UNA HUMEDA Y LIMPIA MAÑANA CAMINANDO POR LA HERMOSA RAMBLA DEL CAMBRÓN
Como viene siendo habitual últimamente, abrimos la jornada cuando el sol empezaba a subir por detrás del Castillo, esta mañana amaneciendo por El Consejero delante de un bancal de tierra empapada y detrás de cuatro inhiestas palmeras.
Enseguida tomamos rambla adentro, después de pasar bajo el arco de sillares que sostiene el acueducto de la rambla de Alcalá y de tomar el camino sobre el cauce que esta mojado y con charcos. El ambiente a primera hora de la mañana está muy húmedo y se nota en los oscuros troncos caídos, en las gotas que se sostienen sobre las hojas y en las manos que pronto se nos quedan heladas.
Conforme sube el sol resplandecen las hojas de los arboles que aún amarillean en la ribera, hacemos el primer tramo donde nos sorprenden las raíces de los arboles que han quedado fuera de la tierra arrancada bruscamente por la fuerza del agua que ha lavado y erosionado reiteradamente las rocas, dejándolas muy pulidas y marcando de blanco los fósiles de erizos y conchas.
Ascendemos sobre el curso de la rambla del Cambrón en total silencio, solo roto por el canto de algún pájaro y a veces por el rumor de algunos hilos de agua que corren hasta quedar embalsados en las cuencas erosionadas de las rocas. Se aprecia el aprovechamiento del agua por medio de los canales artificiales practicados en la roca, uno de ellos comunica con un pilón labrado en 1907. Ahora estos antiguos canales se han sustituido por mangueras de goma o tubos de plástico.
En algunos puntos han tenido que cortar los arboles caídos sobre el cauce quedando los anillos de crecimiento a la vista, las cortezas sobre el suelo y el intrincado manojo de raíces a la vista, y mientras en las riberas crece el musgo muy verde.
Hay tramos donde hemos tenido que trepar por las rocas, teniendo mucho cuidado por que estaban mojadas y su superficie hace que se resbalen las manos y los pies. La vegetación te moja cuando la tocas y hay que tener cuidado con las incomodas y picantes zarzas. Pasamos por un trecho especialmente bonito con una prolongada visera sobre el curso de la rambla que recoge unos bellos helechos colgantes y resbalan goterones sobre la roca.
Hacemos toda la subida por la rambla solos, al final de trayecto nos cruzamos con un corredor un poco despistado que nos pregunta por el cruce que lleva a la fuente del Cejo.
Cuando el sol ilumina la parte alta de la sierra llegamos a lo más alto del cauce para tomar una pujante pendiente que desemboca al pie del Cejo en el paraje del Embudo, donde hacemos un receso para almorzar mirando al fondo el valle y dejando a los lados el largo cortado del Cejo y más lejos en cerro del Águila. Y como la atmosfera está limpia, muy limpia podemos ver con nitidez al fondo el Morrón de Sierra Espuña.
Empezamos a descender hasta llegar a la fuente del Cejo, que estaba vacía y seguimos hacia abajo por la senda del Cambrón. Aligeramos el paso dejando a ambos lados romeros, espartizales y zonas de pinos carrascos, para llegar a la casa del Cambrón donde se ubica el vallado caserón y pasamos junto a las margas mojadas donde brillan las vetas de yeso.
Nos hacemos el ultimo tramo del cauce en poco tiempo y llegamos a la carretera cuando en el cielo aparecen unos oscuros nubarrones, rozando las suelas en el asfalto para quitar de las botas la capa de barro. Terminamos la jornada tomando un reconstituyente aperitivo en el bar del Consejero, donde nos encontramos con otros caminantes.
Fue una hermosa jornada pateando la rocosa y frondosa rambla del Cambrón donde parece que nos hemos trasportado a un lugar más lejano, estando tan cercano. Muy recomendable.































Quizás sea esa la clave, los cambios antagónicos de políticas económicas de unos partidos que disparan el gasto y déficit con subidas de impuestos y desempleo contra los que ejercitan la austeridad, buena gestión económica con bajadas de impuestos que generan riqueza y empleo.
¿Cuando vamos a dejar al lado las ideologías históricas?, para entender que lo que nos salva de la ruina y da de comer es la estabilidad y una gestión económica liberal con menor presión fiscal para hacer más atractivo nuestro tejido industrial a nuevas grandes industrias, aumentando nuestras exportaciones, consumo interno y como resultado creando empleo.
Y es que vivimos en un país de pandereta, sin control, respeto ni orden, y poco a poco está situación nos lleva al abismo. No hay Economía ni Sociedad que la resista y deberían tomar medidas urgentes para cambiar y endurecer la ley de extranjería y las que sean necesarias, reforzando las fronteras con uso de tecnología para detectar y monitorizar el origen de cada movimiento, ampliando efectivos de los cuerpos de seguridad mejor equipados y de la Armada en alta mar, para cortar de raíz el efecto llamada y que se den la vuelta o ser remolcados al punto de origen, con los acuerdos necesarios con esos países que hacen la vista gorda, REGULANDO los pasos de esas personas de forma legal y controlada desde el origen, de la misma forma que lo hicieron nuestros padres y abuelos cuando emigraron a trabajar a Europa y América.
España desde el respeto a los derechos humanos y a la legalidad internacional, necesita practicar más la RECIPROCIDAD con todos los países, también en los aeropuertos exigiendo pruebas de salud a todos los que llegan, de la misma forma que nos lo exigen a los españoles.
¿Que viajero de Bolivia u otro lugar de procedencia, con alto contagio actual que pretenda venir y gastarse un dineral en el vuelo, no va a pagar el test PCR 48h en origen, si se lo exigen?.






La curiosidad que se le viene encima a Diego, le lleva a acercarse a las obras y mientras se aproxima va sintiendo más nítidos los acompasados martillazos que dan los picapedreros sobre sus punteros para retirar la roca caliza que configura el terreno y así poder aplanarlo. Mientras camina paralelo a la acequia de Alcalá, ve como a unos metros delante de él, aparece una muchacha toda blanquecina que se dirige de prisa a la acequia, sentándose sobre el quijero se quita las alpargatas y mete las piernas en el agua. Luego se moja a “jarpás” la cara y después levantándose la rizada melena pelirroja se humedece la nuca. Cuando el pastor se acerca para preguntarle porque iba de esa guisa albina, advierte que se trata de María, la guapa hija del molinero. Como aún está embadurnada de polvo blanco, Diego le pregunta: “¿María, cómo te has puesto tan colmada de harina?”. A lo que la joven con vehemencia le contesta, “mira zagalico, cuando tan de repente ha sonado el «crujio», se me ha “escapao” el ceazo de las manos cayendo al suelo y poniéndome de esta guisa que pica”. Diego aguantando la risa se despide y se dirige a escrutar en el tajo, donde aprecia entre el ambiente polvoriento, como los obreros trabajan junto a un recio muro de tierra que ha aparecido detrás de las paredes del molino y como algunos peones subidos sobre el muro, están desmontando las piedras que pavimentan la calle por donde tantas veces ha caminado para volver a su casa. Antes de que pueda aproximarse más a la obra, el encargado le da un grito para que se aleje y así lo hace, siguiendo las huellas de las rodadas de un cargado carro lleno de piedras y tierra.



Los cuatro ídolos del Museo Arqueológico Municipal de Lorca son signos de las creencias y símbolos utilizados por los pobladores del grande e importante poblado de Lorca y de las pequeñas comunidades que habitaron en El Chorrillo (Torrealvilla, Lorca) y Los Royos (Caravaca).


Los alfices se repiten sobre los seis balcones de la primera planta, incluyéndose entre estos balcones una sencilla decoración típica del art decó configurada por una esfera de la que parten tres finas líneas a modo de rayos. Ponen un toque de color en la fachada blanca ornamentada de gris, las losas hidráulicas con una roseta de ocho pétalos bicolor, que dispuestas en una banda horizontal están situadas en la parte alta de la fachada y bajo la amplia y voladiza cornisa. La azotea se cerca con una barandilla de hierro que arranca de un prominente machón prismático en cornijón, donde se repite la decoración art decó, al igual que en la esquina achaflanada que se sucede debajo entre las calles Juan II y Núñez de Arce.