músicos o artistas ejerciendo sus respectivas profesiones. Destacando la presencia del guitarrista Narciso Yepes, con su singular guitarra de diez cuerdas, creada por el mismo y la del cantante Paquito Jerez, interpretando canciones como “Billetes billetes verdes…”, “Mi niña bonita…” o “Como se quiere a los hijos…” letras estas que nos llegaban al corazón.



Tal era la importancia que el mercado tenía en el comercio establecido de nuestra ciudad, que los jueves no se cerraba a medio día, como tampoco había clase en los colegios ese día por la tarde. A mediados de los ochenta y siendo alcalde de Lorca José Antonio Gallego, se tomo la decisión de trasladar el mercado al recinto de Santa Quiteria, decisión que fue muy cuestionada entonces pero que al final todos aceptaron y la dieron como buena, siguiendo creciendo el mercado hasta los 230 puestos que hay en la actualidad.





Lo de llamarles indios, fue porque Cristóbal Colón creía que había llegado al continente asiático, a la India, siendo diez años después cuando el cosmógrafo Américo Vespucio, dio a conocer que la tierra descubierta por Colón no estaba en Asia, sino que se trataba de un nuevo continente. Territorio que en 1507, fue dibujado en un mapa por el cartógrafo alemán Martín Waldseemúller, poniéndole ya el nombre de América en homenaje al cosmógrafo italiano que descubrió el error de Colón, pero aún tuvieron que pasar algunos siglos para que se le llamase por este nombre. España fue la que inició la colonización del nuevo continente, sumándose después Portugal, Francia, Inglaterra y otros países, siendo nuestro país el que conquistó la mayor parte del territorio. Territorio al que la Corona española le llamó Virreinato de Nueva España al integrado por Norteamérica, Centroamérica y los territorios españoles de Asia y Oceanía, habiendo otros virreinatos menores en el sur del nuevo continente.


El ocho de noviembre de 1814 fue ascendido a brigadier y en marzo del siguiente año se casó con Antonia Cortés García, una rica mujer que conoció durante su estancia en Santiago de Chile, mujer que perdería años después como consecuencia de un naufragio. En 1817 resultó de nuevo herido cuando se encontraba en Valparaíso, siendo enviado al Perú tras su recuperación, confiándole el 22 de febrero de 1818 el puesto de presidente y comandante general de la ciudad y provincia de Charcas en el Alto Perú, desarrollando una notable labor administrativa y enfrentándose en varias ocasiones a los sublevados que estaban a favor de la independencia, cosa que al final consiguieron en la célebre batalla de Ayacucho el 9 de diciembre de 1824 con la derrota y capitulación de los españoles, batalla en la que no estuvo presente nuestro paisano y que fue el nacimiento de la República de Bolívar, la actual Bolivia.

Y es que, aparte del famoso merendero que este año celebra su medio siglo de existencia, cerca de él y con anterioridad, estaban el quiosco del “Melones”, un establecimiento regentado por el dueño de otro establecimiento de hostelería del centro de la ciudad conocido por Su Bar. Este quiosco hecho de obra, se encontraba en el espacio que hoy ocupa una pequeña fuente, en la confluencia de las alamedas de la Constitución y Corregidor Lapuente.
En esta misma alameda pero en el margen contrario, se encontraba el quiosco de Ginés Segura, una edificación que hacia esquina con la alameda de Ramón y Cajal, y que como el primero, también compartía dueño con un conocido bar de la ciudad, en este caso el desaparecido Bar Olimpia en la Residencia San Mateo.
En esa misma alameda estuvo también el bar Retiro, la primera discoteca de Lorca, un disco bar en el que también se ofrecían actuaciones en directo, siendo durante su época muy visitado por las parejas de entonces. También en los años setenta y ochenta hubo otro merendero en la alameda Margarita Lozano, merendero llamado Los Álamos y que durante un tiempo ofreció también actuaciones musicales, abriendo solo en la temporada estival. Lo mismo que ocurría obviamente con los dos quioscos de helados situados en la alameda de la Constitución una vez pasada la vía férrea, el más antiguo propiedad de Miralles y el otro de Helados Cano de Águilas.
Más reciente fue la apertura en la alameda de Ramón y Cajal, en el huerto de la familia Castellar, del merendero Remolino de Papel, merendero que más tarde se transformó en cafetería y tetería. Y el último ha sido en la alameda de la Constitución, el Jardín de los Bustos, otro merendero en el que también se ofrecía alguna actuación musical, enclavado este, en el esplendido jardín de la que fuera residencia y consulta del oftalmólogo Martínez Mínguez, un distinguido médico lorquino que entró en la facultad de medicina de Madrid con tan solo 14 años, obteniendo la licenciatura a la edad de 20 y abriendo dos años después, en 1930, su propia clínica oftalmológica, la primera que se creó en la provincia de esta especialidad, sanatorio a la que acudían gentes de todos los pueblos de nuestro entorno, siendo foráneos el 90% de sus pacientes.
Hoy, excepto la Alameda de los Tristes que alberga también un hospital privado, las alamedas se ha quedado sin esa actividad sanitaria, pues tras el derribo del edificio del Centro de Salud Lorca-Centro, edificio que albergó la antes mencionada clínica de la Virgen de las Huertas, las alamedas han dejado de ser la cita casi obligada de cientos de lorquinos con alguna patología. Y al igual que no han sobrevivido aquellas consultas privadas que los médicos ofrecían en sus domicilios, pues también ellos se han ido jubilando y falleciendo, tampoco han tenido continuidad todos estos quioscos bares que antes mencionaba, permaneciendo solo al día de hoy, el de Los Cristales de una forma permanente y durante la campaña veraniega el quiosco Sevilla y el merendero Padilla, un merendero que no comenzó su actividad en el lugar que hoy conocemos, sino que su primera ubicación como tal, fue en el Quijero de Tiata, en un terreno cercano al desaparecido Puente Nuevo, trasladándose el mismo verano de su apertura a su actual ubicación, a la alameda Corregidor Lapuente.
Esta alameda que llevó el nombre de 29 de marzo, en recuerdo a la fecha en que el bando sublevado tomó Murcia en los últimos días de la guerra civil, fue renombrada por el primer ayuntamiento democrático como Corregidor Lapuente, en memoria de Pedro de la Puente, un corregidor que entre otras cosas, puso todo su empeño en la conservación y mejora de nuestras frondosas alamedas, arboleda que en 1787, tras ser visitada por el escritor inglés Joseph Townsend que estaba de paso por Lorca, fue elogiada en sus escritos y comparada con los parques de Oxford. Pero no solo se conformó el corregidor Lapuente con arreglar los paseos que hasta entonces había, sino que en el año 1817 trazó dos nuevas alamedas, la de Ramón y Cajal y la de Príncipe de Vergara o General Espartero, convertida hoy en la principal arteria de Lorca, en la avenida Juan Carlos I.
De esta avenida es de donde parte la principal y más encantadora de nuestras alamedas, la de la Constitución, alameda que también tuvo nombre franquista, pues una vez acabada la guerra se le llamó de La Victoria. Siendo durante esta etapa dictatorial cuando alcanzó el mayor esplendor, ya que fue en los años cincuenta cuando se trasladó desde la Plaza de España la vieja fuente de columna salomónica que ocupa hoy su parte central, también fue en esa época cuando se colocaron las columnas con dobles luminarias que flanquean la primera parte de esta alameda.
Pero lo que más nos llama la atención a lorquinos y visitantes, es el gran pórtico de entrada a la misma, construido con columnas dóricas procedentes de la desaparecida Real Fabrica del Afino del Salitre, la antigua fábrica de la pólvora que estuvo situada a pocos metros de allí, y cuyas columnas fueron donadas por su entonces propietario Diego Pallares Cachá al pueblo de Lorca, empleándose 12 en el referido pórtico de la alameda y el resto en embellecer la zona de nuestro monte calvario, pero como quien reparte se queda con la mejor parte, pues alguna quedó también en una finca privada próxima a la ciudad.
La verdad es, que el mantenimiento de nuestros espacios verdes deja mucho que desear, en esta misma alameda de la Constitución se plantaron tras su última remodelación una gran cantidad de una especie de ciprés, pero muchos han sido también los que se han ido secando posteriormente, talándolos por su base y no reponiendo estos ejemplares, quedando sus troncos a la vista y dejando sus huecos un gran vacío en su conjunto.
Tampoco la poda se hace en su mejor momento, ni llega a todas las zonas, siendo vergonzosa la imagen de desidia que ofrecen determinados espacios verdes de nuestra ciudad, como es el caso del palmeral de la plaza de toros, donde las palmeras llevan años sin podarse y arreglarse, desprendiéndose palmas y trozos del tronco que rayan los vehículos ahí aparcados, vehículos que por otra parte pagan su correspondiente tasa de la O.R.A más su “propina” al gitano de turno. Igual podríamos decir de la vegetación particular que sobresale de alguna propiedad, como es el caso de la finca lindante con el aparcamiento del hotel donde se han llevado a cabo los conciertos de la feria en la alameda Rafael Méndez, buganvilla que sobresale descaradamente hacia la acera, llegando hasta la calzada por donde pasan los vehículos.
En cuanto al pavimento de las alamedas, pues ya sabemos lo que nos espera a los que transitamos por allí, polvo los días secos y barro los días lluviosos. De vez en cuando se echa alguna capa de tierra, pero si no se le pasa el rulo y se aplasta en condiciones, es como el que tiene un tío en Graná… Luego está el paso de los vehículos policiales y del personal encargado de su mantenimiento, que tienen la necesidad de pasar, pero que al hacerlo, con sus rodadas inciden en la conservación de este pavimento no apto para la circulación a motor. Es por ello por lo que se debería de buscar una solución mixta, conservando el albero por un lado y adoquinando o empedrando otra parte por el otro, favoreciendo así la circulación rodada excepcional y el tránsito peatonal o en bici en los días de lluvia. El alumbrado es otra asignatura pendiente, es vergonzoso que con la tecnología actual, durante estos días de feria se enciendan las farolas después del anochecer, mientras que las flamantes luminarias de última tecnología de la nueva ronda central, se encienden al ponerse el sol. Y para terminar, llamar la atención sobre las pintadas de los bancos de piedra, en esto no se sabe quién es más marrano, si el que los ensucia o el que no los limpia, lo que sí que está claro, es que si ya está sucio, siempre será más fácil seguir guarreando.
En el mes de enero pasado, vi la adjudicación que la empresa pública que ha ejecutado el tramo cuarto de la Ronda Central había hecho de la tubería de hormigón de dos metros de diámetro que va bajo la calzada, sorprendiéndome en aquel momento, no solo que la adjudicación se había hecho casi por el 50% del valor presupuestado, sino que el importe era menos elevado de lo que pensaba.




Algo así, aparte de incultura e incivismo, es lo que debieron de padecer aquel grupo de energúmenos, que en la tarde de un día como mañana, 14 de agosto, recién iniciada la guerra civil, se dedicaron a recorrer las iglesias lorquinas, sacando de su interior todo lo inflamable que en ellas había, e incendiándolo posteriormente en sus atrios, siendo pasto de las llamas, bancos, confesionarios, cuadros, libros, archivos y sobre todo y lo más lamentable, las cientos de imágenes y obras de arte que aquel día desaparecieron para siempre.
Como parece que les falto tiempo para terminar su “hazaña” aquella noche, continuaron al día siguiente con su labor destructiva, tocándole entonces a los conventos de San Francisco, Mercedarias y Clarisas, edificios de dónde sacaron sus enseres, siendo cargados estos en camiones y llevados al medio del río, lugar donde posteriormente fueron quemados.
El coraje de estos lorquinos, sin más afán que su amor por lo nuestro, es lo que hizo que la imagen realizada en 1.801 por Roque López, se salvase de aquella barbarie. También hubo gente en la huerta que defendió sus ermitas, enfrentándose a los violentos, pero sin embargo en la ciudad, no fuimos capaces de parar los píes a estos salvajes.
Durante aquella campaña electoral, el primado de España, el cardenal Segura, advirtió que si se consolidaba la República, la maldición de Dios caería sobre la nación, y no fue por obra divina, pero lo cierto es que meses después, del “cielo” nos cayeron bombas a los españoles. El diario Arriba publicaba antes de los comicios, que no había que temer que la izquierda ganase, pues de darse el caso, no se le entregaría el poder. Las izquierdas ganaron y Manuel Azaña se hizo con el gobierno, pero en medio de los insistentes rumores de golpe de estado y al tiempo que los falangistas iniciaban una lucha sin cuartel contra la República, reclutando a gran número de jóvenes de derechas dispuestos a llevar a cabo acciones violentas, por lo que los primeros objetivos que se marcó el nuevo gobierno, fue el mantenimiento del orden público y democratizar al ejército para evitar intentonas golpistas.
Así las cosas, unas de las primeras medidas que tomó el nuevo gobierno fue alejar a Franco de los centros de poder, trasladándolo a Canarias, al igual que hizo con otros generales antirrepublicanos como Mola y Goded a quienes también se les envió a otros destinos. En esto el gobierno de la República fue débil, pues no quiso enfrentarse a los militares y cuando se vino a dar cuenta ya fue tarde, la democracia se tenía que haber defendido con más firmeza depurando a los golpistas.
En enero de 1.936, cuando se disolvieron las Cortes y se convocaron elecciones generales, ya acordaron sublevarse un grupo de militares si el Frente Popular ganaba las elecciones, y los tristes acontecimientos que se desarrollaban en España era la escusa perfecta para dar el golpe, un golpe con el que se pretendía establecer el orden, pero que lo que provocó fue una guerra INcivil, una guerra cruel de vecinos contra vecinos que nos llevó al mayor de los desordenes.
De lo que no se conserva nada, es del aeródromo militar que tuvimos en Lorca durante la guerra civil, un aeródromo situado a pocos kilómetros de la población y que fue en su día la sede de la Escuela de Caza y Combate, aeródromo donde una vez terminada la contienda, fueron encontrados en diferentes estado de conservación, hasta un total de 23 aparatos, conservándose uno en el museo del Aire, se trata de la avioneta De Havilland DH-60 de origen inglés, que entró en servicio en 1.933 y de las que fueron encontradas cinco nuevas en “nuestro” aeródromo. Hay que Recordar que dos aviadores lorquinos murieron durante la guerra, llevando por ello sus nombres de Mellado-Haro uno de los tres grupos que se formaron en Lorca para luchar en el frente, llamándose los otros dos, Batallón de Lorca nº 14 y 5º Regimiento de Milicias Populares.
No solo Lorca contó con aeródromo durante la guerra, las óptimas condiciones climatológicas de la región y sus espacios abiertos, favoreció que se situaran otras pistas en los municipios de Archena, Molina de Segura, Alcantarilla, Los Alcázares, Fuente Álamo, Cartagena y Totana, lugar donde estaba situada la Escuela de Polimotores, escuela de donde salieron los aparatos que llevaron al exilio al gobierno de la República, recogiendo a Juan Negrín en el aeródromo de El Fondo de Monóvar, cerca de Petrel, municipio alicantino donde estaba situada la finca que acogió la última sede del gobierno republicano.
Durante esos años de guerra, hubo un lorquino que desempeño un importante puesto en la prestación de ayuda a los necesitados, se trata del escritor 

Es lamentable que las empresas eléctricas o telefónicas sigan poniendo más y más cables y más y más cajas de conexiones sin control alguno, sin importarle lo más mínimo como quede visualmente, cables en cuyas terminaciones quedan enrollados y colgando lo metros sobrantes, haciendo nuevos cableados de fibra óptica y dejando en el lugar los antiguos, cientos de cables que ya no desempeñan función alguna excepto la de desfigurar la imagen del casco histórico. Pero la culpa no es de estas compañías, los responsables son nuestros dirigentes, que no regulan con una ordenanza la imagen de la ciudad, una ciudad a la que se promociona turísticamente por un lado, mientras que por el otro no hacemos nada por corregir la imagen de desidia y dejadez que ofrecemos a los que nos visitan.
Debe de haber buena sintonía entre el delegado de Iberdrola en Murcia el ex consejero Patricio Valverde y el actual alcalde de Lorca Francisco Jódar, pues ambos son del mismo partido, circunstancia que se debería de aprovechar para establecer conversaciones con Iberdrola encaminadas a solucionar este tema, también con las compañías de telefonía que son las que más actuaciones realizan en estos momentos. Y entre tanto, inicial las bases para una futura ordenanza que regule la imagen del casco histórico y de Lorca en general, no solo en lo relativo al cableado, también en cuanto al color de las fachadas en el casco viejo, color de rejas, tejas y demás elementos, así como permitir solo tonalidades ocres en los barrios altos, prohibiendo los colores chillones que tanto afean. Igualmente se deberían de repintar con colores ocres a tono con el entorno, las casetas de los repetidores de televisión y los antiguos depósitos de agua de la carretera del castillo, edificaciones que al estar pintadas de blanco son demasiado perceptibles en la actualidad.
![PETROLERO_CASTILLO_DE_LORCA[1]](http://cosasdelorca.com/wp-content/uploads/2016/07/PETROLERO_CASTILLO_DE_LORCA1-300x209.jpg)


En 1.996, en los artilleros Keppel de Singapur, de nuevo se llevó a cabo una operación de ingeniería naval entre el Castillo de Lorca y el Castillo de Lopera, aprovechando la popa del nuestro y la bodega del otro salió un nuevo buque, al que se le puso el nombre de “Castillo de Simancas”, nombre que también recibió un barco francés que fue capturado el 17 de diciembre de 1.937 en el Estrecho de Gibraltar.

Hoy hace cuatro años que España se proclamó campeona de la Eurocopa, fue tras el partido contra Italia en el estadio olímpico de Kiev en Ucrania. El entrenador de la selección española era Vicente del Bosque, el mismo que hoy ha decidido abandonar la selección y el futbol, ya que tras cumplir 65 años el pasado mes de diciembre, ha optado por jubilarse y vivir como un marqués. Y no es una frase hecha, Vicente del Bosque es uno de los nuevos aristócratas de este siglo, pues el rey Juan Carlos I le concedió el título de “Marqués de Del Bosque” el 3 de febrero de 2011, por su gran dedicación al deporte español.
Hoy los más de 1300 títulos de marqués que hay en España son solo un honor de perpetuar el legado y la memoria de sus antepasados, también un prestigio social, pero creo que ya desfasado en estos tiempos que corren, como desfasado queda la obligación del decoro en el vestir o el tratamiento de Excelentísimo/a o Ilustrísimo/a según se disponga o no del título de Grande de España.
El aguileño Alfonso Escámez, que entrando de botones en una sucursal bancaria llegó a presidir el Banco Central, fue también uno de los elegidos por el rey Juan Carlos I para recibir un marquesado, en este caso con el título de Marqués de Águilas, título que tras su fallecimiento recae en su sobrino Alfonso, entrando así en la nobleza.
Quizá que el titulo más relacionado con Lorca sea el del Marquesado de los Vélez, concedido por Juana I de Castilla el 15 de octubre de 1.507 al que fuera alcaide del Castillo de Lorca Pedro Fajardo y Chacón, del linaje de los Fajardos, una familia de la que también formó parte Alonso Fajardo “El Bravo”, ese célebre personaje lorquino que capitaneó las tropas que vencieron a los moros en aquella famosa batalla de los Alporchones, sucedida el 17 de marzo de 1.452 junto a la rambla de Viznaga. Batalla en la que por cierto, no tuvo la ayuda de su primo Pedro Fajardo que en aquellos años era el adelantado mayor del reino de Murcia, importándole muy poco lo que sucediese en Lorca.
Pero al entonces alcaide y capitán de nuestro castillo, con la ayuda de otras poblaciones, le sobró heroicidad para vencer a los moros, causándoles más de 800 muertes y teniendo por el contrario solo unas cuarentas bajas entre nuestras tropas, hecho que terminó con las frecuentes incursiones que hasta esa fecha hacían los moros de Granada a nuestros campos, robando ganado y cosechas y capturando cautivos. La batalla fue muy celebrada, no solo en Lorca, sino en todo el reino, pero las rencillas familiares entre Alonso y su primo Pedro fueron en aumento, lo que motivó que el bravo capitán lorquino fuese desterrado finalmente a Aragón, mientras que a Pedro Fajardo lo gratificaron con el título de marqués.
Más cercano en el tiempo es el Condado de San Julián, titulo concedido en 1.847 por Isabel II al senador vitalicio Antonio Pérez de Meca y Musso, miembro de la aristocrática familia lorquina de los Pérez de Meca, propietaria de la casa que desde entonces se conoce como la de Los Condes en la calle Lope Gisbert, casa palacio del siglo XVII a la que un siglo después se le dio aspecto de fortaleza, y de la que se dijo hace un tiempo, que había un proyecto para convertirla en un hotel con encanto, propósito del que después nada más se ha sabido.
La hoy plaza pública de Calderón de la Barca, era uno de los jardines de esta gran casa, como también existe otro jardín en el centro de Burgos que perteneció a otro palacete de la misma época, aunque este ya desaparecido, casa palacio a la que se accedía a través de un hermoso jardín del que formaba parte un grandioso arco sostenido por columnas y de la que era dueño el Marqués de Lorca.
En la historia de Puerto Rico destaca notablemente el nombre del “Marqués de Lorca”, en este caso referido a Ramón de Castro, IV marqués de Lorca y mariscal de campo y gobernador de la isla entre 1.795 y 1.804, etapa en la que se produjo un gran ataque ingles a la colonia española, hecho sucedido el 17 de abril de 1.797, día en el que aparecieron por sorpresa 7 navíos, 2 fragatas, 2 bergantines, 4 corbetas, 18 galeras y otros buques menores de transporte de tropa, llegando hasta 60 el número de embarcaciones, provistas estas de 35 cañones y 11 morteros, siendo su fuerza humana de casi 7.000 hombres, mientras que la guarnición española era de unos 4.500, sumándose a la defensa de la isla súbditos extranjeros que allí residían, milicias de varios pueblos, e incluso presidiarios.
El asedió británico fue de 12 días, llegando a desembarcar gran cantidad de soldados ingleses, pero la pericia del Marqués de Lorca hizo que no triunfara el asalto y que los británicos desistieran el día 29 de abril de seguir atacando la isla, huyendo del lugar y dejando tras de sí la artillería, municiones y víveres.

Hoy treinta y cinco años después la historia se repite y el diseño del nuevo edificio no gusta en principio a los lorquinos. No trato de defenderlo ni convencer a los que opinan lo contrario, dicen que para gustos están los colores y ante la variedad, la libertad de elegir, y si los propietarios del Residencial San Mateo han optado por esta singular fachada en vez de por otra más armoniosa (la otra imagen), sus motivos habrán tenido y habrá que respetar su decisión, como también ellos respetar las opiniones en contra, no obstante, igual que pasa con las personas, la primera impresión no puede ser buena, pero luego gusta, se admira y se quiere por otras cualidades que al principio no se ven.
También hubo comentarios en contra cuando se terminó el Centro de Desarrollo Local, ese edificio vanguardista de tonos azulados ubicado entre viejos y nuevos edificios de ladrillo visto en la zona de La Isla, siendo hoy un edificio que destaca con su estilo propio ante los demás.
La torre iba a ser desmantelada veinte años más tarde, pero viendo el éxito obtenido se dejo para la posterioridad, aunque durante la ocupación de París por Hitler estuvo a punto de ser demolida, pero afortunadamente desobedecieron sus órdenes y hoy es el monumento más visitado del mundo. Los intelectuales que entonces se opusieron a su construcción tratándola de estructura horrible, luego la visitaban con asiduidad e incluso comían en sus restaurantes, aunque afirmando que lo hacían porque desde allí era el único lugar de París donde no se veía esa atrocidad.
Lo que se ha quedado sin hacer, es el paso peatonal hacia los soportales del edificio Torrelorca, a espaldas del Palacio de Guevara, tal como se nos anunció en su día.
Igual opino de la nueva comisaría de policía, creo que el color negro del ladrillo visto no es el más apropiado para esta zona de España, donde en verano se sobrepasan los cuarenta grados.
Y digo que nos puede costar el dinero, porque esta obra ha estado y está mal gestionada por nuestro AyuntaMIENTO, se nos anunció en agosto de 2014 que las obras comenzarían de inmediato y trabajando a doble turno, ya que se tenían que terminar antes de final de 2015 al ser financiadas con fondos europeos del Programa Operativo Regional de Murcia 2007-2013, pero sin embargo todavía no estaba concluido el proyecto ni se sabía si se iba a cubrir la rambla de Tiata o se iba a hacer un sentido por cada margen. Luego ya en mayo de 2015 se anunció que si se cubría la rambla (una decisión acertada) y que había que finalizar los trabajos en diciembre de 2015, anunciando también la remodelación del primer tramo de la conocida como Ronda Sur. Los trabajos comenzaron en julio por ese mencionado tramo, en octubre se nos anunció que la finalización se retrasaría hasta marzo de este año y por aquí vamos, sin saber tampoco si el retraso implica la pérdida de la financiación europea.




Es lamentable que en Lorca no hayamos sabido conservar lo nuestro, las pequeñas y grandes cosas que ha formado parte de nuestro pasado y nuestras costumbres, que hayamos dejado escapar de nuestra ciudad aquello que aunque no nos pertenecía, si que ha formado parte de nuestro entorno y de nosotros mismos. El ejemplo más reciente ha sido el desmantelamiento del Regimiento Mallorca 13, marchando todo el mobiliario y material diverso para Valencia, en vez de haber quedado aquí algo representativo de este regimiento que tan unido estaba a la ciudad. También hace unos días, sabíamos que el mobiliario del despacho del comisario de la vieja comisaria de policía, va a formar parte del Museo de la Policía Nacional en Palencia, cuando este conjunto de muebles del siglo XIX, no es el original y primitivo de la comisaria lorquina, sino que fue un regalo que hace unos años hizo un notario a estas dependencias policiales, por lo que estos muebles no deberían de salir de Lorca. Desconozco en qué circunstancias se hizo la donación, pero intuyo que el deseo del donante en su momento, sería la conservación de los mismos en nuestra ciudad, no que esos muebles tallados se fuesen fuera de Lorca.
Y ya entro en el tema del día que se nos estaba yendo con este largo preámbulo, tema que no es otro que el terrible accidente ferroviario que conmocionó a la comarca un miércoles como hoy de hace 89 años. Un suceso que tuvo lugar el 25 de mayo de 1.927 muy cerca de la estación de Pulpí, al colisionar por alcance un tren minero y el tren correo Águilas-Almendricos, hecho en el que perdieron la vida alrededor de 20 personas y otras tantas resultaron heridas de distinta consideración, siendo la mayor parte de las víctimas mortales de Águilas, pero también las hubo de Lorca y de otros pueblos limítrofes, e incluso de Cataluña, como fue el caso de un viajante de perfumería de una casa de Barcelona y domiciliado en Villafranca del Penedés, que marchaba a la ciudad costera a mostrar sus mercancías.
El estruendo del choque fue tremendo, ensordecedor, el espectáculo era dantesco, la máquina del mercancías y los dos primeros vagones de material quedaron encima de los dos vagones traseros del correo, vagones que eran los dedicados al tráfico de viajeros y que ya estaban ardiendo, raíles arrancados de cuajo por el fuerte impacto recibido, ruedas del tren correo que saltaron a 200 metros de distancia del lugar de la colisión, el resto de los vagones del mercancías volcados y su mineral derramado por el suelo, y entre el humo, chapas, maderas y hierros retorcidos, siete cadáveres que según cuentan, eran de viajeros que se arrojaron en marcha del tren correo, tras ver como el minero les llegaba lanzado a toda velocidad.


Lo que sí que sabemos todos los lorquinos, es que a 1300 km. de distancia de donde se había “anunciado” aquel gran terremoto del 11 de mayo, la tierra sí que tembló, y lo hizo a lo grande, siendo el mayor seísmo de los 43 que se registraron ese día en Europa. Ni que decir tiene que nada tenemos en común con Roma, excepto la coincidencia de aquella fecha y que la placa tectónica que tenemos bajo nuestros pies es la que une el norte de África, el sur de España y el centro de Italia, pero el destino hizo que ese día los noticiarios unieran la información generada en ambas ciudades, hablando de la normalidad de Roma por un lado y de la tragedia de Lorca por el otro.
Recordando esto estaba cuando nos llegó el gran latigazo, estábamos preparados, se esperaba alguna replica, pero siempre más suave que el anterior, nunca más fuerte, ni la “bomba” que nos cayó, una bomba que me dejo cao, reaccionando cuando ya todo había pasado. En solo cinco segundos pasamos del miedo a la histeria y de esta a la impotencia, la ciudad era un caos, gente corriendo de un lado a otro, gente desplazándose hacia zonas despobladas, caras de congoja entre el polvo y los escombros, servicios de emergencia de un lado para otro, y lo peor, personas tiradas en medio de la calle, lo que indicaba que las consecuencias iban a ser fatales, que las victimas iban a ser inevitables. Lorca pasó aquella funesta tarde, de ser una ciudad dorada por la luz del sol de mayo, a parecer un escenario de guerra, solo que sin actores de ficción, aquella tarde todos fuimos personajes de verdad, sintiendo y sufriendo en nuestras propias carnes el golpe que recibimos. Fue mucha la destrucción que nos dejo el terremoto, el desconsuelo y decaimiento que provocó entre nosotros, pero todo eso casi ya está olvidado, aún quedan inexplicablemente edificios sin reconstruir y familias en casas prefabricadas cinco años después, pero lo que nunca se va a recuperar ni van a olvidar sus familiares, son a las verdaderas víctimas de este terremoto, Antonia, Emilia, Juana, María Dolores, Domingo, Juan, Pedro, Rafael y Raúl, el más joven de todos ellos, y para los que hoy todos deberemos de tener un recuerdo.
De las ayudas para los damnificados embalsadas por la Comunidad Autónoma, ya lo dejó claro el Comisionado del Gobierno de Rajoy en su primera visita Lorca, declaraciones que supuestamente le costó el puesto a Mario Garcés seis días después de visitarnos. Luego otro nuevo decreto iba a aligerar esas ayudas por medio de un crédito Ico al gobierno regional, pero ahí siguen todavía afectados sin cobrar. Recuerdo que cuando gobernaba el PSOE a nivel nacional, nuestro alcalde decía que lo primero tendría que ser pagar las ayudas y luego pedir los papeles, hoy cinco años después ya la cosa es bien distinta, los alquileres los gestiona nuestro AyuntaMIENTO con fondos de la Comunidad Autónoma, el dinero está en la caja consistorial, pero primero son los tramites de papeleo y lo último el dinero, cosa que entiendo porque se trata de dinero público, pero lo que no entiendo es que cuando el gobierno era otro, la cosa era diferente. Esto es lo que ha pasado con la gestión de los terremotos, que se ha antepuesto el interés partidista al interés general de los afectados, al final se marchará Rajoy del gobierno sin recibir en la Moncloa a nuestro alcalde, cuando la visita se nos anuncio para fechas próximas a finales de diciembre de 2011.
Luego está lo de los animales, los animales detectan sonidos y olores que para nosotros son imperceptibles, estando demostrado que en momentos o días previos a los terremotos, estos han salido de sus escondites de una forma sorprendente o han tenido comportamientos anómalos, como fue el caso de los aullidos lastimosos de los perros, aullidos que precedieron al terremoto de San francisco en 1.906. Se nos dice y estamos de acuerdo en que hay que creer a los expertos y no a los charlatanes sobre estos temas, que no hay nada que pronostique un terremoto, pero igual habría que invertir más en desarrollar unas técnicas más avanzadas de investigación, sin rechazar ninguna teoría por extraña o rara que esta parezca, pues a veces los descubrimientos más insólitos se han descubierto de una forma casual. Habría que estudiar mejor las conductas de los animales antes de los terremotos, investigar más sobre el gas Radón que a veces sale a la superficie antes de cada seísmo, e incluso porque no, la alineación de los astros y su posible incidencia en el desarrollo de los terremotos.